(Mikel Labeaga)/

Hace seis años, el 5 de febrero, El Diario informaba del nacimiento de Ahal Dugu. Con el título “Nace “Ahal Dugu, primer reflejo político del movimiento indignado”.(https://www.eldiario.es/norte/euskadi/bizkaia/Nace-Ahal-politico-movimiento-indignado_0_225727673.html)

En este artículo se me hacía una entrevista, donde respondía sobre las bases sobre las que asentábamos el nacimiento de Podemos: La idea es crear una dinámica de trabajo que parta desde abajo, abierta y participativa”, explica el promotor de la formación del movimiento en Bizkaia.” Esa era una base fundamental para la construcción de un movimiento político que, sobre la indignación representada por el 15M, trataba de dar un salto que fuese más allá de la indignación en la calle y que fuese una acción política, que sin ser la representación política del movimiento, favoreciese la consecución de aquello que la indignación había puesto claramente de manifiesto y presentase a las elecciones (Entonces eran las elecciones Europeas) con un programa de ruptura con el régimen del 78.

Eran los momentos del manifiesto “Mover Ficha”, de la definición de la casta que mantenía el régimen y de la que eran parte PSOE y PP. Situábamos los problemas para consolidar un movimiento muy amplio, éramos tímidos en el resultado de una corriente en competencia con la izquierda abertzale, bastante más consolidada en Euskal Herria. El nacimiento de Ahal Dugu contaba, a pesar de esa timidez, con una fuerte voluntad de recomponer un sector de lucha con características propias: Radicalidad en la defensa de los derechos sociales y en la soberanía de Euskal Herria.

Situábamos algunos límites en nuestra visión de las dificultades  en la tarea “En Euskal Herria lo tenemos más difícil para acaparar apoyos por eso, porque Bildu ya recoge parte del rechazo contra las políticas del Gobierno español que nosotras y nosotros impulsamos, aunque sea en un sentido más nacionalista”.

“En España también tienen mucho en común con lo que promulga Izquierda Unida. Sin embargo, hay alguna diferencia: “Ahal dugu se ha prohibido participar en Gobiernos que apliquen cualquier política de recorte e IU los ha apoyado en algunas ocasiones, como en Andalucía o Extremadura”, argumenta Labeaga.”

Hoy, después de seis años de esa entrevista, tengo que reconocer que no me siento representado por el actual Podemos. Un Podemos que ha olvidado su radicalidad y que se ha lanzado a una deriva gobernista sin freno abandonando y olvidando aquellos principios que eran sus señas de identidad. Han desaparecido de su programa aquellos planteamientos del manifiesto “Mover ficha” y el programa de las elecciones europeas.

¿Dónde están aquellas referencias a la “nacionalización de la Banca”, “la derogación de la ley de extranjería”, “los referéndums vinculantes”, o “la soberanía de los pueblos” entre otras muchas?

Hoy tenemos un Podemos que forma parte de un gobierno de progreso junto a quienes eran uno de los pilares de mantener el “castoso” y casposo régimen del 78, la monarquía y etc. El problema mayor que veo a esto es que deja a las y los de abajo sin representación de oposición de izquierdas en el ámbito institucional al formar parte del Gobierno del Estado Español en un momento donde las posiciones político económicas de la UE y del FMI van a contar con apoyo del socio mayoritario, dejando a Podemos en una situación de muleta de esas políticas.

En Euskal Herria el panorama es aún peor. Un Ahal Dugu que con su abstención salva los muebles a los presupuestos del Gobierno del PNV. Un Ahal Dugu que rebaja hasta el mínimo su posición sobre la soberanía en la ponencia Estatutaria, que mira hacia otro lado ante una movilización de la mayoría sindical vasca y de una amplia representación de los movimientos sociales.

Tras seis años de aquella entrevista, tengo que decir que hoy siento que aquella herramienta del cambio se ha oxidado. No fue un error hacer de promotor de aquel nacimiento ni el trabajar por construir círculos en aquellos pueblos donde las personas se acercaban al proyecto. Pero aquel Podemos movimiento, aquel Ahal Dugu ha desaparecido, la tarea, los motivos, la indignación, el sector social que buscó aquella representación política, que incluso llegó a ser primera fuerza en Euskadi, sigue existiendo. Es responsabilidad de quienes, en su día, hace 6 años, dimos el paso de dar salida a una fuerza soberanista y radicalmente enfrentada a la monarquía y al régimen del 78, dar un paso a delante y ponernos a la tarea de construir un nuevo sujeto político.

El gobierno progresista entre PSOE y UP será un gobierno débil, con escaso margen para ejecutar políticas de corte reformista, en el sentido de redistribución de la riqueza, de democratización del Estado y la sociedad. Más bien, será un gobierno de mera gestión del neoliberalismo por el centro-izquierda, como hemos dicho, condicionado por las instituciones neoliberales de la UE, las presiones de las patronales, la inestabilidad ante la cuestión catalana y una política basada en tratar de acordar moderación para no “asustar”. Esto a la larga, puede conllevar en un deslizamiento del voto hacia Vox, donde cierto electorado va a encontrar respuestas a su indignación en la demagogia de Vox.

En el próximo periodo, ante la presión del gobierno progresista, es fundamental buscar la presión social para que se cumplan sus promesas, y es fundamental trabajar desde ahora en la construcción de ese nuevo sujeto político que retome aquellos principios para los que nos pusimos el buzo de construcción de Ahal Dugu, y que lejos de esperar ser parte de un futuro Gobierno Vasco adaptándose a las políticas del PNV, sea la alternativa social y política contra los recortes y los más de 50 años de gestión para los de arriba y a espaldas de pensionistas, trabajadores/as, jóvenes y con políticas de gestos populistas (que tanto critican) medioambientales para luego ser los máximos defensores del AVE  o del Glefaran.

Seis años son pocos para un cambio tan profundo de aquel Podemos inicial.

Mikel Labeaga. es militante de ANTIKAPITALISTAK

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