Campamentos Internacionales de Jóvenes Revolucionarias 2022

Los Campamentos Internacionales de Jóvenes Revolucionarias son el lugar de encuentro de cientos de militantes, activistas y personas involucradas en la transformación social de diferentes territorios. En el marco de la IV Internacional, este evento se lleva realizando ininterrumpidamente hasta la pandemia desde 1984, cambiando de lugar y país en cada edición.

En 2019, la última edición tuvo lugar en el Estado Español, ya que la irrupción de la pandemia de COVID19 ha impedido estos dos últimos realizarlos. Así, este 2022 volvemos a la carga 

Del 23 al 29 de julio, en Francia, nos juntaremos cientos de jóvenes de Europa, América Latina y otras regiones del mundo. Serán seis días de discusión y debate político internacional, en los que aprender colectivamente sobre las experiencias de movilización en distintas coordenadas y disfrutar de espacios de ocio desmercantilizado. Un momento en el que tomarnos un descanso de nuestro trabajo local y diario para pensar transformaciones revolucionarias con una perspectiva internacionalista y juvenil, que no dejen a nadie atrás.

    • Las formaciones son el espacio político central de cada día. Tienen lugar por la mañana y su objetivo es aportar unas nociones políticas clave sobre el tema del día que nos permitan aprender, debatir y aprovechar al máximo el resto de actividades. Se trata de un espacio al que asisten todas las participantes al campamento, así que cuenta con una traducción simultánea a 5 idiomas: Inglés, francés, danés, italiano y castellano. Las formaciones se llevan a cabo desde una persona de referencia con un recorrido amplio y conocimientos profundos del tema a tratar.
    • Durante el espacio de los talleres, tienen lugar 10 talleres simultáneos preparados por participantes de las diferentes delegaciones. Pueden tener un carácter teórico, práctico o que cuente una experiencia política concreta de un lugar. Están enmarcados en la temática general del día, pero tratan cuestiones de lo más diversas e interesantes. En este caso, la traducción a los idiomas que las participantes a cada taller necesiten se autogestiona en el propio taller.
    • Las reuniones de delegación son el espacio en el que nos juntamos con el resto de compañeras del Estado Español. Hay dos al día. Una primera por la mañana en la que se explica el contenido de la jornada y las diferentes actividades que van a tener lugar a lo largo del día. Otra por la tarde, en la que se hace una valoración general sobre los contenidos del día y también tenemos tiempo para debatir sobre otro tipo de cuestiones políticas más actuales.
    • Las interdelegaciones son el momento en el que informar sobre la situación política y social de nuestro Estado y escuchar la situación, las movilizaciones y la experiencias de construcción política en otros lugares. Se trata de uno de los espacios más apreciados del campamento, ya que tenemos la oportunidad de compartir nuestro trabajo diario con compañeras de diferentes países y aprender sobre lo que están haciendo ellas.
    • El espacio de mujeres consiste en un lugar físico concreto habilitado de forma permanente durante todo el campamento. Se trata de un espacio seguro no mixto en el que se desarrollan actividades programadas. El contenido político del espacio se centra en compartir experiencias y análisis en la construcción del movimiento feminista. Nutrirse del conocimiento y aprendizajes de las compañeras de diferentes países para construir juntas un movimiento feminista anticapitalista e internacionalista.
    • El espacio LGBTI+ se trata también de un lugar físico habilitado de forma permanente. Acoge actividades que pueden ser mixtas o no mixtas, y se centran en cómo nos relacionamos con nuestro género y orientación sexual, en las diferentes discriminaciones que sufrimos las personas del colectivo y en cómo construir un movimiento LGBTI+ revolucionario.
    • El espacio racializado es un lugar físico habilitado de forma permanente, al igual que el espacio de mujeres y LGTBI+, que celebra actividades mixtas y no mixtas. Se centra en los impactos del racismo según la categoría racial que atribuyen las sociedades, es decir, en las discriminaciones que se sufren por motivos raciales y cómo construir un movimiento antirracista internacionalista.
    • Programa:
      El funcionamiento del campamento tiene un programa concreto, que es propuesto, debatido y acordado democráticamente en los meses previos. Cada día toma una temática concreta, y la mayor parte de las actividades la desarrollan. Así mismo, las participantes de cada país se organizan a modo de delegación. Cada delegación tiene reuniones propias en las que se explican cuestiones prácticas y políticas de cada día, así como debates sobre los temas elegidos. El campamento es un espacio autogestionado, así que se distribuirán diferentes tareas a las delegaciones para colaborar entre todas al correcto funcionamiento.

      Los diferentes espacios políticos que se incluye en el programa (Ver programa)

     

  • Inscripción : Se abrirá próximamente

Los últimos dos años han sido especialmente duros para todas, y las jóvenes hemos sido uno de los grupos más acusados de la pandemia. Somos la generación que solo ha conocido crisis y sabemos que el sistema nos arrastrará hacia otras nuevas crisis a medida que pasa el tiempo. Somos la generación de la precariedad, donde el acceso a un empleo y una vivienda digna es una tarea muy complicada que nos obliga a subsistir bajo la explotación. Somos la generación que puso en el centro la salud mental, siendo un eje fundamental en la sociedad que aspiramos a construir. También empezamos a construir resistencias frente a un sistema ecocida, irracional y caníbal que antepone el beneficio económico a la devastación ecológica y a la emergencia climática. Sabemos lo que es levantarse contra el patriarcado que nos oprime y asesina y nos tendrá enfrente en la conquista de derechos. Además, no vamos a seguir tolerando los abusos y discriminaciones que sufrimos por nuestra orientación sexual y el modo en el que vivimos nuestro género. Somos la trinchera ecosocialista, feminista y queer que pone el cuerpo y la voz contra el avance de la extrema derecha y los discursos de odio que recorren el mundo. El papel de la juventud en la transformación de la sociedad es central y, por eso, es imprescindible organizar la rabia hacia la politización de un sector juvenil movilizado y revolucionario.

Los campamentos internacionales de jóvenes revolucionarias son el momento de poner todo esto en común. De compartir, aprender y luchar colectivamente junto a compañeras de muchos otros países. Aprender cómo se construye un movimiento ecosocialista global desde las experiencias de Europa, pero también de América Latina. Por ejemplo, cómo en Brasil el movimiento ecologista juvenil está siendo capaz de articular sus luchas con la población indígena en la defensa del derecho a la vida y al medio ambiente. Conocer cómo el movimiento feminista suizo-belga está tomando como ejemplo a seguir las movilizaciones feministas en el Estado Español desde 2018. Intercambiar visiones sobre el combate frente a los discursos reaccionarios y de odio que recorren el planeta bajo el paraguas del neoliberalismo autoritario. Debatir sobre la invasión de Ucrania con compañeras socialistas rusas y ucranianas. Comentar nuestros análisis sobre la situación política y social en el Estado Español e insertarla en una dinámica internacionalista de lucha revolucionaria. En definitiva, se trata de un espacio privilegiado de formaciones, intercambio de experiencias y debates internacionales.

Seis días de construcción colectiva de aquello que muchas compañeras han denominado “un pequeño trocito de cómo queremos que sea el mundo por el que luchamos”. Seis días en los que aprender, compartir y salir con el entusiasmo revitalizado.

Ediciones de años anteriores:

ANTIKAPITALISTAK ANTE LA“no derogación” DE LA REFORMA LABORAL

  • El acuerdo entre el gobierno, CCOO y UGT y la patronal supone un incumplimiento del programa de gobierno y no deroga la reforma laboral del PP.
  • Estamos ante una aceptación del marco neoliberal y de la reforma del PP por parte de los partidos y agentes sociales que anunciaron que la derogarían.
  • La reforma laboral incluye algún retoque positivo como la ultra-actividad de los convenios, pero consolida un modelo basado en la precariedad, la temporalidad y el poder empresarial en los centros de trabajo.

El programa de gobierno afirmado por PSOE y UP acordaba una derogación de la reforma laboral de Mariano Rajoy de 2012, para alcanzar un nuevo Estatuto de los Trabajadores, primar el convenio sectorial sobre el de empresa, limitar la subcontratación (art. 42.1. ET), la limitación de modificar unilateralmente las condiciones de trabajo por parte de la empresa, la revisión de las causas de despido y la reordenación de las modalidades de contrato para limitar la temporalidad.

La reforma, que se pondrá en vigor en 2022, recupera la ultraactividad, aunque los Tribunales ya estaban interpretando que era necesario una continuidad de algunos derechos. Esta es prácticamente única recuperación de derechos positiva, porque la reforma de 2012 había dejado al 50% de los trabajadores sin cobertura de los convenios colectivos, que poco a poco iban decayendo. Una concesión a los aparatos sindicales, que les permite autojustificar su política de seguidismo con la patronal, aceptando cesiones que perjudican al conjunto de la clase trabajadora.

Esta reforma otorga al nivel sectorial la negociación del suelo de salarios, pero sin embargo deja fuera otras condiciones de trabajo, como la jornada o la organización del trabajo. Es decir, en su mayor parte, deja intacto el espíritu de la reforma de Rajoy. No se recupera la autorización administrativa para los ERE, por lo que las empresas podrán seguir realizando expedientes de empleo en las mismas condiciones que impuso la reforma del PP. La reforma no toca la causalidad ni el coste de indemnización por despido, no recupera los salarios de tramitación, que las empresas estaban obligadas a pagar desde el despido de un trabajador hasta que hubiera decisión judicial. La no causalización ni la elevación de la indemnización por despido, o la intervención de la autoridad laboral en los expedientes de regulación de empleo, supone que el propósito de reducir la temporalidad y la inestabilidad en el empleo quedará en agua de borrajas. Es más, afianza la inestabilidad en el empleo porque ningún contrato indefinido garantizará la estabilidad, en tanto que el bajo coste por despido, y la no necesidad de justificarlo, hace que ningún trabajador tenga garantías ante una decisión unilateral del empresariado. Es decir, la inestabilidad laboral se extiende a casi el conjunto de la clase trabajadora. Esta reforma renuncia a poner límites reales a la temporalidad y la inestabilidad laboral (tampoco incluye una tasa máxima de empleos temporales, ni establece la causalidad por despido, ni encarece la indemnización por despido de los temporales ni de los indefinidos, llaves para limitarla). De la misma manera que sigue sin asumir las particularidades nacionales de territorios como Euskal Herria, Catalunya o Galiza, cuyas realidades sindicales se ignoran deliberadamente para preservar el monopolio negociador de CCOO y UGT.

Por lo tanto, no ha habido una derogación de la reforma del 2012, ya que se sostienen buena parte de sus preceptos. La CEOE ha logrado una victoria, ya ha impedido que las medidas de mayor interés para la clase trabajadora se apliquen. El gobierno acepta el marco impuesto por la Comisión Europea, interesada en que las reformas reduzcan estadística y formalmente la temporalidad en el empleo al mismo tiempo que se garantiza un marco flexible y barato para las empresas en materia de gestión laboral, a cambio de recibir los fondos europeos “Next Generation”.

Pese a toda la propaganda gubernamental y de los aparatos sindicales, lo cierto es que es la CEOE la que puede vender como un triunfo esta negociación. El marco laboral se mantendrá intacto con algunos retoques y la relación de fuerzas en favor de los trabajadores y trabajadoras no mejorará en el terreno de la legislación laboral. El gobierno decide incumplir su compromiso con la clase trabajadora y apuesta por la recuperación de los beneficios de los empresarios a costa de más desigualdad social.

La paz y el consenso social con la clase capitalista solo implica renuncias injustificables. Las cesiones del gobierno están avaladas y dirigidas en este caso por su “sector de izquierdas” (Podemos, IU y PCE), lo cual alimenta la desafección de muchos sectores que se movilizaron activamente durante años para defender la derogación de la reforma laboral del PP, allanando el camino a la extrema derecha con el incumplimiento sistemático de sus promesas y con sus políticas pro-patronal. La excusa de la “relación de fuerzas” es ridícula a estas alturas: todos los partidos que están en el gobierno llevaban en su programa la derogación de  la reforma laboral y millones de personas se han movilizado durante años contra ella. Es injustificable que no se cumpla este acuerdo con la ciudadanía y que se intente vender como una victoria una renuncia política, cuando tienen mayoría parlamentaria para cumplir sus promesas. Queda claro que el gobierno ha decidido gobernar para la patronal y preservar por todos los medios sus privilegios, como ya vimos con la dura represión en la huelga del metal en Cádiz.

Desde Anticapitalistas nos sumamos al rechazo expresado por parte sindicatos como ELA, CIG, LAB, Intersindical-CSC, CGT y CNT entre otros, y llamamos a los partidos de izquierdas que han sostenido la mayoría progresista hasta ahora a votar en contra de esta “no derogación” de la reforma laboral. Somos conscientes de que muchos votantes de los partidos del gobierno o afiliados de base de los sindicatos firmantes no aceptan estas injustificables renuncias impuestas a sus espaldas. Hacemos un llamamiento a generar estructuras de coordinación y movilización en todo el estado para rechazar esta nueva estafa contra la clase trabajadora, generando alianzas con todos los movimientos sociales, y obligar al gobierno a derogar íntegramente la reforma laboral, y por supuesto, a ir más allá en la recuperación y conquista de derechos para la mayoría social. No podemos resignarnos a seguir como hasta ahora, que es, en definitiva, lo que sanciona este acuerdo cupular: que nada cambie.

La teoría de revolución permanente y su actualidad

 
 

Copyright 5 mars 1960, La Havane, Cuba. Marche avec, de gauche à droite, Fidel Castro, Osvaldo Dorticós Torrado, Che Guevara, Augusto Martínez Sánchez, Antonio Núñez Jiménez, William Alexander Morgan and Eloy Gutiérrez Menoyo

 

I. Génesis de la teoría de la revolución permanente

La expresión «revolución permanente» proviene de Marx y Engels. Durante la revolución de 1848-49, y más aún después de su fracaso, se dieron cuenta de que, en Alemania, la revolución burguesa (liberal-democrática) y la revolución proletaria no serían etapas históricamente separadas (por un período de desarrollo capitalista de varias décadas).

«Hasta que todas las clases más o menos poseedoras hayan sido apartadas del poder».

En Francia, la burguesía había liderado la Revolución de 1789, derrocado el feudalismo y el Antiguo Régimen, y redistribuido la tierra en gran medida. En Alemania, la burguesía era demasiado débil políticamente y demasiado temerosa del creciente poder del proletariado: se pondría rápidamente del lado de la reacción. En cuanto a la pequeña burguesía democrática, si pudiera desempeñar un papel importante en el inicio del proceso revolucionario, desearía ponerle fin prematuramente. Por lo tanto, era necesario que el proletariado y los comunistas «hicieran la revolución permanente, hasta que todas las clases más o menos poseedoras hayan sido desalojadas del poder, el proletariado haya conquistado el poder, y no sólo en un país, sino en todos los países dominantes del mundo, la asociación de los proletarios haya progresado lo suficiente como para poner fin a la competencia de los proletarios en esos países y concentrar en sus manos al menos las fuerzas productivas decisivas»1.
Si era indispensable que los proletarios participaran activamente en el derrocamiento de los viejos regímenes y en la revolución democrática, debían esforzarse por intensificar y radicalizar este proceso, hasta convertirlo en una revolución comunista. Desde el principio, tuvieron que tomar conciencia de sus intereses de clase -que se identifican, en última instancia, con la abolición de toda dominación de clase-, plantear sus propias reivindicaciones y organizarse de forma autónoma, para establecer el germen de un doble poder: Tenían que «establecer sin demora, junto a los nuevos gobiernos oficiales, sus propios gobiernos obreros revolucionarios, ya sea en forma de comités municipales y consejos de ciudad, o de clubes y comités obreros, para que los gobiernos democrático-burgueses no solo se vieran inmediatamente privados del apoyo de los trabajadores, sino que fueran inmediatamente vigilados y amenazados por autoridades con toda la masa de los trabajadores detrás de ellos»2.
Para Marx y Engels, «su grito de guerra debería haber sido: ¡revolución permanente! En Alemania, la hipótesis estratégica de Marx y Engels no se confirmó: no hubo revolución antes de 1918, y fue «desde arriba» que se logró la unificación nacional, y que se introdujeron reformas liberales muy parciales, aunque bajo la presión del movimiento obrero. Fue en Rusia donde la noción de revolución permanente adquirió toda su relevancia histórica.

Trotsky y el «desarrollo desigual y combinado

Trotsky, a su vez, comenzó a teorizar sobre la revolución permanente ya en 1904 (con el texto «Antes del 9 de enero») y especialmente después de la revolución de 1905 (en Bilan et perspectives, 1906). Al igual que Marx y Engels para Alemania, aunque en ese momento no tenía conocimiento directo de sus textos sobre esta cuestión, Trotsky consideraba que no se debía esperar que la burguesía rusa dirigiera una auténtica revolución liberal y democrática. Será bajo la dirección del proletariado, apoyándose en el campesinado mayoritario, como se podrán llevar a cabo las tareas democráticas, que no estarán separadas de las tareas proletarias (en primer lugar, la socialización de los grandes medios de producción).
Esto está relacionado con su análisis del capitalismo ruso. El desarrollo tardío del capitalismo, el lugar subordinado de Rusia en la jerarquía imperialista, la importancia del papel económico del Estado y la presencia de capitales extranjeros que explotan directamente a los trabajadores rusos explican tanto la debilidad de la burguesía nacional como el desarrollo relativamente importante de un proletariado concentrado (aunque siga siendo minoritario en comparación con el campesinado) y también la posibilidad de un desarrollo económico rápido debido al nivel de las técnicas y fuerzas productivas existentes. Es lo que más tarde llamaría (sobre todo en su Historia de la Revolución Rusa, 1930) «desarrollo desigual y combinado»: hay una desigualdad de desarrollo entre Rusia y los países capitalistas avanzados, lo que implica un desarrollo «combinado», en el sentido de que asistimos a la combinación de niveles de desarrollo muy diversos (que van desde el atraso extremo del campo hasta las fábricas ultramodernas de Petrogrado).
El vínculo de Trotsky entre el desarrollo desigual y combinado y la revolución permanente en el caso de Rusia se generalizó más tarde a los distintos países dominados en el marco del imperialismo3, que todavía tenían que cumplir tareas revolucionarias «burguesas», como la abolición de las relaciones feudales y la reforma agraria radical, la conquista de una verdadera independencia nacional y la liberación del imperialismo, o la creación de instituciones democráticas.

La revolución permanente frente al «socialismo en un solo país

Aunque la Revolución Rusa confirmó en gran medida las concepciones de Trotsky, a mediados de la década de 1920 resurgió un debate que enfrentaba el socialismo de un solo país de Stalin y Bujarin con la idea de Trotsky de que era necesario hacer la revolución permanente no solo hasta la abolición del dominio de clase y la completa transformación socialista de la sociedad, sino hasta el triunfo del socialismo a escala mundial.
Tras su derrota, Trotsky propuso su teorización más completa de la noción y la estrategia de la revolución permanente, en un libro escrito principalmente en 1929, Revolución Permanente (véase el extracto que sigue a este artículo4), y distinguió tres aspectos de esta. La primera (por oposición al etapismo) es la permanencia del proceso revolucionario o el «transcrecimiento» de la revolución democrática en una revolución socialista, para los países llamados «atrasados».
El segundo aspecto (opuesto al estatismo burocrático) es la permanencia de la propia revolución socialista. La revolución socialista está lejos de completarse con la toma del poder o la decisión del Estado de socializar los medios de producción: «Durante un período de duración indefinida, todas las relaciones sociales se transforman en el curso de una continua lucha interna», con trastornos que afectan a «la economía, la tecnología, la ciencia, la familia, la moral y las costumbres».
El tercer aspecto (opuesto al socialismo en un solo país) se refiere a la necesaria extensión (so pena de degeneración) de la revolución a escala internacional debido a la naturaleza global de la economía: «La revolución socialista comienza en el terreno nacional, pero no puede quedarse ahí. […] La revolución internacional, a pesar de sus reveses y retrocesos temporales, representa un proceso permanente. La Revolución de Octubre aparece así como la «primera etapa de la revolución mundial, que necesariamente se extiende durante décadas».
El segundo y el tercer aspecto, que son perfectamente actuales, no se desarrollarán aquí. La idea de que la revolución socialista irá mucho más allá del momento de la toma del poder y la necesidad de internacionalizar la revolución son evidentes. Pero tratar de concebir con mayor precisión lo que implica la articulación de los niveles nacional e internacional, por un lado, y la democratización radical de todas las relaciones sociales, por otro, nos llevaría demasiado lejos.

II. La revolución permanente como herramienta de análisis del imperialismo y como estrategia antiimperialista

¿La noción de revolución permanente permite analizar las situaciones y revoluciones de los procesos revolucionarios de los países dominados en el marco del imperialismo?

El caso de las luchas de liberación nacional

Recordemos en primer lugar que las ideas de Trotsky fueron confirmadas en gran medida por los procesos que combinan la revolución antiimperialista y socialista: la revolución china (la derrota de 1925-1927 y luego la victoria de 1949), la liberación de Vietnam o la revolución en Cuba.
Ciertamente, varios elementos parecen oponerse a la revolución permanente entendida como una previsión histórica. Aunque las situaciones son muy diversas, la mayoría de las independencias de los países colonizados entre 1945 y 1975, sobre todo en África (con la excepción de las antiguas colonias portuguesas: Angola, Mozambique, Cabo Verde y Guinea-Bissau), se ganaron sin desembocar en un sistema socialista y sin que las organizaciones comunistas tuvieran la hegemonía sobre el movimiento de liberación nacional (aunque su influencia y sus vínculos con la URSS hayan sido importantes). En Argelia, aunque se iniciaron medidas socialistas parciales patrocinadas por el Estado tras la independencia, el proceso no se completó, como ocurrió en el Egipto nasserista. Además, incluso cuando las fuerzas políticas que se decían comunistas desempeñaban un papel importante, o incluso dirigían el proceso de liberación nacional, se basaban menos en la clase obrera que en el campesinado. Además, independientemente de que estas victorias antiimperialistas hayan conducido a una socialización económica (parcial o completa), no han conducido a regímenes democráticos.
Sin embargo, las naciones independientes que no atacaron las estructuras capitalistas no se liberaron de los grilletes del imperialismo. Posteriormente, la ofensiva neoliberal internacional, el peso de la deuda, los planes de ajuste estructural y el Consenso de Washington, seguidos del colapso del bloque soviético, restringieron el margen de maniobra que tenían los países dominados hasta los años 70. Sin embargo, es este margen de maniobra el que posibilita ciertas políticas de desarrollo nacional autocentradas destinadas a modificar la división imperialista del trabajo (lo que Samir Amin llama «desconexión»), posiblemente forjando nuevos vínculos de colaboración entre los países del Tercer Mundo.
Por supuesto, algunos países que antes estaban dominados en términos imperialistas ya no lo están. Pero podemos considerar que han experimentado trayectorias particulares que no se pueden generalizar, basadas, por ejemplo, en el fuerte apoyo de Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría (Corea del Sur, Taiwán), o en el papel de las exportaciones de petróleo (principalmente los Estados del Golfo). El caso más complejo es el de China. Por su crecimiento económico, que demuestra que ha escapado a la lógica del «desarrollo del subdesarrollo» (André Gunder Frank), y por su poder político, no se puede considerar a China como un país sometido al imperialismo, aunque sería discutible la cuestión de si está destinada a sustituir la hegemonía mundial de Estados Unidos. Sin embargo, esto no implica un rechazo de la idea de la revolución permanente, ya que fue «la revolución china [la que] rompió las dominaciones imperialistas y dotó al país de una clase obrera independiente, de habilidades, de industria y de tecnología», estableciendo así las condiciones para un mayor desarrollo capitalista.
A pesar de algunas excepciones, casos complejos y situaciones muy diversas que impiden la aplicación de un esquema de forma mecánica, la intuición en el corazón de la noción y la estrategia de la revolución permanente sigue siendo fundamentalmente correcta: «Hasta que no se produzca una auténtica revolución socialista/democrática -en proceso «permanente»- es improbable que los países del Sur, las naciones del capitalismo periférico, puedan empezar a dar solución a los problemas «bíblicos» (la expresión es de Ernest Mandel) que les aquejan: pobreza, miseria, desempleo, desigualdades sociales flagrantes, discriminación étnica, falta de agua y de pan, dominación imperialista, regímenes oligárquicos, acaparamiento de tierras por parte de los latifundistas… »5

La «primavera árabe».

Los altibajos del proceso revolucionario en la región árabe, que comenzó en el invierno de 2010-2011, muestran cómo las tareas democráticas, económicas y sociales están particularmente entrelazadas. La organización de elecciones en algunos de los países afectados por la ola de levantamientos, o incluso el establecimiento de un régimen democrático burgués formal como en Túnez, no ha cambiado fundamentalmente las estructuras de dominación, y las aspiraciones populares permanecen. Como señala Gilbert Achcar, «el cambio que necesita la región para superar su crisis crónica requiere de liderazgos o cuerpos gobernantes del movimiento popular con un alto nivel de determinación revolucionaria y lealtad al interés popular». Estos liderazgos son esenciales para gestionar el proceso revolucionario y superar las difíciles pruebas y desafíos que inevitablemente hay que afrontar para derrotar a los regímenes existentes ganándose a su base social, tanto civil como militar. Se necesitan liderazgos capaces de elevarse al nivel necesario para garantizar la transformación del Estado de una máquina de extorsión social en beneficio de una minoría a una herramienta al servicio de la sociedad y de su mayoría trabajadora. Mientras no surjan o no logren imponerse tales organismos dirigentes, el proceso revolucionario continuará inexorablemente a través de fases de flujo y reflujo, avances revolucionarios y retrocesos contrarrevolucionarios »6.
En otros países de la región, podemos ver hasta qué punto la incapacidad de asumir las tareas económicas, sociales y democráticas combinadas ha fomentado incluso el regreso de los antiguos regímenes (que nunca desaparecieron del todo). El caso más ejemplar es probablemente el egipcio, en el que los Hermanos Musulmanes, aunque afirman haber salido ganando con la revolución de 2011, se negaron a cualquier ruptura con las políticas económicas neoliberales y depredadoras -incluso tendiendo a profundizarlas-, desempeñando un papel contrarrevolucionario de facto y precipitando la vuelta al poder del ejército. La idea de que la democracia política sería un paso a dar «como primera medida», construyendo alianzas políticas con las fuerzas burguesas, aunque supusiera renunciar a la imposición de la transformación social, que solo se preveía como resultado de la consolidación de las estructuras democráticas, viene de lejos: no sólo la transformación social nunca llegó, sino que esta separación de las tareas sociales y democráticas ha favorecido el retorno de las dictaduras -y la destrucción de los escasos espacios de democracia política.

III. Actualidades sobre la teoría de la revolución permanente

En los países dominados, por tanto, la teoría de la revolución permanente sigue siendo pertinente, siempre que se actualice constantemente a la luz de las nuevas experiencias sociales y políticas. Como escribió Michael Löwy: «En la gran mayoría de los países del capitalismo periférico -ya sea en Oriente Medio, Asia, África o América Latina- no se han cumplido las tareas de una auténtica revolución democrática: según el caso, la democratización -¡y la secularización! – del Estado, la liberación del control imperial, la exclusión social de la mayoría pobre o la solución de la cuestión agraria siguen estando en la agenda. La dependencia ha adoptado nuevas formas, pero éstas no son menos brutales y constrictivas que las del pasado: la dictadura del FMI, del Banco Mundial y pronto de la OMC -sobre los países endeudados, es decir, prácticamente todos los países del Sur- mediante el mecanismo de los planes de «ajuste» neoliberales y las condiciones draconianas de pago de la deuda externa. [Por lo tanto, la revolución en estos países solo puede ser una combinación compleja y articulada de estas demandas democráticas y el derrocamiento del capitalismo. Hoy, como en el pasado, las transformaciones revolucionarias que están a la orden del día en las sociedades de la periferia del sistema no son idénticas a las de los países del centro. Una revolución social en la India no puede ser, en cuanto a su programa, estrategia y fuerzas motrices, una pura «revolución obrera» como en Inglaterra. El papel político decisivo -¡no previsto por Trotsky! – que juegan hoy en día en muchos países los movimientos campesinos e indígenas (el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en México, el Movimiento de los Trabajadores Agrícolas Sin Tierra (MST) de Brasil, la CONAIE en Ecuador) muestra la importancia y la explosividad social de la cuestión agraria, y su estrecha relación con la liberación nacional»7.
Para Trotsky, en los países capitalistas avanzados, donde la revolución burguesa se daba por concluida, la revolución permanente solo era relevante en dos sentidos: la continuación del proceso revolucionario socialista tras la toma del poder y la necesidad de extender la revolución a nivel internacional.
Sin que, por supuesto, haya sido abolida, «la frontera entre la ‘revolución proletaria’ en los países imperialistas y la ‘revolución permanente’ en los países dominados parece hoy más borrosa que en el pasado, tanto en el plano político (¡las consignas son cada vez más similares en un momento en que la deuda ilegítima está en el centro de la crisis europea!8
En términos más generales, la revolución permanente como combinación de tareas democráticas y socialistas tiene una nueva relevancia en los propios países del centro imperialista. La larga crisis del capitalismo, cuyo estallido en 2008-2009 no ha terminado de tener consecuencias -y réplicas- ha abierto así una fase de desarrollo autoritario, dentro de los países capitalistas «desarrollados», cuyo desenlace estamos lejos de haber visto. Esta trayectoria autoritaria no es un accidente de curso o una simple «huida hacia adelante» ideológica: es la expresión de una crisis de hegemonía de la dominación política burguesa, corolario de su incapacidad estructural para obtener el consentimiento de fracciones significativas de la población, su adhesión a políticas que, lejos de amortiguar las consecuencias sociales de la crisis económica, las agravan. La inestabilidad política está ahí, lo que se refleja en el fin de los regímenes de alternancia «pacíficos», en el desarrollo espectacular de las fuerzas de extrema derecha y ultraderecha, en acontecimientos como la elección de Donald Trump o el Brexit, en las múltiples intervenciones brutales en los últimos años de las instituciones europeas en la escena política «nacional» (Italia, Grecia y, en menor medida, Portugal), etc.
El autoritarismo de Macron es, pues, la expresión «a la francesa» de una crisis de hegemonía de las clases dominantes a escala internacional, que se despliega de diversas formas en la mayoría de las «democracias burguesas». En el momento de la elección de Macron, se planteó la cuestión de si representaba una solución a esta crisis de hegemonía o si era un producto de esta crisis que solo podría profundizarla a medio plazo. Todo indica hoy que, aunque sus contrarreformas respondan a los deseos de la burguesía, la crisis está lejos de solucionarse: las reformas se votan y se aplican, pero el consentimiento no existe, como lo demuestra la baja popularidad de Macron y la disminución de su base social, que ya era minoritaria durante las elecciones presidenciales. Pero nada parece indicar que Macron y sus seguidores estén en busca de una «nueva hegemonía», ya que su relación con las formas más clásicas de mediación y, por tanto, de producción de consentimiento (partidos, sindicatos, asociaciones e incluso, en cierta medida, medios de comunicación) muestra, con respecto a estas estructuras, una voluntad de marginar/circunvalar, o incluso de dominar absolutamente.
La inseparabilidad de las luchas democráticas y sociales es cada vez más visible en los países capitalistas dominantes, al igual que en los países de la periferia. Es en este sentido que podemos entender los repetidos levantamientos populares de los últimos diez años como expresión de una revuelta contra el capitalismo neoliberal-autoritario, en la que se combinan «naturalmente» las demandas sociales y democráticas9. Irak, Chile, Ecuador, Líbano, Cataluña, Puerto Rico, Sudán, Colombia, Hong Kong, Nicaragua, Argelia, Haití, Irán, India… casi todos los movimientos populares de los últimos años, y esto también se aplica al movimiento de los Chalecos Amarillos en Francia, aunque comenzaron como una reacción a una medida gubernamental específica, muy rápidamente se convirtieron en levantamientos globales, cuestionando todas las políticas neoliberales llevadas a cabo durante los últimos años, o incluso décadas, y desafiando la propia legitimidad de los poderes y sus prácticas antidemocráticas, incluso autoritarias.
En todas estas luchas se echa cruelmente en falta la ausencia de un horizonte emancipatorio común (comunismo, ecosocialismo, etc.), así como la existencia de fuerzas políticas capaces de sintetizar las experiencias pasadas y los nuevos radicalismos, lo que es indispensable para plantear las revoluciones del esiglo XXI planteando abiertamente la cuestión del poder. Para eso también puede y debe servir la revolución permanente: para alimentarse de las experiencias sociales y políticas contemporáneas y, al mismo tiempo, constituir una teoría y una práctica que, lejos de las visiones teleológicas o estatistas de la lucha por la emancipación social, permitan «articular el tiempo político del acontecimiento y el tiempo histórico del proceso, las condiciones objetivas y su transformación subjetiva, las leyes tendenciales y las incertidumbres de la contingencia, la coacción de las circunstancias y la libertad de las decisiones, la sabiduría de las experiencias acumuladas y la audacia de la novedad, el acontecimiento y la historicidad»10.
Traducción: Carlos Rojas
Fuente: L’Anticapitaliste n.126

  • 1.Discurso del Comité Central de la Liga de los Comunistas, escrito por Marx y Engels en marzo de 1850.
  • 2.Idem.
  • 3.El caso de China, discutido por el propio Trotsky, es paradigmático; Pierre Rousset vuelve a él en su contribución a este dossier: ESSF (artículo 58489), La experiencia china y la teoría de la revolución permanente.
  • 4.Disponible en ESSF (artículo 58020), Los tres aspectos de la teoría de la revolución permanente. León Trotsky [1928-1931], La revolución permanente, París: Éditions Gallimard, 1963.
  • 5.Michael Löwy, «Actualité de la révolution permanente», Inprecor, n° 449-450, julio-septiembre de 2000. Disponible en ESSF (artículo 24077), Actualidad de la Revolución Permanente.
  • 6.Gilbert Achcar, «2010-2020: La primera década del proceso revolucionario árabe», alencontre.org, 18 de diciembre de 2020. Disponible en ESSF (artículo 56176), 2010-2020: La primera década del proceso revolucionario árabe.
  • 7.Michael Löwy, «Actualidad de la revolución permanente», art. cit.
  • 8.Pierre Rousset, «Daniel Bensaïd, la revolución permanente», art. cit.
  • 9.Véase Julien Salingue, «Un soulèvement mondial contre le capitalisme néolibéral-autoritaire?», revue l’Anticapitaliste n°110, diciembre de 2019.
  • 10.Daniel Bensaïd, «Fragments pour une politique de l’opprimé: événement et historicité», 2003.

Krisi klimatikoaren ibilbidea

UN RECORRIDO POR LA CRISIS CLIMATICA

La crisis ecosocial es una realidad ya y la emergencia climática es sólo la primera amenaza. No basta con medidas estéticas que nos ofrecen hoy las burocracias europeas disfrazadas de verde. Es urgente poner sobre la mesa una alternativa ecosocialista que cuestione el sistema productivo capitalista depredador.

El viernes, 29 de noviembre, organizamos una charla-coloquio en La Bolsa de Bilbao donde presentaremos nuestra propuesta Eco-Socialismo para cambiarlo todo y donde conoceremos realidades concretas de nuestra tierra, en este caso los problemas de salud pública que genera la planta de biomasa Glefaran, situada a caballo entre las poblaciones de Güeñes y Zalla, en Enkarterri. Con la excusa de producir energía renovable, lleva más de 5 años envenenando a sus habitantes con sus emisiones altamente contaminantes. También conoceremos de primera mano la problemática y las irregularidades existentes respecto al vertedero de Zalla, que triplica la capacidad del de Zaldibar.

Para ello, contaremos con:

Juanjo Alvarez, militante de Anticapitalistas, y responsable del área Ecosocialista.

Iñaki Otxoa, miembro de la asociación vecinal Zalla Bai, que en un determinado momento se convierte en agrupación municipal para tomar parte activa en las políticas locales de Zalla. Con clara vocación ecologista, abandera los diferentes problemas medioambientales en la citada localidad.

Gorka Llantada, miembro de la asociación vecinal Güeñes Bizia, formada específicamente para la defensa de la salud de la gente del municipio frente al comportamiento voraz de Glefaran, que lleva funcionando más de 5 años sin controles medioambientales.

 

KRISI KLIMATIKOAREN IBILDEA

Krisi ekosoziala errealitate bat da dagoeneko, eta larrialdi klimatikoa lehen mehatxua baino ez da. Ez da nahikoa gaur egun berdez mozorrotutako europako burokraziak eskaintzen dizkigun neurri estetikoekin. Premiazkoa da alternatiba ekosozialista bat mahai gainean jartzea, produkzio-sistema kapitalista harraparia zalantzan jartzeko.

Ostiralean, azaroak 29, hitzaldi-solasaldi bat antolatu dugu Bilboko La Bolsan. Bertan, gure proposamena aurkeztuko dugu; “Eko-Sozialismoa, dena aldatzeko” eta gure lurraldeko errealitate zehatzak ezagutuko ditugu, kasu honetan Glefaran biomasa plantak sortzen dituen osasun publikoko arazoak, Güeñes eta Zalla herrien artean, Enkarterrin. Energia berriztagarria ekoizteko aitzakiarekin, 5 urte baino gehiago daramatza bertako biztanleak pozoitzen bere emisio oso kutsagarriekin. Zallako zabortegiaren inguruan dauden arazoak eta irregulartasunak ere bertatik bertara ezagutuko ditugu, Zaldibarkoaren edukiera hirukoizten baitu.

Horretarako, hizlari hauek izango ditugu gurekin:

Juanjo Alvarez, Anticapitalistas-ko militantea, eta Ekosozialismo arloko arduraduna.

Iñaki Otxoa, Zalla Bai auzo elkarteko kidea, une jakin batean Zallako tokiko politiketan aktiboki parte hartzeko udal elkarte bihurtu zena. Bokazio ekologista argiarekin, herri horretako ingurumen arazo ezberdinak zuzentzen ditu.

Gorka Llantada, Güeñes Bizia auzo-elkarteko kidea, ingurumen-kontrolik gabe 5 urte baino gehiago martxan daraman Glefaranen jarrera harrapakariaren aurrean, herriko jendearen osasuna defendatzeko plataforma.

Etxebizitzaren legearen aurrean/Ante la ley de vivienda

Orduak daramatzagu PSOE eta Unidas Podemos alderdiek iragarri berri duten etxebizitza legeari bueltak ematen.

Orain arte aurkitutakoak proposamena etsigarria dela eta ez dela handinahia esatera behartzen gaitu. Gobernuak arazoa saihesten jarraitzen du.

Hasi aurretik, etxebizitzaren legeak ez du indarrean sartzeko data zehatzik. Gainera, jakin dugu egun hori iristen denean gobernuak 18 hilabete gehiago eman nahi dizkiela jabe handiei prezioen jaitsiera aplikatzeko.

Has gaitezen alokairuen prezioen mugaketarekin:

1.- Autonomia Erkidegoek eskatuta tentsionatutako eremuetan bakarrik aplikatuko litzateke. Eta horien barruan, legeak 10 etxebizitza baino gehiago dituzten pertsona juridikoen (enpresak) gainean bakarrik funtzionatuko luke; kasu hori erabat minoritarioa da.

Adibidea: Katalunian, alokairuko etxebizitzen % 5,56ri baino ez dio eragingo.

Tenkatutako eremuetan jabe gehienak jabe “txikiak” (pertsona fisikoak) direnez, zerga-beherapenak aplikatuko zaizkie. Hau da, baliabide publiko gutxiago herritarrentzat.

10 etxebizitzatik gora jabe handitzat jotzea beste salbamendu bat da klase errentista handiarentzat. Gehienek 10 etxebizitza baino gutxiago dituzte, 2,1 milioi pertsona baino gehiago.

10 etxebizitza baino gehiago izan eta nortasun juridiko gisa agertzen ez direnei ere ez zaie aplikatuko alokairuaren prezioen muga.

2.- Etxebizitza publikoa

Atzo iragarritako informazioaren arabera, eraikuntza berrien % 30 gizarte-etxebizitzarako erreserbatzea aukerakoa izango litzateke, eta, egin beharrean, eraikuntza-enpresari diru publikoarekin konpentsatu beharko litzaioke.

3.- OHZ

Aplikatzeko, jabeak 4 higiezin baino gehiago izan behar ditu, eta % 150eko errekargura iristeko, etxebizitza bat baino gehiago izan behar ditu hutsik udalerri berean. Gainera, tokiko zerga da, eta ez zaie baliabide berririk ziurtatzen udalei. Praktikan, ez da ia inoiz kobratuko

4.- Gazte Bonua

250 €emango zaizkie 23.000 €-tik beherako errentak dituzten gazteei. Askotan frogatu den bezala, laguntza horiek prezioak ezartzen dituen mugarik gabe, jabeek prezioa kopuru hori bera igotzea baino ez dute eragiten. Hau da, errentarien poltsikoak diru publikoz betetzen jarraitzea eta alokairuaren prezioak igotzen jarraitzea. Duela gutxiko adibidea: Zapateroren Gobernuak abian jarritako “haurtxo-txekearekin”, jaiotza-inguruko zerbitzuek prezioa bikoiztu zuten.

5.- Gobernuak saihestu egiten du errentariekin liskarra izatea, eta autonomia-erkidegoen eta udalen esku uzten du legea aplikatzea.

Autonomia-erkidegoen eskumenak inbaditu gabe eta tokiko autonomia zapaldu gabe, gutxieneko komun bat gara liteke, eta horren azpitik ezin da administrazio bakar bat ere kokatu. Ondorioa? Madrildik eta Andaluziatik hasita, bertako gobernu autonomikoek iragarri dute ez dutela legea aplikatuko.

6.- Ezagututakoaren arabera, etxebizitzaren lege berriak arriskuan jarriko luke alokairuak arautzeko Kataluniako legea. Gogora dezagun Gobernu honek errekurtsoa aurkeztu diola Konstituzio Auzitegiari lege hori geldiarazteko.

“Alokairuak arautzeko Kataluniako Legea” izenekoak, etxebizitza-mugimenduaren bultzadari eta Kataluniako Parlamentuaren subiranotasunaren beroari esker sortutakoak, prezioak arautzea posible dela erakusten du.

Baten batek esango du:

“Eta zer proposatzen duzue zuek?” Ongi, hemen doa: Etxebizitza-mugimenduak proposatutakoaren ildotik, Gobernuak berehala agindu behar du etxegabetzeen debeku mugagabea, eta jabeak alokairu sozialak abian jartzera behartu behar ditu.

Aldi berean, alokairuan bizi diren milioika pertsonak, bereziki gazteek, bizi duten egoerari aurre egiteko, premiazkoa da etxebizitza guztien alokairuaren prezioa legez mugatzea, prezioari mugatuz, auzoko batez besteko errentaren % 30 gaindi ez dezan.

Eta sakoneko gaiari aurre egiteko: etxebizitza-parke publikoa. Lehenik eta behin, Gobernuak Sarebek, oraindik itzuli ez dituen funts publikoekin erreskatatutako banku txarrak dituen etxebizitza hutsak parke publikoan jar ditzake.

Arazoari neurri sendoekin eta demokraziarekin aurre egin behar diogu: horregatik, etxebizitza huts horien jabetzari eta elektrizitate handiei buruz erabakitzeko kontsulta baten ideia bultzatzen ari gara.

Hori martxan jartzen ez bada, etxegabetzeak eta prezioen igoera jasaten jarraituko dugu gure auzoetan. Etxebizitza-mugimenduak aurrez aurre jarriko dira. Gogoratu: joan zaitez gertuen duzun etxebizitza-mugimendura. 

Llevamos horas dándole vueltas a la futura ley de vivienda anunciada por el Gobierno PSOE y Unidas Podemos.

Lo descubierto hasta ahora no nos permite decir nada más que la propuesta es decepcionante y nada ambiciosa: el Gobierno sigue esquivando el problema.

Antes de empezar, la ley de vivienda no cuenta con una fecha concreta de entrada en vigor. Además, hemos conocido que cuando ese día llegue el Gobierno pretende conceder 18 meses más a los grandes propietarios para aplicar la bajada de precios.

 Empecemos por la limitación de los precios de alquileres:

1.- Solo se aplicaría en las zonas tensionadas a petición de las CA. Y dentro de éstas la ley solo funcionaría sobre las personas jurídicas (empresas) con más de 10 viviendas, este caso es completamente minoritario.

Ejemplo: en Catalunya apenas afectará a un 5,56% de la vivienda en alquiler.

Respecto a los “pequeños” propietarios (personas físicas), quienes son la mayor parte de los propietarios en las zonas tensionadas, se les aplicarán rebajas fiscales. Es decir, menos recursos públicos.

La consideración de gran propietario a partir de 10 viviendas es otro salvavidas para la gran clase rentista. La gran mayoría son quienes poseen menos de 10 viviendas, más de 2,1 millones de personas.

Quienes tengan más de 10 viviendas y no consten como personalidad jurídica, tampoco se les aplicará la limitación de precios del alquiler.

2.- Vivienda Pública Según la información anunciada ayer la reserva para vivienda social del 30% de nuevas construcciones sería opcional y en lugar de hacerse deberá compensarse con dinero público a la constructora

3.- IBI Para aplicarse el propietario debe tener más de 4 inmuebles y para llegar al 150% de recargo deberá tener más de un piso vacío en el mismo municipio. Además, es un impuesto local y no se aseguran nuevos recursos a los Ayuntamientos. En la práctica no se cobrará casi nunca

4.- Bono Joven Se entregarían 250€ a jóvenes con rentas inferiores a 23.000 €. Como se ha demostrado en numerosas ocasiones estas ayudas sin un límite que fije los precios solo hace que los propietarios aumenten el precio esa misma cantidad.

Es decir, seguir llenando los bolsillos de rentistas con dinero público y facilitar que los precios del alquiler sigan subiendo.

Ejemplo reciente: con el “cheque bebé” puesto en marcha por el Gobierno de Zapatero los servicios perinatales doblaron el precio.

5.- El Gobierno esquiva el enfrentamiento con los rentistas y deja en manos de CCAA y ayuntamientos aplicar la ley.

Sin invadir competencias autonómicas ni pisar la autonomía local se podría desarrollar un mínimo común por debajo del cual no puede situarse ninguna administración.

¿Consecuencia? Empezando por Madrid y Andalucía, sus respectivos gobiernos autonómicos ya han anunciado que no aplicarán la ley.

6.- Según lo conocido, la nueva ley de vivienda pondría en riesgo la ley catalana de regulación de los alquileres. Recordemos que este Gobierno ha presentado un recurso al Tribunal Constitucional con el fin de paralizar dicha ley.

La conocida como “ley catalana de regulación de alquileres”, nacida gracias al impulso del movimiento de vivienda y al calor de la soberanía del Parlament, demuestra que es posible regular los precios.

Dirá alguno: “¿Y qué proponéis vosotros?”

Bien, aquí va: En línea a lo propuesto por el movimiento de vivienda, el Gobierno debe decretar de inmediato la prohibición indefinida de los desahucios, obligando a los propietarios a poner en marcha alquileres sociales.

En paralelo y para afrontar la situación que viven millones de personas que viven de alquiler, especialmente jóvenes, es urgente limitar legalmente el precio del alquiler de todas las viviendas limitando al precio para que no supere el 30% de la renta media del barrio”

Y para enfrentar la cuestión de fondo: parque público de vivienda. Primero, el Gobierno puede empezar incorporando las viviendas vacías de la Sareb, el banco malo rescatado con fondos públicos no devueltos. Siguiendo por expropiar las viviendas vacías de bancos y fondos buitre

Debemos afrontar este problema con medidas fuertes y democracia: por eso estamos impulsando la idea de una consulta para decidir sobre la propiedad de esas viviendas vacías y sobre las grandes eléctricas.

Si esto no se pone en marcha seguiremos sufriendo desahucios y ascenso de precios en nuestros barrios que enfrentará el movimiento de vivienda.Recuerda: acude a tu asamblea de vivienda más cercana.

Solidaridad con el pueblo afgano, víctima del imperialismo y de los talibanes

 
Esta declaración fue adoptada por el Buró Ejecutivo el 30 de agosto 2021
Diez años después de la retirada del ejército estadounidense de Irak, la intervención norteamericana vuelve a sufrir una auténtica debacle, esta vez en Afganistán. Habrá que ver en el período que viene hasta qué punto esto afecta a las pretensiones del imperialismo norteamericano de gobernar y maniobrar la geopolítica mundial como primera potencia del mundo, como hizo al ocupar estos dos países con una fuerza militar criminal hace 20 años.
En el nuevo milenio, Afganistán fue el primero de los muchos que sufrieron estos asaltos militares. El establishment de la política exterior de Estados Unidos ya había identificado a China, Irán y Rusia como amenazas a tener en cuenta. Por ello, eran muy conscientes de que Afganistán, además de Pakistán, es vecino de Irán, China y de las repúblicas centroasiáticas prorrusas, estas últimas con grandes fuentes de petróleo y gas relativamente sin explotar.
La toma de Kabul por parte de los talibanes el 15 de agosto estuvo marcada por el derramamiento de sangre, los secuestros y los desplazamientos de personas, e implica un futuro incierto para la mayoría de los 38 millones de afganos. El hecho de que los talibanes hayan vuelto a tomar el poder -y lo hayan hecho mucho más rápido de lo que Estados Unidos esperaba- es un duro golpe para la credibilidad política del imperialismo estadounidense. Sus títeres afganos se han derrumbado.

Caos para el imperialismo

La victoria de los talibanes fue facilitada de muchas maneras por el imperialismo estadounidense. El Acuerdo de Doha con los talibanes allanó el camino para su retorno al poder. Con la participación directa o indirecta de Qatar, Pakistán, Rusia, Irán, China y Pakistán, EEUU y los talibanes llegaron a un acuerdo. Los 20 años de guerra dirigida por Estados Unidos en Afganistán no consiguieron nada. Con la retirada de las fuerzas estadounidenses de Afganistán, el país ha quedado a merced de unos talibanes envalentonados. En ningún momento el pueblo afgano participó en la decisión de su propio destino. Donald Trump se dedica ahora a culpar al presidente Biden. Pero en realidad, ambos son cómplices. Biden está continuando las políticas imperialistas de Trump, ya sea con respecto a Afganistán o a Cuba, Venezuela y otros lugares.

Mientras Trump impulsó este acuerdo, Biden lo implementó. La retirada de Estados Unidos atestigua la disminución del apoyo en Estados Unidos a la “guerra permanente” y permitió al imperialismo estadounidense escapar militarmente del atolladero de Afganistán y concentrar sus recursos en otros lugares. Los Estados Unidos querían abandonar Afganistán a toda costa. Se retiraron de la peor manera posible sin organizar primero la evacuación de los civiles.

La retirada sin contemplaciones de Estados Unidos ha provocado la ira incluso de sus aliados. Entre los políticos europeos, enfadados por no haber participado en los planes de retirada de Estados Unidos, se vuelve a hablar de la formación de una fuerza armada que pueda operar de forma autónoma a la de Estados Unidos y la OTAN. Si bien celebraron con euforia la toma de Kabul por las fuerzas imperialistas 20 años antes, la derrota y sobre todo el rápido derrumbe de su régimen títere ha abierto serios desacuerdos entre los aliados de EEUU. Uno de aquellos socios jubilosos de Bush en 2001, Tony Blair, condenó el “abandono” del país como “peligroso” e “innecesario”.

China y Rusia, garantes del régimen talibán

El regreso de los talibanes abre la posibilidad de un mayor fortalecimiento de la influencia de los rivales de Estados Unidos, como Rusia y China, en la región. A diferencia de lo que ocurrió en la época de la ocupación estadounidense de Kabul en 2001, China y Rusia ya no están del lado del imperialismo estadounidense. Ambos países están discutiendo seriamente con los talibanes sobre cómo “desarrollar Afganistán” y completar los proyectos dejados por el imperialismo estadounidense. Rusia y China están abiertamente dispuestos a reconocer la dictadura talibán. Ni siquiera tienen que responder ante su pueblo de lo que le ocurrirá al pueblo afgano. Las dictaduras tienen esas “ventajas”.
Las divisiones entre los aliados de EEUU y el fortalecimiento de la influencia de sus rivales muestran que el acuerdo de Doha fue un compromiso para el imperialismo estadounidense. En su lento y tortuoso declive se da cuenta de que es incapaz de controlar los acontecimientos de la manera que pretendía el gobierno estadounidense cuando lanzó la llamada “guerra contra el terror” hace dos décadas.
Tras la toma de Kabul por parte de los talibanes se llevó a cabo una gran y caótica operación de transporte aéreo. Las fuerzas de la OTAN evacuaron a decenas de miles de personas del aeropuerto de Kabul. Con decenas de muertos a causa de los disturbios y atentados, otros miles siguen esperando una salida milagrosa del país para evitar a los escuadrones de la muerte talibanes. A pesar de que miles de personas esperan en el aeropuerto la ayuda de Estados Unidos y la OTAN, el presidente Joe Biden sigue empeñado en terminar la dramática operación de evacuación antes del 31 de agosto. Tal es la indiferencia de Estados Unidos hacia los afganos.
Estados Unidos ha congelado los 9.500 millones de dólares de reservas extranjeras que tiene en su propio banco central, mientras que el FMI suspende 450 millones de dólares destinados a Afganistán como parte del programa de ayuda al coronavirus.
Esto significa que Afganistán, el séptimo país más pobre del mundo, dejado a merced de los talibanes, se hundirá aún más en la pobreza.
Lo que se ha gastado en Afganistán en nombre del desarrollo, la “democracia” y la formación de las fuerzas armadas durante los últimos 20 años no tiene precedentes en términos de inversión. Según el Proyecto Coste de la Guerra, Estados Unidos invirtió 2.226 miles de millones de dólares en Afganistán. Este dinero podría haber proporcionado educación básica y atención sanitaria en todo el mundo. Según un informe de 2020 del Departamento de Defensa estadounidense, Estados Unidos desembolsó 815.700 millones de dólares en gastos de guerra.
Las víctimas de la guerra pueden estimarse por el hecho de que en abril de 2021 habían muerto 47.235 civiles, 72 periodistas y 444 trabajadores humanitarios. 66.000 soldados afganos también fueron víctimas de esta guerra.
Estados Unidos perdió 2.442 soldados y 20.666 resultaron heridos. Además, murieron 3.800 miembros de la seguridad privada. En las fuerzas afganas de la OTAN participaron soldados de 40 países. De ellos, 1.144 soldados murieron. El número de personas que buscaron refugio fuera del país es de 2,7 millones, mientras que 4 millones han sido desplazados internamente. El imperialismo estadounidense se endeudó generosamente para financiar esta guerra. Se estima que pagó 536.000 millones de dólares sólo en intereses. Además, gastó 296.000 millones de dólares en gastos médicos y de otro tipo para las tropas de combate que regresaron. Se gastaron 88.000 millones de dólaresen el entrenamiento de los 300.000 soldados afganos que se rindieron sin luchar; 36.000 millones de dólares en proyectos de reconstrucción como presas, carreteras, etc.; 9.000 millones de dólares como compensación para que los afganos no cultivaran amapola y vendieran heroína.
El imperialismo estadounidense utilizó el peligro que representaban los talibanes y Al Qaeda para crear campos y cárceles secretas para torturar a la gente, perpetrar crímenes contra la humanidad, utilizando Guantánamo para encarcelar a la gente sin el debido proceso, para reforzar la CIA, la NSA, para aprobar la Patriot Act, etc.

Colapso del régimen violento, incompetente y corrupto

Estados Unidos y sus aliados prometieron que su ocupación traería el desarrollo y liberaría a las mujeres del régimen opresivo de los talibanes. Pero esto no ocurrió. Desde el principio, la ocupación se basó en la corrupción, la violencia y los acuerdos con los represores y los antiguos señores de la guerra, más que en un auténtico apoyo local. Como comentó la Asociación Revolucionaria de Mujeres Afganas, “la ocupación sólo dio lugar a derramamiento de sangre, caos y destrucción. Convirtieron a nuestro país en un lugar más corrupto, inseguro, narcomafioso y peligroso, especialmente para las mujeres”. La ocupación fracasó estrepitosamente en su supuesto objetivo de erradicar la pobreza. En la actualidad, la tasa de desempleo en Afganistán es del 25 por ciento y el índice de pobreza es del 47 por ciento, según estimaciones del Banco Mundial. Ashraf Ghani y compañía estaban implicados en la megacorrupción. La división de clases era aguda.
Los afganos no lucharon por los estadounidenses; ¿por qué iban a luchar por sus agentes locales? El pueblo y los soldados afganos no tenían ninguna base ideológica para luchar en nombre del régimen contra los talibanes. El régimen se derrumbó no porque el apoyo a los talibanes fuera abrumador, sino porque su violencia, incompetencia y corrupción hicieron que pocos estuvieran dispuestos a luchar por él. La lección histórica de Afganistán es que las fuerzas creadas por la intervención militar extranjera no pueden defender el país ni mejorar significativamente las condiciones de la mayoría. Durante 20 años, las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN estuvieron estacionadas en Afganistán, pero su ejército afgano entrenado se dispersó sin luchar. La anterior ocupación soviética, que también denunciamos, tampoco consiguió establecer un régimen a largo plazo.
Ashraf Ghani y compañía representan la peor forma de capitalismo. Los talibanes, en cambio, han sabido explotar la religión de forma inteligente. Tienen la idea de un Estado religioso. Ashraf Ghani nunca ha dejado claro qué Estado quiere. Hay pocas esperanzas de que surja una oposición seria a los talibanes en Afganistán en un futuro próximo. La mayoría de los señores de la guerra (a menudo antiguos muyahidines) que se pusieron del lado de Washington durante los últimos 20 años y que han permanecido en Afganistán están participando con los talibanes en las llamadas negociaciones de “gobierno de unidad para compartir el poder”. Han aceptado su derrota y ahora están deseosos de aceptar cualquier migaja que los talibanes puedan arrojarles. Estos señores de la guerra serán utilizados por los talibanes, para luego ser perseguidos como excusa por sus fracasos a la hora de proporcionar algún alivio a las masas. La llamada “resistencia antitalibán” que ahora celebran algunos medios de comunicación occidentales está formada por señores de la guerra igualmente desacreditados y abusivos, y no son una alternativa.

Los talibanes consolidan su poder mediante la violencia

Los talibanes están consolidando su poder mediante una mezcla de estrategias. Por un lado, se están preparando y participan en asesinatos selectivos de sus oponentes en diferentes partes de Afganistán, y por otro, intentan ganarse el apoyo de los líderes tribales y de los antiguos funcionarios del gobierno. Esto es para dar una imagen de gobierno inclusivo. Estos gestos de inclusión no son más que una farsa. Con Kabul bajo su control, los talibanes pueden permitirse el lujo de conceder un reparto de poder simbólico a cambio del reconocimiento de su régimen.

De momento, los talibanes siguen trabajando con cautela en Kabul, pero desde hace unos meses hacen gala de su habitual violencia allí donde la ocupan. Las propias Naciones Unidas y Human Rights Watch han hecho declaraciones sobre los crímenes de guerra cometidos por los talibanes en las últimas semanas.

Los talibanes hacen de la barbarie su política. Su verdadera estrategia es mantener a la gente con miedo y disciplinarla mediante el terror. Por lo tanto, aplican castigos salvajes (cortar la nariz y las manos, lapidación, ejecuciones públicas, lanzamiento desde helicópteros) para sembrar el miedo lo más posible. Mediante el terror y el acoso, rompen la resistencia.

La última vez, sólo los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Pakistán reconocieron el régimen talibán. Pero ahora, los gobiernos de Turquía, Rusia, China, Pakistán y otros países están señalando su voluntad de cooperar con los talibanes. Y aunque los políticos de los países imperialistas occidentales condenan hipócritamente la violencia de los talibanes, también dejan abierta la posibilidad de un “compromiso” con ellos en el futuro. La historia está repleta de ejemplos de apoyo de EEUU a movimientos reaccionarios tanto en Afganistán como en la región. Estados Unidos forjó una alianza con la dictadura de derechas del general Zia-ul-Haq en Pakistán y el reaccionario régimen saudí para apoyar una red global de yihadistas contra el gobierno afgano respaldado por los soviéticos. Tras derrocar al gobierno de Najeebullah, los talibanes llegaron al poder en Afganistán como resultado de una sangrienta y prolongada guerra civil. La geopolítica imperial y la competencia se muestran con todas sus feas características. El precio lo pagarán los afganos y otros pueblos del mundo.

Una nueva fase de la guerra civil

El revés del imperialismo estadounidense en Afganistán no implica una victoria para las fuerzas antiimperialistas. El imperialismo estadounidense ha recibido un golpe de una fuerza reaccionaria que no tiene nada que ver con la democracia, los derechos humanos y de las mujeres, la ecología o el desarrollo social de los pueblos. El primer mandato del régimen talibán, de 1996 a 2001, fue una pesadilla para las minorías, las mujeres y el público en general en Afganistán. Los talibanes no han cambiado. Sólo tienen más experiencia y operan de manera más sofisticada que en el pasado. Los talibanes tienen un programa global de “victoria islámica”. Repetirán en diferentes formas lo que hicieron durante sus anteriores años de gobierno en Afganistán. Esta vez, los talibanes podrían permanecer en el poder durante más tiempo.

La victoria de los talibanes no es, pues, una señal de paz, sino que abre una nueva fase de guerra civil. El establecimiento de otro estado fanáticamente religioso en el sur de Asia implica opresión dentro de sus fronteras y el fomento del sectarismo religioso en toda la región. La paz seguirá alejándose. La victoria de los talibanes es una mala noticia para los progresistas de todo el mundo. Nuestras críticas a los agentes estadounidenses no implican ningún apoyo a los talibanes.

Cualquier resistencia popular se enfrentará a una supresión brutal y a enormes obstáculos. Sin embargo, estamos viendo signos de resistencia. No es posible dictar al pueblo de Afganistán con el cañón de una pistola.

La oposición tanto al imperialismo como al gobierno reaccionario de los talibanes debe continuar. Sólo la victoria de las fuerzas verdaderamente democráticas y socialistas puede detener el futuro derramamiento de sangre en Afganistán. Las fuerzas progresistas y radicales internacionalistas deben hacer lo que puedan para mitigar el desastre en curso y abrir el camino a una alternativa en el futuro. El apoyo a las organizaciones sociales dentro de Afganistán y a los derechos sociales y políticos de la diáspora internacional son esenciales para la formación de una alternativa tanto al imperialismo como a los talibanes.
 

• Exigimos que ningún país reconozca al régimen talibán como gobierno representativo de Afganistán.
• No debe haber ninguna restricción para los que buscan refugio o asilo y deben tomarse las medidas adecuadas para que se queden o se reubiquen donde puedan.
• En lugar de bloquear la ayuda humanitaria o utilizarla como moneda de cambio con los talibanes, la ayuda debe prestarse a través de las organizaciones populares locales.
• Las fuerzas progresistas y radicales internacionalistas deben tratar de establecer vínculos con las organizaciones progresistas de afganos allí donde aparezcan y, en particular, ofrecer apoyo a los llamamientos de las organizaciones de mujeres afganas.
• Estas fuerzas deben resistir cualquier intento de organizar una nueva intervención imperialista.
• Deben oponerse a la propaganda racista que pinta a los talibanes como el producto del “atraso islámico” en lugar del imperialismo y la intervención.
• No al imperialismo, no a los talibanes.
31 de agosto 2021