Errekalde auzoko Kukutza III gaztetxearen defentsarako kanpainian garatzen ari diren ekimenen harira, hurrengo gutuna idatzi du Mikel Toral Eusko Jaurlaritzako Kulturaren Sustapenarako Zuzendariak.
Holan, Imanol zuberok idatzitako hausnarketa eta Errekaldeberriko auzokideen testua ere bidaltzen dizuegu.

Gauzak horrela, prentsaurreko baterako deia egiten dugu biharko uztailak 11 goizeko 11.00etan Bilboko epaitegian. Bertan autoinkulpazioen errepresentazioa egingo dugu Fermin Muguruzak lagunduta.

A colación de los últimos acontecimientos en la campaña de defensa de Kukutza III gaztetxea en el barrio de Errekalde, os remitimos la carta escrita por Mikel Toral, Dirección de Promoción Cultural del Gobierno Vasco.
También adjuntamos la reflexión de Imanol Zubero leída el miércoles pasado y el texto redactado por miembros de la antigua asociación de vecinos de Rekaldeberri.

Así mismo, convocamos una rueda de prensa para mañana lunes 11 de julio a las 11.00 de la mañana en los juzgados de Bilbao en la que representaremos la entrega de las autinculpaciones de vecin@s, agentes culturales, sociales, usuarias del gaztetxe, etc, con la presencia de Fermin Muguruza como materializador de la denuncia.

Eskerrik asko.

En la naturaleza no hay lugar para el abandono. La vida siempre acaba colonizando todos aquellos lugares caídos en decadencia. Del mismo modo, en las ciudades dinámicas las infraestructuras abandonadas, vaciadas de sentido por el declive de la industria o la desidia humana, se convierten en un lugar de oportunidad donde puedan hacerse realidad nuevas maneras de vivir la comunidad, organizarse, compartir conocimiento, de crear cultura, en definitiva. La naturaleza y la ciudad son sistemas complejos que comparten una misma necesidad: la diversidad, la coexistencia de una multiplicidad de especies e individuos diferentes, con diferentes prácticas, expresiones y necesidades en permanente interacción.

Kukutza, en su dimensión de colectivo activista, es generador de modos culturales que deben tener cabida en la necesaria diversidad de la cultura bilbaína, de la cultura vasca. Es, además, un reconocimiento merecido por su trabajo voluntario, autoorganizado, y con una clara orientación comunitaria a lo largo de más de 13 años en su tercera etapa. Una actividad que sigue la estela de la propia historia del barrio, un barrio con un remoto y evidente déficit de equipamientos socio-culturales que el movimiento ciudadano ha tratado desde hace décadas de paliar con su propia iniciativa y audacia (de la Biblioteca y Universidad Popular al actual Gazte-leku, heredero a su vez del movimiento de clubs de jóvenes de los años 70). Dicho de otra manera, Kukutza es la vida que acaba colonizando el abandono. Además, de manera fértil y prometedora cara al futuro, habida cuenta del nutrido conjunto de colectivos y actividades diversas que en él tienen lugar y que, sin duda, merecerían mejores oportunidades y recursos, por lo menos de la misma intensidad del apoyo que sí reciben de la propia población rekaldetarra.

En definitiva, esta Dirección de Promoción Cultural del Gobierno Vasco quiere expresar su apoyo y su deseo de que esta interesante dinámica cultural ciudadana no desaparezca. Gran parte de las actividades de Kukutza merecen la suerte de permanecer y están en plena sintonía con una de nuestras líneas estratégicas de trabajo, la de Sormen Lantegiak – Fábricas de Creación.

Es por esto que desde esta Dirección alentamos a todos los agentes implicados a dar una oportunidad para que con la colaboración de todos busquemos una solución a la amenaza de perdida irreparable para la diversidad cultural Rekaldetarra, Bilbaína y Vasca.

Mikel Toral

En defensa de KUKUTZA: Kukutza puro Rekalde

El Gaztetxe Kukutza es puro Rekalde, una experiencia autogestionaria a la altura de las mejores, de las más audaces e imaginativas habidas en este barrio, que no han sido pocas. Desde mediados de la década de los sesenta pasando por las décadas de los setenta y de los ochenta la calidad de vida en el barrio fue mejorando gracias a la implicación de unas vecinas y de unos vecinos que no querían ver pasar sus días en un barrio-dormitorio o depósito de mano de obra industrial, así que empezaron a tejer relaciones solidarias con el objetivo de construirse un entorno de vida digno de personas. Varias generaciones de rekaldetarras se fueron sucediendo en las tareas más activas, siempre con el concurso de gente joven y animosa que transmitía su energía vital al resto, a cientos y miles de vecinas y vecinos. Aquellos eran tiempos de empezar por arreglar la casa, o sea, de eliminar basureros, dotarse de un centro de salud, de escuelas, institutos y centros de FP, de una Plaza donde encontrarnos para disfrutar en compañía, de locales juveniles que empezaban a orientarse a la intervención en desarrollo comunitario… y tantas y tantas cosas que fueron dando calidad y calidez al hecho de habitar. Kukutza, nacida a finales de los noventa cuando el movimiento ciudadano había dejado de ser lo que había sido, es la experiencia juvenil autogestionaria más relevante de toda la década pasada y quiere seguir en ello por mucho tiempo. Por derecho propio Kukutza se ha eslabonado en la cadena de la historia del barrio. Parafraseando a nuestro gran poeta Gabriel Aresti queremos advertir que derribar el pabellón industrial que han vivificado las gentes de Kukutza hasta convertirlo en un auténtico centro de innovación social, cultural y artística “sería como sacarle los ojos a la golondrina”. No lo permitamos.

Firman: Mikel Arriaga, Marifé Fernández, Floren Gómez, Miguel Ángel Gómez, Clemente

Gutiérrez, Genoveva Mateos, Isabel Otxoa, Ketxu Pereda. (Vecinos de Rekaldeberri,

coordinadores/autores del libro “Rekaldeberri, la trama de un barrio”).

Mikel Arriaga Landeta. DNI: 14889174D. Profesor de Sociología en la EHU/UPV

Si bien la ciudad puede ser analizada de diferentes maneras -como simple agregado territorial, como artefacto físico o conceptual cuya estructura va a condicionar la forma de vida de los sujetos-, lo que más nos interesa es aproximarnos a la urbe como un complejo entramado de interacciones, “como una unidad funcional en la cual las relaciones entre los individuos que la integran están determinadas no sólo por las condiciones impuestas por la estructura material de la ciudad ni siquiera por las regulaciones formales de un gobierno local, sino más bien por las interacciones, directas o indirectas, que los individuos mantienen los unos con los otros” (Park). La ciudad es, sobre todo, lo que hacemos con ella y en ella. La ciudad es, por encima de todo, sus ciudadanas y ciudadanos y las relaciones que establecen entre sí.

¿Ofrece la ciudad actual oportunidades para que esa interacción se produzca? “En toda América, la planificación urbana ha renunciado a su papel histórico como integradora de comunidades, y propicia un desarrollo selectivo que enfatiza las diferencias”. Esta afirmación de Michael Sorkin, realizada a principios de los Noventa, nos advierte frente a uno de los riesgos más importantes a los que se enfrenta la ciudad de hoy y, sobre todo, la de mañana: el riesgo de que, al margen de nuestras intenciones y deseos, el espacio urbano realmente existente haga físicamente imposible la interacción social imprescindible para la construcción de la cultura ciudadana. Este espacio urbano donde la interacción social y el encuentro entre vecinos se vuelve crecientemente dificultoso es el que Pietro Barcellona denomina ciudad postmoderna, “una enorme superficie pulimentada en la que se puede patinar hasta el infinito”. La ciudad, históricamente el espacio privilegiado para la civilidad, la socialidad, la comunicación, el encuentro, la participación, se ve reducida a un espacio sin referencias, un espacio que ya no es necesario para la vida; más aún, un espacio para el que la vida no sólo no es necesaria, sino que se convierte en un auténtico engorro. Por evitar encontronazos, inevitables cuando de la vida real se trata, acabamos por volver casi imposibles los encuentros.

Hoy las ciudades se sueñan, se piensan y se diseñan para ser creativas, atractivas, emprendedoras, globales… pero entonces no se sabe qué hacer con la ciudad (y la ciudadanía) encadenada a lo local, con la ciudad (y la ciudadanía) vulnerable y frágil. Si repasamos el índice analítico del libro de Richard Florida Las ciudades creativas no encontraremos referencia ninguna a la pobreza, la desigualdad o la exclusión. Hay universitarios y jóvenes solteros, jubilados, gays y lesbianas, enclaves étnicos; hay, por supuesto, profesionales jóvenes, innovadores y talento. También hay, es verdad, “familias con ingresos bajos, desplazamiento de”; es decir, familias con ingresos reducidos que no pueden afrontar el precio de la vivienda y de la vida en los nuevos “mosaicos urbanos paraíso de los modernos” y que por ello se ven desplazados de estos lugares. Pero no hay vida, al menos no la hay en toda su complejidad. Desaparecen los problemas, o se planifica su desaparición. Desaparece, por ello, la ciudad real. La pérdida de la ciudad significa, por tanto, la pérdida de la comunicación real al disminuir el interéspor los lugares y por la gente.

Bruce Bégout ha captado perfectamente el espíritu de esta ciudad postmoderna, plagada de nolugares, al analizar el motel americano como expresión de esta no-ciudad: “El motel, lejos de limitarse a ser una muestra del american way of life, muestra que se propaga en la actualidad en la periferia de casi todas las ciudades mundiales, concretiza nuevas formas de vida urbana donde la movilidad, el vagabundeo y la pobreza vital adquieren un lugar preponderante”. Como señala Bégout, la característica más evidente de este motel es que “no se ha previsto ningún espacio, ni externo ni interno, para acoger reuniones de inquilinos”. Por el contrario, “todo ha sido concebido para favorecer una circulación de las personas en sentido único, desde sus automóviles a sus habitaciones y viceversa”. ¿No nos recuerda esta caracterización del motel americano a muchos de los espacios que encontramos en nuestras ciudades?

La ciudad no puede ser un parque temático (Sorkin) ni un lugar de encuentro vacío, “decorado para parecer algún tipo de ciudad ideal, pero donde nadie se relaciona con nadie” (MacCannell). Más acá del espectacular skyline está siempre el topos inmediato de la vulnerabilidad, la fragilidad y la exclusión.

Abandonada a sus propias dinámicas y al contrario de lo que esperábamos, “la ciudad ya no produce sociedad” (Donzelot). La ciudad por sí sola ya no basta para producir ciudadanos ni civismo. Hoy la ciudad exige una nueva actitud por parte de sus habitantes -proactiva, propositivapara que la vida urbana brote y se manifieste en toda su diversidad, exuberante y agonística.

Ciudadanas y ciudadanos que se reapropien del derecho colectivo a la ciudad no como consumidores de experiencias, ni como emprendedores a la búsqueda de un adecuado suelo para desarrollar su creatividad, ni siquiera como ciudadanos meramente reactivos y exigentes, sino como actores sociales empeñados en la construcción de poderes democráticos. Pues, como recuerda Barcellona, “afirmar hoy que el ciudadano en cuanto tal tiene derechos […] puede convertirse en un simple ejercicio de lógica, que deduce de la condición de ciudadano el derecho a la atribución de recursos, como si se tratara de un corolario y no ya del terreno de un conflicto que no puede no ser colectivo y que tiene como objetivo la reforma del poder social y de las formas de convivencia”.

Rekalde ha sido siempre, con sus insurgencias ciudadanas y sus emergencias culturales, una ciudad imprevista en el sentido en que Paolo Cottino utiliza este término: “En nuestras ciudades surgen continuamente prácticas, acciones y comportamientos que, al margen de los usos tradicionales del espacio y sin respetar las reglas establecidas para el disfrute de los recursos espaciales urbanos, proponen formas nuevas de relacionarse con el territorio, de aprovechar el recurso «ciudad». Sus protagonistas, por necesidad o por voluntad propia, no se someten a la disciplina impuesta y tratan de controlar ellos mismos el proceso de construcción de la territorialidad, es decir, de la relación social con el territorio”.

Kukutza, expresión de ese activismo ciudadano que hace más y mejor ciudad cada día. Porque ni Bilbao ni Rekalde sin Kukutza serían lo mismo: Kukutza no se toca!!!