Ixone Rekalde-Mikel Labeaga
(Militantes de Antikapitalistak)

Ikurriñas en los balcones de Euskal HerriaEste año, las celebraciones por un lado del Aberri Eguna, y con menos transcendencia, del día de la República, han venido fuertemente marcadas y condicionadas por la crisis sanitaria debido a la pandemia del Covid19.

Pandemia que ha traído una crisis sanitaria de impacto aún desconocido, pero que ha traído consigo una crisis económica y social de alcance también hoy incuantificable. A nivel global, y en Euskal Herria también, ha dejado al descubierto la decadencia del capitalismo y las élites económicas de aquí y de allí. Los sistemas públicos de salud, precarizados por las privatizaciones y el ejercicio de la salud como negocio capitalista, han sido desbordados por el enorme número de personas infectadas. En Euskal Herria también, nos hallamos ante una crisis humanitaria, ecosocial y climática.

En cuanto al Aberri Eguna no hemos asistido a convocatorias separadas y partidistas, si no que se ha limitado a declaraciones de diferentes líderes políticos y un llamamiento tímido a que fuera “unitario”. Previo al 12 de abril, los líderes de las formaciones nacionalistas o abertzales de Euskal Herria han hecho declaraciones más o menos grandilocuentes, muy diferenciados en el diagnosis social y soluciones ante la crisis, pero ambos fuertemente nacionales y apelando a un Estado Vasco y República Vasca. Otegi por un lado, recordando que para cuidar a nuestra gente de situaciones como el Covid 19 y para no depender de la ineficacia del Gobierno de Sanchez, había que dejar de mirar a Madrid y que es necesario un Estado Vasco y la Republica Vasca. Y por el otro lado, el Burkide Ortuzar, recordándonos que las y los vascas y vascos tenemos los mismos derechos que el resto de Europa a tener nuestro propio Estado y animándonos a todos unidos arrimar el hombro para salir de esta pandemia.

Pero lo cierto es que el Real Decreto que establece el Estado de Alarma ha dejado al descubierto los límites de la soberanía de Euskal Herria. En un segundo, la soberanía de la autonomía “más desarrollada del mundo” quedaba subordinada a la corona y constitución española. Nos encontramos en un ciclo de involución democrática donde todo el arco político se desplaza a posiciones más reaccionarias. Un contexto en donde las legítimas aspiraciones de democracia de los diferentes pueblos del estado se han visto brutalmente reprimidas bajo el Estado de Alarma y unas instituciones, partidos políticos, y la izquierda en general noqueadas, donde los poderes fácticos del estado se inclinan claramente por una recentralización autoritaria.

Las fuerzas de izquierda, sindicatos, activistas y un largo etcétera, repetimos una y otra vez que ese mantra de que Euskadi es un oasis es mentira. Pero debemos poner los pies en suelo firme y aceptar que Euskadi, Euskal Herria, tampoco es una isla y que la lucha por unas condiciones dignas de vida, de unos derechos laborales justos, de un reparto justo de la riqueza que fortalezca todo el sistema público de salud sin olvidarnos de la educación, RGI y servicios y prestaciones públicos, también se juegan en el ámbito territorial español.

Así, las brillantes y vibrantes declaraciones de los líderes políticos, son para enmarcar si no hubiese un ayer y un mañana.

Pero existe ese ayer y ese mañana. Y la soberanía nacional, el derecho a que el pueblo vasco tome en sus manos sus destinos no depende de discursos más o menos brillantes. La historia, el ayer, debe servir para que nuestros actos, nuestras estrategias de liberación social y nacional, mediante el balance de lo realizado en ese pasado sirva para adecuarla a lo realizable. Ni la experiencia y estrategia de “colaboración” entre gobiernos de quienes tienen más de 120 años de experiencia, ni los años de acción basada en la política exclusivamente nacional e irredentista de los últimos 40 años ha hecho avanzar considerablemente la causa de la liberación nacional vasca.

En el aprender de las experiencias, tenemos algunas realidades cercanas y más próximas que también nos han de servir como parte de modificación de nuestra estrategia. Hablamos del Proces y la tan querida Catalunya. Una movilización masiva de su ciudadanía, masiva y continuada en el tiempo, con una resistencia ejemplar ante los envites centralistas de los Gobiernos del Estado y sus instituciones, se han demostrado insuficientes para lograr los objetivos de constituir la República Catalana. Un buen artículo del Profesor Zubiaga, titulado “La zorra y las Uvas”, dice que “En este momento, la interlocución estatal no puede ofrecer lo que la catalana no puede dejar de pedir” y termina diciendo” No obstante, si la mayoría de la sociedad catalana todavía aspira a alcanzar las uvas que llegó a acariciar en el 2017, será mejor prepararse para una nueva fase de confrontación democrática tras el probable fracaso del proceso negociador. Una nueva fase cuyo éxito dependerá, entre otras cuestiones, de la asunción de los costes de una movilización civil más radical y constante que agite la agenda europea, de la unidad de acción en Cataluña y de la puesta en marcha de una «unilateralidad multilateral» a escala estatal.”

En otras palabras, la correlación de fuerzas de una nacionalidad que aspira a conquistar su derecho a decidir como sujeto político en su territorio, necesita que la correlación de fuerzas en el Estado sea favorable a que ese sujeto nacional pueda ejercer como tal.

Y esa es una realidad que vale para Catalunya, Andalucía, etc. y Euskal Herria; por tanto, hay que ir más allá de las brillantes y emocionales declaraciones pre Aberri Eguna. Se trata de poner las condiciones de que la ciudadanía de los pueblos del Estado Español teja redes y sentimientos de solidaridad y acuerdo para cambiar el modelo y régimen que nos, les gobierna. Tenemos que buscar la forma de afianzar nuestra soberanía nacional a la vez que tejemos alianzas de clase, de lucha, de confraternidad con los demás territorios de Estado español.

El Proces también nos mostró otra debilidad; el error de no haber implicado en el mismo a los/as trabajadores de otras procedencias del Estado. Se dejó el procés en manos de aquellos que no representan un modelo social de defensa de los de abajo, sino en quienes habían participado y recortado los servicios públicos como la sanidad o la educación y que, en muchos casos, ante la protesta social, habían dirigido la represión contra el pueblo. Aquí, la respuesta de sus homólogos vascos, el PNV y Urkullu, desde las instituciones vascas contra la crisis del Coronavirus, ha sido la de poner la economía, las empresas y el capital por encima de la salud de los/as trabajadoras.

No, no va a haber un proceso de construcción nacional ni emancipatorio interclasista. No, no hay un modelo común entre “ellos” y “nosotros” para la construcción de Euskal Herria aunque las ikurriñas en los balcones sean la mismas. La historia de lucha de nuestro pueblo, como la del, pueblo catalán ha puesto blanco sobre negro que la soberanía de los pueblos se va a enfrentar con el modelo instaurado en 1978 y sólo la lucha común y solidaria de los pueblos del Estado Español será capaz de romper el modelo nacional-centralista y abrir las avenidas de libertad de nuestros pueblos. Y se van a enfrentar a aquellos que han sido y son muletas de dicho régimen.

Dos días después de este Aberri Eguna, otras banderas se han puesto en algunos balcones, la bandera de la república, y si,  si queremos una república vasca y una república que luche con el resto de los pueblos del Estado Español por la soberanía y los derechos de los pueblos, tendrá que ser una República construida desde abajo, desde el pueblo. Que primero derribe todas y cada una de las actuales instituciones que no representan más que a unos pocos, y que la ciudadanía se ponga a construir otras nuevas que adivinen un futuro mejor y más justo. Repúblicas que tengan la justicia social como bandera, el feminismo como estandarte y que, poniendo el derecho a la vida y a los cuidados en el centro, sea el fin de la dictadura financiera. Repúblicas que rompan los grilletes a las clases trabajadoras, que sean garantes de una Escuela Pública y Laica. Repúblicas que hagan de la sanidad gratuita y universal una realidad obligatoria. Repúblicas que nacionalicen la banca y todas las empresas privatizadas, estratégicas y de servicios esenciales y las pongan al servicio de las clases populares. Que cada nación del actual Estado ejerza libremente el derecho a decidir su futuro y su posterior relación con el resto de los pueblos libres de la península en pro de una República confederal socialista de trabajadores y trabajadoras.

 

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