Hoy, un día después de la huelga general en Euskal Herria, vivimos una resaca de cansancio y emociones. La organización y el trabajo colectivo en los cientos de comisiones de trabajo que se habían organizado en pueblos y barrios para organizar la huelga, a los más de 1.000 comités de empresa que se habían sumado a la convocatoria, y las numerosas asambleas de trabajadores que también habían ratificado la convocatoria, ya nos hacían pensar que esta huelga general podía ser un gran éxito. Más allá del seguimiento, en lo que respecta a tejer redes combativas pueblo a pueblo que puedan movilizar a futuro a una ciudadanía cada vez más precarizada.

La huelga general la convocaron el 23 de octubre de 2019 los sindicatos ELA, LAB, ESK, Steilas, EHNE, Etxalde e Hiru a instancias de la Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria, que además de englobar a estos sindicatos, integra a diversas organizaciones juveniles, feministas, ecologistas y pensionistas. Más allá de los oficialísmos burocráticos, es la Carta quien convocó esta huelga general siguiendo la propuesta del movimiento de pensionistas de Hego Euskal Herria, que después de 2 años de lucha en las calles había planteado la necesidad de dar un salto cualitativo llamando a los diferentes colectivos a unirse a la lucha. El movimiento de pensionistas de Hego Euskal Herria lleva ya dos años movilizándose todas las semanas por unas pensiones dignas y en un momento de su trayectoria plantearon rebasar el estricto ámbito de las pensiones y llegar más allá en sus reivindicaciones.

Desde bien pronto por la mañana, los piquetes informativos se desplegaron por todo el territorio y cabe destacar que apenas se registraron incidentes, aunque debemos apuntar a las 19 detenciones que se dieron en diferentes puntos de Euskal Herria. Pero es importante destacar sobre todo que no hubo ningún problema en los piquetes y que se evitaron los enfrentamientos con los sectores ligados a los no convocantes.

El seguimiento a la convocatoria de huelga, habida cuenta del posicionamiento contrario de CCOO, UGT y la mayor parte de los partidos políticos de Euskal Herria, sólo lo podemos calificar como de éxito. El cierre en la industria ha sido masivo, en grandes empresas como en Pymes. El seguimiento en la educación pública ha superado el 80%, y la concertada ha superado el 70%. Destacamos que en la universidad se han dado apenas el 10% de las clases lectivas. En sanidad la incidencia ha sido menor debido a los servicios mínimos y muchas trabajadoras y trabajadores no han podido sumarse a la jornada de huelga. En el transporte público ha sido muy amplio, cumpliéndose sólo los servicios mínimos en el transporte ferroviario (Renfe, Euskotren). En la administración pública destacamos el alto seguimiento en numerosos ayuntamientos, como Bilbo o Donostia. Y qué decir del seguimiento en sectores precarizados y feminizados como las trabajadoras de las residencias, las trabajadoras de servicio a domicilio, o las trabajadoras de limpieza de edificios públicos. En hostelería y pequeño comercio ha sido desigual, aunque muchas hosteleras y comerciantes se han sumado a las movilizaciones y han cerrado sus negocios.

Por terminar con esta pequeña pincelada del seguimiento a la huelga, en medios de comunicación como Deia, Gara, Berria, Hamaika Telebista, la revista Argia, las ediciones comarcales de Hitza, Goiena y Tele7 han secundado la convocatoria, y destacamos también EITB (Euskal Telebista, Radio Euskadi, Euskadi Irratia y Radio Vitoria) han dado servicios mínimos y sólo se han emitido los informativos (información más detallada en: http://eskubidesozialenkarta.com/es/gobernuek-eta-patronalek-aintzat-hartu-behar-dute-gaurko-greba-orokorraren-oihartzun-handia/)

 

Construcción paciente

La construcción de la huelga, descentralizada en comisiones de trabajo en pueblos y barrios, ha facilitado la participación de diversos colectivos y ha sido intergeneracional. Se organizaron grandes manifestaciones unitarias en las capitales vascas, todas al mediodía, pero se dejó la organización de actividades previas a la jornada de huelga, y la organización de movilizaciones en los pueblos en manos de las comisiones de trabajo. Así, en las grandes manifestaciones del mediodía, podemos contabilizar, según datos facilitados por la Carta de Derechos, 145.000 participantes en total (Bilbao 50.000, Donostia 35.000, Gasteiz 25.000, Iruñea 20.000 y otros miles en otras localidades) pero es difícil cuantificar las manifestaciones de la tarde en cada uno de los pueblos, o comarcas, de Euskal Herria. El número de ciudadanas que acudieron a las manifestaciones ha sido espectacular en numerosas localidades.

La descentralización de las movilizaciones se las debemos a los movimientos feminista y de pensionistas, que han entendido y han trasmitido otra forma de movilizaciones, facilitando que todo el mundo pueda hacerlo. Se han creado espacios comunes para construir movimientos interseccionales e intergeneracionales. Jóvenes y estudiantes han compartido pancarta con pensionistas. Las portavocías en las manifestaciones han caído en manos de mujeres pensionistas en las 3 capitales.

Lo que arroja la jornada del 30 de enero en Hego Euskal Herria, es que la ciudadanía está muy preocupada por la altísima precariedad a la que nos somete este sistema. Y que está dispuesta a movilizarse, y a seguir movilizándose. Las/os pensionistas han venido a decirnos que las pensiones son un asunto que afecta a todos/as, tanto a pensionistas actuales, como a futuros; y, por otra parte, que la lucha por unas condiciones laborales dignas y garantizar los derechos sociales es algo ineludible e indisociable.

A fin de cuentas, tenemos que construir un modelo socio-productivo que ponga la vida en el centro, y que priorice el cuidado y la sostenibilidad de la vida.

Los gobiernos y las patronales deben atender las demandas que ayer se pusieron una vez más en el centro de la agenda política; medidas urgentes y cambios legislativos para garantizar el Sistema Público de pensiones, erradicar la brecha de género en salarios y pensiones, derogación de las últimas reformas laborales y un nuevo contrato social que garantice unas condiciones de vida dignas para todas las personas

No nos queremos olvidar de la enorme solidaridad interterritorial que nos ha llegado desde el resto del Estado. Numerosos sindicatos y colectivos de izquierda además de hacernos llegar numerosas muestras de apoyo y solidaridad, han organizado concentraciones paralelas en muchos pueblos y ciudades. De alguna manera ha sido una huelga con vocación interterritorial.

El reto ahora es no perder el pulso a las movilizaciones y seguir construyendo movimiento. También hay que buscar la forma de tejer redes con otros territorios. Unir luchas interseccionales e interterritoriales. Y no menos importante, sumar a más gente, sumar a más colectivos y sumar a más sindicatos. Esto no significa que debamos aceptar vetos, significa que tenemos que convencerles que las calles las debe ocupar la izquierda. Y que no facilitaremos ningún escenario de paz para las élites.

Luis Ángel Sánchez Lachina, Ixone Rekalde Gracia e Igor Urizar son militantes de Antikapitalistak.