Los recursos naturales como eje central de la agenda de transformación social en Senegal.

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<Antonio José Montoro Carmona>

En Senegal se atisban tiempos de cambio. Cambios profundos en los que las lógicas históricas de perpetuación de la élite dirigente son puestas en cuestión por el vibrante movimiento social senegalés. Tal y como reflejaba Miguel Urbán en su artículo “Senegal y el tablero de disputa neocolonial”[1], la fuerza del movimiento anticolonial y panafricanista en Senegal y en los países limítrofes como Mali o Burkina Faso supone un aliento de esperanza para transformar la matriz de dominación cultura, económica y securitaria impuesta por las grandes potencias.

Herederas de un proceso de descolonización en el que el pacto y el acuerdo con la metrópoli francesa configuraron decisivamente la formación económica, social, política e institucional de los estados resultantes en todo el África Occidental, las élites dirigentes de Senegal no han conseguido desprenderse, a lo largo de los más de 60 años de vida estatal, de la dinámica de dependencia de la antigua potencia colonial.

El modelo dependiente y de exclusión social, que se cimenta en 400 años de esclavismo y en el correlato colonial y neocolonial que llega hasta nuestros días, ha arrojado al país al puesto 168 (de 186) en el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, generando una desafección casi absoluta entre las capas populares y la restringida élite dirigente por la falta de respuestas a sus necesidades más inmediatas. 

A pesar de la relativa estabilidad institucional que caracteriza a Senegal desde su separación de la Federación de Mali en 1960, y que ha evitado gobiernos militares y de ruptura del orden constitucional, el descontento de la población, en el que convergen múltiples causas de diferente orden, y que dieron lugar a las protestas de marzo de 2021, ha configurado un marco de disputa ideológica en el que la contradicción fundamental refleja el antagonismo entre el “poder” y el “pueblo”.  Esta contradicción no tiene la naturaleza “estratégica” del populismo europeo actual, sino que se alimenta de la propia realidad material, tangible y diaria de las condiciones de vida de las mayorías sociales en Senegal.

El movimiento social organizado, e incipientemente articulado con expresiones político-institucionales que recogen este descontento, plantea de manera abierta la necesidad de revertir el estado de cosas actual, analizando críticamente los elementos centrales que lo determinan y exigiendo la redefinición de la relación con Europa en su conjunto y con Francia especialmente. La posibilidad de reconfiguración de esta relación subordinada, que ha ubicado a Senegal en una posición de desventaja en la división internacional del trabajo, tiene en los recursos naturales del país uno de sus elementos centrales, mucho más en el contexto actual de guerra europea y sus repercusiones sobre el mercado de la energía mundial.

Además de los recursos pesqueros tradicionales, usurpados por Europa a través de los acuerdos comerciales, el oro o el circón, el descubrimiento en 2014 de grandes reservas de petróleo en Kaolack y de gas, dos años después, en Sant Louis y Cayar, han situado a Senegal como una posible “potencia emergente” en el ámbito regional. Así, el descubrimiento de estas reservas en un contexto en el que su precio puede dispararse hasta valores insospechados, sitúa la confrontación entre el ascendente movimiento de masas y la desacreditada élite dirigente, en una fase decisiva de la disputa por el proyecto de país.

En este choque de fuerzas sociales, políticas, culturales y mediáticas, la orientación de las políticas energéticas y comerciales del país va a determinar su futuro. Desde el movimiento social y los partidos políticos de raigambre popular, se exige el control público de estos recursos y su orientación a la satisfacción de las necesidades materiales de una población que sufre unas tasas de desempleo (50%) e informalidad en el trabajo (95%) que impiden financiar políticas públicas urgentes en el país. Sin embargo, estas propuestas entran en contradicción antagonista con la lógica de dominación neocolonial en la que Europa y Francia, y más recientemente China y Estados Unidos, ha situado a Senegal a lo largo de la historia y a la que las élites locales se encuentran indisolublemente ligadas.

La contradicción que representa depender de recursos altamente contaminantes ante la emergencia climática global, alguno de cuyos impactos más graves están siendo sufridos por los estratos más desfavorecidos de la sociedad senegalesa, unido al choque con la matriz de dominación internacional (extracción de recursos, marco regulatorio neoliberal, enfoque securitario) y a un contexto internacional de precios de la energía disparados por la guerra en Europa, configuran una realidad altamente compleja.

Las contradicciones y oportunidades que presenta el entorno nacional e internacional obligan al movimiento social senegalés a desarrollar toda su inteligencia colectiva, coherencia política y capacidad de articulación de plataformas programáticas que vinculen la lucha social con la institucional. Del resultado de la combinación de todos estos factores dependerá la resolución de la disputa por la dirección y la construcción de un Senegal más justo y equitativo para la mayoría social del país.

[1] https://vientosur.info/senegal-y-el-tablero-de-disputa-neocolonial/

  Antonio José Montoro Carmona es miembro de Antikapitalistak y Coordinador general de la ONG Mundubat

 

 

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