Defender en las instituciones lo que predicas en las calles

Defender en las instituciones lo que predicas en las calles
Terminado el ciclo del 15-M a la formación y primer desarrollo de Podemos, debemos plantearnos si la izquierda institucional en Euskal Herria se contenta con el gobernismo del Estado junto al PSOE o abre vías de organización y ruptura con el actual régimen.

Ixone Rekalde*
Militante de de Antikapitalistak 

Muchas nos acercamos a la política tras la explosión de dignidad de lo que se llamó 15M, el movimiento de los indignados. El 15M nació como contestación a esa clase política erigida en casta, corrupta, clase política que estaba por encima del pueblo que decían representar. El movimiento de los indignados venía a decir que esa clase política no nos representaba, que no defendía los intereses de las clases populares. Aquello cambió el escenario político, gestando un movimiento que interpeló a las estructuras institucionales y cuestionó la democracia española y también la vasca.

Aquella contestación ciudadana, de gente joven mostrando enérgicamente su desafección hacia la clase dirigente, nos hizo creer que “sí se puede”. Casi 10 años después, vemos hoy a la izquierda institucionalizada predicando con disimulo en las calles, pero no aplicándose como ejemplo de transformación en las instituciones. Así, esa izquierda viene a decirnos que es necesario empujar desde las calles, que está muy bien la movilización ciudadana, pero que la realidad es la que es: la marcan las élites económicas y hay que asumir las reglas de juego del régimen, al que se muestran sumisos, a ver si se puede reformar un poquito “lo que nos dejan”.

Con la excusa de “parar a las derechas” y de ser “útiles” y “determinantes” se empieza impulsando y apoyando unos presupuestos que aumentan el gasto militar, el gasto a las fuerzas del ordencomo la Guardia Civil, la dotación a la monarquía, que prevén que más del 50 % de los fondos europeos a monstruos del cemento como el TAV, que aceptan condicionar esos fondos a una reforma laboral que no va a ser derogada y que mutará en mochila austriaca… y se termina en una reforma de las pensiones que traerá su privatización. En el mismo paquete de asunciones, se acaba haciendo dejación de las posiciones políticas, como por ejemplo la exigencia de cierre de los CIES o ponerse de perfil ante el conflicto del Sáhara donde han mostrado una tibieza muy decepcionante hacia el pueblo saharaui. Y al final, como le ocurre al PSOE, eres republicano, de izquierda, ecologista… pero asintomático.

Porque en el horizonte el objetivo es claro. Hay que captar el voto de centro de la derecha, otro poquito a la socialdemocracia y vaciar la masa electoral de “la otra izquierda institucionalizada”. Para eso hay que buscar la centralidad política; lo que “exige” el abandono de ideas pilares de tu propuesta política de izquierdas.

“Hoy nos encontramos a las fuerzas de la izquierda institucional vasca en un bloque progresista, sin tener claro cuál es el juego aritmético ni el rédito electoral que supone un apoyo a los PGE”

Hace un año, el secretario general del sindicato ELA, Mitxel Lakunza, escribió un certero artículo titulado Necesitamos una izquierda que ejerza. El artículo venía precedido por la aprobación de los presupuestos vascos, con el apoyo en forma de abstención de Elkarrekin Podemos. Presupuestos muy en la línea del PNV; neoliberales, de recortes sociales, de una presión fiscal baja, de la más bajas de toda Europa. Aquel apoyo no se entendió por parte de la militancia o de la ciudadanía vasca de izquierdas. Además de contribuir a unos presupuestos neoliberales fue un auténtico tiro en el pie para la nueva izquierda que se dejó más de la mitad de sus votos y escaños en las elecciones de julio de 2020. Votos que en parte se llevó EH Bildu, que en esa época formaba parte de aquel bloque contestatario al que aprobaba los presupuestos. Más adelante, además, se convocó una huelga general por parte de la carta de derechos sociales de Euskal Herria a la que se unía esa izquierda sociológica vasca, sindicatos, movimientos sociales etc.

Y si, desde parte de la izquierda rupturista, tomamos la decisión de dejar Podemos ante esa deriva gobernista-institucional que apoyaba presupuestos del PNV, hoy no podemos mirar a otro lado y no criticar la misma deriva que ha tomado la izquierda institucional vasca en su conjunto.

“Necesitamos una izquierda que ejerza, una izquierda rupturista organizada en las calles, recordándole al gobierno más progresista de la historia y al bloque del cambio galáctico sus deberes”

Necesitamos una izquierda que ejerza. Y hoy, visto el panorama de cierre progresista de cualquier espacio de impugnación, añadiría que necesitamos como el comer una izquierda rupturista organizada en las calles, recordándole al gobierno más progresista de la historia y al bloque del cambio galáctico que hay una reforma laboral sin derogar, que no hay una ley antidesahucios, que el Ingreso Mínimo Vital no se materializa, que hay miles de inmigrantes muriendo en las costas del Mediterraneo, que la economía de sol, playa y pintxos de este país condena a las próximas generaciones a unas condiciones precarias de vida…

“No somos un oasis vasco, porque tenemos gravísimos problemas que no son ajenos a la realidad española y europea, pero tampoco somos una isla, tenemos la obligación política de intervenir en otros espacios”

No tiene un pase defender una cosa en las instituciones españolas y la contraria en las navarras y vascas. El discurso que se tiene en las calles, contra el régimen, antimonárquico, de activista antidesahucios, de antifuerzas de la ocupación, hay que tenerlo también en el Congreso de los Diputados de España, en el Parlamento Vasco y en el Parlamento Navarro.

¿Recuerdan lo de “un pie en las instituciones y mil en las calles”?

 

Giro al progresismo en Euskal Herria.

Ante el apoyo entusiasta de EHBildu a los presupuestos generales del Estado, previo anuncio público histórico y posterior a una consulta a las bases, solo puedo pensar que efectivamente la izquierda abertzale oficial se ha abrazado al gobernismo y al reformismo y apuesta al institucionalismo como única vía de transformación social, mostrando además su disposición a contribuir a la gobernabilidad de España. Adopta una posición de centralidad política y se postula como alternativa de izquierda progresista a la derecha nacionalista vasca. La izquierda abertzale sería así el pueblo vasco de izquierda y el PNV el pueblo vasco de derecha. Y para esto, hay que ser “útil” y “determinante” en Madrid.

¿Es ser útil asumir un presupuesto que otorga a la CAV y Nafarroa millones de euros (295 millones de €, el 51,5% de la dotación total en la CAV y 62 millones de €, el 62% de la dotación total a Nafarroa) de los fondos europeos al proyecto que se ha opuesto firmemente la izquierda abertzale, el TAV? ¿Es determinante renunciar a la derogación inmediata de la reforma laboral? ¿Es centralidad comerte el sapo de retirar la enmienda antideshaucios para “restar tensión a la negociación interna del gobierno”?

Rotundamente no.

Ya podemos decir que en Euskal Herria de la mano de UP y el flamante vicepresidente Pablo Iglesias, se ha emprendido un ciclo de progresismo y posibilismo. Y nos encontramos a las izquierdas nacionalistas vasca y catalana, votando entusiastas los presupuestos junto a la burguesía vasca y catalana. No era necesario emprender una dialéctica tramposa de “o apruebo los presupuestos o viene el coco (en forma de derecha extrema y extrema derecha). La abstención era una posición crítica y coherente.

La izquierda abertzale siempre ha tenido “pueblo”. Una gran masa militante y “pueblo”. Por eso me resulta muy asombroso la manera en la que se ha presentado la consulta, sin ninguna posibilidad de debate para sus bases, y con una participación muy muy pequeña, que efectivamente ha dado una abrumadora aceptación al apoyo en forma únicamente de porcentaje.

Pero una que ha estado en Podemos y que ha visto en lo que se ha convertido “la cosa”, también sabe que las bases de la izquierda abertzale no son las de Podemos, y conoce su compromiso y disciplina militante. Veremos cómo se resuelve esta historia en el seno de la izquierda abertzale.

El tiempo ha demostrado que entrar en el juego de la gobernabilidad siempre perjudica a las formaciones de izquierda, por ejemplo, para Ezker Batua-Berdeak supuso su cuasi desaparición y el vaciado de militantes de sus bases, y ese es un riesgo que la izquierda radical no puede asumir en tiempos de militancias líquidas como los actuales.

Parece que al final de todo, en esa construcción del relato vivo aún, la izquierda abertzale institucional, Sortu, definitivamente asume su derrota política. Asumen las reglas de juego estatales, asumen que no hay posibilidad de construcción nacional y asumen el autonomismo y estatutismo al que siempre se han enfrentado.

Me resulta muy desconcertante las muestras públicas de victimismo o justificación de antiguos y hoy también líderes de la izquierda abertzale. Y me molesta la infantilización a la que someten a las ciudadanas, cuando nos dicen que este es un camino más hacia la independencia y la república vasca.

Me gustaría dejar claro el respeto que tengo hacia los líderes institucionales, orgánicos y morales de la izquierda abertzale. No compartiendo estrategia, ni táctica política, ni algunos objetivos políticos les reconozco una trayectoria política coherente que además han pagado con sangre, sudor, y lágrimas; y cárcel.

Pero no por eso voy a dejar de ser crítica con este giro hacia el gobernismo y centralismo que no conseguimos entender desde la izquierda impugnatoria. No podemos dejar de criticar la mimetización pasmosa con ERC y su trayectoria en el procesismo. Porque al final de este camino hacia el progresismo, en el horizonte está el anhelo legítimo de darle un sorpasso a PNV y ver un lehendakari abertzale en Ajuria Enea.

La izquierda abertzale oficial ha sido muy hábil en mantener varias caras, y juegan a la ambigüedad con EHBildu y Sortu. Así un día presentan una iniciativa conjuntamente con ERC y otro día aparecen con las CUP colmando un poquito esas aspiraciones más rupturistas anticapitalistas de sus bases.

Hasta ahora algunas hemos dicho que en Euskal Herria a la izquierda de Podemos estaba la izquierda abertzale. EHBildu obtuvo un apoyo importantísimo en las elecciones de julio, arrebatándole miles de votos a Unidas Podemos, precisamente porque una masa importante de electores entendía que el giro gobernista de Unidas Podemos lo alejaba de ser alternativa para las clases populares.

¿Ahora, más allá de cuestiones identitarias o de soberanía nacional, qué diferencias podríamos buscar entre Podemos y EHBildu? Es decir, a la izquierda de lo que viene a ser el nuevo progresismo vasco, nos encontramos cada vez más huérfanas.

Para ser más claros, en Catalunya, a la izquierda de ERC podemos hablar de una fuerza anticapitalista e independentista importante como las CUP, pero en nuestra tierra esto no pasa. La realidad es que hoy en Euskal Herria no hay una izquierda anticapitalista de masas organizada. A la izquierda de EHBildu, fuerza asimilada e integrada al sistema liberal institucional, lo que podemos encontrar son muchos grupúsculos de fuerzas de izquierda, autónomos, organizaciones etc, pero bastante desorientadas, desconectadas y sin ningún eje de trabajo común.

Es desconcertante también la posición de las grandes centrales sindicales de Euskal Herria. LAB es presa de su relación orgánica con Sortu y le está resultando muy difícil sortear las contradicciones que le suponen decisiones políticas como la aprobación entusiasta de los PGE. ELA, sindicato muy contestatario y seguramente única fuerza de contrapoder al PNV sigue mostrándose bastante acomplejada hacia EHBildu y su entorno. Echamos de menos una crítica más contundente a la estrategia gobernista de EHBildu. Los presupuestos generales del Estado no hacen más que afianzar las políticas socioliberales, poniendo cara de capitalismo amable.

No me atrevo a aventurar ningún escenario de construcción de partidos de unidad popular a corto o medio plazo, pero hoy se constata que hay un gran espacio político alternativo que vamos a tener que saber rellenar cuyo eje importante debería ser el anticapitalismo ecosocialista, el soberanismo y el derecho a decidir.

Porque se constata que este gobierno está pidiendo a gritos movilizaciones masivas por la derogación de la reforma laboral, contra los deshaucios, contra la gestión de los fondos europeos y un largo etc.

De la mano de Unidas Podemos se cierra el círculo impugnatorio por las periferias. ¿Y ahora qué?

Ixone Rekalde.
Militante de Antikapitalistak

Monarkia kanpora, fuera la monarquía

A estas alturas, cualquier sociedad que se precie de ser avanzada debiera tener más que interiorizado que la pertenencia a un linaje endogámico no puede ser, como sucede con la monarquía española, la premisa para la obtención de ninguna responsabilidad institucional del ámbito de lo público.

Iosu del Moral-Mikel Labeaga
Militantes de Antikapitalistak Euskal Herria.

18 OCT 2020 06:30

Es más que probable que Enrique III de Navarra y IV de Francia, también conocido como el Grande o el Bearnés, escuchara desde su cuna algunos susurros en euskera provenientes del entorno de su madre, Juana III, la última de las regentes del viejo reino de Nafarroa. Juana de Navarra, que encargó traducir del latín la primera de las biblias al euskera,  donde aparece por primera vez escrito el nombre de Euskal Herria, por cierto tratándose además de un texto de corte protestante y reformista, daba a luz allá por el siglo XVI al primero de los borbones en sentarse en el trono de Francia. De ahí que quizá no hubiera sido necesario traducirle a su hijo Enrique la expresión en euskera Monarkia kanpora. Al que no cabe duda de que hay que traducírsela, aunque en sus visitas vaya de falso políglota integrador, es a su lejano descendiente Felipe VI, a quien una amplia mayoría del pueblo vasco le demanda, Felipe kanpora, monarkia kanpora. Fuera Felipe, fuera la monarquía.

Pero al margen de vítores y reclamaciones, no es menos cierto que debiéramos comenzar por realizar un exhaustivo ejercicio de autocrítica, donde tanto desde el pueblo vasco, como desde el resto de pueblos del Estado, reflexionásemos conjuntamente sobre el fracaso que supone como sociedad que en pleno siglo XXI la jefatura del Estado se encuentre todavía en manos de una familia corrupta que lleva siglos sustentando un poder de manera ilegítima. Por no hablar del  anacronismo, no solo en un sentido temporal sino intelectual, que supone para cualquier comunidad moderna permitir que, hoy en día, una familia que tiene más analogías con los Soprano que con aquellos personajes de las fábulas y los cuentos infantiles, herede de forma dinástica un cargo público de tal importancia. A estas alturas, cualquier sociedad que se precie de ser avanzada debiera tener más que interiorizado que la pertenencia a un linaje endogámico no debiera ser la premisa para la obtención de ninguna responsabilidad institucional del ámbito de lo público.

Un vodevil que presenta, por un lado, al padre, el emérito, un tipo al que se le da de maravilla  aparentar ser una especie de payaso bonachón y que en realidad es un listillo que levita en ese limbo entre lo inmoral y lo torpe, donde se dedica  a quehaceres de dudoso carácter ético, por no hablar de actividades directamente de índole mafiosa. Y digo torpe, pues teniendo la vida a nivel material más que resuelta, hay que ser lerdo para buscarse cualquier tipo de problema por ser incapaz de contener un sentimiento de avaricia sin límite alguno. Por otro lado, el hijo, que como buen Borbón, y muy al estilo de otro de sus predecesores, el rey felón, se muestra como una persona mesurada, honrada y hacendosa, pero que al parecer en el fondo esconde un increíble parecido con el modus vivendi de su progenitor. Algo que incluso a los propios monárquicos les debiera poner los pelos de punta, al no poder distinguir entre la Zarzuela y cualquiera de los centros operativos  de una organización criminal debido al hedor a corruptela que emana desde su interior.

Viniendo de un dictador, es normal que a nadie le extrañara que Franco, en una decisión totalmente unilateral, designase a Juan Carlos su continuador al frente del Estado y de las fuerzas armadas como garante del movimiento nacional católico. Quizá extrañe algo más, no ya que nadie nos haya  consultado sobre el traspaso de la jefatura del Estado por parte del padre al hijo, algo que por otro lado era de esperar,  sino que la gente no se hubiera mostrado indignada ante un golpe tan antidemocrático como el del nombramiento de Felipe como sucesor del anterior monarca. Hablar de democracia monárquica lo único que genera es una especie de oxímoron donde, a partir de ahí, todo lo demás carece de sentido y, como consecuencia, un sistema de dichas características se vea tarde o temprano irremediablemente abocado a convertirse en un  proyecto frustrado.  

Sin duda uno de los grandes obstáculos de este dilema radica en aquellos cínicos que banalizan el uso de términos como democracia o libertad hasta convertirlos en significantes vacíos. Falsas democracias que adolecen de un pánico a la hora de preguntar, desde su libertad virtual, qué frena las aspiraciones de cambio real. Ante esta perspectiva, es tiempo de aunar fuerzas y de que todas las gargantas antimonárquicas y republicanas de Euskal Herria y del resto del Estado griten al unísono Monarkia kanpora, fuera la monarquía. Un proceso emancipador que deje atrás una institución arcaica y caduca a través de algo tan poco democrático, al parecer, como preguntar al pueblo por medio  de un referéndum. Consulta que, automáticamente, derivase hacia un nuevo proceso constituyente o hacia lo que todavía es más interesante, hacia nuevos procesos constituyentes en los que, definitivamente, las diferentes sensibilidades del Estado decidiesen de forma soberana y democrática la forma de organizarse, entre ellos y en relación al resto, en una especie de red de repúblicas confederadas.

LO QUE ESTÁ EN JUEGO EN BOLIVIA

Antonio José Montoro Carmona (@amontoro1979)

El próximo 18 de otubre, las clases populares de Bolivia y América Latina se juegan su futuro. Aunque la distancia nos dificulte establecer una relación directa, probablemente el nuestro también se encuentra concernido. En las elecciones presidenciales que se celebrarán ese día no se decide únicamente el nombre del próximo presidente de esta nación sudamericana, sino que se somete a examen las limitaciones de los proyectos de transformación social en el marco de la democracia liberal.

Un año atrás, la oligarquía boliviana llegó a la conclusión de que el proceso político liderado por Evo Morales debía finalizar. Pese a que los cambios llevados a cabo los últimos 15 años no habían puesto en tela de juicio su papel hegemónico en la vida económica del país, el aumento de la presión fiscal para la financiación de políticas redistributivas básicas suponía un desafío inadmisible a la lógica de dominación construida a lo largo de dos siglos. La intervención del ejército y la policía boliviana, que contó con el apoyo de la OEA, demostró que los cambios acometidos por el gobierno del MAS en el sistema político e institucional habían logrado desactivar instancias de poder determinantes para el éxito de los golpes de estado blandos de la derecha en otros países de la región.

El gobierno surgido del golpe de estado de noviembre de 2019 se ha mostrado absolutamente incapaz de estabilizar la situación política y social. Al no definir con claridad una fuente de legitimidad que justifique su usurpación antidemocrática del poder, el gobierno liderado por Jeanine Añez no ha podido capitalizar el descontento de las clases medias ni de parte de la base social del MAS. Frente a esto, el recurso a la represión y a la movilización del racismo atávico de las clases profesionales desplazadas por la emergencia del sujeto político campesino e indígena, ha estrechado la posibilidad de construir un proyecto democrático de la derecha boliviana (y posiblemente regional).

Más allá del gobierno conformado después del golpe de estado, los disensos que existen al interior de la élite empresarial que lo sustentó política y económicamente, impiden la consolidación de un nuevo grupo dirigente capaz de liderar una alternativa de largo plazo. La difícil convivencia entre la extrema derecha supremacista, el fascismo ortodoxo, el fundamentalismo cristiano o, entre otros, el social-liberalismo más proclive al juego democrático, lastran la consolidación de un bloque dirigente que dibuje un proyecto de país sustentado en el consenso social y no en la fuerza de las armas.

Esta debilidad explica la renuncia de la actual presidenta a su candidatura a las elecciones del 18 de octubre, que se enmarca en el intento de concentrar el voto de la derecha en los candidatos con mayores posibilidades de parar lo que parece una victoria segura del candidato del MAS. Pese a ello, ningún candidato ha conseguido desequilibrar la correlación de fuerzas existente en la amalgama ideológica de la derecha boliviana. Ni Carlos Mesa, ex vicepresidente con Sánchez de Lozada y representante del neoliberalismo más clásico, ni Luis Fernando Camacho, producto de la pujante extrema derecha evangélica latinoamericana y forjado en las organizaciones juveniles del fascismo cruceño, tienen la capacidad de imponerse como hegemón que articule el sentimiento anti Evo Morales en un proyecto político autónomo y con entidad en sí mismo.

Por su parte, los movimientos sociales, las organizaciones populares y los sindicatos campesinos, indígenas y originarios que han sustentado el “Proceso de Cambio” desde 2005, han conseguido rearticular un proyecto unitario bajo la imprecisa consigna de la lucha contra la dictadura. Al igual que en el pasado el figura de Evo Morales fungía como elemento cohesionador, la existencia de una gobierno ilegítimo ha permitido aparcar las contradicciones internas (campesinado/pueblos indígenas; urbano/rural; clase/identidad étnica) y aglutinar toda la energía organizativa alrededor de una candidatura de naturaleza tecnocrática, cuyo máximo valor es la eficiencia en la gestión macroeconómica durante los gobiernos de Evo Morales y en la que la referencia intelectual aymara se ubica en la vicepresidencia como polo de atracción del otrora bloque dirigente.

Si bien esta configuración dual se erige sobre las mismas lógicas que desgastaron la hegemonía del sujeto campesino e indígena (centralidad absoluta de lo electoral que debilita la construcción del movimiento social), en el momento actual constituye la única opción para hacer retroceder el proyecto fascistizante de la derecha boliviana y latinoamericana. En caso de victoria de la candidatura del MAS, no cabe la menor duda de que asistiremos al uso de tanta violencia como sea necesaria por parte del gobierno para mantener en el poder a las élites reaccionarias. Todas las posibilidades están abiertas, desde el fraude electoral hasta la represión militar.

En este contexto concreto, el movimiento internacionalista tiene que demostrar un alto grado de madurez y, pese a las insuficiencias del “Proceso de Cambio”, situarse en el lado correcto del conflicto, donde se encuentra el campesinado, los pueblos indígenas y la clase trabajadora urbana. Apoyar la profundización de las medidas de transformación económica y social, llevar a cabo una crítica constructiva permanente y contribuir al fortalecimiento de los movimientos sociales y las organizaciones populares, campesinas e indígenas, debe constituirse en nuestro horizonte político y dar sentido estratégico a nuestra acción.

La expresión libre y democrática de los pueblos y naciones de Bolivia es una necesidad histórica para este país y para América Latina en su conjunto. De ello depende la estabilidad en toda la región y la posibilidad de desarrollar pacíficamente proyectos políticos alternativos al orden neoliberal. 

27 DE SETIEMBRE, 45 AÑOS DE LOS ÚLTIMOS ASESINATOS DEL FRANQUISMO

El 27 de Setiembre se cumplen 45 años de los últimos asesinatos cometidos por el estado franquista. El dictador mes y medio antes de su muerte, desapareció de este mundo como vivió toda su vida, haciendo lo que mejor se le daba, matando. El general Franco no escribió ningún tratado sobre la ideología que le mantuvo en el poder casi 40 años, sólo escribió en toda su vida el guion de una película que no pasaría ni los controles de una serie z, solo se especializó en asesinar.

Juan Prdes Manot, “Txiki”, Angel Otaegui, militantes de ETA, José Humbert o Baena, José Luis Sanchez Bravo y Ramón García Sanz, militantes del FRAP, fueron asesinados en la madrugada del 27 de Setiembre de 1975, Txki en Barcelona. Ángel Otaegui en Burgos y los tres militantes del FRAP en Madrid.

Antes de las ejecuciones hubo grandes movilizaciones en Euskadi para tratar de pararlas, todas fueron reprimidas con la dureza acostumbrada por la policía y la guardia civil, después de perpetrados los asesinatos se declararon tres días de huelga general en toda Euskadi, el paro fue total y absoluto, fábricas, escuelas, transporte público, hasta la totalidad de la flota pesquera quedó amarrada en los puertos. El franquismo declaró el estado de excepción en Guipuzkoa y Bizkaia, hubo manifestaciones en todo el territorio, reprimidas con fuego real. Un niño resultó herido de bala.

Las protestas internacionales también fueron numerosas, hubo masivas manifestaciones de

repulsa en las principales capitales europeas, el gobierno de Mexico pidió que España fuese expulsada de la ONU, rompió relaciones diplomáticas con el estado franquista y expulsó a su embajador, en Lisboa la embajada española fue asaltada y quemada.

En el resto del estado también hubo numerosas manifestaciones en contra del régimen, yo estaba estudiando en la Universidad de Barcelona y le mismo día que asesinaron a Txiki en Cerdanyola, acudimos aquella tarde militantes de OIC, LCR y CNT a manifestarnos, seríamos unos 200. El pueblo estaba tomado por la guardia civil, aun así logramos manifestarnos durante unos minutos, rápidamente nos dispersamos y volvimos como pudimos a Barcelona, con rabia, mucha rabia.

Aquellos infaustos días Luis Eduardo Aute escribió la canción “Al alba” que cantada por Rosa

León pasó curiosamente la censura:

                 Ni sé que sangra la luna

                 Al filo de la guadaña

                 Presiento que tras la noche

                 Vendrá la noche más larga

                 Quiero que no me abandones

                 Amor mío al alba

 

Mauricio Rodriguez-Gastaminza

   MARTIN VILLA Y LOS CRÍMENES DEL FRANQUISMO

Por fin Martín Villa ha prestado declaración ante la juez argentina Servini por los asesinatos de 5 trabajadores en Vitoria en 1976 y de Germán Rodríguez en Iruña en 1978. Durante ambos sucesos Martín Villa era ministro del Interior y máximo responsable de las órdenes de tirar a matar que recibieron las fuerzas represivas de entonces.

Después de 7 negativas por parte de la justicia española y de los diferentes gobiernos PP y PSOE, hemos conseguido, gracias a una juez honesta, que declare vía online ante la justicia argentina, algo que ni siquiera se ha planteado nunca la “justicia” española. Si es imputado, la juez Servini pedirá su extradición, entonces podremos evaluar hasta dónde llega el tinte progresista del actual gobierno PSOE- Unidas Podemos. Pero desde la Euskal Plataforma contra los Crímenes del Franquismo y desde la plataforma estatal CEAQUA, no nos queremos parar ahí, seguiremos intentando llevar ante los tribunales a todos los torturadores aún vivos, Billy el Niño se nos escapó a lo Houdini escondido en un ataúd, pero quedan muchos torturadores como el capitán Muñecas de la Guardia Civil, de infausto recuerdo en Euskal Herria, que siguen paseándose impunemente por las calles. Paco Echavarría y la Fundación Aranzadi han documentado con gran precisión cerca de 5.000 torturas en nuestra tierra desde 1969 hasta el día de hoy. A ver si el aparato

del estado se atreve a cuestionar la profesionalidad de Paco Echavarría.

 A pesar de la constancia de todos estos datos, la futura ley de Memoria Histórica proyecta el PSOE, no sabemos todavía si con el apoyo de Unidas Podemos, pretende que dicha ley llegue sólo hasta 1977, por lo tanto debemos oponernos a ellas con todas nuestras fuerzas.

Pero la Memoria Histórica es mucho más, significa hacer un juicio público e institucional a todo el régimen franquista, sacar a todas las personas del bando demócrata de las fosas y cunetas donde fueron enterradas después de ser asesinadas por el bando fascista, demoler hasta los cimientos el obsceno Valle de los Caídos y devolver a sus legítimos propietarios todos los bienes robados por la dictadura. Por último, pero no menos importante contar los hechos con rigor histórico, desde las escuelas, institutos y universidades para que la gente joven de hoy y mañana conozca las atrocidades cometidas en nuestra historia reciente.

          Ni olvido ni perdón, verdad, justicia y reparación.

Mauricio Rodríguez-Gastaminza