Siria

/Christian Babel, Pierre Bellenger et Pierre Arnaud)

El jueves 20 de junio, dos miembros de la oposición siria democrática celebraban en París una conferencia de prensa intentando sacudir la indiferencia que sufren los cuatro millones de habitantes y refugiados y refugiadas de la región de Idlib en Siria. Estas personas están sometidas a la vez al bloqueo y a los cínicos y criminales bombardeos del régimen sirio y de sus aliados, así como a la opresión de las milicias de Hayat Tahrir al-Cham (HTS, ex Al Nusra ligada a Al Qaeda) que se han impuesto sobre las demás fuerzas armadas que se oponen a Assad.

Esta conferencia de prensa era animada por Brita Hagi Hassan, presidente del Consejo local de Alepo, en huelga de hambre desde el 8 de junio, que ha publicado el llamamiento “Salvad Idlib” en la prensa francesa y Akram al Ahmed, director del Sirian Press Center, presidente de la Carta ética de los medios sirios. El alcalde tuvo que huir de Alepo-Este a la caída de la ciudad a finales de 2016 para refugiarse en Francia. La mayor parte de las y los alepinos que se negaban a asumir el yugo del régimen sirio se refugiaron en la región de Idlib, igual que los de la Duma oriental y de todas las regiones aplastadas por los bombardeos y la política de “tierra quemada” que realiza Bachar al Assad. Se trata de la última zona de refugio del pueblo sirio insurrecto, cuando las fronteras jordana y turca están cerradas, por no hablar de las de la Unión Europea.

Una “desescalada” para mejor retomar la ofensiva

Brita Hassan denuncia el escándalo que constituye el abandono por la “comunidad internacional” de estas poblaciones que sufren, desde el mes de abril, una ofensiva feroz de las fuerzas de Assad apoyadas por la aviación rusa, con un nuevo desplazamiento de más de 500.000 habitantes que han perdido todo. Más de 200.000 personas se amontonan actualmente en la frontera turca, bajo los olivos, y ni siquiera tienen una tienda de campaña para protegerse del sol y de la lluvia. Un millón de niños y niñas han quedado de nuevo sin escolarizar.

Sin embargo, en septiembre de 2018, bajo la presión de Rusia y de Turquía dos “padrinos” que juegan sus propias bazas, se había firmado un “acuerdo de desescalada” que debía poner fin a las acciones militares en esta zona sobrepoblada. Como siempre, el ejército de Assad ha utilizado el tiempo de la tregua para reorganizarse, obtener informaciones actualizadas sobre las infraestructuras, en particular hospitales, centros de comunicaciones… para volver a la ofensiva.

Desde el mes de abril, 25 hospitales y centros médicos, numerosos almacenes y mercados, escuelas, y 35.000 casas de 200 localidades de la región han sido destruidas por los bombardeos incesantes del régimen y de sus aliados, provocando además numerosas muertes y personas heridas. Esta ofensiva ha permitido a las tropas de Assad la recuperación de 20 pueblos en un primer momento. Pero las poblaciones, manifestando en la calle su cólera contra las fuerzas islamistas de HTS que para cimentar su dominio sobre la región habían preferido combatir a las demás fuerzas rebeldes que al régimen, han forzado a las diversas milicias a defender la región contra las fuerzas de Assad y del régimen iraní, infligiéndolas varias derrotas sobre el terreno y frenando la ofensiva en curso.

Catástrofe humanitaria

 

En el momento actual se refuerza por tanto la perspectiva de los bombardeos permanentes contra las zonas civiles. La rabia se apodera de este pueblo martirizado, al constatar el abandono que sufre frente a Assad y sus aliados, y también frente a las fuerzas integristas que van avanzando militarmente, pero todavía no en el control de los espíritus y de las estructuras de la sociedad civil. Los dos opositores, Brita Hagi Hassan y Akram al Ahmed, se hacen los portavoces de una exigencia de soluciones de urgencia frente a la catástrofe humanitaria que se está produciendo, y también de la liberación de las 100.000 personas presas políticas y desaparecidas amenazadas de exterminio por el criminal régimen sirio, dimensiones perfectamente identificadas por instituciones internacionales como la ONU.

Las y los anticapitalistas y revolucionarios deben asumir estas exigencias, y frente a la ceguera actual, incluso de la izquierda, deben afirmar sin cesar la necesaria solidaridad entre los pueblos contra todos los poderes opresores, cualesquiera que sean.

Martes 9 de julio de 2019