Plantar cara, con una sonrisa si, pero sobre todo plantar cara.

Unidos PodemosLas elecciones del 26 J son decisivas y los votos a Unidos Podemos deben ser sobre todo la traducción electoral del rechazo a las políticas del PP (en primer lugar este partido) y del PSOE, de la gestión que, empujados y respaldados por las Instituciones Europeas, han hecho de la crisis. Un voto de  castigo a los causantes de una caída histórica de los salarios, del desmantelamiento y privatización de servicios públicos esenciales y de los recortes de derechos, una advertencia a los que han colaborado activamente en la creación de desempleo masivo y de precariedad generalizada, mientras aplicaban rescates bancarios, endeudaban al país y saqueaban los recursos públicos con extensas redes de corrupción.

A todo eso hay que decir que NO el 26J, con una sonrisa si, pero de forma clara y contundente, sin ningún genero de dudas, sin desviar el tema hacía discusiones bizantinas sobre etiquetas políticas históricas o ni tan siquiera sobre conceptos tan manidos y prostituidos como el de patria. Los derechos y el bienestar de la mayoría social en el centro del programa y del debate. Los derechos y el bienestar victima de las políticas de nuestro inveterados políticos, herederos y  parte consustancial de un régimen, el del 78, que nació en un parto quirúrgico sin presencia de los que habían puesto la sangre, el sudor y las lagrimas que tenían que haber sido la simiente de la naciente democracia, un parto con anestesia colectiva de un régimen al que el curso de los años solo sirvió para demostrar que de aquellos barros este lodazal.

El rechazo debe también incluir a los que están de equipo suplente en el banquillo con el chándal naranja y que ya han demostrado que juegan al mismo juego. Porque estas elecciones se celebran cuando la situación económica sigue comprometida y la proclamada “recuperación” amenaza ser limitada y transitoria; cuando nuevos recortes aparecen en el horizonte postelectoral. Si el 26 J no se canaliza una respuesta suficiente existe el peligro de un largo periodo de estancamiento económico y de retroceso social y democrático.

Pero los votos en las urnas deben acompañarse de una marea ciudadana para evitar gobiernos de consenso contra las necesidades de la mayoría, para evitar los boicoteos, las triquiñuelas institucionales, el sabotaje planificado y las presiones ilícitas de los poderosos de aquí y de Bruselas. Para impedir que la letra pequeña de los programas se imponga sobre las grandes proclamas electorales de democracia, cambio, justicia, etc. profusamente televentiladas. Para que los trileros no nos engañen de nuevo con sus juegos amañados.

Tan importante es que Unidos Podemos se convierta en la alternativa al régimen el 26J como que se tome en serio ese papel de alternativa. Que no se deje seducir por platos de lentejas, unas lentejas que en realidad vienen a ser de serrín. Que no se resigne a ser un actor secundario en un guión en el que las líneas básicas de la trama argumental están escritas por los de siempre.

El cambio que necesitamos es amplio porque los problemas son graves, porque a la herencia de Zapatero, que a su vez recibió una herencia envenenada de Aznar, se ha sumado la devastadora herencia de Rajoy. Es un cambio que no puede hacer solo un Gobierno, ni siquiera un parlamento, sino que precisa que se convierta en una empresa colectiva. Para ello es imprescindible defender un verdadero proceso constituyente que transforme las instituciones y la organización de la producción hacia un nuevo modelo sociopolítico.

Esta “marea”, este proceso constituyente y popular, es lo que puede permitir el protagonismo ciudadano, un protagonismo que es el mejor antídoto para evitar que nos hielen la sonrisa.

Koldo Smith

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