EL NAVARRISMO ÉPICO

(Jon Apalategi Lasa)

Llevamos varios meses recibiendo desde diversas fuentes, opiniones y publicaciones que ensalzan diversos sucesos y batallas históricas ocurridas en Navarra.

Una programada campaña de “Nafarroa Berriz Altza”se abre paso reclamando soberanía para Navarra, mediante la activación de la “rebeldía popular mostrada ante la conquista de Navarra”. La misma incluye rueda de prensa, charlas comarcales, cartelería y camisetas y una importante convocatoria de movilizaciones. Se anuncia su continuación mediante más actos e iniciativas como son: resignificación de esculturas, petición de nuevos monumentos y cambio de nombre a la calle 2 de mayo.

Se rescatan batallas épicas que van desde la batalla de Orreaga –Roncesvalles, al levantamiento “popular “contra la invasión y conquista castellano-aragonesa. A la par, la publicación por Navarralde de un nuevo libro, sobre el quinto centenario de la conquista. Además de todo ello es llamativo, el que, un conocido editor, salga en defensa del alzamiento carlista del general Zumalacárregui.

Conociendo a los promotores de tales iniciativas, como activos miembros de la izquierda soberanista, no es difícil asociar tales iniciativas con una estrategia de reivindicación soberanista para Navarra.

Las recientes revisiones de nuestra historia, por parte de historiadores navarros, confrontan con rigurosidad con la historiografía oficial española que hemos sufrido tantos años. Cuestionan las falsas versiones de la Reconquista y de la conformación del Estado Español, como proceso lógico, social y cuasi libertador. Pero existe el riesgo de su utilización interesada y manipulada.

Sin ser historiador, es fácil observar que, en el desarrollo de tales hechos históricos, además de factores de identidad étnica-cultural, actuaron intereses económicos, de clase y de poder.

La creciente estabilidad y estructuración del reino de Iruña, junto a la exaltación cristiana, hizo que a partir de Sancho Garcés (925-970) la monarquía navarra iniciara una época de campañas miliares contra los territorios del emirato cordobés, afín de acabar con ellos y ampliar su poder hacia el sur, apoderándose de sus fértiles tierras. Una política de adjudicación de tierras a los nobles y monasterios, haría que la estructura de la nobleza medieval se reforzara, mientras los siervos, eran desplazados a los nuevos territorios para su explotación.

Una monarquía hereditaria, ajena a la plebe, combinaría mediante políticas matrimoniales diversas ampliaciones territoriales, que en el futuro constituirían los reinos de Castilla, Navarra y Aragón. Pero con ello vinieron las disputas por la hegemonía territorial, volviendo a utilizar campañas guerreras de agresión, incendio y destrucción de villas y poblados.

La implicación política de los reyes de Navarra se extendió a la muerte de Sancho III, el Noble, entran a gobernar navarra nobles de Normandía (Evreux) y tenemos a Carlos II de Navarra (Evreux,1332-Pamplona 1387), conspirando durante todo su mandato en la política francesa, enviando a miles de navarros a Normandía, afín de recuperar, en alianza con los ingleses, territorios arrebatados por su suegro, rey de Francia, e incluso conspirar por su trono. Los costes de sus expediciones guerreras junto a la grave crisis económica y demográfica, originada por las malas cosechas y la Peste Negra (murió en torno al 30% de la población), dejarán arruinada a Navarra, Castilla y a Aragón. La nobleza responderá exigiendo a los reyes más concesiones territoriales, aumento de impuestos y sobreexplotación a los campesinos (malos usos). Las revueltas sociales se extendieron conformando levantamientos del campesinado contra la nobleza, ataques a las juderías y guerras dinásticas y de poder de la nobleza hacia la monarquía y el clero.

Navarra, será atacada por Castilla, aliado del rey francés, perdiendo una veintena de plazas para conseguir la paz del Tratado de Briones (1379).

Surgen las divisiones nobiliarias dinásticas de agromonteses y beamonteses originándose una guerra civil (1447). Su expansión mediante los llamados “parientes mayores” llevará a que la misma se extienda por territorio vasco y cántabro. En la misma se fue imponiendo el bando Beaumontés, con posesiones en Pamplona, Sangüesa y Ultrapuertos y apoyos del Príncipe Carlos de Viana, Juan de Beaumont (gran Prior de la Orden de Jerusalén, con extensas extensiones de tierras) Juan de Ezpeleta, el bando Oiñacino, la Corona de Castilla y la Corona de Aragón, que llevaría a la conquista total del reino en 1512, tras la confluencia de Castilla con Aragón (1469) en la monarquía hispánica. La Iglesia se sumó extendiendo Bulas de excomunión.

Progresivamente, fueron unificando las leyes, moneda e instituciones de los diferentes reinos de la peninsula, hasta la progresiva conformación de lo que se considera el Estado Moderno de España. Esta se caracterizó por su modelo autoritario (en lo social y religioso) anexionista,expansionista territorialmente y uniformador (castellanizante y centralista) anexionando totalmente a Navarra (1515).

Las estrategias dinásticas de las monarquías europeas convertirían a Carlos de Habsburgo (Flandes1.500) un arrogante niño, rey de España. Rodeado de borgoñeses, que sólo sabían exigir más dinero, acumuló en su figura un inmenso imperio en Europa. Los reyes de Francia, interesados en hacerle frente, acudieron a la Guerra de las Comunidades de Castilla, y de paso, apoyaron a Enrique II de Navarra a recuperar el trono, lo que lograron con facilidad. Llegando a Logroño, comenzaron a retirarse ante el poderoso ejército español perdiendo la batalla de Noain, para finalmente abandonar a los legitimistas navarros a cambio de concesiones territoriales, en la Baja Navarra.

Resumiendo, considero que es importante evidenciar que los hechos históricos clave, como las conquistas y batallas medievales, son consecuencia de una fuerte acumulación de intereses político-estratégicos de las estructuras de poder, en este caso las monarquías autoritarias, nobleza y clero, en su intento de acumular bienes y aumentar sus beneficios, a costa de la explotación y miseria de la gran mayoría de la población convertida en simples siervos. Su manipulación política, como conflicto de soberanías nacionales, o rebeldías populares ante agresiones extranjeras, carecen de rigor y del punto de vista del materialismo histórico. Es más que cuestionable por lo tanto como base para la estrategia política partidista de buscar la soberanía política “navarrista” en la conformación de un futuro Estado de Euskal Herría, sino que la misma tiene que fundamentarse en la realidad actual, junto con un proyecto político a desarrollar en adelante.

Fdo. Jon Apalategi Lasa. Miembro de Antikapitalistak.

Iruña.

 

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