No más tomaduras de pelo. Hay que parar el calentamiento global ya

Comunicado de Anticapitalistas

El pasado 8 de abril se aprobó en el Congreso la famosa y “prometedora” Ley de Cambio Climático. La tramitación de esta ley arrancó con un sonado incremento en los objetivos. Sin embargo, lo que ha ocurrido es que se han igualado los objetivos de la ley con el propio Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) del Ministerio para la Transición Ecológica aprobado hace un par de años. En el PNIEC se fijó el objetivo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 en el 23%, posteriormente en el proyecto de ley se bajó al 20%, y ahora se vuelve a incluir el 23% en la ley aprobada. Esto ha sido presentado como un gran éxito y un paso adelante tanto por el PSOE como por Unidas Podemos. Se presenta con entusiasmo lo que ha sido un mero juego de cifras que ha dejado plasmado, negro sobre blanco, lo que ya estaba recogido hace dos años, antes del ciclo de movilizaciones climáticas y la pandemia mundial del COVID-19.

No obstante, el problema principal no es este fuego de artificio, el problema –y muy grave, además– es el propio objetivo que se marca. Un 23% de reducción de las emisiones en 2030 con respecto a 1990 no es que sea insuficiente, es que es ridículo, en comparación con lo que ha marcado la Unión Europea y –no digamos ya– con lo que es necesario para frenar el calentamiento global.

En el acuerdo de París se fijaba como objetivo de mínimos que el aumento de la temperatura global se mantuviera por debajo de los 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y como objetivo de máximos, que este aumento no fuera superior a los 1,5 °C, pues por encima de este valor las consecuencias ya serán catastróficas en muchos territorios. De hecho, el aumento de temperatura hoy en día, ya nos deja ver estas nefastas consecuencias. Estamos viendo como crecen en número e intensidad los fenómenos extremos con impacto negativo en la vida de las personas, por no hablar de las refugiadas climáticas que para 2050 se estima serán del orden de 1000 millones, la extinción masiva de especies o el riesgo de que aumenten también en número y frecuencia las pandemias.

Cada año se baten nuevos récords de concentración de CO2, el último se dio el pasado 3 de abril con 421,1 ppm de CO2, superando el umbral de las 420 ppm por primera vez en la historia. Debemos recordar que el margen considerado “seguro” se encuentra en las 350 ppm de CO2. Por tanto, el primer paso es parar la estufa en la que se está convirtiendo la atmósfera como consecuencia del cambio climático; lo que significa no hacer el “invernadero” cada vez más potente, pero esto solo no es suficiente. Aunque dejemos de emitir la Tierra se seguirá calentando, y ya vamos por un aumento de temperatura cercano a 1,3 grados. Para conseguir quitarle el plástico al invernadero necesitamos abandonar los combustibles fósiles como fuente energética, logrando un abastecimiento 100% de fuentes renovables. Pero también necesitamos frenar los procesos de deforestación y los cambios de uso del suelo que son impulsados por el modelo agroindustrial, la ganadería intensiva y los tratados de libre comercio. Es importante dejar de emitir, pero también aumentar la capacidad de absorción de carbono que nos aportan los valiosos ecosistemas naturales. Por eso las estrategias de reducción de emisiones deben incluir procesos de reforestación que reviertan los daños causados en la masa forestal global. Todo ello acompañado de drásticas medidas de ahorro y eficiencia energética en la producción, el transporte y el consumo, lo que debe implicar un decrecimiento radical de los requerimientos energéticos.

Ante este panorama, el Consejo Europeo de la UE, del cual es parte Pedro Sánchez como presidente de nuestro Gobierno, acordó en la cumbre de diciembre de 2020 reducir las emisiones en un 55% para 2030, en concordancia con lo anunciado un año antes durante la COP25 celebrada en Madrid. Éste era un paso importante, pues asume las indicaciones científicas para lograr evitar un calentamiento mucho mayor. Sin embargo, la cifra el 55% de reducción de emisiones para 2030 es el objetivo que se debe cumplir a nivel mundial. Aplicando el principio de justicia climática, al Norte Global nos toca reducir las emisiones mucho más que ese 55%. Nuestra responsabilidad en este caos climático es mucho mayor, somos los países del Norte global los que más nos hemos beneficiado de la borrachera de combustibles fósiles del último siglo.

Por estos motivos, decimos con fuerza que no hay más excusas, que tenemos que reducir drásticamente las emisiones desde yaLo contrario, andar mareando con un juego de cifras que se quedan muy lejos de lo realmente necesario, es otra forma de negacionismo climático, es condenarnos a un futuro inhóspito. El gobierno del PSOE y Unidas Podemos quiere vender como una victoria una Ley de Cambio Climático que se deja por el camino 32 puntos de reducción de emisiones con respecto al compromiso de la Unión Europea. Esta ley no es que sea insuficiente, es sencillamente impresentable.

La situación es de emergencia extrema. Son millones las personas que en el mundo entero van a morir a causa del cambio climático y nuestro país no es precisamente de los que vayan a salir mejor parados. Necesitamos tirar ya, sin más retrasos ni promesas incumplidas, del freno de emergencia ante el calentamiento global. Los fondos de recuperación deben ir destinados a lograr un escenario sustentable con el medio ambiente en lugar de ser el enésimo rescate a las grandes empresas que, además, pagaremos nuevamente con más austeridad y recortes en los servicios públicos.

El Gobierno y sus dos componentes, PSOE y UP, hacen gala de su incapacidad para abordar mínimamente los compromisos derivados, no ya de los acuerdos institucionales, sino de su propia propuesta electoral. El flamante Ministerio de Transición Ecológica se limita a labores de contención para que la propuesta no desborde un PNIEC insuficiente y cortoplacista, mientras UP se traga el enésimo ninguneo y sale a celebrar un objetivo que ni era el suyo ni puede ser el de nadie que esté comprometido con la transición ecológica. Por supuesto, esto se hace aprovechando el obligado reflujo del movimiento, que encuentra enormes dificultades para mantener la actividad de protesta en tiempos de pandemia. Se hace aprovechando la dificultad de la movilización para avanzar con un plan que se parece demasiado al capitalismo verde de la derecha.

Por eso, desde Anticapitalistas hacemos un llamamiento al movimiento ecologista, al feminista y al sindicalismo y en general a toda la ciudadanía, a movilizarnos contra este proyecto de ley. Por nuestro bien y el de todas las especies del planeta en su conjunto, tenemos que reaccionar ante esta nueva tomadura de pelo. Necesitamos una Ley de Cambio Climático que esté a la altura de la situación histórica. No nos podemos permitir más décadas perdidas. Hay que reaccionar ahora.

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