( Mauricio Rodríguez-Gastaminza)

Durante la dictadura y ya muy avanzado el postfranquismo de la llamada “transición” a la  generación nacida en los años 40, 50 y 60, se nos ocultó la verdad de los hechos históricos que marcaron la vida de millones de personas del estado.

Ese hurto de la verdad se produjo desde dos vertientes claramente diferenciadas, por un lado la versión “oficial” de la dictadura, claramente distorsionada y manipulada a su favor, siguiendo al pie de la letra la “doctrina Goebels” ministro de propaganda de Hitler que decía: “Una mentira mil veces repetida se convierte en verdad”. “Había que salvar a España del comunismo”,  “Estaba en peligro la unidad de la patria” etc…

 La otra parte de ese ocultamiento de la verdad no se tradujo en una versión falsa o manipulada, este otro hurto no fue intencionado, vino condicionado por el miedo, un miedo atroz a la brutal represión desplegada por la dictadura que logró que nuestras madres y padres respondiesen con un silencio dramático a nuestras preguntas infantiles. El silencio, un silencio atroz se extendió como una nube negra por todos los hogares. Sin embargo, los que éramos niños durante aquellos años, algo intuíamos, veíamos a nuestro padre escuchar Radio París todas las noches y en las reuniones familiares oíamos a nuestros mayores repetir una y otra vez. “este año cae, no puede durar mucho”, al principio no entendíamos nada, no nos daban ninguna explicación. Nos fuimos haciendo mayores y empezamos a comprender.

Yo venía de una familia alavesa duramente represaliada por los franquistas, no voy a entrar en detalles, una familia más entre millones iguales en todo el estado. Todas esas circunstancias desembocaron inevitablemente en una conciencia ferozmente antifranquista que a su vez fue evolucionando hacia la militancia activa como mejor forma de lucha contra la dictadura.

Mucha gente eligió la militancia en el PCE, el mejor organizado contra el franquismo, es justo decirlo, yo personalmente me decidí por la militancia en un partido de izquierda revolucionaria, era lo más coherente con mi modo de ver las cosas.  Luego vino la llamada “transición”, un pacto entre las élites franquistas y los partidos reformistas PSOE y PCE, después la Ley de Punto Final de 1977 y una monarquía heredera directa de la dictadura, en fin, un régimen del 78 que

Hoy en 2020, el nuevo gobierno PSOE-Podemos quiere llevar al parlamento un proyecto de ley que penalice la apología del franquismo, no está mal, pero tiene un fallo, es como poner una venda sin haber limpiado antes la herida. Primero hay que celebrar un juicio para condenar institucionalmente al franquismo, juzgar a los responsables directos aún vivos y meter en la cárcel a todos los torturadores durante la dictadura y hasta el día de hoy. Luego condenada la dictadura y sus responsables que la apología del franquismo pase a ser delito. El actual dice que con la implantación de una nueva ley de memoria histórica se solucionará, pero la ley que pretenden aprobar termina, según ellos, en 1977, como si después no hubieses habido asesinatos, torturas y detenciones arbitrarias.

Pero además de todo esto, hay que cambiar los contenidos temáticos en todos los ámbitos de educación pública, escuelas, institutos y universidades para para transmitir con rigor histórico los acontecimientos terribles que han marcado a varias generaciones del estado.

Como diría Walter Benjamín, “Hay que escribir la historia a contrapelo”

 Mauricio Rodríguez-Gastaminza

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