¡Apoyo total a las movilizaciones contra la autocracia de Lukashenko!

(Declaración del Buró Ejecutivo de la Cuarta Internacional)

1. A pesar de una represión extremadamente brutal (ya más de 12.000 detenciones, centenares de heridos y al menos cuatro muertos), la rebelión de masas de la población bielorusa está entrando en su novena semana extendiéndose socialmente y más allá de la capital, Minsk, sin lograr por el momento transformarse en una huelga general. Desde el fraude en los resultados de las elecciones presidenciales del 9 de agosto, en este país de 9,5 millones de habitants, ubicado entre la Unión Europea y Rusia, cada semana cientos de miles de manifestantes pacíficos, en particular mujeres, han estado exigiendo:

• La marcha de Lukashenko (quien organizó su investidura el 23 de septiembre en medio del mayor de los secretismos, bajo la protección del ejército y la policía, que bloquearon el centro de la ciudad);

• Elecciones libres y limpias;

• El fin de la violencia policial y la puesta en libertad de los presos politicos.

Esta impresionante movilización de la Resistencia popular ganó impulso tras las primeras manifestaciones posteriores al anuncio de los resultados oficiales de las elecciones se topó con el terror gubernamental. Pero sus raíces son más profundas: durante más de cinco años —en el contexto de la crisis ucraniana y de las sanciones contra Rusia— el deterioro económico y social del regimen autocrático de Lukashenko, su política neoliberal en el terreno laboral (incluida la substitución de los convenios colectivos por un sistema de contratos totalmente individualizados) y la persecución de los desempleados, la congelación salarial desde 2015, el aumento de la edad de jubilación, la negación de la dignidad de los trabajadores frente a la pandemia… La población bielorusa se ha levantado contra un régimen que trata a las gentes como mercancías de usar y tirar, esto es, los tortura y les miente acerca del coronavirus.

2. Tras alcanzar el poder en 1994 con un discurso populista, cuando la población se estaba movilizando contra las privatizaciones, Lukashenko formó un regimen autoritario para alcanzar la restauración capitalista. Es un sistema perculiar de capitalismo semiperiférico, en el que el poder politico y económico no se basan en lo esencial en el gran capital privado, sino en un aparato de Estado burocrático-paternalista del que Lukashenko constituye un símbolo (sin que le pertenezca). Pero destinando una parte substancial de los recursos estatales a mantener la industria, el sector agrario, las infraestructuras y la población, este régimen ha subordinado los elementos del capital privado a sus cargos públicos, limitando (a diferencia de Rusia) el crecimiento de las desigualdades. De ahí que sea la nomenklatura, entremezclándose con el capital privado, la que subyuga y explota a los trabajadores tanto desde el punto de vista económico, administrativo, politico y cultural-ideológico. Es este sistema el que entró en un un estancamiento creciente desde 2013 y que hoy se ha sumergido en una crisis multidimensional.

3. Proclamada a finales de los años 90, la Unión de Rusia y Bielorusia, que representó un intento de reintegración del espacio postsoviético durante la última década, finalmente se convirtió en una forma de dependencia económica del país en relación con Rusia mientras se mantenía la autonomía del régimen bieloruso. Quedó claro que la Rusia de Putin entiende la intergración de países postsoviéticos tan sólo como una oportunidad para la expansión del gran capital ruso y su papel clave en la privatización de antiguas empresas soviéticas. Para Lukashenko dicha integración, no sólo significaría la pérdida de control sobre la propiedad, sino también la pérdida del poder político, que habría pasado a los burógratas y a la alta gerencia rusa.

El modelo económico y político de Lukashenko en Bielorusia tenía que maniobrar constantemente entre la Unión Europea y Rusa para sobrevivir. De ahí que Occidente, a pesar de su incomodidad ante el autoritarismo de Lukashenko, le tenía en buena estima por su deseo de mantener su independencia de Rusia y su resistencia ante la expansión de bases militares rusas a Bielorusia. Este estatus neutral de Bielorusia permitió a Minsk convertirse en la principal plataforma para las negociaciones entre Rusia, Ucrania y la UE en 2014. Para Putin, por otro lado, Lukashenko seguía siendo un líder que jamás permitiría a su país un acercamiento a la OTAN y mantuvo buena parte de la economía bielorusa orientada hacia Rusia. Por consiguiente, Lukashenko no contaba con la confianza ni de Rusia ni de Occidente, pero a su vez les satisfacía al mantener la estabilidad de la posición actual de Bielorusia.

Las protestas de masas que se iniciaron en Bielorusia tras las elecciones presidenciales del 9 de agosto tienen, ante todo, causas internas. Durante los últimos años hemos visto como Lukashenko fracasaba totalmente en la resolución de esta crisis por sí solo y se volvía hacia Rusia en busca de ayuda. Asesores políticos y representantes de agencias especiales de seguridad rusas han llegado a Bielorusia y Putin ha expresado abiertamente su voluntad de mandar a la policía antidisturbios rusa para ayudar a Lukashenko. Ahora, si Lukashenko consigue mantenerse en el poder, su dependencia política de Rusia se va a incrementar dramáticamente y se volverá extremadamente impopular en su país.

Tras conversaciones recientes entre Putin y Lukashenko, se hizo evidente que Moscú ve la crisis en curso en Bielorusia como un modo de llevar adelante una transformación gradual desde arriba del modelo autoritario. Es una cuestión de modificaciones de fachada (reforma constitucional) con el objetivo de facilitar la privatización de las grandes empresas estatales bielorusas por parte del gran capital ruso. La UE en su conjunto está dispuesta a aceptar dicho modelo, ya que no puede ofrecer a Bielorusia ninguna alternativa distinta y teme provocar que Putin cree otro punto de conflicto (político y posiblemente militar) en Europa del Este.

En última instancia, tan sólo el pueblo que se ha levantado para protestar está interesado en una transformación y una democratización profunda del país.

4. Si bien tras las “elecciones” presidenciales de 2001, 2006, 2010 y 2015 —cuyos resultados siempre habían sido contestados por la oposición (según una declaración reciente por parte del presidente del Comité Ejecitivo Regional de Grodno, no hay “método alguno de recuento electoral”)— hubo protestas reprimidas, la nueva ola de movilizaciones se inició en 2017, cuando el régimen intentó imponer un nuevo impuesto por decreto a los desempleados, a los que se acusaba de “parasitismo”. No sólo en Minsk, sino también en ciudades de otras regiones, miles de manifestantes cantaban “¡No al decreto n.3. Fuera Lukashenko!”, forzando al régimen a substituir el impuesto por una reducción en las ayudas gubernamentales. Esto se reveló como el primer retroceso del régimen.

Cuando se inició la pandemia de la Covid 19, si bien Bielorusia tiene un sistema de salud pública superior al de muchos países desarrollados (5,2 médicos por cada 1000 habitantes, comparado con los 3,9 de la Eurozona y los 2,6 de Norteamérica), el sistema burocrático fue incapaz de adaptarse a la crisis. El régimen se refirió a la pandemia en términos de “neurosis”, fue incapaz de proveer equipo y suministros médicos para los trabajadores sanitarios y faltaban ambulancias, mientras que Lukashenko se refierió a la primera víctima mortal (un actor conocido) en los términos “pobre bastardo” que no podía “resistir”. Y el personal sanitario que se atrevía a hablar de la pandemia fue reprimido. Fue entonces cuando se inició la autoorganización de la población: la campaña porCovid19 fue capaz de suplir la incapacidad del Estado, proporcionando equipo y trabajadores voluntarios, creando una red de coordinación en cada región. El régimen osciló entonces entre la represión y la colaboración con dichos voluntarios, cuya iniciativa “puso de relieve la necesidad del cambio”, tal como señaló el coordinador de la campaña PorCovid19.

Temiendo que “vendrán a por mí con horquetas” (26 de abril de 2020), Lukashenko decidió advertir a sus principales oponentes liberales —Viktor Babaryko (director general de Belgazprombank), Valery Tsepkalo (antiguo embajador, primer ministro y administrador del Alto Parque Tecológico de Bielorusia) y Sergei Tikhanovsky (empresario, bloguero y administrador del conocido canal de YouTube Un país en el que vivir)— de que no se presentaran a las elecciones presidenciales. Como buen macho, creía que una mujer candidata sería “incapaz de cargar con esta responsabilidad y se hundiría” y obtuvo la validación de los centanes de miles de firmas, permitiendo a la mujer de Sergei, Svetlana Tikhanovskaya, que se presentara. Esta profesora, una mujer normal que decía no aspirar al poder, cuya imagen se correspondía con la de la mayoría de los votantes, apoyada por la esposa de Tsepkalo y directora de campaña de Babaryko, fue capaz de reunir decenas de miles de personas en sus mítines preelectorales en todo el país. Y su resultado oficial —10,9%— no podía ser admitido por nadie.

La represión extremadamente violenta de los primeros actos de protesta popular los días 9, 10 y 11 de agosto hicieron el resto: como dijo el sociólogo bieloruso Andrei Vardomatsky, “cuando alguien dispara a tu ventana, el conjunto del edificio lo ve”. Contra la injusticia y el terror, la extensión del movimiento de protesta fue inmediata: el régimen de Lukashenko ahora tan sólo es capaz de mantenerse gracias a las fuerzas represivas. ¿Cuánto puede uno reinar “sentándose sobre las bayonetas”?

5. Al responder con el terror, el régimen de Lukashenko intentó evitar concentraciones de manifestantes. De hecho, empujó a los manifestantes a concentrarse ante sus hogares, en los patios de sus edificios y en los pueblos de las afueras, multiplicando por consigueinte las protestas y promoviendo formas de autoorganización en torno a las relaciones vecinales —muy fuertes, puesto que el sistema burocrático de gestión de los edificios y los servicios sociales es deficiente y fuerza a los barrios a resolver por sí mismos problemas urgentes—. Con el papel de las redes sociales y los canales de internet —populares entre la gente joven y la principal fuente de información en un país en el que el régimen controla y censura los medios— el resultado ha sido la aparición de una gran red de protestas locales espontáneas que no tienen ningún centro y ninguna dirección clara, sino una “dirección fluida”: nada más ser represaliada una persona que aparezca como “líder”, otra ocupa su lugar con naturalidad a nivel local. Lo que caracteriza al movimiento es una gran creatividad, las gentes movilizadas inventan constantemente nuevas formas de control, de lucha pacífica, y todo ello circula, se expande y se enriquece a través de las redes sociales.

A partir del 10 de agosto los trabajadores se incorporaron a las movilizaciones en tanto que tales. Sanitarias (en su mayoría mujeres, doctoras y enfermeras) de los heridos tomaron las calles para protestar contra la tortura. Hubo paros en gran número de empresas (a veces con el apoyo de los propietarios en el sector privado) y, sobre todo, en al menos una docena de grandes empresas de propiedad estatal, conduciendo a concentraciones de trabajadores en las fábricas, a veces polémicas con los gerentes y con los representantes locales del régimen e incluso con Lukashenko (echado por los trabajadores de la Planta Automobilística de Minsk al grito de “fuera” el 17 de agosto), aparecieron comités de huelga, pero parece que en ningún lugar ha habido intentos de huelga con ocupación. Al contrario, los trabajadores salieron de las fábricas para manifestarse. Y con represión (a veces con despidos masivos en la Televisión estatal o el Teatro Nacional de Minsk, o amenazas de despido, detenciones seguidas de encarcelamientos de “líderes” reales o imaginarios), la debilidad o la ausencia de sindicatos reales, y a veces las “recomendaciones” de los directores de ir a la huelga de celo (esto es, trabajar  cumpliendo la normativa, de un modo invisible, atomizando a los trabajadores), el movimiento huelguístico retrocedió, los proletarios se disolvieron en un gran movimiento de protesta. Las fábricas no se han convertido en el centro de la revuelta y el proletariado (¿todavía?) no ha logrado afirmarse como clase en torno a sus propias reivindicaciones en el seno del movimiento democrático que lucha contra el régimen.

Frente a una represión brutal de los manifestantes, las mujeres en tanto que tales organizaron numerosas “cadenas solidarias”, ofreciendo flores a las fuerzas y desbordarlas con su masividad, muy pacíficamente, lo cual paralizó a este sector muy “macho” antes de que las autoridades ordenaran reprimir a las mujeres e incluso a sus hijos. En cualquier caso, las reivindicaciones de derechos para las mujeres (¿todavía?) no han aparecido en estas iniciativas.

6. Mientras los candidatos de la oposición a las presidenciales rechazados por el régimen (V. Babaryko, V. Tsepkalo y S. Tikhanovsky), así como Andrei Dmitriev (candidato por “Decir la verdad”, que oficialmente obtuvo el 1,21% de los votos) defendían programas económicos liberales, orientados en particular hacia la “libertad de empresa” del sector privado y la necesidad de “dejar de subvencionar a empresas deficitarias”, este tema prácticamente desapareció de la campaña presidencial de Svetlana Tikhanovskaya (sin ser rechazado por la candidata). Desde el 9 de agosto tampoco han aparecido en la revuelta contra el régimen. Los manifestantes tan sólo plantean las tres reivindicaciones democráticas.

Los partidos liberales de oposición, marginados desde 1994 y privados de cualquier representación significativa en las instituciones del régimen, son, de facto, muy débiles. Lo mismo sucede con los partidos que se dicen de izquierdas (a menudo con una mezcla de nostalgia por el viejo régimen del llamado “socialismo real”), reducidos a clubes de debate.

Finalmente, siendo obligatoria la afiliación sindical, el movimiento sindical oficial no tiene nada en común ni tan siquiera con el sindialismo altamente burocratizado, sino que actúa como una correa de transmisión para Lukashenko y posiblemente como un marco de ascenso social para sus cargos. Hay que subrayar la ruptura que supuso a este nivel la represión de las poderosas movilizaciones obreras y sindicales de principios de los años 90 en la misma época en la que puso fin a las terapias de shock neoliberales: las “protecciones sociales” de este capitalismo estatalista estaban orgánicamente ligadas a la atomización y a la supervisión burocrática de los trabajadores. Los sindicatos independientes —Como el Congreso Bieloruso de Sindicatos Democráticos (BKDP), afiliado a la Confederación Sindical Internacional— tolerado mientras que era a su vez reprimido, son muy débiles y no están muy presentes en las grandes empresas. La sociedad moldeada por Lukashenko es, por consiguiente, una sociedad atomizada. Esto es lo que ha cambiado en los últimos meses, especialmente desde el principio de la revuelta popular. Los llamamientos a la solidaridad con los trabajadores y el pueblo de Bielorusia desde las redes de la Confederación Europea de Sindicatos —especialmente desde la CGT (Francia), recientemente afialiada a la ETUC— marcan un posible punto de inflexión importante.

Independientemente de sus límites, estamos asistiendo a una intensa politización en el seno de este movimiento de masas, un aprendizaje de la autoorganización cívica que pone a la orden del día la aparición de una estructuración política totalmente nueva. Este movimiento por la democracia deberá construir, tarde o temprano, un proyecto de sociedad. Si logra “desembarazarse” de Lukashenko y su régimen burocrático se dividirá y quizás emerjan las condiciones para la cuestión de clase y de género y debates acerca de qué construir en su lugar. Entonces el papel de la clase trabajadora (cuyas huelgas incipientes forzaron a Lukaschenko, durante un tiempo, a limitar la represión, mostrando por consiguiente su poder), el papel de las mujeres (cuyas manifestaciones de los sábados sentaron las bases para la continuación de las manifestaciones de masas de los domingos) y las cuestiones ecológicas (Bielorusia ya ha conocido un grave inicio de cambio climático, conviertiéndose el sur del país en una zona esteparia cuando hace tan solo cincuenta años estaba cubierta de bosques pantanosos) estarán en el centro del debate.

7. De modo que las cuestiones democráticas, de salud, feministas, de clase y ambientales que alimentan la politización actual de la sociedad bielorusa permiten el surgimiento de un frente ecosocialista, la izquierda internacional (sindical, política, asociativa) debe ser capaz de desarrollar lazos de solidaridad concreta, desde abajo, con el movimiento democrático bieloruso en su conjunto.

La solidaridad no significa el alineamiento con tal o cual decisión de quienes hoy dicen simbolizar el movimiento: el consejo de coordinación en torno a Svetlana Tikhanovskaya (que la represión ha debilitado severamente) o los antiguos partidos políticos que se han incorporado al movimiento mientras callan acerca de su verdadero programa y objetivos —privatizaciones pro o antirusas, antisociales y antidemocráticas—. Este asunto está emergiendo cada vez más a la luz, en un momento en el que la situación económica se está deteriorando: será necesario oponerse tanto a la retórica pseudoproductiva de Lukashenko como a la retórica pseudodemocrática de sus oponentes.

La solidaridad significa una defensa democrática contra la represión, defensa de un derecho pluralista a la libertad de expresión y el apoyo a las manifestaciones y las huelgas que están teniendo lugar. Solidaridad también implica independencia de las maniobras de los gobiernos de otros países y del capital financiero internacional, que intentará sacar tajada de las movilizaciones de masas en Bielorusia.

¡Solidaridad internacional de los trabajadores con el movimiento democrático de Bielorusia!

¡Abajo Lukashenko y su régimen!

¡Elecciones libres en Bielorusia!

¡Libre autoorganización del debate sobre el futuro de Bielorusia!

¡Hacia una Bielorusia ecosocialista: ¡lazos internacionales entre sindicatos, movimientos de mujeres, la juventud y los trabajadores!

26 de septiembre de 2020

La guardia civil detiene a dos ex-presos.

(Declaración de Antikapitalistak)                                                                                
Imanol Jairo, Ekhiñe Eizagirre eta Kepa Arkauz preso ohien atxiloketak ezin dira ulertu Euskal Herrian bizi izan dugun gatazka politikoaren biktima bakar bati ere justizia eta erreparazioa emateko ekimen bezala. Aitzitik, epailetzaren eta estatuko segurtasun-indarren etengabeko erasoaldian kokatu behar dira, bizikidetza dinamitatzeko eta ETA desegin ondoren garaile eta garaituen kontakizun bakarra ezartzeko.

Antikapitalistak-etik aurrez aurre arbuiatzen dugu Estatuaren etengabeko mendeku politika, eta berriz ere aldarrikatzen dugu errekonziliazioa eta gatazka politikoa konpontzeko bide bakarra elkar aitortzea eta eragindako sufrimendu guztia onartzea dela.


La detención de los expresos Imanol Jairo, Ekhiñe Eizagirre y Kepa Arkauz no puede entenderse de ninguna manera como un ejercicio de justicia y reparación hacia ninguna víctima del conflicto político que vivimos en Euskal Herria, sino que debe encuadrarse en la ofensiva permanente de la judicatura y las fuerzas de seguridad del estado para dinamitar la convivencia y establecer un relato único de vencedores y vencidos tras la disolución de ETA.
Desde antikapitalistak rechazamos frontalmente la política de venganza permanente del Estado y reiteramos nuestra apuesta por el reconocimiento mutuo y el fin definitivo de todo el sufrimiento causado como único camino hacia una verdadera reconciliación y resolución del conflicto político.

 

Informe político de la C. Confederal de Anticapitalistas

Irailaren 26an, larunbata, Anticapitalistas-en Koordinadora Konfederalak onartutako txosten politikoaren laburpena argitaratu dugu. Txosten honetan, nazioarteko eta estatuko egoeraren azterketa azaltzen da, bai eta ziklo berri honetan erakundeak landuko dituen ildo politikoak ere:


Vivimos unos meses marcados por la crisis del COVID. La pandemia ha condicionado todo el ambiente político y ha servido como factor detonante de una crisis social y económica profunda, cuyas consecuencias aún están por entreverse. En ese sentido, entramos en una fase incierta, pero marcada por un empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría social y que golpeará con dureza a la clase trabajadora. La resolución de la crisis sanitaria puede durar meses y tener de nuevo picos bruscos, agudizados por la debilidad del sistema sanitario público, incapaz de dar una respuesta eficaz ante un reto imprevisto.

La crisis económica mundial no tiene precedente en sus causas y manifestación, pues en esta ocasión se ha debido a una paralización brusca y global de la cadena de valor internacional en un contexto previo en el que, a su vez, se estaba produciendo ya una profunda reorganización de la correlación de fuerzas económica y política a nivel global. En el Estado Español se ha visto agudizada por el tipo de modelo productivo -con gran peso del turismo y la construcción- y actividades subalternas y de bajo valor añadido asignadas por su inserción en la división internacional del trabajo. La crisis se está expresando ya, a través del aumento del desempleo, el cierre de empresas y pequeños negocios, y la concentración bancaria.

A nivel internacional, observamos como las tendencias que preveíamos se continúan desarrollando. En EEUU ha estallado una gran revuelta popular liderada por el movimiento negro, al que se han sumado de forma transversal otras minorías y sectores sociales opuestas a la deriva política impulsada por Trump. Este movimiento ha conseguido aglutinar toda una serie de descontentos, contra el racismo y contra la profunda desigualdad que atraviesa el primer país capitalista del planeta. La derrota de Bernie Sanders ha provocado que la dinámica de la oposición contra Trump se desplace a la lucha social. Estamos ante un movimiento de largo recorrido, que tiene expresiones a nivel político (como el auge de un nuevo movimiento socialista, materializado fundamentalmente en DSA), pero que también se traduce en una renovación del movimiento negro y que se articula con centenares de iniciativas de carácter social que han germinado durante años por abajo. Es posible que la victoria de Joe Biden, si es que finalmente se produce, y la falta de una perspectiva de “poder” ralenticen el movimiento antagonista a corto plazo en EEUU, pero estamos ante algo mucho más profundo: es el inicio y a la vez un paso más en la reconstrucción de una fuerza social impugnadora en el corazón de un país atravesado por una crisis y decadencia de larga duración. Sin duda, es una tarea fundamental estar atentos a lo que sucede en EEUU y considerarlo como una avanzadilla clave en el largo proceso de recomposición del movimiento antagonista. Lo que allí suceda tendrá réplicas en otros países y estará también ligada a la posibilidad del desarrollo de China como nuevo hegemón del capitalismo global.

En ese sentido, la situación global sigue siendo profundamente conflictiva. Todos los gobiernos del mundo se ven enfrentados a esta gran crisis. En algunos países como Líbano o Bielorrusia ya han estallado movimientos que, a pesar de sus características particulares y de sus diferentes composiciones políticas, tienen como objetivo enfrentarse a sus clases políticas gobernantes. En Chile la gran explosión social anti-neoliberal ha dejado un poso político que está por ver como se traduce en los próximos meses. Aunque en la UE la situación política parece ralentizada y congelada por la crisis del COVID y el shock de la incertidumbre económica, estas revueltas avanzan formas de descontento que podrían repetirse en otras partes del globo, tal como ya se podido comprobar en Colombia, cuyas características son: crisis orgánicas y de confianza de las clases populares en sus gobernantes, ambivalentes en su dirección política y con una composición heterogénea.

Tampoco debemos infravalorar el auge y ascenso de opciones políticas reaccionarias. La extrema derecha ha consolidado avances en países clave, como Brasil, Italia, EEUU y Francia (en unos ostentando el poder, en otros encabezando la oposición), surfeando la radicalización de unas clases medias adictas al nacionalismo de Estado, al que ven como salida ante la incierta competencia global. En países como Bolivia han sido capaces de orquestar golpes de estado, sin que la izquierda haya sido capaz de armar una respuesta ante su ofensiva. Todo ello en un contexto mundial que ha virado a derecha, conoce diversas expresiones -pese a su actual crisis- de las políticas neoliberales y donde la mayor parte de la población vive bajo gobiernos muy autoritarios (Filipinas, India o Rusia) cuando no directamente dictatoriales de diverso signo (China o las monarquías petroleras absolutistas). Nos encontramos ante un escenario de profunda crisis económica y ecológica que marcará la próxima década. La extrema derecha parece ser la respuesta de las clases medias radicalizadas; la clase dominante sistémica (progresista o conservadora) se encuentra atrapada en una profunda crisis de legitimidad, dependiente del ciclo económico, pero sin adversarios de envergadura enfrente debida a la profunda debilidad de las fuerzas socialistas.

En ese sentido, como apuesta estratégica y tarea de fondo en el terreno de esta recomposición, apostamos por una política que priorice la independencia política de las fuerzas sociales antagonistas. En este contexto, esa diferencia estratégica atraviesa todo el globo: nos negamos a aceptar la dicotomía entre las fuerzas sistémicas oficiales y la extrema derecha, porque eso borra la posibilidad de una alternativa sistémica. Obviamente, somos conscientes de que en algunas circunstancias concretas son necesarios acuerdos entre fuerzas sociales diferentes: pero a nivel general, la construcción de un movimiento anti-sistémico no debe subordinarse a la lógica del mal menor frentepopulista con el liberalismo. Este es quizás el debate central de nuestra época: dentro del movimiento anti-sistémico hay diferentes estrategias y opciones políticas, pero la constitución de una fuerza social opuesta al poder económico sigue siendo la línea de demarcación fundamental.

En el Estado Español, los primeros meses del gobierno progresista confirman las tendencias que analizamos en su momento, aunque por desgracia, esta confirmación no augura automáticamente posibilidades de contrapesarla. El gobierno ha renunciado a los puntos más avan- zados de su programa, como la derogación de la reforma laboral o el fortalecimiento de los servicios públicos. El PSOE ha iniciado un giro a la derecha al que UP es incapaz de responder. La actitud gubernamental ante la fuga del Rey Juan Carlos, el fracaso estrepitoso del escudo social (desahucios, IMV, despidos), inexistencia de reforma fiscal o la fusión de Bankia son elementos que impiden, más allá de la propaganda oficial, caracterizar a este gobierno como “progresista”, en un sentido de que impulsa reformas y relaciones de fuerza favorables a la clase trabajadora. La pandemia también ha acelerado el proceso de caos en el funcionamiento de la administración estatal y ha puesto encima de la mesa la profunda debilidad de los mecanismos redistributivos del raquítico estado del bienestar español. Solo la existencia de una extrema derecha radicalizada (muy activa, con capacidad de marcar la agenda política del PP, con una fuerte imbricación en diversos sectores de la sociedad y un buen manejo del potencial de las redes sociales, aunque ahora mismo minorizada) sostiene a este gobierno como mal menor.

La desmovilización, pasividad y cierto desencanto de la base social progresista no se traducen en una radicalización hacia la izquierda, sino, más bien, en un paulatino y apenas perceptible retiro de la escena pública de buena parte de la base social de la izquierda. Dicho esto, el gobierno aún tiene margen para aguantar. No existe una alternativa ni política ni aritmética a este gobierno ahora mismo. Está por ver si el PP concreta su famoso “giro al centro”, que le permita situarse como una alternativa creíble al PSOE. Pero ha quedado claro que la estrategia gobernista de UP es un rotundo fracaso: no controla mejor al PSOE y su combinación de propaganda de mala calidad y rabietas públicas les hace perder credibilidad de forma constante. La experiencia de los meses del gobierno de coalición indica que el PSOE determina la orientación en lo fundamental -tanto en el plano político como económico- sin que UP tenga capacidad alguna de modificarla. Aunque UP ha perdido la mitad de su electorado durante los últimos años, ahora entra en proceso de perdida de “adhesiones”: veremos qué repercusiones tiene a nivel político y electoral. Pero la consecuencia más obvia es la recuperación total del social-liberalismo como hegemón en la izquierda.

En ese sentido, la crisis de la izquierda afecta también a los movimientos sociales y sindicales. CCOO y UGT, rehenes de su fallida estrategia de concertación social a toda costa, se encuentran completamente entregados a la dinámica gubernamental, paralizados y sin voluntad ni capacidad de movilizar. Los sindicatos radicales, pese a su actitud combativa, carecen de una estrategia de movilización y convergencia con otros sectores sociales, así como de implantación y arraigo suficientes para contrarrestar la hegemonía de los mayoritarios. Los movimientos que han sido la vanguardia en el ciclo anterior (feminista, ecologista, vivienda) se hayan desarticulados organizativamente y bloqueados políticamente, incapaces de ser alternativa sistémica, pero tampoco de presionar en temas concretos a los poderes públicos.

Es obvio que la pandemia ha acelerado procesos que ya venían de antes y que se relacionan con una cuestión poco tenida en cuenta: las derrotas políticas afectan también a los movimientos sociales, sobre todo cuando generacionalmente tienen la misma composición de clase. Desde luego, sigue siendo central para nosotras participar y seguir presentes en ellos, con una perspectiva resistencialista (movilizar lo que queda) y a la vez de apertura (ser conscientes de la necesidad de un nuevo impulso). Pero también debemos iniciar un proceso de reflexión autocrítica: existe una tendencia en ver a los movimientos como algo alternativo a lo político y, en realidad, la configuración está tan profundamente imbricada que es difícil pensarlos, más allá de lo conceptual, como esferas separadas. Sin proyecto político, no hay movimiento, y viceversa.

La única excepción a esta crisis de la izquierda se da en las naciones sin estado. Hablamos de izquierdas socialdemócratas (con excepción de la CUP), pero con una fuerte base social y capacidad electoral. Nuestra apuesta por Adelante Andalucía trata de empalmar con este proceso y dotarlo de un contenido anticapitalista: proceso que se puede acelerar en todo el Estado ante el evidente caos de las administraciones. La crisis nacional-territorial será uno de los ejes centrales durante los próximos años y una gran oportunidad por construir opciones políticas centradas en el auto-gobierno, entendido como la emancipación directa de la gente trabajadora que vive en un territorio concreto. Auto-determinación, en definitiva, como el gobierno de las fuerzas sociales subalternas sobre un territorio, con un horizonte que huya de los repliegues identitarios propios de los nacionalismos de Estado. Se trata de fortalecer y adaptar nuestro proyecto confederal-republicano a las realidades existentes.

En definitiva, nos enfrentamos a un año particularmente duro, en donde la crisis del COVID se entrecruzará con la materialización de una profunda crisis social y económica (y política, como hemos podido ver con el escándalo de la monarquía) que se traducirá en el aumento del paro y la pobreza. El gobierno del PSOE-UP seguirá su senda social-liberal con una UP cada vez más achicada e insignificante, pero con poco margen para romper con el gobierno en buenas condiciones. La debilidad y crisis de la izquierda social seguirá magnificando a Vox mientras el PP trata de recolocarse como partido de gobierno. No descartamos a medio plazo explosiones sociales o de corte anti-político. Estas ya no serán hegemonizadas por la ex-nueva izquierda. En el caso de las primeras, pueden dar lugar a fenómenos progresivos como los chalecos amarillos. En el caso de las segundas, al auge de populismos de extrema derecha que trasciendan el tradicionalismo de Vox. El anticapitalismo debe reorientarse en este escenario y actualizar sus consignas desde la lucha de clases, el feminismo, el ecologismo y la radicalidad democrática, viendo si, por ejemplo, ponemos encima el horizonte (a construir y no a proclamar) de una huelga general en casos como la Comunidad de Madrid. Es decir, se trata de proponer formas de lucha que combatan la debilidad e impotencia estructural del poder político. Hemos entrado en una fase en la que, ante el fracaso evidente de la izquierda institucional, es necesario impulsar formas de lucha que saquen la política de los límites de lo parlamentario, pero también empezar a (re)construir una perspectiva política que recupere el eje “abajo vs arriba” (aunque adopte nuevos lenguajes) frente a una clase política totalmente dependiente o sumisa ante los poderes económicos.

ANTIKAPITALISTAK-EN BALORAZIOA U-12 HAUTESKUNDEEN AURREAN

Muturreko zentrua edo abstentzioa pultsorik gabeko kanpaina eta emoziorik gabeko hauteskundeen laburpen bezala.

Abstentzioa %47-an kokatu da. Hau da, herritarron erdiak bozka eskubideari uko egin diote, partaidetza baxuena EAE-ko hauteskundeen historian eta azken hamarkadako joera baieztatuz. Gertakari honen arrazoiak alde batetik azken hilebeteotan bizi izan dugun osasun krisi larriari dagokio, COVID19 positiboen igoerarekin hauteskunde egunaren atarian, jende asko etxean geratuz kutsadura arriskuaren ondorioz. Beste aldetik egutegiak ere izan du zer esanik, udara izanda herritar ugari oporretan bait zegoen. Baina batez ere ezin dugu arrazoi politikoa alde batera utzi: ezkerraren gaitzustea eta gaitasun eza PSE-EE sozioliberalen babesarekin EAJ-ren hegemoniak eratzen duen “muturreko zentrua”-ri proiektu alternatibo sinegarria kontrajartzeko. Klase popularren aldetik ezkerretiko alternatiba erreal bezala ikusi daitekeen proiekturik ezean, asko etxean gelditu dira.

Galtzaile handia Elkarrekin Podemos izan da, faktore anitzetan oinarritzen den erabateko porrotarekin. Naiz estatuan edo erkidegoan, errejimenarekiko haustura alternatiba izateari uko egin dio eta guztiz PSOE-ren menpean ezarri da, egoera honen adierazle nagusia estatuko koalizio gobernua izanik. Edonolako proposamen eta programa rupturistak alboratu ditu eta alderdiaren lurraldekotasuna eta inplantazioa oso ahulak dira Euskadi, beste lurraldeetan baino are ahulagoak. Akats estrategiko larriak burutu zituen EAJ-PSE tandem-aren aurrekontu neoliberalak onartzean edota errejimenaren alderdiekin eta patronalarekin bat egitean greba orokorraren auzian. Langileria eta mugimendu sozialekin zituen erro finak guztiz deuseztatu ditu. Euskadirako proiektu, erreferente, diskurtsu edo proposamen bereizturik gabe eta klase popularrei arrotz egiten zaien hautagaitza aurkeztuta, bozken erdia baino gehiagok utzi egin ditu. Egun, ez du inongo ilusiorik sortzen.

EHBilduk igoera lortu du abstentzio izugarriko testuinguru baten. Bozketan haztea lortu duen alderdi bakarra eta eserlekuetan hazkunde handiena izan duena. Elkarrekin-en erorketaren zati bat bereganatu du eta aldi berean tradizionalki inguruan dituen sektoreak mobilizatzea lortu, M15 zikloaren baitan desilusioan edo beste aukera batzuetan zeudenak.

Arduraz ikusten dugu igoera honek eragin duen triunfalismoa, kontuan izanez ezker abertzalearen emaitza hoberenetatik urrun gelditu dela. 25.000 bozken igoerak, zati baten Elkarrekin-en galeratik ateratakoa (hala ere esan beharra dago seguruenik azken hauen 50.000 boto baino gehiago abstentziora joan direla), bere posizio instituzionalak areagotzen ditu baina motz gelditzen da EAJ eta PSE-k eratzen duten muturreko zentruaren indartzearen aurrean.

Aipatutako klase popularren zati handi baten desafekzioak, ezkerreko herriarena, errealitate bat da eta EHBilduko zuzendaritza ere arduratu beharko luke honek. Kanpainan azaleratu duten nahaste estrategikoa kezkagarria da, ezkerreko tripartitoa aipatzen zuten bitartean “abertzaleen arteko akordioa” ere eskatuz. Posible ikusten du EHBilduko zuzendaritzak nazio akordio bat burutzea kapital eta euskal burgesiaren ordezkariekin? Emaitzen irakurketan aipatu dute 45 urtetik berakoetan indar bozkatuena izan direla eta koalizioak defendatzen dituen balioak gero eta gehiago herrialdearen balioak direla (hainbat alditan errepikatu duten esaldia azken egunotan). Hitz hauek orain dela ez asko Podemos-ko zuzendariek egiten zituzten adierazpenak gehiegi gogorarazten dizkigute, gaur egun ezerezean gelditu direnak. Historiak behin eta berriz irakatsi digu ez dela lineala, ezta indarren hazkunde mekaniko eta graduala. Azken finean, euskaldunon errealitatea muturreko zentrua beste 4 urtez pairatu beharra da, eta hauek datorren krisian jazarri nahiko diguten kudeaketa neoliberala.

Hauteskundeetako irabazle nagusia errejimenaren euskal bipartidoa da, muturreko zentrua, 55.000 bozka galdu dituen arren. Gehiengo absolutu erosoa. M15 ziklotik susperturik atera dira, botere esparruak berreskuratuz eta indartuz EAJ eta baita PSE, maila txikiagoan. Ateak zabalik izango dituzte euskal langileriaren aurkako politika neoliberalak.

PP+C’s eta Vox-en eskuin muturrak emaitza txarrak izan ditu. 50.000 boto baino gehiagoko galera izan dute eskuin espainolistek, partaidetza baxuak Araban Vox-en ordezkari bat eragin duen arren. Zarata egingo du, baina epe motzean ez du entzule ugaririk izango Euskadin. Hori bai, askoz erabilgarriagoa izango zaio eserlekua Ebro azpian. Hala ere, Alderdi Popularrari ez dio ongi irten eginiko biraketa ultra, 50.000 bozka eta 4 eserleku utzi bait ditu bidean.

Errejimen honekin hautsi nahi duen ezkerraren eginbeharrak indarrean jarraitzen dute eta inoiz baino premiazkoagoak dira. Euskal burgesiaren klase alternatiba errealaren eraikuntza. Euskal Herriko herri eta auzoetatik, baina estatuko beste herri eta langileriekin aliantzak ehundu eta borroka eta mobilizazioak koordinatzea gai dena. Modu erradikal batean alternatiba demokratikoa, feminista, ekosozialista, soberanista eta internazionalista. Edo alternatiba hori artikulatzeko gai gara; mugimenduei eta borroka prozesu errealei lotua, bidezidor insituzional estuak zabaldu eta gaindituz, bidea jende eta tradizio anitzekoekin eginez… edo muturreko zentrua akatzeko aukerak urriak izango dira. Hau da Antikapitalistak erakundeak bultzatzen duen proposamena.

VALORACIÓN DE ANTIKAPITALISTAK ANTE LAS ELECCIONES DEL 12-J

Extremo centro y abstención; este podría ser el resumen de una campaña sin pulso y un día de votación falto de emoción.

47% de abstención, es decir, casi 1 de cada 2 ciudadanas no acudieron a las urnas, marcando un récord histórico en la CAV y reafirmando la tendencia de la última década. Las causas las podemos encontrar por una parte en la enorme crisis de salud pública de los últimos meses, con un repunte de casos COVID19 a escasos días de la votación, generando que mucha gente se haya quedado en casa por el riesgo de contagio. Por otra parte, las fechas estivales han propiciado que parte de la ciudadanía estuviera de vacaciones. Pero sobre todo no podemos obviar la razón política, la desafección en la izquierda y su incomparecencia e incapacidad de armar un proyecto que se conciba por parte de las clases populares como alternativa real que pueda poner en cuestión ese “extremo centro” que representa la hegemonía del PNV junto con el apoyo socioliberal del PSE-EE.

La gran derrotada ha resultado Elkarrekin Podemos, con una debacle que se ha sustentado en varias razones. La renuncia a ser alternativa impugnatoria al régimen tanto en el Estado como en la CAV y que se encuentra ahora subordinado completamente al PSOE, siendo máxima expresión de esto el gobierno de coalición estatal. Ha renunciado a cualquier tipo de propuesta rupturista y en Euskadi su implantación y territorialidad es aún más endeble que en otros territorios del estado. Con errores estratégicos como aprobar los presupuestos neoliberales del tándem PNV-PSE o alinearse con la patronal y partidos del régimen en la convocatoria de huelga general, ha perdido sus raíces en la clase trabajadora, sus vínculos con los movimientos sociales y las calles. Sin proyecto, referentes, discurso ni propuesta propia vasca, sumado a una candidatura que no ha sabido conectar con las clases populares del país, ha resultado en que la mayoría de sus anteriores votantes les hayan abandonado. Hoy en día no despierta ningún tipo de ilusión.

EHBildu asciende en un contexto de elevadísima abstención. La única formación que ha conseguido sumar electores y el que más escaños sube. Ha aprovechado parte del hundimiento de EP, consiguiendo a la vez movilizar al electorado propio que había caído en desencanto y/o había preferido otras opciones durante el ciclo institucional del 15M. Nos preocupa el triunfalismo con que ha asumido esta importante subida, pero que lo deja lejos de los mejores números de la izquierda abertzale. Su incremento de 25.000 votos se ha dado en parte rentabilizando la caída de Elkarrekin (aunque más de 50.000 votos de este último se han vuelto a la abstención) y lo cierto es que se refuerza el extremo centro reencarnado entre PNV y PSE, con nulas posibilidades de hacer política social en el parlamento vasco. La desafección de una parte importantísima de las clases populares, del pueblo de izquierdas, es un hecho real. Y esta cuestión también debería preocupar a la dirección de EHBildu.

Nos preocupa la desorientación estratégica de sus dirigentes en campaña, que bien apelaban al tripartido de izquierdas, hacían guiños a su vez al “acuerdo entre abertzales”. ¿Es posible para la dirección de EHBildu un acuerdo de país con el PNV, partido representante del capital y la burguesía vasca?

El haber resaltado ser la fuerza más votada entre menores de 45 y que los valores que defiende la coalición son cada vez más los valores del país (declaración que ya se ha dado en esta formación varias veces), recuerdan demasiado a las sentencias realizadas por dirigentes de Podemos hace no mucho y que hoy han caído en saco roto. La historia nos ha demostrado demasiadas veces que no es lineal, ni una lenta acumulación de fuerzas mecánica y gradual. Nuestra realidad ahora es que vamos a tener que tragar con el gobierno del “extremo centro” vasco durante 4 años más, y la gestión neoliberal que aplicaran para hacer frente a la crisis que viene.

El gran triunfador de las elecciones es el régimen bipartido vasco, el “extremo centro”, pese haber perdido casi 55.000 apoyos. Una comodísima mayoría absoluta. Han sobrevivido al ciclo institucional del 15M y han recuperado y consolidado sus posiciones tanto PNV y en menor medida PSE. Vía libre parlamentaria a las políticas neoliberales contra las trabajadoras vascas.

La extrema derecha PP+C’s y Vox han obtenido malos resultados. Más de 50.000 votos menos para la derecha españolista pese al escaño alavés de Vox debido a la bajísima participación. Hará ruido, pero en el corto plazo no tendrá audiencia en Euskadi, pese a que su escaño puede serles mucho más útil al sur del Ebro en su estrategia de tierra quemada. Sin embargo, este tipo de giro ultra sí que le pasa factura al PP, dejándose 50.000 votos y 4 asientos en el parlamento vasco.

Las tareas de la izquierda rupturista vasca siguen vigentes y con aún más urgencia. La construcción de una alternativa de clase real al de la burguesía vasca. Desde los pueblos y los barrios de Euskal Herria, pero capaz de tejer alianzas y coordinar luchas y movilizaciones con los demás pueblos y trabajadoras del estado. Una alternativa radicalmente democrática, feminista, ecosocialista, soberanista e internacionalista. O articulamos esa alternativa; ligada a los movimientos y procesos de lucha reales, ensanchando y desbordando las estrechas vías institucionales, compartiendo camino con gentes y tradiciones diversas… o las posibilidades de acabar con el extremo centro vasco serán escasas. Es la propuesta que lanzamos desde Antikapitalistak.