28 SEsta semana hemos conocido que, gracias a la lucha del movimiento feminista, el Gobierno del PP aparcaba definitivamente el anteproyecto de Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y los Derechos de la Embarazada propuesto por Gallardón.

Es una buena noticia, al igual que el hecho de que uno de los ministros que más duramente ha atacado los derechos de las mujeres en la época reciente haya dimitido al ver su buque insignia encallado, pero no es suficiente.

Aunque el PP ha decidido dejar de lado el anteproyecto, sí que ha decidido “retocar” lo concerniente a las mujeres de 16 a 18 años. El PP lleva anunciando a bombo y platillo que las menores pueden abortar sin que ningún familiar se entere desde que salió a la luz la Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, pero es otra más de sus mentiras.  La ley fija en los 16 años la mayoría de edad para abortar, aunque especifica que las menores de edad tendrán que informar al menos a uno o una de sus representantes legales (padre, madre o tutor) si toman la decisión hacerlo. Sólo en caso de alegarse coacción, situación de violencia familiar, malos tratos, amenazas, o se produzca una situación de desamparo puede una menor no informar.

Resulta irónico que chicas de 16 años, legalmente capacitadas para mantener relaciones sexuales, casarse si consentimiento de sus representantes legales y decidir sobre si desean o no someterse a intervenciones quirúrgicas, no puedan decidir si están o no preparadas o si quieren o no llevar a término un embarazo, que para eso en concreto no se les considere lo suficientemente maduras.

La visión patriarcal de la maternidad es una de las grandes losas que pesa sobre las mujeres. Qué es ser una buena madre, cuándo serlo, qué sacrificar para lograrlo… todo esto viene impuesto pero queremos dejar claro que es derecho de las mujeres, reconocido en la declaración de los Derechos Humanos, decidir cuándo y cómo quieren ser madres (si es que lo quieren).

La autodeterminación sobre nuestro propios cuerpos en un derecho básico que no vamos a permitir que nos impidan ejercer. No queremos que nuestros derechos dependan de la buena disposición de quien esté en el poder. Nuestros derechos tienen que ser derechos siempre, no pueden ser moneda de cambio electoralista para la lucha entre partidos.

La lucha no termina aquí, seguiremos luchando por una ley del aborto que garantice plenamente el derecho de las mujeres a decidir sobre sus vidas con libertad y plena autonomía.

¡Queremos un aborto de calidad, seguro, gratuito, en la sanidad pública, despenalizado y con todas las garantías!