Las manifestaciones del 7 de septiembre

BRASIL

(Aline Schmidt y Luc Mineto))

La independencia de Brasil data del 7 de septiembre de 1822, cuando el Príncipe Regente derrocó a su padre Joao VI y se convirtió en Pedro I, Emperador de Brasil. Una independencia finalmente sin mucho drama y consolidada por una transacción financiera entre Brasil y Portugal bajo los auspicios de Gran Bretaña. Es una ocasión para un desfile militar. Fue esta fecha la que Bolsonaro había elegido para hacer una gran demostración de fuerza.

Una demostración de fuerza para enmascarar debilidades

El clan Bolsonaro eligió esta fecha del 7 de septiembre para hacer una demostración de fuerza, preparada durante mucho tiempo, con mucho dinero, tanto del presupuesto estatal como dinero sucio (¡el alcalde bolsonarista de un pequeño pueblo en el sur de Brasil fue interceptado el jueves pasado con más de 80.000 euros ocultos en sus calzoncillos!) No demasiado imprudentes, las y los Bolsonaristas habían decidido concentrar la mayoría de estas manifestaciones en Brasilia por la mañana y São Paulo por la tarde.

Bolsonaro necesita esta manifestación de fuerza. Está bajando en todas las encuestas, zarandeado por los avances de la CPI (Comisión Parlamentaria de Investigación) de la Pandemia, que demuestra cada día un poco más no solo su desastrosa, negacionista y criminal gestión de la pandemia, sino también la participación de su séquito en la corrupción que reina en el Ministerio de Salud. Sus dos hijos Flavio y Carlos son objeto de investigaciones policiales sobre las prácticas de rachadinha (cortar la pera por la mitad) por las que, durante años, han gravado en su beneficio una parte de los salarios de las empleadas de su oficina de diputado (Flavio) o de concejal municipal en Río (Carlos). Finalmente, sus repetidos excesos verbales contra el STF (Tribunal Federal Superior), la democracia y la constitución brasileña refuerzan su aislamiento; el sector financiero, el sector exportador de agronegocios, por ejemplo, se han distanciado públicamente. El gran temor de Bolsonaro es ser destituido y ver a sus hijos encarcelados.

Bolsonaro todavía tiene una mayoría en el Parlamento. Le protege del juicio político, pero no más allá. Y es una mayoría mercenaria, compuesta por los diputados del centro blando de la vida política brasileña. Su lealtad debe ser mantenida constantemente mediante puestos en la administración y dinero para su circunscripción. También serán los primeros en abandonar el barco en la primera señal de viento en contra.

Un balance gris

Obviamente, la marea amarilla y verde (los colores de Brasil) deseada por las y los Bolsonaristas no tuvo lugar. En Brasilia, esta mañana del 7 de septiembre, había 50.000, tal vez 60.000. Algunos miembros del clan incluso mostraron su decepción. En su discurso Bolsonaro repitió los perennes ataques contra los poderes judicial y legislativo y anunció la convocatoria del Consejo de la República, un órgano asesor con contornos poco claros. Finalmente, lo más destacado de esta parte de Brasilia fueron las escenas de disturbios protagonizados por las y los partidarios del presidente la noche anterior en un grotesco intento de desmantelar las barreras de seguridad instaladas para proteger el parlamento y el STF.

Muchas más personas en São Paulo por la tarde. 120.000 personas vinieron a llenar la Avenida Paulista. Bolsonaro, aún más agresivo, esta vez atacó nominalmente al juez de la STF Alexandre Morais (su bestia negra del momento). Volvió especialmente a las críticas al sistema de votación electrónica utilizado en Brasil para defender la impresión del voto por una impresora asociada con las urnas, cuestionando de antemano el resultado de las próximas elecciones (ya se ve perdiendo) que no usarían este sistema.

En las otras capitales de Brasil (Río de Janeiro, Belo Horizonte…) tuvieron lugar manifestaciones. Habiendo elegido los Bolsonaristas favorecer a Brasilia y São Paulo, no fueron un fracaso total ni un gran éxito y participan en este balance grisáceo.

La respuesta de la izquierda

Parte de la izquierda (el PT e incluso parte del PSOL) ha apostado totalmente por una estrategia electoral para elegir a Lula en 2022 y  no quería realmente abordar la tarea de convocar contramanifestaciones. Como Roberto Robaina anticipó el 6 de septiembre en la revista Movimento, en ausencia de un esfuerzo sistemático de movilización no podíamos esperar que las manifestaciones de la izquierda en contra fueran más amplias que las de la derecha fascista. En muchas ciudades, las fuerzas de izquierda habían elegido unirse a las manifestaciones del “Grito dos excluidos”, que tradicionalmente reúne desde 1995 a todas aquellas personas, mujeres, negros, pobres, habitantes de las favelas que la Independencia y más tarde la República dejaron de lado.

Esto dio lugar a manifestaciones significativas en Río, Porto Alegre, Belo Horizonte y especialmente en São Paulo, donde al mismo tiempo y al menos 2 km, la izquierda reunió a 15.000 participantes en un mitin vibrante. En Brasilia, las y los manifestantes se unieron a las delegaciones de los pueblos originarios que han estado acampando durante más de una semana cerca de STF para oponerse a una restricción de sus derechos a sus tierras históricas.

En todas estas manifestaciones, jóvenes, mujeres, habitantes de favelas y barrios periféricos, algunas delegaciones sindicales. Y más en general, en todos los barrios, los discursos de Bolsonaro estaban salpicados de “panaços”, los ahora tradicionales conciertos de cacerolas.

¿Y ahora qué? Unidad en la calle para alejar a Bolsonaro

Este 7 de septiembre fue, por lo tanto, un día en el que, de nuevo según Roberto Robaina, Bolsonaro mostró su fuerza y reveló su debilidad. De hecho, no ha intentado ninguna acción de envergadura efectiva contra las instituciones democráticas dominadas por la burguesía; Bolsonaro y su familia no se atrevieron a ir más allá del discurso. Pero la aparición de esta fuerza, por supuesto, no debe subestimarse. La extrema derecha ha levantado la cabeza y está en el gobierno. El poder ejecutivo tiene una fuerza de atracción y bazas que jugar. El golpe de Estado es una política del propio gobierno. Resulta que Bolsonaro no ha sabido cómo usar el poder ejecutivo para hegemonizar a la clase dominante. Sus orientaciones han producido una división irreversible. Una gran parte de la burguesía decidió, después de muchos intentos de conciliación y convivencia, enfrentarse a él. De ahí la simpatía que las acciones de los jueces de la Corte Suprema, por ejemplo, despiertan en millones de personas con conciencia democrática.

La manifestación de las y los Bolsonaristas no invirtió la dinámica de desgaste del gobierno. Después del 7 de septiembre, es el escenario de la pandemia, el desempleo, del aumento de los precios en general y de la energía en particular, de la posibilidad de racionamiento, lo que vuelve a un primer plano. También veremos el regreso de las acusaciones de corrupción gubernamental y descontento social contra Bolsonaro. Nada de esto va a cambiar. La debilidad siempre será la marca del gobierno y la posibilidad de derrocarle sigue en la agenda.

Un efecto óptico puede dar momentáneamente la impresión de que las fuerzas del gobierno y la extrema derecha salidas a las calles son superiores a las de la oposición en la calle. Este no es el caso: las manifestaciones del 19 de junio y especialmente del 24 de julio contra Bolsonaro no contaron con el apoyo del aparato estatal, pero reunieron a más personas, en más ciudades que las bolsonaristas de hoy. Es por eso que debemos rechazar cualquier política que no dependa de la fuerza de las y los trabajadores, y de las corrientes y los partidos que dicen ser de izquierda en la calle; que no les llame a salir a las calles con determinación y de manera organizada. Nos negamos a depender únicamente de la reacción de las instituciones democráticas burguesas. Somos más fuertes, más conscientes, incluso si este día 7 de septiembre nos vimos a la defensiva. Y debemos prepararnos para nuevas acciones y defender dentro de las fuerzas políticas la campaña “Bolsonaro vete” y que esta batalla se gane en la calle y en unidad.

8/09/2021

Traducción: F.E. para antikapitalistak.org

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