Tomado de Naiz
(IOSU DEL MORAL Y MIKEL LABEAGA)
MILITANTES DE ANTICAPITALISTAS-:

    Por lo tanto, y visto el panorama, a la izquierda alternativa que tanto ansía emanciparse definitivamente de un sistema capitalista inhumano, despiadado y cruel, no le queda otra salida que organizarse

12/08/2020

El dios capitalista y la ley del mercado gobernarán una parte de Euskal Herria durante los próximos cuatro años de manos de los jeltzales. Al grito de jangoikoa eta legea, dios y la ley, el Partido Nacionalista Vasco seguirá guiando al pueblo por la senda de las incineradoras, los trenes de alta voracidad y las trabajadoras machacadas de las residencias de mayores. Un Gobierno Vasco que, junto a su muleta predilecta del PSOE, volverá a apostar por un rancio continuismo basado en políticas faraónicas de carácter neo-liberal que prioricen la rentabilidad económica en detrimento de las necesidades de las personas.

Al parecer, un contexto a priori tan desfavorable como pudiera ser el encontrarse en el gobierno durante la pandemia y su consecuente crisis económica, no han incidido negativamente en los resultados obtenidos por el ejecutivo de Urkullu. Tampoco la aparición de algunos episodios de corrupción política con cierta repercusión mediática, como el caso De Miguel o la nefasta gestión del vertedero de Zaldibar, parece que hayan sido determinantes en las urnas. No es menos cierto que, a la espera de análisis más exhaustivos a cerca del comportamiento de la abstención, el Partido Nacionalista Vasco se ha dejado un buen puñado de votos por el camino. Así que a la foto del éxtasis de Ortuzar en la efervescencia de la victoria le falta su collage de corruptelas y mala gestión dejando el proyecto muy lejos de la pulcritud que algunos tratan de vender.

Sin duda, han sido unos comicios marcados por la crisis sanitaria y la baja participación que ha alcanzado números de récord. Pero sería muy miope tratar de achacar únicamente a la pandemia el que la gente se quedara en casa, sin procurar hacer un examen de mayor calado. Una abstención que, en principio, a beneficiado a casi todos, ya que PNV, EH Bildu y PSOE han mejorado su número de escaños, habiendo perdido votos en proporción a otros procesos electorales. Incluso el parlamentario obtenido por VOX pudiera aludirse al escaso número de votos necesarios, pero sin olvidar que son apoyos que no salen de la nada si no de lo más profundo de las cloacas del PP. Quien sí ha salido mal parado, sin lugar a dudas, ha sido Podemos, seguramente más por el desencanto con el proyecto de mucha de su gente que por la abstención derivada de la era covid.

Al margen de lo anecdótico del escaño del facherío más vomitivo protagonizado por la formación de Abascal, las urnas vienen a corroborar el descalabro del proyecto de la derechona española en tierras vascas. Un Partido Popular que viene a constatar la mala tendencia de los últimos años, habiéndose convertido en una fuerza prácticamente testimonial en el Parlamento Vasco. Una derecha que sociológicamente se ha ido aglutinando en el seno del PNV dejando a un lado cualquier tipo de diferencia en el plano de lo nacional para disfrutar de manera conjunta de su particular orgía capitalista. Algo que ahonda, si cabe aún más, en el anacronismo ya existente entre la CAV y el Estado español, donde la opción conservadora-liberal alcanza un ratio de voto cercano a los 11 millones, alternándose en el poder con total naturalidad, mientras que en las instituciones vascas aparecen como una fuerza marginal.

En tierra de nadie el PSOE, empeñado en seguir los pasos de los populares para terminar en el ostracismo de la escena política vasca. Poco más le queda a un proyecto caduco que sobrevive gracias a algunas reminiscencias del voto tradicional, en gran parte sustentado por aquella inmigración de sensibilidad obrerista. Una pseudoizquierda social-liberal que ni siquiera ha sido capaz de alcanzar cierto rédito con el conocido como «efecto de la Moncloa». Tampoco es que las dos únicas organizaciones de izquierdas que han concurrido a las elecciones, EH BILDU y Podemos, hayan logrado ilusionar al menos a sus sectores más críticos, ya que todo señala a que se han quedado en la abstención al no sentirse representados por ninguna de estas formaciones.

Por un lado, la coalición abertzale que en su nueva estrategia fundamentada en el abandono de sus tesis más rupturistas y, por ende, con una clara apuesta por las instituciones, incluidas las estatales; nos muestra su versión más moderada. Una apuesta que deja de lado a sus sectores más radicales en lo social, así como a los de carácter más independentista; similar a la de ERC en Catalunya, donde ya en su día se abriera un espacio muy interesante a la izquierda de sus posicionamientos. Por otro lado, un Podemos que totalmente carente de músculo y vacío de masa social, ha decidido convertirse en un simple tentáculo de su homólogo en Madrid, apostando por una política gobernista y dejando definitivamente de lado cualquier opción de ruptura con el sistema como se planteara en sus inicios.

Por lo tanto, y visto el panorama, a la izquierda alternativa que tanto ansía emanciparse definitivamente de un sistema capitalista inhumano, despiadado y cruel, no le queda otra salida que organizarse. Muchos son los sectores cansados ya de tanto discurso basado en la gestión frente a la ideología. Un PNV al que se le llena la boca hablando de la patria y de la necesidad de construir país; pero que en realidad siguen una marcada hoja de ruta ideológica muy similar a la de la derecha española, que no es otra que apuntalar los cimientos de un sistema neo-liberal. Con lo que es tiempo de construir espacios donde quienes apuesten por otra manera de hacer política fundamentada en el valor de lo humano empiecen a construir esa herramienta que logre plantar cara a aquellos que todo lo compran y todo lo venden.

GESTIÓN VERSUS IDEOLOGÍA

Por lo tanto, y visto el panorama, a la izquierda alternativa que tanto ansía emanciparse definitivamente de un sistema capitalista inhumano, despiadado y cruel, no le queda otra salida que organizarse

12/08/2020

El dios capitalista y la ley del mercado gobernarán una parte de Euskal Herria durante los próximos cuatro años de manos de los jeltzales. Al grito de jangoikoa eta legea, dios y la ley, el Partido Nacionalista Vasco seguirá guiando al pueblo por la senda de las incineradoras, los trenes de alta voracidad y las trabajadoras machacadas de las residencias de mayores. Un Gobierno Vasco que, junto a su muleta predilecta del PSOE, volverá a apostar por un rancio continuismo basado en políticas faraónicas de carácter neo-liberal que prioricen la rentabilidad económica en detrimento de las necesidades de las personas.

Al parecer, un contexto a priori tan desfavorable como pudiera ser el encontrarse en el gobierno durante la pandemia y su consecuente crisis económica, no han incidido negativamente en los resultados obtenidos por el ejecutivo de Urkullu. Tampoco la aparición de algunos episodios de corrupción política con cierta repercusión mediática, como el caso De Miguel o la nefasta gestión del vertedero de Zaldibar, parece que hayan sido determinantes en las urnas. No es menos cierto que, a la espera de análisis más exhaustivos a cerca del comportamiento de la abstención, el Partido Nacionalista Vasco se ha dejado un buen puñado de votos por el camino. Así que a la foto del éxtasis de Ortuzar en la efervescencia de la victoria le falta su collage de corruptelas y mala gestión dejando el proyecto muy lejos de la pulcritud que algunos tratan de vender.

Sin duda, han sido unos comicios marcados por la crisis sanitaria y la baja participación que ha alcanzado números de récord. Pero sería muy miope tratar de achacar únicamente a la pandemia el que la gente se quedara en casa, sin procurar hacer un examen de mayor calado. Una abstención que, en principio, a beneficiado a casi todos, ya que PNV, EH Bildu y PSOE han mejorado su número de escaños, habiendo perdido votos en proporción a otros procesos electorales. Incluso el parlamentario obtenido por VOX pudiera aludirse al escaso número de votos necesarios, pero sin olvidar que son apoyos que no salen de la nada si no de lo más profundo de las cloacas del PP. Quien sí ha salido mal parado, sin lugar a dudas, ha sido Podemos, seguramente más por el desencanto con el proyecto de mucha de su gente que por la abstención derivada de la era covid.

Al margen de lo anecdótico del escaño del facherío más vomitivo protagonizado por la formación de Abascal, las urnas vienen a corroborar el descalabro del proyecto de la derechona española en tierras vascas. Un Partido Popular que viene a constatar la mala tendencia de los últimos años, habiéndose convertido en una fuerza prácticamente testimonial en el Parlamento Vasco. Una derecha que sociológicamente se ha ido aglutinando en el seno del PNV dejando a un lado cualquier tipo de diferencia en el plano de lo nacional para disfrutar de manera conjunta de su particular orgía capitalista. Algo que ahonda, si cabe aún más, en el anacronismo ya existente entre la CAV y el Estado español, donde la opción conservadora-liberal alcanza un ratio de voto cercano a los 11 millones, alternándose en el poder con total naturalidad, mientras que en las instituciones vascas aparecen como una fuerza marginal.

En tierra de nadie el PSOE, empeñado en seguir los pasos de los populares para terminar en el ostracismo de la escena política vasca. Poco más le queda a un proyecto caduco que sobrevive gracias a algunas reminiscencias del voto tradicional, en gran parte sustentado por aquella inmigración de sensibilidad obrerista. Una pseudoizquierda social-liberal que ni siquiera ha sido capaz de alcanzar cierto rédito con el conocido como «efecto de la Moncloa». Tampoco es que las dos únicas organizaciones de izquierdas que han concurrido a las elecciones, EH BILDU y Podemos, hayan logrado ilusionar al menos a sus sectores más críticos, ya que todo señala a que se han quedado en la abstención al no sentirse representados por ninguna de estas formaciones.

Por un lado, la coalición abertzale que en su nueva estrategia fundamentada en el abandono de sus tesis más rupturistas y, por ende, con una clara apuesta por las instituciones, incluidas las estatales; nos muestra su versión más moderada. Una apuesta que deja de lado a sus sectores más radicales en lo social, así como a los de carácter más independentista; similar a la de ERC en Catalunya, donde ya en su día se abriera un espacio muy interesante a la izquierda de sus posicionamientos. Por otro lado, un Podemos que totalmente carente de músculo y vacío de masa social, ha decidido convertirse en un simple tentáculo de su homólogo en Madrid, apostando por una política gobernista y dejando definitivamente de lado cualquier opción de ruptura con el sistema como se planteara en sus inicios.

Por lo tanto, y visto el panorama, a la izquierda alternativa que tanto ansía emanciparse definitivamente de un sistema capitalista inhumano, despiadado y cruel, no le queda otra salida que organizarse. Muchos son los sectores cansados ya de tanto discurso basado en la gestión frente a la ideología. Un PNV al que se le llena la boca hablando de la patria y de la necesidad de construir país; pero que en realidad siguen una marcada hoja de ruta ideológica muy similar a la de la derecha española, que no es otra que apuntalar los cimientos de un sistema neo-liberal. Con lo que es tiempo de construir espacios donde quienes apuesten por otra manera de hacer política fundamentada en el valor de lo humano empiecen a construir esa herramienta que logre plantar cara a aquellos que todo lo compran y todo lo venden.

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