La ley Celaá continúa con el modelo educativo neoliberal y desigual

La ley Celaá ha estado en el centro de un fuerte debate público durante las últimas semanas. Un debate monopolizado por una derecha ultramontana, que marca la agenda política a base de mentiras y exageraciones. El problema es que todo eso oculta lo que hay detrás de la LOMLOE (también conocida como la ley Celaá): la continuidad de un modelo educativo neoliberal y desigual, que tiende a convertir la educación en un negocio, transfiriendo recursos públicos a intereses privados.

La Ley Celaá no acaba con los conciertos educativos, ni siquiera los dificulta, ni mucho menos tiene ningún plan concreto para hacer que la red concertada sea realmente subsidiaria de la pública, tal y como se planteaba en su creación en 1985. La patronal puede estar tranquila. Y lo sabe, por mucho aspaviento y lazo naranja que se pongan. No aumenta la financiación de la educación pública: en agosto, en el Congreso de los Diputados, la izquierda gubernamental garantizó que la educación concertada recibiese fondos de los planes de reconstrucción. El único elemento positivo que contiene la ley en este terreno es que cancela la posibilidad de ceder gratuitamente, en el futuro, suelo público a la privada-concertada.

Por mucho que la derecha mienta, es falso que la Ley Celaá acabe con la religión en la escuela. No hay tampoco una transformación de las metodologías, del currículum, de una evaluación que está más que desfasada, no existe una apuesta por dotar de más recursos a la educación inclusiva, ni una bajada de las ratios que permitiera introducir nuevas prácticas educativas en las aulas. Es necesario profundizar en la gestión democrática de los centros, cuestión en la que la LOMLOE, apenas aporta. Por ejemplo, la elección de las direcciones sigue dependiendo en gran medida de la administración.

No se contemplan cambios en el acceso a la función docente, en la selección del profesorado, ni se favorece la estabilización de interinos. Esta es una problemática que no se aborda, cuando existen 170.000 personas interinas, casi un tercio de la totalidad del profesorado del sistema educativo público no universitario. Es imprescindible dar estabilidad a este profesorado, y esta ley tampoco lo establece. El actual sistema que regula el acceso a la docencia está desfasado, pero la ley Celaá no plantea cambios, perpetúa un modelo memorístico, muy alejado de las necesidades de la educación. No se mejoran las condiciones laborales, por cuanto no se toca el horario lectivo del profesorado que en el Estado español es sensiblemente superior al del resto de países europeos, con la sobrecarga y saturación que ello supone desde que se aumentó la cara lectiva en el horario. Además, deja al Cuerpo de Profesores Técnicos de Formación Profesional como un cuerpo a extinguir, sin aportar soluciones para quien no pueda acceder al Cuerpo de Secundaria.

La ley Celaá no aborda todas las cuestiones de fondo que hemos enumerado. Pero el problema de fondo es que la izquierda en el gobierno y sus aliados en los sindicatos han renunciado a plantear un modelo alternativo al que lleva años implementando la derecha. Un modelo que rompa con la educación concertada, que no es más que otra forma de garantizar beneficios a la educación privada a través de fondos públicos. Las rabietas de la derecha y del lobby de la concertada se enmarcan dentro de este acuerdo de fondo: es una pelea por seguir consiguiendo más beneficios, a través de un largo y constante proceso de movilización que erosiona la educación pública y que va regalando más campos de acción a la privada, eso sí, siempre con dinero público. La falacia de la libertad de elección de los padres y las familias instaura una idea anti-democratica: que los alumnos y alumnas son propiedad de sus progenitores, eso sí, mientras tengan dinero suficiente para ejercer su libertad.

Estamos radicalmente en contra de este marco ideológico neoliberal. Las alumnas y los alumnos son responsabilidad de la sociedad y obligación de las instituciones públicas, que tienen el deber de garantizar su autonomía y su desarrollo igualitario. La izquierda cobarde que renuncia a defender esta cuestión central, ha perdido de antemano.
Estamos radicalmente a favor de la educación pública. Eso es incompatible con al existencia del modelo de la educación concertada, un modelo que perpetúa privilegios de clase con el dinero de todxs. Creemos que las leyes que se aprueben deben tender a desmantelar este sistema, garantizando su conversión en estructuras que formen parte de la red pública. El objetivo de fondo debe ser universalizar la educación pública y garantizar la igualdad y libertad de todo el alumnado.

Por eso proponemos:

  • Que la educación concertada no reciba ayudas de los fondos de reconstrucción y que todo ese dinero vaya a la educación pública.
  • Aumento del presupuesto de la educación pública hasta el 7%, que permita bajar los ratios, contratar más profesorado y disminuir el horario lectivo como base para una renovación pedagógica.
  • Fin de los convenios con empresas privadas como La Caixa, Amazon o Google.
  • Iniciar un proceso de subrogación de los interinos y de los trabajadores de la educación concertada, paralelo al fin de las subvenciones que recibe la escuela privada-concertada. Integración de los conciertos en la red pública.
  • Democratización de las direcciones de los institutos, facilitando la elección de las direcciones de los centros por los consejos escolares.

Lejos de ser medidas radicales, son medidas de sentido común. El neoliberalismo ha dado la batalla ideológica durante décadas para imponer su modelo y sus propuestas: ahora mismo una aberración como la educación concertada, parece lo más normal del mundo. Proponemos darle la vuelta a ese camino. No puede ser que, por estar la izquierda en el gobierno, reforcemos ese marco, cuando debería ser al revés.

Os invitamos a discutir estas propuestas en una asamblea abierta, este viernes 27 de noviembre a las 18h, para debatir y decidir colectivamente qué pasos dar en esta lucha por una enseñanza 100% pública y de calidad. Para participar en la asamblea abierta, inscríbete previamente enviando un correo a contacto@anticapitalistas.org y te enviaremos el enlace de Zoom.

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