La noria del dúo Goia-Gasco

Goia-Gasco bikotearen noria hiri eskaparate baten paradigmaren adibide, non Donostiarrak ikustera baina ez ikutzera gonbidatuak gauden. Erronka bizitzeko hiri bat da, ez espekulatzeko. Maiatzak 26 boto bat ere ez eskuin sozioliberalei.

 

La noria del dúo Goia-Gasco como paradigma de una ciudad escaparate donde las donostiarras estamos invitadas a mirar pero no tocar. El reto debe ser una ciudad para vivir, no para especular. El 26 de Mayo ni un voto a las derechas socioliberales.

 

 

PELOTAZO EN LA ISLA

Auzotarrei emandako hitza ez bete, euskal industri ondarea suntsitu eta enpresa pribatuei lur publikoa oparitu negozio pribatuak egiteko … Honetara da enplegu prekarioen Bilbo honetan ohitu gaituztena. Beste hirigintza apustuetan bezala, aurrekontuaren eta prezio finalaren arteko gainkostua hiritarrei ordaintzea egokituko zaigu, eurek beren mesede sarea osatzen duten empresa “lagunak” kontratatzen jarraituko duten bitartean


Faltar a la palabra dada al vecindario, destruir el patrimonio industrial vasco, y regalar suelo público para hacer negocios privados… Esto es a lo que nos tienen acostumbradas en este Bilbao de empleos precarios. Como ya pasó en otras apuestas urbanísticas entre el presupuesto y el precio final nos tocará a la ciudadanía pagar los sobrecostes para que ellos sigan contratando a sus empresas “amigas” que forman su red de favores.

La lucha social: experiencia de vida y crítica proletaria

Rusia ( Tomado de VS)
15/05/2019 | Carine Clément

En un contexto global de ascenso general de los populismos, de las desigualdades, de los autoritarismos y de las políticas económicas neoliberales, Rusia puede considerarse un caso extremo. La rapidez y amplitud de los cambios políticos, geoestratégicos, económicos y sociales que han sacudido el país desde la caída de la Unión Soviética han convertido este país excomunista en uno de los más desiguales del mundo y uno de los que llevan a cabo con mayor brutalidad el desmantelamiento de su sistema de protección social. Esta brutalidad y este ritmo acelerado de las reformas neoliberales han obstaculizado en gran parte las resistencias sociales frente a lo que cabe denominar, de acuerdo con Michael Burawoy en su interpretación de Karl Polanyi, la mercantilización forzada y socialmente devastadora. 1/

Al son de los coros que cantaban las loas a la democracia de mercado, marcando el tono de la década de 1990, las solidaridades se disolvieron en la lucha por la supervivencia y la desconfianza generalizada. El desencanto se instaló rápidamente, permitiendo la instauración del régimen putiniano, 2/ que perdura hasta hoy. Esto no quiere decir que la población se haya mantenido completamente pasiva. Ha habido y sigue habiendo numerosas luchas sociales, pero están fragmentadas, son de dimensiones reducidas y se centran en problemas sociales concretos y limitados. 3/

Por todas estas razones, la aparición de una crítica social en el seno de los sectores populares empobrecidos, descalificados e invisibilizados llama particularmente la atención. Aquí los llamaremos proletarios desclasados; desclasados debido tanto a la retrogradación social brutal como al descrédito en que ha caído el discurso de clase. Si en un país que ha dado tan radicalmente la espalda del socialismo renace la crítica social, urge interesarse por las manifestaciones de esta crítica y por las vías que ha emprendido para abrirse paso. En efecto, si la desigualdad y la dominación experimentadas por los proletarios de Rusia tienen sus especificidades asociadas a una historia, una cultura y un contexto político concretos, la experiencia que vive la gente de abajo de esta desigualdad en su vida cotidiana no está tan alejada de la que viven otras capas populares en otras sociedades, Francia incluida. Rusia no es una excepción y algunos investigadores han tomado incluso la pluma para demostrar su normalidad; 4/ muestra con una gran visibilidad lo que ocurre con el conjunto social en un país en que se mezcla la democracia autoritaria con el neoliberalismo postsocialista.

En la Rusia contemporánea, el conjunto social está constituido en gran medida por sectores depauperados y precarios que no son minoría, sino que abarcan a la mayoría de la población. Las estadísticas oficiales de pobreza subestiman el fenómeno, ya que rebajan artificialmente el umbral de pobreza. Según una encuesta reciente, de hecho, más de la mitad de la población vive en la pobreza o en riesgo de caer en la pobreza, con una gran proporción de personas asalariadas pobres. Tras la mejora del nivel de vida que se produjo en la década de 2000, la tendencia fue agravándose con la crisis financiera mundial de 2008 y posteriormente con la crisis derivada de la anexión de Crimea en 2014. La caída del rublo, las sanciones económicas de Occidente y las contrasanciones rusas, así como el descenso del precio del petróleo, hicieron que los salarios y los ingresos reales disminuyeran regularmente; los atrasos salariales empiezan a acumularse de nuevo; las formas atípicas e informales de trabajo vuelven a florecer, como ya ocurrió durante la catástrofe social y económica que marcó la década de 1990 a raíz del colapso brutal del sistema soviético.

Asimismo, el conjunto social está en gran medida por recomponer o unir de nuevo, ya que el traumatismo social, nacional y cultural 5/ de la década de 1990 desintegró las coordenadas sociales de la mayoría de la población rusa, disolviendo las identidades y cortando los lazos sociales. La terapia de choque neoliberal dejó abatida a la sociedad, eliminando las referencias sociales existentes y obligando a la gente a replegarse sobre sí misma o sobre sus microespacios de supervivencia. Numerosos sociólogos dudaban incluso de hablar de sociedad con respecto a Rusia, prefiriendo términos como camarillas 6/ o pequeña sociedad. 7/

¿Cómo llega la gente, incluidos sobre todo los y las más desfavorecidas, a desarrollar una crítica social, componer un espacio común y a veces incluso movilizarse en condiciones de depauperación generalizada y en un régimen autoritario y oligárquico? Una observación atenta permite ver que se está construyendo un espacio social en medio de ese “magma de significados imaginarios” del que habla Cornelius Castoriadis, 8/ en un proceso de articulación improbable entre tendencias que podrían parecer contradictorias: el descubrimiento del espacio nacional, la apertura del imaginario social a un vasto nosotrosenraizado en experiencias de dominación y de explotación vividas como comunes y la crítica social centrada en la contestación de las desigualdades sociales. Las reacciones a la política de austeridad presupuestaria y de reformas liberales de la protección social y de las pensiones aplicada por el gobierno son incomparablemente más críticas y socialmente más comprometidas que en la década de 1990. Hoy en día, la mayoría de las personas han recuperado sus referencias y restablecido lazos sociales; se abren unas a otras y tienen capacidad de crítica social y de imaginario social. 9/

La reconciliación con la experiencia cotidiana

La propaganda patriótica orquestada por el Kremlin, que exalta una Rusia que ha recuperado su grandeza, una Rusia magnificada, rica en recursos y dotada de la fuerza de un pueblo unido, es el primer proceso que alimenta la crítica social. Este discurso funciona, pero no genera un apoyo consensual a la visión de una nación una y unida, propagada por el Kremlin. Por un lado, la mayoría de rusos y rusas redescubren que forman parte de una nación y que pueden sentirse orgullosas de ella. Por otro, si Rusia es rica y si el pueblo ruso es valioso, “¿cómo es posible que la gente viva tan pobre?”: esta es la pregunta que se escucha a menudo en boca de personas de ambientes populares.

La pregunta va más allá de la simple comparación entre los hechos y los discursos. Para suscitar la crítica social, los hechos deben vivirse, sentirse en la experiencia de personas que no viven su cotidianeidad con vergüenza o desespero; también deben vivirse como algo compartido. Este es el segundo proceso que alimenta la crítica social: la reconciliación de los proletarios desclasados con su experiencia cotidiana, a diferencia del sentimiento de extrañeza o desconcierto provocado por el desclasamiento y la depauperación que acompañaron a las reformas brutales de la década de 1990. 10/Favorecida, sin duda, por el repunte económico de la década de 2000, de la estabilización de una situación social, aunque fuera precaria, y favorecida también por un discurso nacionalista qua adula al pueblo. La socialidad popular, durante mucho tiempo quebrada por las lógicas de supervivencia, del sálvese quien pueda, la desconfianza y la competencia, aflora de nuevo. Estudios recientes sobre las ciudades obreras rusas 11/ reflejan de este modo cómo se restablecen prácticas de socialidad gratuitas(que no sirven exclusivamente para la supervivencia).

Mis propias investigaciones indican que la gente aspira a reencontrarse, en abierta connivencia, para hablar y experimentar la libertad de hablar, incluso abundando en la crítica, la incorrección y la irreverencia. En los garajes de pequeñas ciudades de provincia, los hombres se dedican al bricolaje o a sus pequeños tráficos, y también hablan, se confiesan a veces, a menudo ironizan, en un espíritu de compañerismo y de desprecio por las figuras de la jerarquía. En los patios de los bloques de pisos, las mujeres se juntan, discuten, comparten impresiones, a veces participan en trabajos de acondicionamiento del lugar o se indignan por la mala gestión de los servicios municipales.

En Astraján, contemplando a las habitantes de su inmueble ocupadas en plantar árboles en el patio, una anciana exclama que es “como si me despertara de 20 años de hibernación”. Esta socialidad puede remitirnos a las imágenes de discusiones interminables en las cocinas de los apartamentos comunitarios durante el periodo soviético, pero tiene lugar menos de una manera oculta o informal que en modo de formación de espacios, inclusive durante las manifestaciones públicas, abiertas a la experiencia de una fraternidad liberada de juicios morales o descalificaciones políticas. Se trata de espacios en los que el hablante se siente seguro de ser comprendido entre líneas por interlocutores de los que sabe que comparten la misma experiencia de vida y en los que la connivencia se expresa menos con palabras que con gestos de la cabeza, exclamaciones o golpecitos en la espalda.

En estos espacios de lo cotidiano emerge la crítica social en modo a menudo irónico. Así, en Perm, con motivo de la conmemoración tradicional del final de la segunda guerra mundial, el 9 de mayo de 2017, las autoridades municipales organizaron un encuentro en un barrio obrero de la ciudad. Los asistentes, en su mayoría obreros o antiguos obreros, formaban pequeños corros, se saludaban unos a otros, bebían a escondidas (el consumo público de alcohol está prohibido) y, sobre todo, rivalizaban en la crítica irónica de las desigualdades y de las falsas apariencias.

Durante la fiesta se produce una conversación entre dos compañeros obreros. Uno exclama: “Puede que Putin sea bueno en política exterior, pero ¡se ha olvidado de Rusia! […] ¿Cómo puede decir que el salario medio en Rusia es de 39.000 rublos? [cifra oficial] Aquí ganamos entre 15.000 y 20.000 rublos nada más […] ¿Cómo se puede alimentar a una familia con 15.000 rublos?” Su compañero insiste: “Es cierto, si nuestro gobernador gana, por ejemplo, medio millón, y la niñera 7.000, la media da justamente esto. Pienso que habría que igualar el salario medio al de los obreros. O bien, igualar el salario de los gobernadores, los alcaldes, los altos cargos, de Putin, igualar todos estos con el salario de la niñera. O que vayan a trabajar de niñeras. Limpiar el culo de los niños por 7.000 rublos, ¿lo harían? No. ¿Por qué, con medio millón, iban a limpiar culos?”

Esta conversación pone de manifiesto la contestación de las cifras oficiales desconectadas de la vida real, de las carencias de la vida a que se enfrentan el nosotros de los obreros y trabajadores mal pagados. Muestra asimismo la manera en que estos obreros retrotraen a los hombres que viven más allá de las contingencias de la vida cotidiana al ámbito prosaico y vulgar. Las conversaciones se caracterizan por su lenguaje simple, irreverente y directo, a menudo exageradamente grosero o políticamente incorrecto, utilizado sobre todo para oponer la realidad a ras de suelo al discurso abstracto, que resulta ficticio, santurrón o aleccionador.

Las conversaciones cotidianas se politizan a menudo por medio de una ironía irreverente y grosera que podría recordar las resistencias subterráneas de la época soviética, pero que también entra en resonancia con los modos de resistencia de los dominados y de las clases populares en muchas partes del mundo. 12/ Entre personas que se comprenden no solo se discute sobre las dificultades de la vida cotidiana, sino que también se hace burla de los dirigentes, se destaca el hecho de que la gente no se llama a engaño, de que no hay que dar crédito, sobre todo, a los bonitos discursos (“nos dan la tabarra con su patriotismo, pero todo su dinero y sus hijos están en Occidente”). La crítica social, por tanto, no es un movimiento de elevación hacia una mayor abstracción, sino una inserción de la abstracción en lo concreto, lo corporal y lo emocional de las experiencias de vida.

Uno de los aspectos sorprendentes de esta incursión en lo cercano 13/ o de este proceso de rehabitar el espacio de vida 14/es la reconciliación con el trabajo de cada uno, sobre todo el trabajo obrero, el trabajo con las manos, que vuelve a ser fuente de orgullo y de dignidad. Por ejemplo, esto es lo que dice de su experiencia un joven obrero altamente cualificado de San Petersburgo: “Me gusta mi trabajo. Me gusta lo que hago. Quiero poder vivir de ello. Pero ocurre que eso no vale nada. Con mis colegas tratamos de defendernos, pero la dirección nos ningunea. […] El trabajo humano no se valora […]. Y ese gran gilipollas, con perdón, que está sentado en su sillón y cobra medio millón, ¿es más útil que yo? […] ¿Y nuestros pensionistas? ¡Han trabajado toda la vida por el bien del país! Y siguen teniendo que trabajar para sobrevivir, en vez de viajar y gozar de la vida, como los pensionistas en Occidente.” Aparece aquí un imaginario social que va más allá de lo cercano: el nosotros está enraizado en la experiencia del trabajo, incluye a los colegas, pero también se amplía a los demás trabajadores e incluso a los pensionistas del país en su conjunto.

La emergencia de un nosotros popular

Este nosotros se inscribe en los espacios de lo cercano rehabitados, en las interacciones y conversaciones de la vida cotidiana, donde las críticas de las desigualdades sociales, de la política y del gobierno son legión. Son estas conversaciones entre nosotros las que construyen un espacio común, un espacio que está abierto a los demás que, aunque ausentes, aparecen como colegas que comparten la misma experiencia de vida y la misma opinión.

Una empleada de correos, jefa de equipo en una ciudad de Altai: “Tengo la sensación de que nuestra dirección solo piensa en ella misma y en llenarse los bolsillos […]. Y la población no es más que una fuente de enriquecimiento para ellos […]. Somos como esclavos. Precisamente hemos hablado con mis colegas. Stráshnov (el director general de Correos) ha desaparecido […]. ¿Cómo es posible que, con nuestros salarios de miseria, él haya recibido una prima de 95 millones […]? ¡Ahorran a costa de nosotros! La gente que trabaja, trabajamos por dos, por tres. Los pobres carteros no reciben más que unos céntimos.” La mujer habla con una pareja de amigos, que aprueban lo que dice con aclamaciones, del espacio de libre discusión crítica que existe en su centro de trabajo y muestra la manera en que el nosotros de los proletarios desclasados se amplía de los compañeros de trabajo a todos y todas quienes trabajan, incluidas las que tienen peor suerte que ella. Este nosotros se afirma igualmente contra los dirigentes político-económicos que se enriquecen sobre la espalda de los trabajadores.

Las manifestaciones sociológicas de este nosotros, captadas en forma de autoidentificación social, son diversas: el nosotros obreros, el nosotros pequeños empresarios (que trabajan duramente para sobrevivir) y el nosotros pobres habitantes de provincias. Este nosotros plural en proceso de formación lo traduzco por clases populares, gente común o proletarios, y permite hablar de la gestación de un imaginario popular.

La crítica que alimenta este imaginario popular se expresa a veces públicamente en acciones de protesta. Así, en una manifestación contra el retraso de la edad de jubilación, en septiembre de 2018, una pareja moscovita dice que participa para que “el poder no crea que la población está de acuerdo”. En este caso también, el hombre, aunque resida en la capital, se transporta con la imaginación a la provincia al declararse convencido de que las reformas están destinadas a hacer pagar a la “gente sencilla”, “sobre todo de provincias”. Jóvenes estudiantes venidos de la provincia para asistir a una manifestación contra la corrupción, organizada en San Petersburgo en 2017 por el activista de oposición Alexei Navalny, dicen que sobre todo les motiva la lucha contra las desigualdades sociales y territoriales, indignados como están por la diferencia manifiesta que constatan entre el estado de su ciudad de procedencia y el de las grandes ciudades del centro.

El nosotros vehiculizado por el imaginario nacional

El ímpetu del imaginario nacional que se está gestando, o la capacidad de la gente de construir en la imaginación una entidad colectiva de pertenencia, ya documentada ampliamente por Benedict Anderson, 15/ participa igualmente en esta crítica social. En la Rusia popular, se traduce en el sentimiento de una comunidad de experiencia compartida entre personas que habitan en los cuatro extremos del país. Una pensionista que vive en un piso renovado del centro de Moscú puede declarar así que empatiza con la babushka de una pequeña aldea perdida en los Urales que vende setas en el mercado para poder sobrevivir y con la que ha conversado largamente durante un viaje en coche por el interior de Rusia. Obreros de Rubtsovsk, en Altai, que luchan contra el cierre de su fábrica, pueden sentirse solidarios (los trabajadores son “nuestros hermanos”) con toda la “gente del trabajo”, sobre todo en respuesta a la falta de reconocimiento material del trabajo y al desprecio por parte de los hijos de los nuevos ricos, sentido como algo colectivamente humillante (“no somos nada para ellos”).

Este nosotros adquiere las dimensiones de la nación imaginada, una nación dividida, contrariamente a la visión de una nación una y unida que difunde la propaganda patriótica. Este nosotros alimenta y al mismo tiempo se alimenta de la configuración de un ellos, que abarca sobre todo a los oligarcas que confiscan las riquezas del país y controlan el Estado, son los explotadores contra los explotados, los aprovechados contra los trabajadores, el centro contra las regiones.

La crítica se convierte entonces en reivindicación o por lo menos en aspiración, en todo caso no se queda en mero sentimiento o simple lamentación. La mayoría de las reivindicaciones se refieren a la redistribución social y económica entre las regiones, los ricos y los pobres, los que tienen el poder y los ciudadanos comunes. Si se dirigen al Estado, exigen sobre todo un Estado liberado de los oligarcas, ya que el Estado, tal como existe actualmente, se percibe como un Estado oligárquico. Finalmente, gran parte de las reivindicaciones se centran en la participación política: “¡Tienen que escucharnos, la gente corriente ha de participar! Porque allí ni siquiera saben cómo vivimos, ellos viven en otro mundo” (joven niñera de una aldea de Altai).

Imaginario popular y crítica social

Para pensar los procesos entrelazados del imaginario popular y la crítica social, los marcos teóricos han de ser flexibles y adaptables. Si nos inspiramos en las concepciones de Cornelius Castoriadis, el imaginario social puede pensarse como la participación en significados vividos como compartidos colectivamente y que figuran un mundo común que, para acoplarse a significados ya existentes (la nación, el pueblo, los rusos, los obreros, etc.), se diferencia de ellos encerrando un potencial de transformación social. Este imaginario social no solo forma parte de las representaciones, sino también de los sentidos, los afectos y los deseos.

La variante popular de este imaginario puede leerse como un elemento que opera líneas de partición del mundo social entre nosotros, los desfavorecidos, los que trabajan para ganar poco, los de provincias, y ellos, los ricos, los aprovechados, los privilegiados. Esta partición gana cuando se piensa en los términos de Jacques Rancière 16/ como “partición de lo sensible”, ya que el mundo compartido es un mundo sensible, basado en la experiencia de la vida cotidiana. La partición se lleva a cabo por los sentidos y por el pensamiento, y la llevan a cabo quienes –según los dominantes– son incapaces de producir un mundo común y de tener un discurso común. Apoyándose en su experiencia sensible, en su mundo cercano, que se han puesto a habitar plenamente tras el caos postsoviético, los proletarios desclasados participan en la creación de un mundo común que no se deja encerrar en categorías prefijadas porque está en proceso de creación y abre un horizonte de lo pensable, lo decible y lo factible.

En resumen, el impulso crítico que se inscribe en esta apertura del imaginario popular se basa en una experiencia, vivida como común, de dominación e injusticia. Se inserta en la experiencia íntima, física y emocional que cada uno hace personalmente de su cotidianeidad y del entorno próximo que le rodea. La construcción de lo común se lleva a cabo, por tanto, a partir de la intervención en el entorno próximo, mediante la partición de lo sensible, en un ímpetu imaginario hecho de emociones, de imágenes y de juicios. Puede que este imaginario no sea creador en el sentido de que podría no dar a luz a un movimiento popular, pero reúne a lo que podríamos llamar, a falta de algo mejor, las clases populares (o el pueblo llano) en una experiencia común imaginada.

El marco es nacional porque se contemplan las divisiones sociales internas a la nación y asociadas a una determinada configuración del Estado. Sin embargo, el contenido es social y da pie a una crítica social normal que descansa sobre experiencia vividas, sobre lo que Luc Boltanski denomina las “pruebas existenciales” que “extraen del mundo o, si se prefiere, del flujo de la vida, elementos susceptibles de poner en cuestión (el orden establecido)”. 17/ En estas críticas y estos reordenamientos sociales se inventa una política distinta, una política de pies en la tierra, 18/ una política que mana de convicciones arraigadas, que mana de los libros, que se mancha con la vida cotidiana, con lo prosaico y la rudeza.

Imaginario popular, crítica social, reivindicaciones de un Estado liberado de la oligarquía, de una política que tenga de nuevo los pies en la tierra: estos rasgos hacen entrar en resonancia el mundo de los proletarios desclasados de Rusia y el de los chalecos amarillos de Francia, que también redescubren la fraternidad al reconciliarse con su experiencia del día a día, compartiéndola y haciendo de ella la base de su crítica social. Los análisis fundamentados en una labor etnográfica sobre el terreno ponen de relieve, en el caso de los chalecos amarillos, el refuerzo de un nosotros popular solidario y cívico 19/ y mencionan el surgimiento de una política experiencial. 20/Sin duda la experiencia de la subordinación y de la invisibilización es similar en muchas partes del mundo.

Lo que he tratado de demostrar, al centrar este artículo en los proletarios desclasados de Rusia, es que incluso en un país que ha sufrido cambios traumáticos que han sumido a la mayoría de la clase trabajadora en un proceso de depauperación, desclasamiento y desubjetivización, los invisibles vuelven a levantar cabeza. Lo hacen, como en Francia, a partir de una reconstrucción de los espacios de convivencia y de fraternidad, de una reconciliación con su experiencia de vida cotidiana, así como a partir de un imaginario popular que los une en un mismo sentimiento de ser objeto de explotación y desprecio.

Una gran diferencia es la fuerte propensión a la protesta pública de los chalecos amarillos. Lo que contrarresta la capacidad de movilización de los proletarios rusos es la sensación profundamente arraigada de impotencia para cambiar el orden de cosas. Esta sensación radica en la certeza de vivir en un régimen oligárquico. En cambio, los sectores populares de los chalecos amarillos, socializados en la idea de vivir en una gran democracia, patria de los derechos humanos, descubren sorprendidos el carácter oligárquico del Estado (algunos incluso han explicado que han tenido que buscar el significado de la palabra oligarquía en un diccionario). Esta habituación a la oligarquía es una razón, para las clases populares rusas, de bajar los brazos; la sorpresa compartida es un motivo, para los chalecos amarillos, de rebelarse.

26/04/2019

https://laviedesidees.fr/La-lutte-sociale-en-Rusia.html

Traducción: viento sur


1/ Polanyi, K., La gran transformación, Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 2011; Burawoy, M., “Manufacturing Consent revisité”, La nouvelle revue du travail, n.º 1, 2012.

2/ Clément, K., “Poutinisme, patriotisme et apathie politique”, La Vie des idées, 2015.

3/ Clément, K., “Mobilisations citoyennes en Russie. Le quotidien au cœur des protestations”. La vie des idées, 2012; Thévenot, L., Rousselet, K., Daucé, D. (dir.), “Critiquer et agir en Russie”, Revue d’études comparatives Est-Ouest, 48/3-4, 2017.

4/ Shleifer, A., Treisman, D., “A normal country: Russia after communism”, Journal of Economic Perspectives, 19/1, 2005, 151-174.

5/ Stompka, P., “Cultural trauma: The other face of social change”, European Journal of Social Theory, 3(4), 2000.

6/ Jlopin, A., “La société civile ou le socium de cliques : le dilemme russe”, Politiya, 3, 1997.

7/ Olejnik, A., “La ‘petite’ société : modèle théorique et illustration empiriques”, Mir Rossii, 13(1), 2004.

8/ Castoriadis, C., La institución imaginaria de la sociedad, Barcelona, Tusquets, 2013.

9/ La mayor parte de los datos empíricos aportados en este articulo provienen de un estudio sobre el “Nacionalismo ordinario en Rusia” (2016-2018), financiado por la Fundación para el Apoyo a la Educación Liberal y por la Escuela de Altos Estudios de Economía de San Petersburgo. Se efectuaron 237 entrevistas centradas en la vida cotidiana de las persona en un total de seis regiones rusas.

10/ Clément, K., Les ouvriers russes dans la tempête du marché (1989-1999), París, Syllepse, 2000.

11/ Morris, J., Everyday Post-Socialism: Working-Class Communities in the Russian Margins, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2016.

12/ Pudal, R., “La politique à la caserne”, Revue française de science politique, 61(5), 2011; Wacquant, L., Body & Soul: Notebooks of an Apprentice Boxer, Nueva York y Oxford, Oxford University Press, 2006; Scott, J. C., Domination and the arts of resistance: Hidden transcripts, New Haven y Londres, Yale University Press, 1990.

13/ Sobre la incursión en lo cercano, véase Thévenot, L., L’action au pluriel: sociologie des régimes d’engagement, París, La Découverte, 2006.

14/ Sobre el concepto fuerte de habitar en relación con los obreros postsoviéticos, véase Morris, J., Everyday Post-Socialism: Working-Class Communities in the Russian Margins, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2016.

15/ Anderson, B., L’imaginaire national : réflexions sur l’origine et l’essor du nationalisme, París, La Découverte, 1996.

16/ Rancière, J., Le partage du sensible : esthétique et politique, París, La Fabrique, 2000.

17/ Boltanski, L., De la crítica, Madrid, Akal, 2014.

18/ Clément, K., “Mobilisations Sociales à Astrakhan : Une Politisation Terre à Terre”, Revue d’études comparatives Est-Ouest, 48 (3), 125-158, 2017.

19/ Challier, R. “Rencontres aux ronds-points. La mobilisation des gilets jaunes dans un bourg rural de Lorraine”, La Vie des idées, 19 de febrero de 2019.

20/ Lianos, M. “Une politique expérientielle – les Gilets jaunes en tant que ‘peuple’”, Lundimatin, 19 de diciembre de 2018.

Algunas coordenadas de la nueva etapa

Josep M. Antentas *
Viento Sur, 12-5-2019

  1. Época de paradojas, contradicciones, y tendencias no consumadas, abrimos una nueva fase de la larga crisis política española. El bipartidismo imperfecto que fue el pilar del Régimen del 78 está muerto, pero su principal sostén histórico, el PSOE, está vivo. El nuevo pentapartito culmina la implosión del sistema político iniciado en 2014 como consecuencia del seísmo social del 15M en 2011, pero lejos de oficializar un nuevo equilibro estable entre los partidos en liza inicia una etapa de incertidumbres y de batallas por la posición relativa de cada uno de ellos. Dos grandes incógnitas están abiertas: el combate por la hegemonía en la derecha y la posibilidad o no del PSOE de coronar el proceso de minorización de Podemos y enviarlo definitivamente a una posición irreversiblemente periférica. Los consensos de 1978 se rompieron y sus revalidaciones posteriores se agotaron. El periodo inaugurado en 2011 (y electoralmente en 2014) quedó atrás, pero no hemos entrado todavía en una etapa de rutinización institucional y social duradera. La crisis política y social permanece y la crisis institucional generada con la irrupción del independentismo catalán también. Pero, a la vez, no hay perspectiva alguna de ruptura ni por la izquierda ni por el flanco nacional-territorial. Las hipótesis fundacionales de Podemos y del independentismo colapsaron. Sin embargo, la existencia de ambos actores y su importancia relativa testimonia que el régimen no pudo recomponerse completamente y suturar definitivamente sus brechas, ya fuera por la vía del aplastamiento de sus adversarios o de la autorreforma gatopardista por arriba. Hay partido todavía por jugar, pero las condiciones ya no son las de la fase anterior, de apertura de posibilidades inéditas. Ahora son más frágiles y coexisten con un riesgo epocal de involución reaccionaria que persiste, a pesar de haber sido contenido de momento, y con las maniobras de recomposición política por arriba.
  2. La movilización defensiva del pueblo de izquierdas y de los nacionalismos periféricos derrotó a las fuerzas derechistas. La memoria de 2004 es el precedente (aún en un contexto muy distinto) más cercano y testimonia una capacidad recurrente de activación a última hora, en clave electoral y de manera instrumental, ante la catástrofe en ciernes. Hemos asistido a una especie de reacción a la reacción. Una victoria reactiva es distinta, no obstante, a un triunfo con expectativas en positivo o con lógicas de desborde por abajo. El combate entre bloques del 28 de abril, por lo demás, estuvo marcado por una desigualdad estructural que sintetiza los límites del periodo. En un clima de polarización y reactividad, las fuerzas de izquierda y los nacionalismos catalán, vasco y gallego acudieron a la cita sin proyecto de cambio real, mientras que la derecha compareció con un proyecto de combate, aunque debilitada por su competencia organizativa. Proyecto de combate portador en sí mismo de un germen de fracaso por su naturaleza autoritaria y excluyente que le inhabilita para formar un nuevo bloque social mayoritario estable, pero que le da perspectiva, razón de ser y objetivos a batir. El 28 de abril marcaba así un choque desigual en términos de profundidad estratégica respectiva. Radicalización en todos los terrenos del bloque conservador frente a insustancialidad y epidermismo en el otro lado, manifestado en una doble condición trágica: la reafirmación del liderazgo del PSOE y la adaptación acelerada de Unidos Podemos a la estrecha política de lo posible. Una asimetría estratégica en ciernes que liquida todo horizonte de cambio democrático real.
  3. La izquierda (y los nacionalismos periféricos) ganó el 28 de abril en el sentido de que el bloque derechista fue derrotado. Pero es preciso no caer ni en confusiones ni en juegos de palabras. El único vencedor estricto de la contienda fue el PSOE que además prevaleció a costa de reducirle el espacio a Unidos Podemos. No existe una victoria por delegación en el campo de la izquierda, ni tampoco una lucha coordinada entre sus componentes frente a la derecha, más allá de las tácticas de aparato para encajar sus intereses. El triunfo del PSOE certificó la derrota definitiva de la hipótesis de voladura del sistema político bajo la égida de Podemos formulada en 2014. El partido de Sánchez se benefició de la combinación entre la sobremovilización del pueblo de izquierdas ante la amenaza de Vox y el bloque derechista, y del declive de Unidos Podemos, iniciado ya en 2016 y acentuado en el último tramo. Sánchez parece ganar más por deméritos de los demás que por los suyos propios. Testimonia un voto más instrumental que expresivo, a modo de una adhesión por defecto. La pasión por parar a la involución reaccionaria parece más fuerte que las expectativas con el PSOE, cuyo gobierno tras la moción de censura a pesar de algunos efectismos iniciales, ha sido débil y poco audaz. Sin duda, si a Sánchez hay que reconocerle algo es su tenacidad personal para salvar su carrera política desde el golpe palaciego de 2016 y cierta valentía táctica a la hora de tomar decisiones de partido. Tenacidad y valentía de las que carece por completo cuando se trata de defender algún tipo de medida que contravenga los intereses del poder económico y financiero o de los aparatos más reaccionarios del Estado.

Fractura y crisis estratégica de la derecha

  1. Tocado y hundido en el primer tramo de la crisis de régimen, a punto de naufragar en las elecciones del 26J de 2016 cuando la posibilidad del sorpasso de Unidos Podemos se antojaba plausible, el PSOE, partido del régimen por antonomasia, ha vuelto a instalarse como el puntal del sistema político. Consiguió recomponer en buena medida su fortaleza electoral y recuperó la hegemonía en la izquierda. Cuatro son las razones que lo pueden explicar: la primera, su propia robustez orgánica que le dio una capacidad de resistencia notable para hacer frente a su declive; la segunda, la relegitimación parcial del partido tras la reconquista del mismo por parte de Sánchez, en una catarsis interna que, a pesar de ser canalizada por un giro izquierdista que no era más que una gran impostura, sacó al PSOE de una decadencia inexorable; la tercera, la ausencia de movilizaciones sociales significativas que chocaran con el programa y la naturaleza del PSOE. Sin duda el potente movimiento feminista, en cuyo seno dominan las tendencias anti-neoliberales, cuestiona de raíz todo lo que el PSOE significa, pero también ofrece un flanco de instrumentalización electoral parcial en clave progresista frente a la reacción; la cuarta, los límites de la estrategia electoral-comunicativa de Podemos y los efectos de la implosión interna acontecida desde 2016 como consecuencia directa de los defectos de diseño de la máquina burocrático-electoral-comunicativa orquestada en Vistalegre I. Y, sobretodo, las consecuencias negativas del giro hacia el PSOE que Iglesias acometió en abril de 2016 cuyo resultado inmediato fue la rehabilitación formal del PSOE como partido del cambio por parte del impugnador oficial del régimen, Podemos. La bendición de Iglesias otorgaba al PSOE todo lo que el marketing socialista no había conseguido vender.
  2. Tras cuatro años de ir a la defensiva desde la irrupción de Podemos y después de una enorme crisis interna, el PSOE consiguió pasar a la ofensiva, recuperar centralidad política y ser la referencia entorno a la cual se organiza (ya sea por adhesión o oposición) la vida política y la propia izquierda alternativa. Se beneficia de la falta de expectativas sociales, del fuerte contraste epocal entre malestar y horizontes plausibles de cambio, pero no está claro que tenga la condiciones materiales para desarrollar un proyecto de crecimiento y redistribución que reconstruya una base social progresista estable y solidifique un nuevo bloque social, ni que posea la capacidad para acometer una reforma del Estado que lo relegitime en Catalunya y solidifique la arquitectura institucional. Favorecido en lo inmediato por los impasses y aporías de los dos grandes desafíos contemporáneos del Régimen de 1978, Podemos y el independentismo catalán, la gran espada de Damocles que pesa sobre el PSOE es la posibilidad de una nueva recesión internacional y la inestabilidad consustancial a una fase histórica de grandes mutaciones, de crisis civilizatoria y de una crisis política doméstica que todavía no se cerró.
  3. El gran derrotado en un sentido profundo es el PP, y una determinada estrategia de la derecha, la del retorno de un neoconservadurismo aznarista renovado y readaptado a la época, que pretendía organizar la derecha tripartita bajo la hegemonía de un PP rearmado ideológicamente. Fracasó toda una estrategia basada en la cuádruple combinación de radicalización discursiva generalizada, españolismo ultramontano, legitimación incondicional de Vox y búsqueda de una sinfonía virtuosa entre los tres partidos. Una política de colaboración entre la derecha tradicional y la extrema derecha inédita en Europa, que se explica por la naturaleza del Estado posfranquista gestado durante la Transición, por las características de la derecha española y por la génesis del propio Vox. Sin embargo, aunque fracasada coyunturalmente y absorbida en graves dilemas estratégicos, la derecha sigue siendo un poderoso bloque político-social, de 11 millones de votos, pero fragmentado políticamente y sumido en una inédita competencia partidaria que no ha hecho sino empezar. Social y culturalmente no está derrotada y tiene una resiliencia electoral contrastada, aunque ahora sin la efectividad de antaño por la rivalidad interna a su propio campo. Sin embargo, la movilización defensiva progresista y plurinacional del 28A es la traducción demoscópica y electoral de un problema estructural del nacionalismo español conservador: el desfase intrínseco entre su concepción de España y la España real. Incapaz de articular un proyecto integrador basa su fuerza en la movilización reactiva-identitaria en torno a una propuesta excluyente cuya naturaleza es, a la postre, la responsable de su propio fracaso, y que desde el segundo mandado de Aznar hasta la actualidad desestabilizó las bases mismas de la arquitectura del Estado debido a su interpretación autoritaria y reaccionaria del propio marco político institucional.
  4. La primera fase de la crisis política del Estado español estuvo marcada por la crisis del PSOE, la segunda por la del PP y el terremoto en la derecha. Atenazado desde los dos flancos por el alma tecnocrática-modernizadora y por el alma nacional-reaccionaria de la derecha, el proyecto neoconservador de Casado corre el riesgo de implosión. El virtuosismo de las tres derechas que tan bien funcionó en las elecciones andaluzas fue un espejismo regido por una lógica inaplicable en unas elecciones generales donde el sistema electoral no favorece la dispersión de voto. Las tres expresiones políticas de la derecha cayeron víctimas de su propia disputa, a pesar de estar unidas por un neoliberalismo sin fisuras y por un españolismo recalcitrante, a la vez reactivo, como lo ha sido tradicionalmente el españolismo desde 1898, y ofensivo, por su proyecto de aplastamiento involutivo de un adversario político-social, tan arquetipado como real, progresista y plurinacional. Se vislumbran endiabladas competiciones mediático-parlamentarias entre sus tres componentes para aumentar su influencia en el seno del bloque conservador. Ahí va a estar el gran problema de la derecha, que no es tanto el de su debilidad político-social-cultural, como el de una crisis de estrategia agudizada por las distorsiones organizativas de su representación política y, en particular, la crisis de su partido histórico de referencia, el PP. Su competencia funciona en dos planos: el organizativo-partidario y el ideológico-programático, superponiéndose así un mero combate entre direcciones políticas y aparatos que se disputan influencia y poder y una pugna más de fondo entre los tres proyectos y sus bloques sociales respectivos.
  5. El PP ha acabado haciendo de aprendiz de brujo, desatando fuerzas que escapan a cualquier aparato político. Primero, durante la crisis catalana y todo el Procés abierto desde 2012 profundizó la involución nacionalista excluyente de toda la década anterior y la cultura autoritaria-negacionista propia del aznarismo, exacerbada aún más tras el trauma del 2004. El PP de Rajoy se consumió en las brasas del propio incendio que contribuyó a crear por su torpeza autoritaria y sus límites estratégicos durante la crisis de Octubre de 2017. Segundo, el viraje neoconservador de Casado, pretendiendo operar un giro derechista controlado, en realidad espoleó y normalizó una espiral reaccionaria desbocada que ya estaba en marcha y cuya pulsión mediática y sociocultural desbordaba las lealtades organizativas tradicionales. Deseando re-encauzarla hacia el partido, Casado sólo favoreció su eclosión definitiva. La inflexión hacia la derecha de Casado se fusionó de facto con una lógica específicamente reaccionaria, acorde con las características históricas de la propia derecha española y con la coyuntura internacional. El nuevo líder del PP y Aznar actuaron involuntariamente de lanzadera y de legitimadores de Vox. Contribuyeron, paradójicamente, a que una parte de la base social del PP más escorada a la derecha viera la deserción de su partido tradicional como algo legítimo y normalizado. Y la perspectiva del acuerdo posterior de las tres derechas en buena medida acabó por desactivar parcialmente el miedo a dividir el voto derechista y debilitar al propio PP. Se podía votar a Vox y a la vez asegurarse que, en el peor de los casos si Vox no alcanzaba una posición de liderazgo, el PP (pero pertinentemente condicionado por su flanco derecho) gobernaría.
  6. ¿El fracaso neocon equivale a considerar que si el PP hubiera escogido una vía más de centro (lo de centro es en cualquier caso un decir) y transitado por la senda más tecnocrática y desideologizada de Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, las cosas le hubieran ido mejor? La historia contrafáctica es únicamente un ejercicio especulativo cuya utilidad consiste solamente en intentar sacar de ella reflexiones estratégicas. Un PP rajoyista no hubiera actuado de trampolín de Vox, es verdad, pero quizá hubiera tenido que enfrentarse a una ruptura explícita de parte importante del entramado mediático y social que había apostado por el rearme ideológico neocon de Casado. La vía de la radicalización derechista como callejón sin salida para el PP fue denunciada por las voces minoritarias de algunos intelectuales liberales moderados de derecha, entre ellos figuras como José María Lasalle, alarmados por el auge de las fuerzas reaccionarias y la pérdida de todos los consensos de Estado. Teniendo razón en parte es probable, sin embargo, que sus loas a volver al centro olviden algunas claves de la naturaleza del actual periodo histórico y, en particular, las causas de fondo de los desgarros de las lealtades partidarias tradicionales en todo el espectro político. Nostálgicos de una derecha democrática y tolerante (en buena medida imaginaria en el caso español), estas voces obvian clamorosamente que los cantos a la moderación de la derecha tienen muy corto alcance si van acompañadas del apoyo a ultranza de un neoliberalismo económico sin límites que deslabazó toda la estructura social. Dilemas de una derecha que desde la izquierda nos sirven también para pensar el periodo.
  7. Vox soñaba, sin duda, con una mejor noche. Su resultado es un fracaso relativo si lo comparamos con sus expectativas, pero en términos históricos marca un punto de inflexión decisivo en la trayectoria de la derecha española, con la autonomización organizativa y expresión política independiente de una fuerza reaccionaria desgajada del marco orgánico de la derecha tradicional, expresando a la vez una ruptura y una continuidad radicalizada con ella. Vox galvaniza la reafirmación identitaria en clave reaccionaria del flanco más duro del pueblo de derechas. Encarna un nacional-reaccionarismo neoliberal que, hoy por hoy, no va más allá de una fractura por el flanco derecho del espacio histórico del PP, con una composición social del voto similar a la de éste (aunque posiblemente con mayor peso generacional de votantes jóvenes). A corto plazo su crecimiento vendrá plausiblemente a costa de más segmentos del base social del PP (y más si Casado se ve forzado a estabilizar una giro al centro) y, mientras mantenga su neoliberalismo radical y su tradicionalismo reaccionario, tendrá más difícil llegar a nuevos sectores, en particular a las clases trabajadora golpeadas por la crisis, excepto las fracciones de ella ya tradicionalmente derechistas. Pero de alguna manera u otra intentará también dirigirse a ellas, buscando ampliar estratégicamente su entorno, generalizando algunos intentos muy incipientes y fallidos ya realizados, en un contexto donde tiene el desafío inmediato de continuar en ascenso tras haberse frustrado sus expectativas iniciales el 28-A y evitar una desmoralización de su entorno y del electorado que lo apoyó pensando que la formación de Abascal iba a dar la gran campanada. La suya, sin embargo, no es una escopeta de un sólo disparo, sino una estrategia de más largo plazo. Su irrupción no llega con la promesa de una victoria fácil y rápida (como fue el factor clave en el despegue de Podemos), sino de una larga cruzada por las instituciones. A pesar de haberse quedado corto en su impulso inicial, la mera presencia de Vox, como ya conocemos en los casos similares de la mayoría de países europeos, cambia el paisaje y las coordenadas del debate político. Actúa como una tensor hacia la derecha en todos los asuntos, normaliza la existencia de opiniones ultras en la esfera pública y favorece la adopción de medidas autoritarias en terrenos como la inmigración o el orden público. Será además una fuerza decisiva en varias ciudades y regiones pudiendo dar lugar a mayorías ultraneoliberales, autoritarias y reaccionarias, empezando por la batalla decisiva de Madrid, que hagan de contrapeso y contraejemplo de la mayoría progresista en torno a Sánchez. Tendrá que hacer frente, sin embargo, a la falta de cuadros, a su poca competitividad en el día a día de la política institucional, y a su escasa capacidad de inventiva y de generación de estrategias propias, más allá de la aplicación del manual de Bannon y de copiar/adaptar aquellas iniciativas que mejor parecen funcionarles a sus homólogos internacionales.
  8. Ciudadanos tiene todo el interés del mundo en resistirse a toda presión del Ibex 35 para gobernar con el PSOE y en lanzarse a liderar la oposición, aprovechando la crisis del PP, y prepararse para el futuro. Sólo una mentalidad muy cortoplacista explicaría lo contrario. Inesperadamente, Rivera salió reforzado de las urnas, aunque más por el descalabro del PP fruto del ascenso de Vox que del empuje de su propio proyecto. No está en absoluto claro que el giro a la derecha tan pronunciado que Rivera operó tras la elección de Pablo Casado al frente del PP le haya beneficiado, y que una estrategia más equidistante no le hubiera dado más rédito. El partido naranja es especialista en desaprovechar ocasiones, ver cómo se le escapa el tren cuando lo tiene al alcance, y en embarrancarse a la hora de la verdad. Acusa su debilidad estructural fundacional, en tanto que partido televisivo y en buena medida artificialmente creado, frágil de estructura y sin demasiada base militante sólida. Pero lo cierto es que esta vez quedó colocado en una posición óptima o, al menos, mucho más sencilla que la de un PP desorientado y desautorizado. Ciudadanos intentará mantener su españolismo crispado a ultranza para solidificar por abajo su base electoral y blindarla ante Vox y el PP en su flanco derecho y a la vez acentuar su vertiente modernizadora-liberal para salir de los confines de la foto de Colón, cortar todo oxígeno al PP por el centro e intentar competir por el voto moderado que se decantó por Sánchez ante la amenaza de un bloque gubernamental reaccionario. Es decir, necesita orientarse hacia una doble operación de hegemonización del bloque de la derecha y a la vez de corrección parcial del marco estratégico en que ha operado en el último periodo.
  9. Aunque las proclamas del mundo empresarial a favor de un pacto PSOE-Ciudadanos no han faltado, es posible que en buena medida sean más bien retóricas y rituales, con el objetivo real de condicionar al futuro gobierno en solitario de Sánchez y como aviso indirecto de que la influencia de Unidos Podemos debe minimizarse. En cualquier caso, el nuevo gobierno del PSOE con el apoyo de Unidos Podemos no va a representar ninguna alternativa de cambio real ni una amenaza a los grandes intereses financiero-empresariales. Mantendrá una orientación social-liberal convencional (aunque evitando acometer ningún ataque de envergadura en el corto plazo si la situación no lo requiere), acompañada de algunas medidas puntuales progresistas, positivas pero tímidas, en el terreno de la política económico-social y en el socio-cultural, e intentará ir desactivando el conflicto catalán sin acometer ninguna reforma de fondo de la arquitectura institucional del Estado. El mundo de los negocios, y más en la época del capitalismo financiero, suele moverse a menudo con lógicas cortoplacistas, a la búsqueda del beneficio inmediato. Pero, en los círculos empresariales más restringidos donde se piense estratégicamente a largo término, debería preferirse que Ciudadanos pueda liderar la reconstrucción de la derecha desde la oposición a Sánchez, que no forzar un pacto artificial ahora. Una oposición compatible, claro, con el sentido de Estado y la responsabilidad cada vez que sea necesario impulsar grandes reformas económicas, en particular si se materializa a medio plazo una nueva recesión.

Gobiernos y dilemas en la izquierda

  1. Unidos Podemos consiguió evitar los peores augurios, remontando parcialmente durante la campaña. Movilizó todo su electorado potencial, en muchos casos en forma de voto instrumental, de gente desencantada que consideró que no podía abstenerse ni desvincularse de la contienda en un contexto de amenaza reaccionaria. La formación de Iglesias no murió, pero sí lo hizo definitivamente su objetivo fundacional, abandonado ya de hecho en abril de 2016 con el giro gobernista hacia el PSOE, de ser una alternativa a los partidos de la casta y postularse como el eje de una mayoría alternativa. La senda hacía el 28 de abril certificó el cambio de objetivos estratégicos de Podemos. De las elecciones del 20 de diciembre de 2015 al 28 de abril de 2019, la trayectoria de Podemos ha sido la de una evolución hacia una fuerza complementaria al PSOE en el marco de una degradación significativa de su correlación de fuerzas. Pasó de ser una alternativa a situarse como socio secundario de un bloque liderado por el PSOE. De impugnación al régimen a pata minoritaria de un bloque progresista, operó una reducción continuada de expectativas y horizontes. La campaña de Iglesias estuvo basada en una contradicción estructural que combinaba una retórica impugnadora (aunque parcial y con notorias carencias) necesaria para justificar la razón de ser del partido y galvanizar a su base social, y una apuesta de co-gobernabilidad con el PSOE que supone en sí misma el abandono de toda perspectiva de transformación social seria.
  2. Bloqueada la hipótesis fundacional de victoria relámpago e indolora, Podemos declinó repensar una estrategia más a largo plazo que mantuviera su potencia insumisa inicial y acabó de facto reformulando sus propios objetivos en un doble sentido: primero, renunciando a su vocación hegemónica para asumir una lógica de complementariedad con el PSOE y, segundo, evaporando toda propuesta anti-establishment para abrazar la lógica del mal menor y los cambios superficiales. Un atajo… hacia un destino muy distinto del original. Ambos aspectos están relacionados: la misma lógica oportunista que cristalizó en el proyecto de Vistalegre I es la que, una vez constatada la imposibilidad de alcanzar el poder por medios propios, derivó hacia la lógica de subalternización al PSOE. Los resultados, en cualquier caso, han dado oxigeno a un necesitado Iglesias que, de una manera u otra, intentará una refundación del proyecto que le permita estructurar una organización burocrática e institucionalizada más convencional que acabe con las deficiencias, perjudiciales incluso para la propia dirección del partido, del modelo Vistalegre, tan autoritario como frágil y propenso a las implosiones internas recurrentes.
  3. Sánchez no va a querer a Podemos en el gobierno y, paradójicamente, lo va a salvar de sí mismo y de sus propias aporías estratégicas. El PSOE lógicamente prefiere gobernar, como cualquier partido, en solitario. A pesar de ser una hipótesis muy implausible, la cuestión del gobierno con el PSOE merece sin embargo ser discutida en términos estratégicos, ya que plantea importantes hipótesis de fondo.La dirección de Podemos sostiene que entrar en el ejecutivo le daría más influencia y posibilidad de condicionar la acción de gobierno. Es una verdad muy parcial, y obvia que ello haría que Unidos Podemos asumiera las inevitables contradicciones del PSOE, que se convertirían también en sus contradicciones. Todas las capitulaciones, retrocesos e inconsistencias de Sánchez, pasarían a convertirse también en las de Unidas Podemos, pero por la propia naturaleza de la formación de Iglesias y Garzón, aumentadas en magnitud y profundidad. El resultado final sería su pérdida de independencia política, la aceleración de su integración subalterna en la estructura del Estado, y la colisión con su propia base social. La presencia de Podemos en el gobierno no cambiaría las políticas del PSOE sino al propio Podemos.
  4. “¿Por qué la presencia de Unidas Podemos es imprescindible para que el Gobierno sea estable y de izquierdas?” se preguntaba retóricamente Iglesias en un artículo donde resumía su punto de vista  1/, respondiendo que un gobierno en exclusiva del PSOE sería más inestable y empujaría a Sánchez a apoyarse en la derecha en todas aquellas cuestiones en que lo precisara, como el conflicto catalán y los temas centrales de política económica. Efectivamente, esto es lo que puede ocurrir. Pero la respuesta no es un falso atajo, sino trabajar para generar las condiciones político-sociales que hagan difícil a Sánchez pactar con la derecha los asuntos decisivos, y trabar una estrategia de presión social y político-parlamentaria permanente hacia Sánchez. Movilización extraparlamentaria y ofensiva parlamentaria en simbiosis. La solución de Iglesias pasa por que Unidos Podemos sea la “garantía de estabilidad y de políticas que defiendan la justicia social y el diálogo, desde el Gobierno”. Pero ello no deja de ser una declaración de intenciones. Si Unidos Podemos no consiguió influenciar significativamente al PSOE cuando ambas fuerzas estaban casi igualadas, ¿cómo va hacerlo ahora? El argumento de Iglesias escamotea los problemas de fondo.
  5. “Nuestra experiencia tras el acuerdo de Presupuestos nos enseñó que un buen acuerdo programático no tiene garantías de llevarse a cabo con un Gobierno de partido único” afirma certeramente Iglesias. Pero su argumento obvia dos cuestiones fundamentales: la primera, el hecho que el “acuerdo de Presupuestos” fue extraordinariamente limitado, con alguna pocas medidas positivas pero en un mar de fondo de continuidad neoliberal y, en ningún caso, suponía un punto de inflexión sólido hacia políticas favorables a la mayoría social. El pacto no representó un cambio en la trayectoria del PSOE, sino en la de Unidos Podemos. Con una relación de fuerzas más degradada que en la anterior legislatura está bastante claro que los pactos de Unidos Podemos con el PSOE aún serán más insustanciales. La segunda cuestión problemática en el planteamiento de Iglesias es que no explica como la presencia de un puñado de ministros de Unidos Podemos tendría fuerza para imponer la implementación de otro tipo de políticas. La relación de fuerzas entre PSOE y Unidos Podemos no varía sustancialmente por la presencia minoritaria de éste último en el gobierno y, sobretodo, la participación subalterna de Unidos Podemos en el gobierno no modifica la correlación de fuerzas político-social general entre los movimientos populares y el poder económico-financiero y el aparato del Estado. La entrada en el gobierno daría una apariencia de fortaleza que, en realidad, escondería una debilidad política innegable.
  6. No existe en la argumentación de Unidos Podemos ningún balance serio de la participación subordinada por parte de Unidos Podemos y anteriormente de Izquierda Unida, en gobiernos con el PSOE. El reciente caso de Castilla y la Mancha o la participación de IU en el gobierno andaluz en el periodo 2012-15, son ejemplos que muestran a las claras los resultados más probables de este tipo de estrategia: primero, la incapacidad para influenciar sustancialmente al PSOE y de ir más allá de una acción de gobierno social-liberal, salteada de medidas puntuales positivas; segundo, el ensimismamiento institucional, la pérdida de vínculos sociales y de dinamismo interno por parte de Podemos o IU como resultado de su completa absorción por la lógica gubernamental e institucional; tercero, el desgaste electoral padecido: la presencia en gobiernos con el PSOE contribuye por lo general a reforzar a éste último y no a su socio minoritario por la izquierda. Éste acusa en el corazón de su identidad todas las contradicciones de una acción de gobierno hegemonizada por el PSOE, desencantando a una parte de su electorado y empujando a otro directamente hacia un PSOE relegitimado desde su flanco izquierdo.
  7. Entonces, si entrar en el gobierno es malo para UP, ¿cómo es que Sánchez y el Íbex 35 tampoco lo desean? Al final el argumento de Iglesias se reduce a éste: si los poderes no nos quieren en el gobierno es porque es peligroso para ellos que estemos y positivo para nosotros. La realidad sin embargo es poco amiga de razonamientos maniqueos, y campismos binarios. Lo malo para el adversario no es automáticamente bueno para uno. Los motivos para oponerse a algo pueden ser contrapuestos. Sánchez quiere gobernar en solitario porque se ahorra así presiones internas y externas y, sobretodo, mantiene las manos libres para poder cambiar de socios si la situación lo requiere y apoyarse en Ciudadanos si fuere necesario sin tener que organizar/sufrir una crisis de gobierno. Cuenta con reducir el espacio electoral de Podemos durante se mandato y no necesita hacerle el regalo envenenado de ofrecerle un lugar en el gobierno para fagocitarlo. Hacerlo sería un movimiento cuya audacia va demasiado por delante de la lógica política al uso y de sus necesidades reales. Y el mundo financiero lógicamente no va a querer dar influencia institucional a un partido como Podemos. Pero ello no equivale a que Podemos saliera beneficiado de tenerla. Sólo lo haría si pudiera utilizarla para implementar políticas reales de transformación que marcaran la diferencia, algo inconcebible en el seno de un gobierno social-liberal del PSOE.
  8. Mientras Podemos alimenta la falsa ilusión de entrar en el gobierno y de que ello es la garantía de un gobierno de cambio, soslaya la que debería ser su principal discusión: como recuperar la centralidad perdida en la política española y como evitar la consolidación definitiva de un nuevo periodo de hegemonía del PSOE. Ello implicaría trabar una política ofensiva y de presión/desborde frente a Sánchez, manteniendo la independencia política respecto al PSOE y reforzando sus vínculos sociales extra-institucionales. No es subalternizándose a un gobierno del/con el PSOE como Unidos Podemos conseguirá mayor influencia, sino apoyando a Sánchez en la investidura pero sin atarse estratégicamente a él. Desde un posición emancipadora el principal desafío del momento es romper el razonamiento que liga el parar a la derecha con la subalternización al PSOE y a la renuncia pragmática de las propuestas más avanzadas de cambio social. En realidad, lo necesario es lo contrario: la unidad contra la derecha debe ir paralela a la disputa por un programa y un proyecto de cambio social cuya implementación es, de hecho, la garantía última de derrota de la reacción. No es abdicando de los horizontes de cambio como se frena a la involución reaccionaria, sino construyendo una perspectiva de futuro distinta tanto del reaccionarismo como del social-liberalismo progresista o del neoliberalismo conservador.

Cavilaciones del independentismo

  1. Colapsadas en Octubre de 2017, las hipótesis estratégicas fundacionales del procés dejaron paso a un periodo de desconcierto, parálisis, y no asunción de las lecciones estratégicas de Octubre. En el mundo independentista se entremezclan varias reorientaciones, a duras penas mal formuladas y no siempre nítidamente delimitada: la desobediencia impostada y falaz de Puigdemont y JuntsxCatalunya, que basa toda su política en la negación sistemática de todo balance estratégico de lo acontecido; un resistencialismo a ultranza que incluye variantes a izquierda y a derecha, que interactúa en tensión con el legitimismo vacío de Puidemont y embrolla también al espacio de la CUP, y cuya expresión el 28A fue el paradójico rupturismo-procesista-electoralista del Front Republicà; y un intento de reorientación pragmático-realista por parte de ERC.
  2. JuntsxCatalunya consiguió estabilizar su espacio respecto al 2015 y 2016, pero en mínimos históricos. Resiste como bloque y no se descompone, pero su 12’05% muestra su enorme debilidad (aunque previsiblemente consiga un mejor resultado en las elecciones al Parlamento europeo) y, refleja una vez más, la incongruencia de una situación política donde el legitimismo de Puigdemont tras el 21D de 2017, carente de todo proyecto real, consiguió prolongar artificialmente la hegemonía poscovnergente, por ¿(pen)última vez?, en la política catalana. La refundación de la antigua Convergencia sigue todavía inconclusa, fragmentada organizativamente, sin dirección colectiva y atenazada por la combinación entre decadencia electoral y discrepancias estratégicas tras el colapso de Octubre.
  3. ERC, cuyo triunfo en Catalunya puede entenderse como la apuesta por un voto útil independentista que garantizaba a la vez frenar la amenaza derechista y mantener autonomía frente al PSOE, indudablemente ha hecho un ejercicio real de pensar las carencias del independentismo tal y como se configuró en el procés abierto en 2012. Señala muchos de sus problemas reales (base social limitada, falta de contenido social, ausencia de alianzas en el resto del Estado…) aunque les da una respuesta acorde con su naturaleza reformista y posibilista. A la postre, su nueva hoja de ruta puede acabar siendo tan ilusoria como el propio procesismo, pero en el corto plazo la coloca en una intersección entre independentismo y progresismo catalanista que puede conferirle una centralidad transversal decisiva. Ante los límites del procés,sus nuevos horizontes, que confluyen en cierta manera desde la competencia y rivalidad con los de En Comú Podem, quedan sin embargo fatalmente encerrados en la lógica de una mayoría progresista en torno al PSOE y Unidos Podemos a escala estatal y, más sutilmente, apuntan hacia una nueva-vieja perspectiva de gobierno progresista catalanista (en la estela de los antiguos tripartidos de Maragall y Montilla pero ahora bajo la batuta de ERC). Algo muy lejos de las pulsiones constituyentes del 15M, de la ruptura democrática que ha expresado buena parto del independentismo y de las propuestas de cambio social de los movimientos hoy emergentes, como el feminismo o las huelgas contra la emergencia climática. Una vuelta a una lógica convencional de centro-izquierda que queda muy por debajo de lo necesario.

El desafío en términos de política rupturista, constituyente, y antineoliberal es claro: pensar un horizonte que trascienda simultáneamente la desobediencia impostada, el resistencialismo sin perspectiva, y la reactualización del progresismo tripartido de centro-izquierda. Los medios para hacerlo posible, sin embargo, ya se antojan más complejos…

* Josep Maria Antentas, profesor de sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), forma parte del Consejo Asesor de Viento Sur.

Nota

1/  Iglesias, P. “Gobierno estable y de izquierdas”, El País, 01/05/2019. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2019/04/30/opinion/1556636095_461437.html

HIRI BAT TURISMOARENTZAT

Donostia está viviendo en la última década una empresa privada y especuladora que apuesta por un modelo de ciudad basada en un turismo insostenible. Frente a las políticas socioliberales del PNV-PSE pongamos vida en el centro de todas las decisiones políticas
#NiUnVotoEnCasa

Donostiako hiria gaur deriba pribatizatzaile eta espekulatibo batean muegilduta dago non apostua turismo sostengaezin batean oinarritzen den hiri eredu bat da. PNV-PSE ren politika sozioliberalen aurrea jarri dezagun bizitza erabaki politikoen erdigunean
#BotoBatEreEzEtxean

36ª Edición de los Campamentos Internacionales de Jóvenes Revolucionarias

Los Campamentos Internacionales de Jóvenes Revolucionarias son el lugar de encuentro de cientos de militantes, activistas y personas involucradas en la transformación social de diferentes países. En el marco de la IV Internacional, este evento se lleva realizando desde 1984, cambiando de lugar y país en cada edición.

Este 2019, tendrá lugar en el Estado Español. Entre el 21 y 27 de julio, cientos de jóvenes de toda Europa y otros países del mundo nos juntaremos en un lugar cercano a La Granja de San Ildefonso, en Segovia. Seis días repletos de actividades con gran carga política en los que aprender sobre las experiencias de movilizaciones en otros lugares y disfrutar de espacios de ocio desmercantilizado. Un momento en el que tomarnos un descanso de nuestro trabajo local y diario para abordar las transformaciones revolucionarias con una perspectiva internacionalista y juvenil.

A las jóvenes nos ha tocado vivir tiempos convulsos. Nos criamos en la crisis económica, y sabemos que no vamos a salir de ella. Sabemos que nos va a tocar vivir peor de lo que lo hicieron nuestros padres y madres. Nuestra generación empieza a rebelarse con fuerza contra el patriarcado que nos oprime y asesina, pues somos muchas y no nos vamos a callar. Las jóvenes no vamos a seguir tolerando los abusos y discriminaciones que sufrimos por nuestra orientación sexual y el modo en el que vivimos nuestro género. Sabemos que debemos levantarnos ante la devastación ecológica y la emergencia climática producida por un sistema económico y de desarrollo totalmente irracional y caníbal. No vamos a permitir discursos de odio que pongan en el punto de mira a aquellos que menos tienen mientras la única minoría peligrosa, que son los ricos, siga engordando más y más sus fortunas. Las jóvenes sabemos que históricamente hemos tenido un papel fundamental. Que el cambio social y político muchas veces viene impulsado por una juventud organizada, movilizada y revolucionaria. Por eso, decimos: Lo queremos todo, nos va la vida en ello.

Los campamentos internacionales de jóvenes revolucionarias son el momento de poner todo esto en común. De compartir, aprender y luchar colectivamente junto a compañeras de muchos otros países. Unos días en los que explicar nuestra implicación en la construcción de la Huelga Feminista del 8M y escuchar sobre la Huelga Feminista en países como Bélgica o Suiza. Aprender sobre cómo lograron hacer masivas en Bélgica las movilizaciones estudiantiles por el clima. Comentar nuestros análisis sobre la situación política y social en el Estado Español para después escuchar cuál es la lectura que hacen nuestras compañeras de Gran Bretaña sobre la situación del Brexit, o el auge de AfD en Alemania. Conocer y preguntar sobre los proyectos autogestionados de fábricas recuperadas, acogida de migrantes en la agroecología y redes de distribución en Italia. Se trata de un espacio privilegiado de formaciones, intercambio de experiencias y debates internacionales.

Seis días de construcción colectiva de aquello que muchas compañeras han denominado “un pequeño trocito de cómo queremos que sea el mundo por el que luchamos”. Seis días en los que aprender, compartir y salir con el entusiasmo revitalizado.

Axolarik ez nor dagoen gobernatzen, eskubideak defendatu egiten dira.

Axolarik ez nor dagoen gobernatzen, eskubideak defendatu egiten dira.

Antolatu eta borrokatu

Pentsiodunek duela egun batzuk abesten zuten bezela, “Axolarik ez nor dagoen gobernatzen, pentsioak defendatu egiten dira!” Boto-ontzietan ezer ez da amaitzen. Bihar kalera ateratzea dagokigu hainbat urteetan borrokatutako eskubideak defendatzera. Geure burua eta hilabete batean izango ditugun hitzorduak prestatzera. Oso garrantzitsua da eskuinek gure auzo eta hirietan ordezkaritza, baliabideak eta boterea ez lortzea. Espainiako eskuinen aurka txertoa jarrita daukagu, euskal eskuinaren aurka txertoa jartzea ere espero dugu. Amesten dugun herria defendatzeko garaia da. Bihotzetan daramagun mundu berri hori. Axolarik ez nor dagoen gobernatzen, eskubideak, bizitza, lana eta justizia defendatu egiten dira! (más…)

Ante las elecciones generales del 28 de Abril/Apirilaren 28ko auteskunde orokorraren aurrean

2019ko Apirilak 15,
Ez diezazutela pelikularik kontatu! Bozka bakar bat ere ez eskuinari!

Hauteskunde ziklo berri bat zabaltzen da espainiar estatuan. Prozesu instituzional honek klase popularrentzako duen garrantzia ikusirik denboraldi honetan, Antikapitalistak-ek deialdia egiten du gure ustez une honetan lehentasunezkoak diren gaiak defendatzen dituzten hautagaitzak bozkatzeko. Estatu espainiarraren baitan konfliktu nazionalen ebazpen demokratikoa sustatzen dutenak babestea beharrezkoa da. Baita ere oligarken etekinen aurrean menpeko klaseen bizia erdian jartzen duten ekimen politikoak bultzatzen dituztenak. Parlamentuak, justizia edo gizartea despatriarkalizatzearen alde pausu trinkoak ematen dituztenak. Gure pentsio eta zerbitzu publikoak pribatizazioen aurka defendatzen dituztenak. Gure mendi, ibai eta itsasoak babesten dituztenak defendatu behar ditugu. Gure askatasunak defendatzen dituenak. Langile klaseko familien eskubide sozial eta politikoak defendatzen dituztenak defendatu behar ditugu, 78-ko erregimenaren morroien erasoen aurrean.

Guzti horregaitik, euren gezur, fake news edo eraldaketa promesa faltsuen aurrean bozka gorri, berde eta moreez margotu behar ditugu hauteskunde hauek. Ez diezazuetela pelikularik kontatu! Bozka bakar bat ere ez eskuinari! (más…)