No más tomaduras de pelo. Hay que parar el calentamiento global ya

Comunicado de Anticapitalistas

El pasado 8 de abril se aprobó en el Congreso la famosa y “prometedora” Ley de Cambio Climático. La tramitación de esta ley arrancó con un sonado incremento en los objetivos. Sin embargo, lo que ha ocurrido es que se han igualado los objetivos de la ley con el propio Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) del Ministerio para la Transición Ecológica aprobado hace un par de años. En el PNIEC se fijó el objetivo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 en el 23%, posteriormente en el proyecto de ley se bajó al 20%, y ahora se vuelve a incluir el 23% en la ley aprobada. Esto ha sido presentado como un gran éxito y un paso adelante tanto por el PSOE como por Unidas Podemos. Se presenta con entusiasmo lo que ha sido un mero juego de cifras que ha dejado plasmado, negro sobre blanco, lo que ya estaba recogido hace dos años, antes del ciclo de movilizaciones climáticas y la pandemia mundial del COVID-19.

No obstante, el problema principal no es este fuego de artificio, el problema –y muy grave, además– es el propio objetivo que se marca. Un 23% de reducción de las emisiones en 2030 con respecto a 1990 no es que sea insuficiente, es que es ridículo, en comparación con lo que ha marcado la Unión Europea y –no digamos ya– con lo que es necesario para frenar el calentamiento global.

En el acuerdo de París se fijaba como objetivo de mínimos que el aumento de la temperatura global se mantuviera por debajo de los 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y como objetivo de máximos, que este aumento no fuera superior a los 1,5 °C, pues por encima de este valor las consecuencias ya serán catastróficas en muchos territorios. De hecho, el aumento de temperatura hoy en día, ya nos deja ver estas nefastas consecuencias. Estamos viendo como crecen en número e intensidad los fenómenos extremos con impacto negativo en la vida de las personas, por no hablar de las refugiadas climáticas que para 2050 se estima serán del orden de 1000 millones, la extinción masiva de especies o el riesgo de que aumenten también en número y frecuencia las pandemias.

Cada año se baten nuevos récords de concentración de CO2, el último se dio el pasado 3 de abril con 421,1 ppm de CO2, superando el umbral de las 420 ppm por primera vez en la historia. Debemos recordar que el margen considerado “seguro” se encuentra en las 350 ppm de CO2. Por tanto, el primer paso es parar la estufa en la que se está convirtiendo la atmósfera como consecuencia del cambio climático; lo que significa no hacer el “invernadero” cada vez más potente, pero esto solo no es suficiente. Aunque dejemos de emitir la Tierra se seguirá calentando, y ya vamos por un aumento de temperatura cercano a 1,3 grados. Para conseguir quitarle el plástico al invernadero necesitamos abandonar los combustibles fósiles como fuente energética, logrando un abastecimiento 100% de fuentes renovables. Pero también necesitamos frenar los procesos de deforestación y los cambios de uso del suelo que son impulsados por el modelo agroindustrial, la ganadería intensiva y los tratados de libre comercio. Es importante dejar de emitir, pero también aumentar la capacidad de absorción de carbono que nos aportan los valiosos ecosistemas naturales. Por eso las estrategias de reducción de emisiones deben incluir procesos de reforestación que reviertan los daños causados en la masa forestal global. Todo ello acompañado de drásticas medidas de ahorro y eficiencia energética en la producción, el transporte y el consumo, lo que debe implicar un decrecimiento radical de los requerimientos energéticos.

Ante este panorama, el Consejo Europeo de la UE, del cual es parte Pedro Sánchez como presidente de nuestro Gobierno, acordó en la cumbre de diciembre de 2020 reducir las emisiones en un 55% para 2030, en concordancia con lo anunciado un año antes durante la COP25 celebrada en Madrid. Éste era un paso importante, pues asume las indicaciones científicas para lograr evitar un calentamiento mucho mayor. Sin embargo, la cifra el 55% de reducción de emisiones para 2030 es el objetivo que se debe cumplir a nivel mundial. Aplicando el principio de justicia climática, al Norte Global nos toca reducir las emisiones mucho más que ese 55%. Nuestra responsabilidad en este caos climático es mucho mayor, somos los países del Norte global los que más nos hemos beneficiado de la borrachera de combustibles fósiles del último siglo.

Por estos motivos, decimos con fuerza que no hay más excusas, que tenemos que reducir drásticamente las emisiones desde yaLo contrario, andar mareando con un juego de cifras que se quedan muy lejos de lo realmente necesario, es otra forma de negacionismo climático, es condenarnos a un futuro inhóspito. El gobierno del PSOE y Unidas Podemos quiere vender como una victoria una Ley de Cambio Climático que se deja por el camino 32 puntos de reducción de emisiones con respecto al compromiso de la Unión Europea. Esta ley no es que sea insuficiente, es sencillamente impresentable.

La situación es de emergencia extrema. Son millones las personas que en el mundo entero van a morir a causa del cambio climático y nuestro país no es precisamente de los que vayan a salir mejor parados. Necesitamos tirar ya, sin más retrasos ni promesas incumplidas, del freno de emergencia ante el calentamiento global. Los fondos de recuperación deben ir destinados a lograr un escenario sustentable con el medio ambiente en lugar de ser el enésimo rescate a las grandes empresas que, además, pagaremos nuevamente con más austeridad y recortes en los servicios públicos.

El Gobierno y sus dos componentes, PSOE y UP, hacen gala de su incapacidad para abordar mínimamente los compromisos derivados, no ya de los acuerdos institucionales, sino de su propia propuesta electoral. El flamante Ministerio de Transición Ecológica se limita a labores de contención para que la propuesta no desborde un PNIEC insuficiente y cortoplacista, mientras UP se traga el enésimo ninguneo y sale a celebrar un objetivo que ni era el suyo ni puede ser el de nadie que esté comprometido con la transición ecológica. Por supuesto, esto se hace aprovechando el obligado reflujo del movimiento, que encuentra enormes dificultades para mantener la actividad de protesta en tiempos de pandemia. Se hace aprovechando la dificultad de la movilización para avanzar con un plan que se parece demasiado al capitalismo verde de la derecha.

Por eso, desde Anticapitalistas hacemos un llamamiento al movimiento ecologista, al feminista y al sindicalismo y en general a toda la ciudadanía, a movilizarnos contra este proyecto de ley. Por nuestro bien y el de todas las especies del planeta en su conjunto, tenemos que reaccionar ante esta nueva tomadura de pelo. Necesitamos una Ley de Cambio Climático que esté a la altura de la situación histórica. No nos podemos permitir más décadas perdidas. Hay que reaccionar ahora.

ABERRI EGUNA-BURUJABETZA NAZIONALAREN ALDE

(Abajo en castellano )>>> Igande honetan, apirilaren 4an, urtero bezala Aberri Eguna ospatuko da Euskal Herria osatzen duten zazpi probintzietan, historikoki subiranotasun nazionalerako eskubidearen aldarrikapena ospatzen dugun eguna. Egun garrantzitsua da muga demokratikoak zabaldu nahi ditugun guztientzat, herri bezala gure etorkizuna erabakitzeko eskubidea dugula baieztatzeko.

Aurten, gainera, Covid19aren munduko pandemiak markatuta dator. Pandemia honek irismen handiko osasun, ekonomia eta gizarte krisia ekarri du. Mundu mailako pandemiak, kapitalismoaren gainbehera munduaren begien aurrean erakutsi du. Osasun publikoko sistemaren pribatizatzeagatik prekarizatuak, eta osasuna negozio kapitalista bezala erabiltzeagatik kutsatutako pertsonen kopurua izugarri haundia egin dute. Kapitalismoa sistema harraparia da, eta koronabirusen krisiarekin gizadiaren existentziaren krisia eta bizitzaren beraren hauskortasuna eragin ditu. Krisi humanitario, ekosozial eta klimatiko baten aurrean gaude.

Gobernuak alarma egoera ezarri zuenetik, askatasun zibilei dagokienez ere zerumuga beltza ireki da. Gaur egun, autoritarismoa, poliziaren errepresioa, Estatuaren zentralizazioa eta militarismoa normalizatu dira. Pandemiak agerian utzi du zeintzuk diren elkartasunaren benetako egileak (osasun-langileak, zaintza-langileak, elikadura-katea, suhiltzaileak, etab.), eta “herriak bakarrik salbatzen du herria” kontsigna eguneratu egin da.

Eta Euskal Herrian, oasi bat ez garela egiaztatzen dugu beste behin. EAEn, Urkulluren gobernuak erabakiak berandu eta gaizki hartzen jarraitzen du, Espainiako gobernuak eta Estatuko beste herrialde batzuek hartzen dituzten erabakien atzetik. Hala ere, Eusko Jaurlaritza eta Nafarroako gobernua, eta EAEko eta afarroako erakunde gorenak mobilizatu egiten dira kapitalari erabateko immunitatea bermatzeko, osasunaren aurrean, pertsonek bizitza duina izateko dituzten eskubideen aurrean, bizitzaren aurrean, azken batean. “Oso espainiarrak” diren lan erreforma, pribatizazioak eta langile klasearentzat kaltegarriak diren lege ekonomikoak ez dira kontraesan bat izan jeltzaleentzat eta PSOE-PSE-PSN osatzen duten sozialliberalentzat. EAJk egun hau bere fasto nazionalista eta postureo independentistarako erabiltzen du, baina eroso dago autonomismoan, eta aldi berean erregimenaren makulu bezala balio du txandakako alderdiarentzat (PP-PSOE), emakida kosmetikoen truke egungo status quo-ari eusteko funtsezko zutabea baita,. EAJ ez da inoiz benetako aliatua izango helburu demokratiko eta sozialetarako, bere interesek ez baitute zerikusirik behekoekin. Inork ahaztu behar ez lukeen zerbait da.

Horregatik, kezkaz ikusten dugu Euskal Herri osoan ezkerra bezala jardun behar duen euskal ezkerrarik ez egotea. Podemos Ahal Dugu Gobernuan eta EHBildu oposizio baliogabe baten bidez gobernuaren sostengarri bezala, Estatuko aurrekontu orokorrei alfonbra gorria jarriz edo berriki Next Generation funtsei argi berdea emanez. Korporazio handientzako milioka euroz ureztatzeko funtsak, murrizketa sozialak eta zerbitzu publikoen murrizketak argi eta garbi baldintzatuta. Ez da egia, Euskal Herriko ezker instituzionaleko alderdietako buruzagiek esan duten bezala, politika keynestarrak direla. Gutxiengo arriskutsu bat gizarte-sistema autoritarioa ezartzen ari da bere pribilegioak ziurtatzeko, apurrak banatzen dituen bitartean. Ezker instituzionalak ez zukeen gobernagarritasunera eta ultraeskuindarrari eta/edo faxismoari eustera jolasteko tranpan erori behar, baldin eta horrek politika prekarizatzaile eta neoliberalei alfonbra gorria jartzea badakar, eta politika horiek herri klasearen bizitza gehiago pauperizatuko badu. 180º-ko bira behar da, eta aurrez aurre jarri sistema kapitalista hori.

Guk uste dugu, ezker alternatiboko indarrek lurralde ereduari aurre egin beharko diogula. Errepublika konfederala, subiranotasun partekatuak dituena, non gure burua errepublika konfederatua bezala aldarrikatzen dugu.

Gure herriaren borrokaren historiak zuri beltz jarri du herrien burujabetzak 1978an ezarritako ereduari aurre egin beharko diola eta Estatu espainiarreko herrien borroka bateratua eta solidarioa soilik izango dela gai eredu nazional-zentralista apurtzeko eta gure herrien askatasun bideak irekitzeko.

Inboluzio demokratiko ziklo batean gaude, non arku politiko osoa jarrera erreakzionatzaileagoetara jo duen. Alarma Estatuaren menpe Euskal Herriaren nahi demokratiko zilegiak bortizki erreprimituak izan dira eta hainbat instituziok, alderdi politiko eta ezkerra oro har kolpatuta utzi ditu, non estatuaren ahalmen faktikoak argi eta garbi bideratu dira rezentralizazio autoritario batera.

Euskal Herria ez da oasia; Euskal Herriko ezkerreko indar guztiei (alderdiak, sindikatuak, aktibistak …) esaten diegu Euskal Herria ez dela uharte bat. Bizi baldintza duinen aldeko borroka, lan eskubide justuak, eta hezkuntza sistema, RGI eta zerbitzu eta prestazio publikoak ahaztu gabe, osasun sistema publikoa indartzen duen aberastasunaren banaketa justua, Espainiako lurralde mailan ere jokatzen da.

Euskal Herrian gainontzeko lekuetan gertatzen den bezala, nazio mailako bi eraikuntza-proiektu daude aurrez aurre, haien interes ekonomikoak “defendatzen” dituena bat, eta behekoentzat Euskal Herria eraiki nahi duena bestea. Gure subiranotasun nazionala indartzen dugun bitartean Estatu espainiarreko gainerako lurraldeekin klase, borroka eta anaitasun lankidetzak lotu eta saretzeko modua aurkitu behar dugu.

Rezentralizazio eraso hauen aurrean Antikapitalistaketik apustua egiten dugu egun honetan politika egiteko inboluzio honen aurka eta mahai gainean subiranotasun popularrean oinarritutako irteera bat eraikitzeko, dena erabaki ahal izateko. Erabakitzeko eskubidean sinistu eta erabili nahi dugun pertsona eta indar guztion artean, aniztasun eta pluralitatetik eraikitzen den burujabetza bat, demokrazia lokarritzat duten borroken batasunetik. Soilik lurraldetasunera mugatzen ez den autodeterminazio bat defendatuz, maila popularrean eztabaida planteatuz eredu sozial eta ekonomikoan aurrera egiteko. Autodeterminazio bat behekoetatik behekoentzat.

BURUJABETZA NAZIONALAREN ALDE

EUSKAL ERREPUBLIKAREN ALDE

ERREPUBLIKA KONFEDERAZIO BATEN ALDE


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Este Domingo, 4 de abril, se celebra como cada año el Aberri Eguna en las siete provincias que conforman Euskal Herria, día en el que históricamente celebramos la reivindicación del derecho a la soberanía nacional. Fecha importante para todas aquellas que aspiramos a ampliar los límites democráticos afirmando nuestro derecho a decidir nuestro futuro como pueblo.

Este año viene además marcado por la pandemia mundial del Covid19. Pandemia que ha traído una crisis sanitaria, económica y social de gran alcance. Una pandemia a nivel global, que muestra ante los ojos del mundo la decadencia del capitalismo. Los sistemas de sanidad pública, precarizados por las privatizaciones, y el ejercicio de la salud como negocio capitalista, han sido desbordados por el enorme número de personas infectadas. El capitalismo es un sistema depredador que con la crisis de coronavirus ha provocado una crisis de existencia de la humanidad y una fragilidad de la vida misma. Nos hallamos ante una crisis humanitaria, ecosocial y climática.

Desde que el Gobierno declarara el Estado de alarma se abrió también un horizonte negro en cuanto a libertades civiles. Hoy somos ciudadanas/os infantilizada/os en un mundo donde se ha normalizado el autoritarismo, la represión policial, la centralización del Estado y el militarismo. Esta pandemia, ha demostrado quiénes son los verdaderos artífices de la solidaridad (personal sanitario, de los cuidados, cadena de alimentación, bomberos…etc.) y ha puesto en boga aquella consigna largamente repetida “Sólo el pueblo salva al pueblo”.

Y en Euskal Herria, constatamos una vez más que no somos un oasis. En la CAV, el ejecutivo de Urkullu sigue tomando las decisiones tarde y mal y siempre a rebufo de las decisiones que toman el gobierno de España y otras regiones del Estado. Sin embargo, el gobierno vasco y navarro y las máximas instituciones de la CAV y Navarra sí se movilizan para garantizar la inmunidad total al capital, frente a la salud, frente a los derechos de las personas a tener una vida digna, frente a la vida, en definitiva. Las “muy españolas” reformas laborales, privatizaciones, leyes económicas lesivas para la clase trabajadora no le han supuesto nunca una contradicción a los jeltzales ni socialliberales encarnados en el PSOE-PSE-PSN. El PNV aprovecha este día para su fasto nacionalista y postureo independentista, pero se encuentra cómodo en el autonomismo a la vez que sirve como muleta del régimen con el partido de turno (PP-PSOE), siendo un pilar fundamental para el mantenimiento del actual status quo a cambio de concesiones cosméticas. El PNV nunca será un aliado verdadero a las aspiraciones democráticas y sociales, pues sus intereses nada tienen que ver con los y las de abajo. Esto es algo que nunca debería nadie olvidar.

Es por eso que observamos con preocupación la ausencia de una izquierda vasca que ejerza como tal en toda Euskal Herria. Con Podemos Ahal Dugu en el gobierno, y EHBildu sosteniéndolo mediante una oposición nula de facto y colocando una alfombra roja a los presupuestos generales del Estado o más recientemente dando luz verde a los fondos Next Generation. Fondos que vienen destinados a regar de millones de euros a las grandes corporaciones y claramente condicionados a recortes sociales y de servicios públicos. No es cierto como han dicho dirigentes de las formaciones de izquierda institucional de Euskal Herria que son una suerte de políticas keynesianas. Una minoría peligrosa está imponiendo sistemas sociales autoritarios para asegurar sus privilegios mientras va a repartir migajas. La izquierda institucional no debería haber caído en la trampa de jugar a la gobernabilidad y a la contención de la ultraderecha y/o fascismo si esto implica poner una alfombra roja a políticas precarizadoras y neoliberales que sólo van a pauperizar más la vida de las clases populares. Urge un giro de 180º y confrontar de cara este sistema capitalista.

Creemos que habrá que afrontar desde las fuerzas de izquierda alternativa, un modelo territorial confederal, con soberanías compartidas, donde nos reivindiquemos como una república confederada, sin renunciar a nada. La historia de lucha de nuestro pueblo ha puesto blanco sobre negro que la soberanía de los pueblos se va a enfrentar con el modelo instaurado en 1978 y que solo la lucha común y solidaria de los pueblos del Estado Español será capaz de romper el modelo nacional-centralista y abrir las avenidas de libertad de nuestros pueblos.

Euskal Herria no es un oasis; les decimos a todas las fuerzas de izquierda de Euskal Herria (partidos, sindicatos, activistas…) que nuestro país no es una isla. La lucha por unas condiciones dignas de vida, unos derechos laborales justos, un reparto justo de la riqueza que fortalezca todo el sistema público de salud sin olvidarnos de la educación, RGI y servicios y prestaciones públicos, también se juegan en el ámbito territorial del estado español.

En Euskal Herria como en el resto de los lugares, se enfrentan todos los días dos proyectos de construcción nacional, el de los que defienden “sus “intereses económicos y el que quiere construir una Euskal Herria para las de abajo. Tenemos que buscar la forma de afianzar nuestra soberanía nacional a la vez que tejemos alianzas de clase, de lucha, de confraternidad con los demás territorios de Estado español.

Ante la ofensiva recentralizadora desde Antikapitalistak apostamos por hacer de esta fecha un día para hacer política contra esta involución y poner sobre la mesa una salida basada en la soberanía popular para poder decidirlo todo. Una soberanía que se construya desde la pluralidad de todas las personas y fuerzas que creamos en el derecho a decidir y queramos ejercerla, desde la unión de las luchas que tengan en la democracia su nexo común. Una autodeterminación que no se circunscriba solo a lo territorial, sino que plantee el debate a nivel popular y avance en el modelo social y económico. Una autodeterminación desde y para las de abajo.

POR LA SOBERANIA NACIONAL

POR LA REPUBLICA VASCA

POR UNA CONFEDERACION DE REPUBLICAS

Funtsezko emakumezko langileen prekarietaterik ez!. Aberastasun eta lan-banaketa, orain!

(Abajo en castellano)

Azken urtean mundua kolpatu duen pandemiak agerian utzi ditu, are gordinago, emakumeoi eragiten diguten zapalkuntza ugariak. Era berean, adierazi behar da murrizketa desberdinek, konfinamenduak eta covid-ak eragindako krisi ekonomikoak ez digutela guztioi berdin eragiten.

Osasun-krisiak agerian utzi du zaintza-lanak ezinbestekoak direla bai lan-munduan bai familia-inguruneetan, eta gehienak emakumeek egiten dituztela. Hala eta guztiz ere, gizartean gutxien ezagutzen diren eta okerren ordaintzen diren lanak izaten jarraitzen dute. Pandemiak osasun- eta zaintza-sistema publikoak eraginkortasunez indartzeko balio beharko luke, pribatizazioekin irabaziak lortzen dituzten enpresa pribatuen kontrola hartuz eta langileen lan-baldintzak hobetuz. Hala ere, erabat alde batera utzi da langileek eta erabiltzaileek erabakietan parte hartzea, eta aurretik jarri dira azpikontratazioen bidez zerbitzuak ematen dituzten korporazio handien interesak. Hala aldarrikatzen dute egoitzetako, etxeko arretako edo haur-eskoletako langileek, oraindik ere mobilizatzen jarraitzen baitute, lan- eta zerbitzu-baldintza duinak lortzeko.

Etxeko konfinamenduak eta horren aldaerek errenta eta klase desberdintasunak areagotu dituzte. Beste behin ere, emakumeak dira, oro har, etxebizitza duina eskuratzeko zailtasun handienak dituztenak, eta, bereziki, ama ezkongabeak, emakume langile prekarioak eta gaizki ordainduak edo emakume migratzaileak.

Bestalde, krisi ekonomikoak, sanitarioak, sozialak eta ekologikoak gure auzoak eta bizitzak asaldatzen dituen bitartean, enpresa handiek aberasten jarraitu dute. Horrela, ikusi dugu aberastasun eta enpresa handiak krisiaz baliatu direla aberatsago ateratzeko eta desberdintasunek gora egiten jarraitu dutela. Gainera, etxegabetzeek, argi etenek eta kaleratzeek jarraitzen duten bitartean, Europako erreskatearen milioiak enpresa handietara joango dira, Iberdrolara eta Petronorrera, esaterako. Erreskate horrek ez digu mesederik egingo, baina, beste behin ere, behekoek ordainduko ditugu: pentsioen murrizketak, pribatizazioak, eskubideen galera, kapitalismoaren makillaje berdea…

Antikapitalistok argi daukagu, orain inoiz baino gehiago, etorkizun emantzipatzaile eta alternatibo bat adierazi behar dugula, guztientzako bizitza duinak bermatzeko. Eta mugimendu feministak -antikapitalista eta antiarrazistak- ekarpen handia egin behar dio eraikuntzari. Kapitalismo ekozida da jasaten ari garen krisi anitzen erantzulea, eta giza bizitzaren eta planetaren kontura bizirik dirauen eredu baten aurrean, ekofeminismoa konponbidea dela baieztatzen dugu. Erregai fosilen amaiera, makrogranjen amaiera, patenteen amaiera eta mugen amaiera, ugalketa- eta klima-justiziaren alde.

Kontua ez da soilik diskurtso handiak eraikitzea, baizik eta eskubideak murrizteko eta publikoa pribatizatzeko politika neoliberalak iraultzeko eta eskubideak berriz konkistatzeko gai izatea. Horregatik, Etxeko Langileak Gizarte Segurantzaren erregimen orokorrean sartzea eskatzen dugu, migratzaileen egoera administratiboa erregularizatzea, lanaldia murriztea lanak banatu ahal izateko edo erreforma fiskala egitea aberastasuna birbanatzeko funtsezko neurri gisa. Gainera, eguneroko erresistentziak, zaintza-sareak eta alternatibak zabaltzen jarraituko dugu auzo eta herrietan, bizitza erdigunean jartzeko eta korporazio handien mende egoteari uzteko.

M-8 honetan, berriz ere, kaleak eta espazio publikoa okupatzeko deia egiten dugu, osasun-neurriak zorroztuz eta segurtasun-neurriak bermatuz.

 


 

Basta de precariedad para las trabajadoras esenciales. ¡Reparto de riqueza y trabajos, ya!

La pandemia que ha golpeado el mundo en el último año ha puesto de manifiesto, con todavía mayor crudeza, las múltiples opresiones que nos atraviesan a las mujeres. También hay que señalar que las diferentes restricciones, el confinamiento y la crisis económica desencadenada por el covid no nos afectan por igual a todas.

La crisis sanitaria ha visibilizado que las tareas de cuidados tanto en el mundo laboral como en los entornos familiares son imprescindibles y son llevadas a cabo en su inmensa mayoría por mujeres. A pesar de ello, siguen siendo los trabajos menos reconocidos socialmente y peor pagados. La pandemia debería servir para reforzar, de forma efectiva, los sistemas públicos de salud y cuidados, tomando el control de las empresas privadas que se lucran con las privatizaciones y mejorado las condiciones laborales de las trabajadoras. Sin embargo, se ha obviado totalmente la participación de trabajadoras y usuarias en la toma de decisiones y se han puesto por delante los intereses de las grandes corporaciones que prestan los servicios a través de subcontrataciones. Como reivindican las trabajadoras de residencias, atención domiciliaria o haurreskolas, que siguen movilizándose para conseguir condiciones laborales y de servicio dignas.

El confinamiento domiciliario y sus variantes ha acrecentado las diferencias de renta y clase. Una vez más, son las mujeres en su conjunto las que más dificultades tienen para acceder a una vivienda digna, y especialmente las madres solteras, trabajadoras precarias y mal pagadas o migrantes.

Por otra parte, mientras la crisis económica, sanitaria, social y ecológica asola nuestros barrios y nuestras vidas, las grandes empresas han seguido enriqueciéndose. Así, hemos visto cómo las grandes fortunas y empresas se han aprovechado de la crisis para salir más ricas y cómo las desigualdades han seguido en aumento. Además, mientras siguen los desahucios, los cortes de luz y los despidos, los millones del rescate europeo van a ir a las grandes empresas como Iberdrola o Petronor. Un rescate que no nos beneficiará pero que pagaremos, una vez más, las de abajo: recortes en las pensiones, privatizaciones, pérdida de derechos, maquillaje verde del capitalismo…

Desde Antikapitalistak tenemos claro que, ahora más que nunca, necesitamos señalar un horizonte emancipador y alternativo, para garantizar vidas dignas para todas. Y el movimiento feminista -anticapitalista y antirracista- tiene mucho que aportar a su construcción. El capitalismo ecocida es el responsable de las múltiples crisis que estamos sufriendo, y ante un modelo que sobrevive a costa de la vida humana y del planeta, afirmamos que el ecofeminismo es la solución. Una alternativa que pasa por el fin de los combustibles fósiles, el fin de las macrogranjas, el fin de las patentes y el fin de las fronteras, en favor de una justicia reproductiva y climática.

No se trata solo de construir grandes discursos, sino de ser capaces de revertir las políticas neoliberales de recortes de derechos y privatización de lo público y volver a conquistar derechos. Por ello reclamamos la incorporación de las Trabajadoras de Hogar al régimen general de la seguridad social, regularización de la situación administrativa de las personas migrantes, reducción de la jornada laboral para poder repartir trabajos o una reforma fiscal como medida fundamental para redistribuir la riqueza. Además, seguiremos ampliando las resistencias cotidianas, las redes de cuidado y las alternativas en los barrios y pueblos para poner la vida en el centro y dejar de depender de las grandes corporaciones.

Este 8-M, una vez más, llamamos a ocupar las calles y el espacio público, extremando las precauciones sanitarias y garantizando las medidas de seguridad.

   
 

 

La ley Celaá continúa con el modelo educativo neoliberal y desigual

La ley Celaá ha estado en el centro de un fuerte debate público durante las últimas semanas. Un debate monopolizado por una derecha ultramontana, que marca la agenda política a base de mentiras y exageraciones. El problema es que todo eso oculta lo que hay detrás de la LOMLOE (también conocida como la ley Celaá): la continuidad de un modelo educativo neoliberal y desigual, que tiende a convertir la educación en un negocio, transfiriendo recursos públicos a intereses privados.

La Ley Celaá no acaba con los conciertos educativos, ni siquiera los dificulta, ni mucho menos tiene ningún plan concreto para hacer que la red concertada sea realmente subsidiaria de la pública, tal y como se planteaba en su creación en 1985. La patronal puede estar tranquila. Y lo sabe, por mucho aspaviento y lazo naranja que se pongan. No aumenta la financiación de la educación pública: en agosto, en el Congreso de los Diputados, la izquierda gubernamental garantizó que la educación concertada recibiese fondos de los planes de reconstrucción. El único elemento positivo que contiene la ley en este terreno es que cancela la posibilidad de ceder gratuitamente, en el futuro, suelo público a la privada-concertada.

Por mucho que la derecha mienta, es falso que la Ley Celaá acabe con la religión en la escuela. No hay tampoco una transformación de las metodologías, del currículum, de una evaluación que está más que desfasada, no existe una apuesta por dotar de más recursos a la educación inclusiva, ni una bajada de las ratios que permitiera introducir nuevas prácticas educativas en las aulas. Es necesario profundizar en la gestión democrática de los centros, cuestión en la que la LOMLOE, apenas aporta. Por ejemplo, la elección de las direcciones sigue dependiendo en gran medida de la administración.

No se contemplan cambios en el acceso a la función docente, en la selección del profesorado, ni se favorece la estabilización de interinos. Esta es una problemática que no se aborda, cuando existen 170.000 personas interinas, casi un tercio de la totalidad del profesorado del sistema educativo público no universitario. Es imprescindible dar estabilidad a este profesorado, y esta ley tampoco lo establece. El actual sistema que regula el acceso a la docencia está desfasado, pero la ley Celaá no plantea cambios, perpetúa un modelo memorístico, muy alejado de las necesidades de la educación. No se mejoran las condiciones laborales, por cuanto no se toca el horario lectivo del profesorado que en el Estado español es sensiblemente superior al del resto de países europeos, con la sobrecarga y saturación que ello supone desde que se aumentó la cara lectiva en el horario. Además, deja al Cuerpo de Profesores Técnicos de Formación Profesional como un cuerpo a extinguir, sin aportar soluciones para quien no pueda acceder al Cuerpo de Secundaria.

La ley Celaá no aborda todas las cuestiones de fondo que hemos enumerado. Pero el problema de fondo es que la izquierda en el gobierno y sus aliados en los sindicatos han renunciado a plantear un modelo alternativo al que lleva años implementando la derecha. Un modelo que rompa con la educación concertada, que no es más que otra forma de garantizar beneficios a la educación privada a través de fondos públicos. Las rabietas de la derecha y del lobby de la concertada se enmarcan dentro de este acuerdo de fondo: es una pelea por seguir consiguiendo más beneficios, a través de un largo y constante proceso de movilización que erosiona la educación pública y que va regalando más campos de acción a la privada, eso sí, siempre con dinero público. La falacia de la libertad de elección de los padres y las familias instaura una idea anti-democratica: que los alumnos y alumnas son propiedad de sus progenitores, eso sí, mientras tengan dinero suficiente para ejercer su libertad.

Estamos radicalmente en contra de este marco ideológico neoliberal. Las alumnas y los alumnos son responsabilidad de la sociedad y obligación de las instituciones públicas, que tienen el deber de garantizar su autonomía y su desarrollo igualitario. La izquierda cobarde que renuncia a defender esta cuestión central, ha perdido de antemano.
Estamos radicalmente a favor de la educación pública. Eso es incompatible con al existencia del modelo de la educación concertada, un modelo que perpetúa privilegios de clase con el dinero de todxs. Creemos que las leyes que se aprueben deben tender a desmantelar este sistema, garantizando su conversión en estructuras que formen parte de la red pública. El objetivo de fondo debe ser universalizar la educación pública y garantizar la igualdad y libertad de todo el alumnado.

Por eso proponemos:

  • Que la educación concertada no reciba ayudas de los fondos de reconstrucción y que todo ese dinero vaya a la educación pública.
  • Aumento del presupuesto de la educación pública hasta el 7%, que permita bajar los ratios, contratar más profesorado y disminuir el horario lectivo como base para una renovación pedagógica.
  • Fin de los convenios con empresas privadas como La Caixa, Amazon o Google.
  • Iniciar un proceso de subrogación de los interinos y de los trabajadores de la educación concertada, paralelo al fin de las subvenciones que recibe la escuela privada-concertada. Integración de los conciertos en la red pública.
  • Democratización de las direcciones de los institutos, facilitando la elección de las direcciones de los centros por los consejos escolares.

Lejos de ser medidas radicales, son medidas de sentido común. El neoliberalismo ha dado la batalla ideológica durante décadas para imponer su modelo y sus propuestas: ahora mismo una aberración como la educación concertada, parece lo más normal del mundo. Proponemos darle la vuelta a ese camino. No puede ser que, por estar la izquierda en el gobierno, reforcemos ese marco, cuando debería ser al revés.

Os invitamos a discutir estas propuestas en una asamblea abierta, este viernes 27 de noviembre a las 18h, para debatir y decidir colectivamente qué pasos dar en esta lucha por una enseñanza 100% pública y de calidad. Para participar en la asamblea abierta, inscríbete previamente enviando un correo a contacto@anticapitalistas.org y te enviaremos el enlace de Zoom.

Las mujeres y los jóvenes han iniciado una revolución cultural en Polonia

<Declaración el Buró Ejecutivo de la Cuarta Internacional:>

  1. Revuelta masiva tras un nuevo ataque a las mujeres

La “Protesta Negra” de las mujeres en más de 100 ciudades y la huelga de mujeres del “Lunes Negro” del 3 de octubre de 2016 hicieron retroceder al régimen fundamentalista católico de derecha dirigido por el Partido de la Ley y la Justicia (PiS) sobre un proyecto de ley para prohibir completamente el aborto y penalizar a las mujeres que aborten. En una situación sanitaria catastrófica y mientras el confinamiento prohíbe las reuniones de más de 5 personas, el PiS volvió a probar suerte con la esperanza de reducir el ascenso de la derecha todavía más extrema en las urnas, poner un nuevo parche a la alianza gubernamental de la Derecha Unida y también dar satisfacción a los fundamentalistas católicos poniendo el escándalo de la pedofilia, que debilita a la jerarquía eclesiástica, en un segundo plano. Todo ello reafirmando que en la Tercera República de Polonia las mujeres están sometidas a los hombres. El 22 de octubre de 2020, el Presidente del Tribunal Constitucional designado por el PiS anunció que el aborto, “cuando los exámenes prenatales u otras razones médicas indiquen una alta probabilidad de deterioro grave e irreversible del feto o una enfermedad incurable que ponga en peligro la vida”, era inconstitucional.

A partir de la noche del 22 de octubre se inició una movilización de una magnitud desconocida desde 1989. Las mujeres y la generación más joven —estudiantes de secundaria y universitarios de 14 a 25 años— ocuparon las calles, cantaron eslóganes durante las misas dominicales del 25 de octubre y bloquearon el tráfico durante dos semanas. Las manifestaciones masivas continuaron en más de 410 ciudades y pueblos en las semanas siguientes. El 28 de octubre hubo una huelga de mujeres, el 30 de octubre más de un millón de manifestantes, a pesar de un aumento exponencial de las hospitalizaciones y muertes por Covid-19. Todo ello con una demanda central, dirigida a las élites políticas, eclesiásticas e intelectuales que se niegan a permitir que las mujeres disfruten de los derechos humanos: “Iros a joder a otra parte”.

Según todas las encuestas, este movimiento de masas cuenta con el apoyo de dos tercios a tres cuartos de la población.

El Gobierno de la Derecha Unida no se atrevió a publicar el veredicto de su Tribunal Constitucional en la Gaceta Oficial, lo que lo hizo legalmente inaplicable. Espera que el endurecimiento del confinamiento y la represión de los manifestantes reduzcan la escala del movimiento. Pero aunque las movilizaciones actuales se calmen, las mujeres de Polonia no olvidarán esta revuelta. La mayoría de ellas se han dado cuenta de que ellas mismas deben luchar por su dignidad, por otro mundo, su mundo. Ha comenzado una revolución cultural.

  1. Tres décadas de sumisión de las mujeres para reconstruir el capitalismo

Desde 1993, un “compromiso” sobre este tema, entre el gobierno y la Iglesia Católica, tiene como objetivo obtener el apoyo de esta poderosa institución frente a las movilizaciones contra los efectos sociales de la restauración capitalista en curso y para la adhesión a la Unión Europea.

La Iglesia Católica siempre ha considerado que las mujeres no son seres humanos por derecho propio. En el veredicto del Tribunal Constitucional del 22 de octubre, el Estado polaco confirmó esto: las mujeres deben limitarse a una especie de incubadora, con opciones adicionales que les exigen limpiar, cocinar y cuidar a los niños. Se ha legalizado la tortura de mujeres que llevan fetos muertos o con deficiencias irreversibles.

“En este país me siento como una esclava”, “Mi cuerpo es mi negocio”, “No sería un ataúd”, “Mi vientre no es una capilla”, “No quieres un aborto, simplemente no lo tienes”, “Oremos por el derecho al aborto”, “El aborto no es un pecado”, “La revolución es una mujer” – fue con tales pancartas (y muchas otras) que cientos de miles de mujeres se manifestaron en las calles e iglesias de Polonia contra este sistema patriarcal que las oprime, las priva de su libertad y les niega su dignidad. “¡Es la guerra!” proclaman mientras luchan para que nadie se atreva a decidir por ellas, para que finalmente puedan ser reconocidas como seres humanos plenos, para empujar los límites de lo que es socialmente aceptable, por una vida mejor en su mundo.

  1. El levantamiento de la joven generación

Por primera vez en años, fueron principalmente los jóvenes —niños y niñas— los que se manifestaron en gran número. Fueron ellos quienes atacaron a estos “dziaders” —los varones con una visión arcaica del papel de la mujer, no permitiéndoles hablar, convencidos de su propia superioridad e infalibilidad absoluta, generalmente ancianos, en posiciones de liderazgo, es decir, políticos, expertos, jerarcas eclesiásticos— sugiriéndoles “que se vayan a joder a otro lugar”.

La juventud gritó en términos descarnados lo que Greta Thunberg dijo en las Naciones Unidas en 2019: “¡Cómo te atreves! “. Estos jóvenes, a los que el régimen impuso clases de religión en las escuelas, rechazaron la hegemonía cultural de la Iglesia Católica. Esta juventud dice no a una sociedad que impone el miedo, el cambio climático, el desempleo, la falta de un futuro prometedor, las repetidas mentiras del gobierno, el panteón de autoridades, valores y símbolos nacional-católicos. Rechaza el “miedo a follar”, uno de los lemas presentes en muchas manifestaciones. Ya no tolera las reformas escolares que se le han impuesto. No quiere negociar “compromisos”, elige un idioma que los que dominan su país no entienden, quiere decidir su destino y que no se lo impongan los que dicen “saber más”.

Cuando se enfrentaron al Ministro de Educación y Ciencia, que exigió que los maestros “enseñaran” a sus estudiantes a no manifestarse, respondieron con una sola voz: “Ve y hazlo”. Su revuelta no sólo se refería a la lucha por el derecho al aborto sino a mucho más: el derecho de cada individuo a decidir sobre su cuerpo, su identidad, el futuro de la sociedad, su derecho a ser solidario, digno, libre.

En la actualidad, las mujeres y los jóvenes han transformado las modestas pero combativas y espontáneas huelgas climáticas y manifestaciones en defensa de los LGBT+ de años anteriores en cientos de miles de manifestantes.

  1. Crisis política y crisis de hegemonía eclesiástica, crisis de la Tercera República

Ante el desarrollo de la pandemia de Covid-19, el gobierno del PiS ha privilegiado su victoria en las elecciones presidenciales (ya intentado durante el confinamiento del 10 de mayo, luego aplazado hasta el 28 de junio de 2020) y no la protección de la salud de la población. En lugar de adaptar el sistema escolar a la pandemia, se centró en la enseñanza de la homofobia. Acusó a los trabajadores de la salud de trabajar muy poco mientras hacían pedidos de respiradores a un traficante de armas… que no funcionan. Finalmente, eligió atacar a las mujeres. Esta última fue la gota que colmó el vaso y abrió una gran crisis política.

La crisis ha llegado incluso al corazón de las instituciones. El partido gobernante y el Primer Ministro han perdido apoyos. Surgieron diferencias dentro del gobierno sobre cómo salir de la crisis, con el Presidente Duda queriendo aparentar que “entendía” las demandas, mientras que el líder del PiS quería la represión.

Sin embargo, el comandante de la policía pidió a sus tropas que actuaran “de manera equilibrada y prudente”. Además, en una acción sin precedentes, más de 200 generales y almirantes retirados temieron “una situación en la que una vez más en las calles de las ciudades polacas el uso de la fuerza podría provocar víctimas inútiles”, pidiéndoles que “respetaran la voluntad de la mayoría de la sociedad y modificaran las soluciones inaceptables”.

El compromiso sistémico entre todos los partidos políticos en el poder y la Iglesia, que fue la base de la Tercera República Polaca, ha sido cuestionado. Iba a ser el bastión del cristianismo en una Europa secularizada. Pero ya no hay ningún status quo; la Iglesia, su impunidad, su hegemonía cultural ya no son tabúes.

  1. Reivindicaciones democráticas

El levantamiento popular en defensa de los derechos de la mujer —pero también de los LGBT+ y más generalmente de las libertades— fue esencialmente espontáneo. Pequeñas asociaciones feministas (divididas, por lo demás, entre ellas) y sus activistas desempeñaron el papel de portavoces en los medios de comunicación, se empezaron a construir nuevas redes, pero sobre todo sin que la generación más joven estuviera representada, aunque fuera sólo simbólicamente, pero sobre todo, contrariamente a la tradición de las revoluciones obreras polacas de 1956 o de 1980-1981, no hubo una autoorganización de masas. Los partidos políticos de la oposición al PiS, que son más electorales que las estructuras militantes, no desempeñaron un papel, aunque algunos de sus representantes elegidos eran visibles en el movimiento. Lo mismo ocurre con los sindicatos entre los que, en minoría, han declarado su apoyo al movimiento. Así que hay una gran brecha entre el paisaje político tradicional polaco y esta revuelta masiva.

La asociación “Huelga General de Mujeres” presentó las demandas “que se pueden leer en los carteles”: “Queremos una verdadera Corte Constitucional, una Corte Suprema totalmente justa, un verdadero Defensor de los Derechos Civiles; Queremos un nuevo presupuesto —un fondo de salud, ayuda a los trabajadores, cultura y apoyo real a los discapacitados; Queremos derechos completos para las mujeres, aborto legal, educación sexual, anticonceptivos; Queremos todos los derechos humanos; Queremos un Estado laico, con el fin de la financiación de la Iglesia a cuenta del presupuesto del Estado y la religión fuera de las escuelas; Queremos la renuncia del gobierno”. En la conferencia de prensa del Consejo Asesor, se presentaron demandas adicionales: “10% del presupuesto estatal para la atención a la salud; Dimisión del Ministro de Educación y Ciencia; Fin inmediato de la financiación estatal de la Iglesia y su verdadera separación; Derecho de los niños a partir de los 13 años de edad a decidir si quieren asistir a clases de religión; Eliminación de la cláusula de conciencia; Fin del concordato; Desfastización de la vida pública; Abolición de los contratos de trabajo desprotegidos, lucha contra el acoso y la explotación; Lucha contra la crisis climática; Una Polonia mejor para las personas LGBT+; Medios de comunicación públicos que son una verdadera fuente de conocimiento e información”.

Se trata de una lista de reivindicaciones que no van más allá de la democracia formal laica; por debajo de la “revolución cultural” que invadió las calles polacas en octubre y noviembre de 2020, pero que no ha sentado (¿todavía?) las bases para una autoorganización social duradera o incluso para la construcción de una nueva representación política de l@s revoltad@s.

  1. Una lucha internacional

El 22 de octubre de 2020, día del veredicto del Tribunal Constitucional de Polonia, los gobiernos de Brasil, Egipto, Estados Unidos, Hungría, Indonesia y Uganda celebraron una ceremonia internacional en línea, transmitida desde Washington, para firmar virtualmente, junto con otros 27 países[1] —incluida Polonia— una declaración contra el derecho al aborto “para proteger el derecho de la mujer a ser madre”, en palabras del ministro de la familia húngaro. Esta alianza de países gobernados por fundamentalistas de diversas religiones es una afirmación del patriarcado estatal contra los derechos humanos y una declaración de que los cuerpos humanos —mujeres, niños, homosexuales, trans y no binarios— son territorios dominados por el Estado.

Contra el derecho al aborto y, más en general, contra todos los derechos de las mujeres, contra los de las personas LGBT+, es una verdadera red internacional ultraconservadora, apoyada por las autoridades estatales, que hace campaña en el contexto de una mutación del neoliberalismo autoritario en crisis. Esta red es la que ha financiado en gran medida las actividades contra el derecho al aborto de la extrema derecha polaca, como el “Ordo Iuris” o la “Fundación Vida y Familia”. Es esta misma red internacional la que aplaudió el nombramiento por D. Trump de la juez abiertamente “pro-vida”, Amy Coney Barrett, a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Es esta corriente la que rechaza los abortos de las jóvenes, víctimas de violación e incesto, en Brasil o Argentina.

Ante esta ofensiva, es responsabilidad de las organizaciones del movimiento obrero y de las feministas de todos los países movilizarse en solidaridad con la revuelta de las mujeres en Polonia. Los poderosos movimientos feministas que han surgido desde 2017, en particular en América Latina y Europa, en torno al lema de la huelga de mujeres son cada vez más importantes para ganar y preservar los derechos de las mujeres ya adquiridos y extenderlos a todo el mundo.

[1] A continuación se presenta la lista de países que firmaron la llamada declaración del “Consenso de Ginebra” (que debía tener lugar antes de la Asamblea Mundial de la Salud, que se aplazó debido a la crisis sanitaria): Arabia Saudita, Bahrein, Belarús, Benin, Brasil, Burkina Faso, Camerún, Djibouti, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos de América, Gambia, Georgia, Haití, Hungría, Indonesia, Iraq, Kenya, Kuwait, Libia, Nauru, Níger, Omán, Pakistán, Polonia, República Democrática del Congo, Senegal, Sudán, Uganda, Zambia.

Una convergencia de crisis dominada por la pandemia de covid-19

Copyright Dominique Botte

Buró Ejecutivo de la Cuarta Internacional
Introducción

En el año 2020 hasta ahora se ha visto la convergencia de grandes crisis, la más característica es la pandemia covid-19 que, al parecer había alcanzado un pico en el segundo trimestre, está alcanzando una vez más niveles sin precedentes de infección. Esto se ha combinado con los efectos extremos de la crisis climática: incendios forestales en California y Brasil, inundaciones generalizadas en Asia; la ofensiva neoliberal reforzada mientras los gobiernos capitalistas tratan de recuperar las pérdidas del período de confinamiento; reaparición de conflictos localizados como en el Mediterráneo oriental en un contexto de lucha continua por la hegemonía geopolítica. Al mismo tiempo, la incertidumbre del resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses es un factor en la situación internacional. Es demasiado pronto para decir cómo será el mundo a finales de 2020 y hasta qué punto habrá cambiado profundamente.

Los efectos combinados de estas crisis siguen revelando las formas en que los trabajadores pobres y, entre ellos, en particular las mujeres, los negros y las minorías étnicas así como las poblaciones rurales sufren todas estas crisis. Pérdida de vidas, de empleos y medios de vida, de educación, de hogares… se combinan para crear una capa cada vez más empobrecida y desposeída en todo el mundo. Las luchas y los movimientos  se han desarrollado desafiando a gobiernos autoritarios que descuidan la salud de sus poblaciones, impugnando las condiciones inseguras de políticas de “retorno al trabajo” cuyo objetivo es beneficiar a la economía capitalista  y poniendo de relieve el lugar particular que ocupan las mujeres y las minorías étnicas entre los trabajadores esenciales. Éstos estallaron de manera dramática con el movimiento Black Lives Matter en Estados Unidos, que impugnó el racismo y la violencia policial, que rápidamente se extendió por todo el mundo, no sólo como movimiento solidario, sino también desafiando las manifestaciones locales de racismo y violencia policial.

Una pandemia continua

A principios de junio, cinco meses después del estallido de la pandemia de Covid-19, ya había causado más de 400.000 muertes en todo el mundo, con más de 6,8 millones de casos registrados oficialmente en 216 países —y más de 3.000 millones de personas habían sido confinadas en sus hogares hacia abril—.

A medida que la pandemia comenzó a retroceder en Europa, después de haber retrocedido en China y el Lejano Oriente al comienzo de la primavera, pero se mantuvo particularmente aguda en América del Norte y del Sur, se planteó la cuestión de hasta qué punto habría una segunda ola galopante de infección, o si el virus mutaría en una forma más benigna, las incertidumbres seguían siendo muy grandes.

A mediados de octubre de 2020, el número total de muertes en todo el mundo ascendió a 1,2 millones, y confirmó más de 40 millones de casos. Estados Unidos, India y Brasil siguen encabezando las listas de muertes e infecciones, pero la tasa de infección está aumentando en todas partes, de un modo particularmente brusco en Europa, donde el Reino Unido ha registrado más de 43.000 muertes y más de 33.000 en Francia y el Estado español.

En muchos países, el número de personas infectadas, enfermas o muertas es notoriamente subestimado, en primer lugar debido al deseo político de ciertos líderes de negar la gravedad de la situación, y también por la falta de medios para probar, hospitalizar y centralizar el recuento de casos Covid-19.

Frente al desastre sanitario del neoliberalismo globalizado, muchos gobiernos, bajo la presión de la profesión médica y la opinión pública, trataron de recuperar el control tomando medidas contundentes. El resultado fue una clara calma en la epidemia —a principios de la primavera en China y el Lejano Oriente, a finales de la primavera en Europa y Nueva Inglaterra— que condujo a una flexibilización más o menos extensa del confinamiento, con el mantenimiento de medidas de barrera, en sociedades traumatizadas por la violencia de la enfermedad y las medidas gubernamentales adoptadas. En la mayoría de los países de América del Norte y del Sur, la India y otros países de Asia y África la pandemia siguió desarrollándose lentamente, con medidas de protección muy desiguales. ¡Algunos países como Argentina o Filipinas han experimentado un confinamiento ininterrumpido desde marzo!

Con la llegada del otoño al hemisferio norte, una gran segunda ola de infección está tomando forma en Europa y Oriente Medio con nuevas restricciones, desde el aumento de los períodos de cuarentena para los viajeros, hasta la reimposición de medidas de bloqueo y toque de queda fuertemente represivas, a menudo diferenciadas regionalmente, en varios países de Europa.

Crisis económica

Las consecuencias de la desaceleración de la economía causada directa e indirectamente por medidas para confinar a la población, sin compensación financiera o totalmente inadecuada, en el contexto de una crisis financiera que ya se había estado gestando durante mucho tiempo, están empezando a entenderse mejor: una caída del Producto Interior Bruto (PIB) del 10% de media en los países de la OCDE (Europa , América del Norte, Japón, Corea del Sur, Australia…) en el segundo trimestre de 2020 (en comparación, fue del -2,3% en 2009 durante la crisis financiera anterior); una caída del 25% en India, del 20% en Gran Bretaña, del 17% en México, del 14% en Francia, del 9,5% en Estados Unidos, del 7,8% en Japón. La caída de la producción ya fue del 2 al 3% en el primer trimestre. Sin embargo, los líderes chinos proclaman que la recuperación ya ha tenido lugar en China en el segundo trimestre: +3,2% (frente al -7% en el primer trimestre). En cualquier caso, las proyecciones actuales estiman que el PIB mundial caerá alrededor del 6% en 2020 sobre la base actual, y no volverá a su nivel anterior a la crisis antes de 2023, sin anticipar un posible empeoramiento de la situación de la pandemia.

Hubo decenas de millones de desempleados en China en marzo, hasta 22 millones de desempleados en los Estados Unidos en abril de 2020 —y, si bien se anunció que estas cifras caerían bruscamente en los meses siguientes, parece que los puestos de trabajo que se están volviendo a crear son mucho más precarios y a tiempo parcial que antes de la crisis— y en Estados Unidos se estima actualmente que el número de personas con empleo es de 11,5 millones menos que en febrero. En la Unión Europea, el número de desempleados ha aumentado al 7,8%, ¡con enormes disparidades entre el norte y el sur!

Una nueva trampa de deuda se está acercando a un número creciente de países del Sur cuyas dificultades estructurales están empeorando con la crisis del Covid-19: una reducción de las reservas de divisas, un fuerte deterioro en términos comerciales con la caída del precio de las materias primas acompañada de una depreciación de las monedas de estos países frente al dólar estadounidense. Diecinueve países del Sur ya han suspendido pagos y hay 28 países con un alto riesgo de sobreendeudamiento. Los países del G20, el FMI y el Banco Mundial apoyan indefectiblemente a los acreedores y agravan aún más el endeudamiento de los países del Sur con financiación de emergencia principalmente en forma de préstamos, al tiempo que refuerzan la aplicación de políticas neoliberales de austeridad. Los reembolsos serán mayores en los próximos años y pesarán cada vez más en los trabajadores y las clases trabajadoras. La Cuarta Internacional apoya las diferentes movilizaciones de movimientos que luchan a nivel internacional por la abolición de las deudas ilegítimas.

Estragos por la ofensiva de las burguesías y sus gobiernos

Para los capitalistas y sus gobiernos, es necesario volver al trabajo y consumir lo que cueste en términos de salud y finanzas públicas, pero por otro lado tratan de limitar de una manera más o menos extrema otras libertades en nombre de la lucha contra la pandemia: moverse, reunirse, entretenernos de manera que eviten el gasto de un sistema adecuado de seguimiento de pruebas y de apoyo.

– Se promulgan planes de ayuda masivos para las empresas (a menudo independientemente de su crisis real), incluidas las reducciones de jornada y de impuestos en sectores de actividad que son viables, desde China hasta Estados Unidos y los diversos países europeos.

A su nivel, la Unión Europea ha proclamado un plan europeo de recuperación de 750.000 millones de euros en 3 años, de los cuales poco más de la mitad se encuentra en forma de deuda mutualizada, con una contrapartida de control sobre las políticas nacionales en los próximos años (esto es en parte un efecto propagandístico, ya que representa en realidad el 1% del gasto público).

– Los servicios públicos están sometidos a una presión cada vez mayor; no estamos viendo una reinversión masiva en salud pública, educación, atención para ancianos y niños y el apoyo a las personas discapacitadas u otros sectores que la crisis sanitaria ha puesto en grandes dificultades. De hecho, también estamos asistiendo a una creciente penetración del capital privado en sectores que, al menos en Europa, se han ejecutado como parte del sector público.

– En esta ocasión se están aplicando políticas cada vez más autoritarias. Después de la lucha contra el terrorismo, es la lucha contra la pandemia la que se utiliza para justificar las medidas liberticidas: policía en todas partes; multas prohibitivas para aquellos que no respeten las cuarentenas o las máscaras obligatorias —después de dar mensajes contradictorios acerca de su eficacia—; confinamientos y toques de queda que prohíben la vida social.

Estas políticas se afirman junto con la estigmatización de los jóvenes y los estratos populares, en particular las personas racializadas, ya sean de comunidades de larga trayectoria o de origen migrante más reciente, mantenidas como desconsiderados e irresponsables, como si no quisieran protegerse a sí mismas.

– La legislación laboral está sufriendo duras sacudidas en todas partes, se está perpetuando la flexibilidad impuesta inicialmente en nombre de una situación económica excepcional y se está facilitando el cierre de empresas;

– los derechos sindicales, de asociación y de manifestación han sido estrangulados durante el encierro y siguen siendo limitados, a menudo sujetos a normas cercanas a un estado de emergencia;

– Al mismo tiempo, estamos viendo una represión contra los migrantes, en particular en la frontera sur de Estados Unidos o al otro lado del Mediterráneo.

Pero las convulsiones de esta crisis multidimensional también contribuyen a una competencia exacerbada entre las grandes potencias y entre países: entre Estados Unidos y China -entre estados Unidos de Trump y el resto del mundo, empezando por Irán; con la Rusia de Putin; entre la Turquía de Erdogan y sus vecinos, por ejemplo la disputa con Grecia que se está calentando, con potencias europeas como la Francia de Macron avivando las llamas del conflicto. El régimen corrupto de Azerbayán, que perdía los medios financieros para mantener su despotismo, ha lanzado la ofensiva en Carabah con el apoyo de las fuerzas aéreas turcas y de mercenarios sirios. Intenta de ese modo dotarse de una legitimidad y aplazar cualquier posibilidad de proceso democrático.

Por último, con respecto a la crisis ambiental, aunque la caída de la producción mundial en la primavera puede haber tenido un breve efecto positivo en el nivel de contaminación y el calentamiento climático, sigue habiendo una fuerte tendencia a que aumenten los daños ambientales: los gigantescos incendios de 2020 en Australia, Brasil y toda la región amazónica o Estados Unidos son el resultado del aumento de las sequías causadas por el cambio climático, por la gestión neoliberal del territorio y, a veces, por sistemas de agricultura pirómana.

Efectos sociales y de salud

En cuanto a las políticas de cribado de coronavirus y el tipo de pruebas, las políticas de protección (máscaras, restricciones de acceso, cuarentenas…), la atención hospitalaria y el equipo, la investigación de vacunas: hay una avalancha de competencia y mala gestión liberal, ineficiencia burocrática, con riesgos de nuevos bloqueos traumáticos y nuevas crisis hospitalarias descontroladas mientras el personal sanitario está agotado y a menudo se ve particularmente afectado por el coronavirus.

Por lo tanto, hemos visto a los países ricos (empezando por los Estados Unidos) ser mucho menos eficaces en la lucha contra la epidemia que algunos países considerados pobres (Vietnam, Cuba…) pero con una tradición de atención sanitaria comunitaria.

¡También hemos visto las fuertes desigualdades sociales, raciales, de edad y de género frente a la pandemia! Empleados de base en los sectores de la salud, la limpieza y el transporte, a menudo altamente feminizados y racializados; trabajadores precarios e informales que no pueden permitirse el lujo de detener su trabajo, a menudo muy expuestos a enfermedades pero perdiendo la mayor parte de sus ingresos; las clases trabajadoras, a menudo racializadas, que sufren las consecuencias de las condiciones de vida superpobladas y la comida basura; migrantes y trabajadores en el extranjero; campesinos e indígenas de los países del Sur; personas vulnerables mayores de 65 años y, en general, personas que sufren de enfermedades crónicas: a pesar de que figuras públicas, artistas y líderes políticos también hayan sido sorprendidos por el Covid19, ¡el coste más elevado ha recaído en quienes son víctimas de la pobreza y las opresiones múltiples!

En particular, las mujeres han concentrado los riesgos y el sufrimiento en la carga de sus tareas profesionales y familiares y en la violencia machista que han generado y amplificados la pandemia y los confinamientos.

Ante los desastres sociales provocados rápidamente por los cierres y los confinamientos, muchos gobiernos —pero no todos— rompieron temporalmente con el dogma de la austeridad presupuestaria y distribuyeron ayudas sociales básicas: de nuevo, desde China hasta los Estados Unidos, incluidos varios países europeos. Estas asignaciones de unos pocos cientos de euros, pagadas en un solo pago o mensualmente, han servido como un amortiguador social mínimo, e incluso han ayudado a hacer que algunos de los sectores populares sean un poco más comprensivos con los líderes políticos, como sucedió con Bolsonaro en Brasil.

Sin embargo, estas políticas de nuevas redes de seguridad social son coyunturales y claramente no constituyen un punto de inflexión neokeynesiano para sectores significativos de la burguesía. La explosión de la deuda pública tendrá consecuencias duraderas y graves, ya que servirá como pretexto para profundizar las contrarreformas estructurales encaminadas a los contratos de trabajo, los derechos sindicales y los sistemas de seguridad social. Los gobiernos están pagando la deuda pública religiosamente y se están preparando para presentar el proyecto de ley neoliberal (especialmente en lo que queda de los servicios públicos) reafirmando el discurso de la competitividad. En ninguna parte los gobiernos utilizan las rentas altas y las grandes fortunas que, de hecho, han fortalecido sus activos. En ninguna se han nacionalizado las compañías farmacéuticas en un momento de gran necesidad.

Los efectos de la pobreza digital se han intensificado durante la pandemia:

– el acceso a la enseñanza en línea –las luchas de los profesores en todos los niveles por la enseñanza en línea para reducir los riesgos de la enseñanza presencial en los centros educativos no adaptados al distanciamiento físico y al respeto de las medidas de barrera han logrado algunas victorias; tienen que ir acompañados de la lucha por los estudiantes en cuanto al acceso a Internet, dispositivos y espacios de trabajo;

– el acceso a los servicios gubernamentales y de las autoridades locales es cada vez más tan sólo por Internet;

– Las compras por Internet han aumentado masivamente dejando en graves apuros a quienes no tienen las herramientas necesarias para acceder a ella (internet, tarjeta de crédito) y aumentando la explotación de quienes trabajan en la distribución (Amazon, por ejemplo, o el servicio postal).

El resultado a nivel político y en términos de luchas

La legitimidad de los poderes políticos y la lógica dominante de los beneficios se ve cada vez más erosionada en este contexto general, se ha visto que no ha podido hacer frente a tal catástrofe. Los trabajadores, especialmente los trabajadores “de abajo” y “en primera línea”, han sido revalorizados simbólicamente… Pero con los temores combinados a la enfermedad, el desempleo y la represión, el camino de la lucha es, para muchos, muy difícil en este momento. La resistencia no ha logrado crecer en número y seguir adelante con los destellos de la esperanza en junio.

En muchos países (si no en la mayoría) los principales sindicatos se han sumergido por completo en la crisis de la pandemia. No sólo se han vuelto aún más reticentes y renuentes a cualquier conflicto importante, a menudo ni siquiera tienen nada que decir sobre la política de crisis de las clases dominantes. Sin embargo, siguen desempeñando un papel importante en las luchas defensivas diarias de la clase trabajadora. Por lo tanto, en el futuro será importante en muchos países —más aún que en el pasado— participar en una política de lucha de clases en los sindicatos y generalizar las limitadas iniciativas que adoptan los sindicatos o las corrientes con un enfoque más combativo.

Muchos de los movimientos sociopolíticos balbuceantes o latentes de antes de la pandemia se han visto sofocados por la intensificación de la represión en Hong Kong, Argelia y Egipto. Los movimientos sociales y democráticos también han sido suspendidos bajo la epidemia en Chile, Irak, Francia, Cataluña… ¿Son posibles resurgimientos rápidos en estos países?

Sería necesario analizar con mayor detalle lo que ha sido de las estructuras ascendentes basadas en la solidaridad popular acumulada durante la pandemia, que podría desarrollarse en varios países.

Afortunadamente, varios movimientos de masas se han estado afirmando desde el final de la primavera, sobre diferentes bases pero con un contexto común de lucha por la democracia y contra el funcionamiento competitivo de la sociedad:

– El movimiento contra el racismo y la violencia policial, que comenzó en Estados Unidos, sigue siendo muy fuerte —en Europa, también en solidaridad con los migrantes sobre una base más limitada pero esencial (como las recientes manifestaciones en Alemania);

– El resurgimiento de la revuelta en el Líbano contra la corrupción del régimen confesional, empezando por la explosión del puerto de Beirut;

– El levantamiento en Mali;

– El levantamiento en Bielorrusia contra el gobierno de Lukashenko y sus elecciones constantemente amañadas;

– El levantamiento de la juventud tailandesa contra la realeza desacreditada;

– La victoria electoral en la primera vuelta del MAS en Bolivia como resultado de la movilización masiva;

– La revuelta popular en Chile ha forzado un referéndum el 25 de octubre sobre la constitución de la dictadura de Pinochet: el rechazo sería una victoria significativa.

Queda por ver qué nuevo ascenso puede tener lugar, integrando las lecciones de la pandemia, por los movimientos contra el cambio climático y la contaminación masiva, y más en general por las luchas ecologistas. ¿Qué resurgimiento de los movimientos feministas, que se han hecho valer a la vanguardia de las luchas en los últimos años?

El potencial de luchas y levantamientos sigue ahí contra un orden dominante que, frente a una crisis de ganancias y creciente deslegitimación, está tratando de fortalecerse con un autoritarismo generalizado, pero con ciertos líderes que a veces son muy aventureros, incluso desde el punto de vista de la burguesía. Pero este potencial ha tenido dificultades para expresarse hasta ahora debido al miedo a la pandemia y la confusión de medidas para revertirla. Hasta ahora no ha sido posible cambiar el equilibrio de poder y hacer que una alternativa al capitalismo sea más creíble.

En esta situación, las ideologías más reaccionarias y autocráticas, conspirativas y racistas se afirman en la extrema derecha, se estructuran y, para atacar a los oprimidos y explotados en lucha, encuentran relevos o incluso conductores con líderes políticos que ganan o se aferren al poder como Trump, Putin, Bolsonaro, Xi Yiping, Modi, Duterte, Rohani, Nethanyahu, Erdogan, Orban, Kacz… mientras que los líderes más “presentables” sólo pueden alentarlos al llevar a cabo ataques contra principios democráticos, a menudo sin precedentes en sus países durante décadas.

Las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos serán un evento decisivo: si conducen a una reelección (probablemente ilegítima) de Trump, podrían hacer que la situación sea aún más tensa, con una polarización en la que la extrema derecha ganaría una ventaja y los riesgos de revuelta masiva crecerían. Por otro lado, si Trump fuera derrocido, un eslabón importante en la cadena de la extrema derecha y los gobiernos autoritarios sería eliminado y, sin tener ilusiones en lo que Biden representa o pretende, esto representaría un soplo de aire fresco para las personas explotadas y oprimidas en la lucha en todo el mundo.

Conclusión

El movimiento obrero, los movimientos sociales (y nosotros mismos) están desarmados, divididos entre la necesidad de cuidar de la salud, de protegernos de la pandemia, por un lado, y, por otro, de la oposición a las medidas de restricción de la libertad impuestas por los gobiernos que han destruido la protección social y los sistemas de salud pública.

¡Los y las revolucionarios y activistas anticapitalistas se enfrentan a grandes tareas! Debemos ayudar a forjar y fortalecer los frentes unitarios de los explotados y oprimidos contra los gobiernos autoritarios y los programas ultraliberales.

En la situación de emergencia que estamos viviendo, es esencial en todas partes reinvertir masivamente en los servicios públicos universales, empezando por los sistemas de salud, y relanzando masivamente los programas de asistencia social y vivienda financiados mediante impuestos a los ricos y los beneficios y el bloqueo de dividendos. Es necesario socializar las industrias farmacéuticas y de otros intereses generales como la energía, el sistema bancario y la distribución de agua. Los sistemas de producción deben reconvertirse para satisfacer inmensas necesidades sociales en lugar de las industrias mortíferas de armamento, productos químicos contaminantes, artículos de lujo, etc. La agricultura debe reorientarse hacia sistemas sostenibles de cultivo del suelo y de los recursos naturales. ¡Hay que detener las políticas discriminatorias, abrir fronteras para proteger a las poblaciones en peligro de extinción y poner en común los intercambios humanos en lugar de ponerlos en competencia y provocar guerras!

Debemos conceder un lugar central a la auto-organización de la población y de los trabajadores de la salud y los cuidados. Las medidas más eficaces para luchar contra la pandemia son las que serán mejor aceptadas porque serán definidas por las propias personas con los trabajadores de la salud y los cuidados. Se trata de recuperar el control sobre nuestras vidas.

En este camino, en las luchas, en la resistencia contra el capitalismo destructivo, por la democracia y por una política económica alternativa y sostenible, está la posibilidad de cambiar las relaciones de poder nacionales que hoy son desfavorables y hacer más concreta una alternativa ecosocilista para la humanidad.

19 de octubre de 2020