Frente a la pandemia de Covid-19, nuestras vidas valen más que sus beneficios

ComunicadosCuarta Internacional

(Declaración europea de la Cuarta Internacional)

En Europa, y especialmente en la Unión Europea, el segundo bloque económico más grande del mundo, se está demostrando un día tras otroque las políticas aplicadas en los últimos veinte años han socavado las estructuras de salud pública que podrían haber hecho frente a una pandemia como la del Covid-19. En marzo, esta región ha estado en el centro de la pandemia. Ahora le toca a los Estados Unidos y mañana a África, América Latina y Asia con cada vez mayores riesgos para millones de personas en países con estructuras sanitarias deficientes.

En 20 años, se han recortado hospitales, puestos de médicos y enfermeras y decenas de miles de camas de cuidados intensivos y de reanimación para cumplir las normas de los presupuestos de austeridad y la lógica del capitalismo liberal: reducir la parte de la protección social en el PIB. Quitando Austria, Bélgica, Alemania y Luxemburgo, el resto de países sólo disponen de 4 a 11 camas de cuidados intensivos por cada 100.000 habitantes, siendo Portugal y Grecia los que tienen las cifras más bajas. En la última década se han llevado a cabo planes sucesivos de supresión de camas de hospital en estos dos países, al igual que en el Estado español, Francia y el Reino Unido. Estas políticas, denunciadas constantemente por los trabajadores de la salud en los últimos años, han creado una escasez catastrófica de recursos para hacer frente a la pandemia. Italia y Francia ya han alcanzado o superado su capacidad máxima en las unidades de cuidados intensivos. Otros países se enfrentarán a la misma situación en las próximas semanas. En todas partes, los gobiernos han tardado en adoptar medidas para hacer frente a esta escasez con el suministro necesario de materiales de protección (máscaras, geles, etc.), equipos esenciales (camas, respiradores) y la contratación de emergencia de personal hospitalario. Incluso en Alemania, cientos de miles de camas han sido eliminadas durante las dos últimas décadas y la proporción de enfermeras por paciente muestra un déficit de al menos 110.000 enfermeras.

Al mismo tiempo, la principal obsesión de los gobiernos y empleadores en Europa ha sido el espectro de la recesión y el mantenimiento de la máxima producción. Cuando se impusieron medidas de emergencia para proteger a la población, varios gobiernos procedieron, y siguen haciéndolo, con órdenes judiciales contradictorias. Obligados a decretar en varios países el confinamiento de toda la población para frenar y reducir la propagación del virus, han seguido presionando para mantener la máxima actividad económica, con riesgo para la salud de los trabajadores, incluso en sectores como la producción automovilística, la construcción, la industria militar o los astilleros. Además, los trabajadores de los sectores esenciales (producción y distribución de alimentos, carreteras, transporte público, personal médico y de residencias de ancianos) no disponen de suficiente equipo de protección individual, e incluso las directrices de la UE sobre la legislación en materia de seguridad (y salud) son ampliamente ignoradas.

Algunos países han promulgado decretos por los que se prohíben las “actividades no esenciales”, pero siempre con la voluntad de mantener la mayor parte de la producción económica. Francia e Italia han prohibido ciertos despidos, pero estas medidas son de alcance limitado. En el Estado español, los trabajadores afectados por los cierres tendrán que compensar las horas no trabajadas después de la reapertura de las empresas; aunque ya en las últimas semanas se han producido 1,5 millones de despidos, 500.000 de ellos en Cataluña. En Italia, la patronal Cofindustria ha presionado para que la mayoría de los sectores económicos sigan funcionando como de costumbre, pero los trabajadores y los sindicatos combativos han obligado al gobierno a reducir parcialmente el número de sectores autorizados a seguir funcionando. Sin embargo, a partir de ahora, incluso en las zonas más afectadas, una simple declaración a las autoridades policiales locales permite a muchas plantas y fábricas continuar sus actividades. La resistencia de los trabajadores también se mantiene. En Francia es a menudo por falta de piezas o de salidas inmediatas que la producción se ha detenido. PSA y Renault intentan ahora reanudar la máxima actividad. La propia ministra de trabajo francesa ha ejercido toda su presión para que el sector de la construcción y las obras públicas reanude su actividad.

Millones de trabajadoras han sido despedidos directamente o puestos en paro parcial con pérdida de salario. No se han renovado los contratos precarios y temporales. Millones de autónomos que no tenían la condición de empleados también se encuentran sin actividad y sin ingresos. Pero para todos, las facturas e hipotecas siguen llegando y tienen que ser pagadas. Todas las trabajadoras, independientemente de su condición (asalariadas, autónomas, desempleadas, temporales, de temporada, etc.) deben tener sus ingresos garantizados al 100%, con un mínimo garantizado para todos en función del coste de la vida en el país. Las ganancias y los dividendos deben ser utilizados para financiar esto.

Los trabajadores que viven en condiciones precarias, las personas sin hogar y las mujeres son los primeros afectados por la propagación del Covid-19 y su contención. Las viviendas precarias, estrechas e insalubres crean un confinamiento para los ricos y otro para los pobres. En Italia y Francia, los más acomodados han dejado las zonas más expuestas para aislarse en zonas menos expuestas.

Las autoridades rusas han recurrido a medidas represivas, imponiendo elevadas multas por violaciones de la cuarentena y reforzando la infraestructura de vigilancia por vídeo y el control policial. Al mismo tiempo, han denegado en los hechos todo apoyo a los millones de trabajadores de pequeñas y medianas empresas que han perdido sus ingresos o sus empleos. Además, tres millones de trabajadores migrantes de Asia central que no pueden regresar a sus hogares, muchos de los cuales han perdido sus empleos, se encuentran en una situación aún más vulnerable. La propagación de la infección amenaza con provocar un gran número de víctimas, debido en gran parte al brutal programa neoliberal de “optimización” de los hospitales que el Gobierno ruso ha aplicado en años anteriores.

De igual modo, la violencia doméstica y los feminicidios están aumentando en todas partes en el contexto actual.

En las cárceles de muchos países, la población y el personal penitenciario también están hacinados y sin equipo de protección.

Los migrantes, especialmente los que se encuentran atrapados entre Grecia y Turquía, pero también los que están hacinados en campamentos, corren un riesgo aún mayor debido a su situación precaria. En la mayoría de los países se han quedado sin apoyo del Estado e incluso de las ONGs, sin ayuda alimentaria y hacinados en centros donde las medidas de protección eran inaplicables. Portugal ha decidido regularizar temporalmente a los refugiados presentes en su territorio, pero esto sólo afecta a los que ya tienen una solicitud de regularización confirmada por las autoridades.

Aún más que otras personas, los migrantes se enfrentan a una crisis sin precedentes de ingresos, empleos, vivienda y penuria y los sectores de “apoyo social” se están derrumbando para enormes y diversos sectores desfavorecidos de la población, nacionales o no nacionales, incluidos los migrantes y refugiados. Al mismo tiempo, los migrantes y los descendientes de migrantes están altamente representados en la fuerza de trabajo de los sectores esenciales: la salud y el cuidado, el transporte público, la producción y distribución de alimentos y la limpieza, al igual que estos sectores también están muy feminizados.

La pandemia exacerba la discriminación de clase, y las clases populares, las más precarias, son las que están pagando y pagarán el precio más alto por esta pandemia, especialmente en términos de muertes.

Al mismo tiempo, varios gobiernos, encabezados por Italia y Francia, han tratado de enmascarar su negligencia con una postura belicosa, un recurso a todo el aparato del nacionalismo: la presentación del ejército, el himno nacional, el llamamiento a la unidad nacional, mientras que la discriminación de clase nunca ha sido tan fuerte como desde el comienzo de esta pandemia. Asimismo, varios gobiernos (Italia, Francia, Portugal, España) han declarado el estado de emergencia o de alarma con la tentación de utilizar esta situación para limitar los derechos sociales y democráticos. Así, en Alemania, la crisis de Covid-19 se está utilizando para cuestionar o anular diferentes logros del movimiento obrero: por ejemplo, en Baviera, la Ley de Horas de Trabajo y en toda Alemania, la Ley de Ratio de Personal en el sector de la asistencia sanitaria. En Francia, el gobierno ha autorizado por decreto a las empresas a derogar las normas relativas a la jornada laboral y a la concesión de vacaciones; en el Estado español y en Portugal hay disposiciones que prohíben el derecho a la huelga en el sector de la salud y la producción esencial o que permiten romper las huelgas. El Parlamento húngaro otorgó a Orban plenos poderes, atajando todo control democrático.

Esta pandemia no es una sorpresa para los científicos. El crecimiento masivo de la agricultura industrial, la industria cárnica y la deforestación, junto con el aumento de los barrios marginales en las megalópolis y las cadenas de producción mundiales, ha creado una bomba de relojería de cultivo y proliferación mundial de cepas nuevas y desconocidas de virus.

La Unión Europea ha tenido una actuación lamentable ante esta crisis. La situación actual es el resultado de muchos años de política de austeridad: por ejemplo, en el último decenio, nada menos que 63 veces, la UE ha exigido recortes en los gastos de salud pública en diferentes países. Lejos de establecer una coordinación sanitaria y de poner en común los recursos para combatir la pandemia, los gobiernos comenzaron por cerrar las fronteras nacionales con los “países infectados” y rechazaron la ayuda solicitada por Italia, adoptando medidas contradictorias de manera desordenada. Durante semanas, Italia ha recibido más ayuda de China, Rusia e incluso de Cuba que de los países europeos. La falta de mascarillas, pruebas y camas de cuidados intensivos hizo inevitable un grave encierro en la mayoría de los países, pero aún hoy no hay cooperación a nivel europeo para ponerse al día. Las únicas preocupaciones de las cumbres europeas celebradas en las últimas semanas han sido la suspensión temporal de las normas presupuestarias y la concesión por parte del BCE de facilidades cuantitativas para intentar atajar la crisis bursátil y financiera. Mientras tanto, frente a esta demanda, la UE se negó a emitir los “coronabonos”, garantizados directamente a nivel europeo para no dar préstamos con baja tasa de interés a Italia, por ejemplo. Cínicamente, la única propuesta fue utilizar el MEDE, cuya ayuda está condicionada a las mismas medidas de austeridad que han creado la actual situación catastrófica. En ningún momento se ha previsto la cooperación en materia de atención de la salud, recursos industriales y personal médico y cada Estado está aplicando su propia política de salvamento.

 
Medidas de emergencia

Las organizaciones y activistas de la Cuarta Internacional en Europa, junto con sus respectivas organizaciones, son partidarias de un programa de medidas de emergencia:

  • Inyección de medios suficientes para la disponibilidad masiva de kits de detección, la multiplicación de camas de resucitación y respiradores. La distribución a toda la población de máscaras protectoras adecuadas y tests es la condición para el levantamiento del confinamiento. Apoyo inmediato a la producción democráticamente controlada de estos medios y a la investigación no comercial de medicamentos y vacunas contra el Covid-19.
  • Cese de todas las actividades económicas que no son esenciales para la vida diaria y la protección de la salud de la población,
  • Asunción al 100% de la responsabilidad por parte de las empresas y/o el Estado de los salarios de los trabajadores que han visto suspendida su actividad, incluidos los trabajadores precarios, los trabajadores temporales, las empleadas domésticas, los trabajadores por cuenta propia y los trabajadores de temporada, sin ninguna obligación de tomar días de descanso o de recuperar posteriormente las horas no trabajadas. Obligación del Estado de pagar los salarios de los empleados cuyos empleadores se nieguen a pagarlos durante la crisis. El gobierno debe entonces recuperar el costo de esta intervención multando a la empresa culpable de no pagar los salarios. Para los trabajadores del sector informal, para los desempleados no remunerados, para los estudiantes, para todos los que lo necesiten, el Estado debe proporcionar un ingreso mínimo garantizado que debe ser suficiente para vivir decentemente.
  • Prohibición de todo despido y reincorporación de los trabajadores despedidos desde el comienzo de la pandemia,
  • Rechazo de toda medida autoritaria y excepcional de suspensión de los derechos sociales, incluido el derecho de huelga,
  • Suministro de medios de protección (máscaras, geles, gafas, guantes) para todos los empleados que continúen una actividad, que permitan su protección y el ejercicio inmediato del derecho de retirada si no se respetan las condiciones de seguridad.
  • Suspensión de todos los desalojos de inquilinos, suspensión de los alquileres, los préstamos personales y las facturas de agua y energía, provisión de viviendas adecuadas para todos aquellos que viven en condiciones precarias o sin alojamiento, requisición de viviendas vacías.
  • Prestación de una atención social adecuada a los discapacitados, los ancianos y todos los que se encuentran aislados socialmente por el encierro,
  • Establecimiento, en particular en los países en que se ha decidido el confinamiento, de medidas inmediatas de protección de emergencia para las mujeres y los niños que son víctimas de la violencia, con decisiones rápidas para retirar a los cónyuges violentos o proporcionar un alojamiento alternativo a las víctimas,
  • Garantía de la anticoncepción y el aborto como procedimientos médicos vitales,
  • Regularización inmediata de todos los migrantes indocumentados y refugiados con acceso inmediato a todos los sistemas de protección social, y fin de todas las expulsiones. Con el coronovirus ya dentro de varios campamentos, exigimos el cierre inmediato de los campamentos de refugiados de migrantes, enormemente superpoblados, especialmente el de Moria en Lesbos, y la requisición de hoteles y apartamentos con condiciones mínimas de higiene para el confinamiento. Las fronteras de Europa deben abrirse para la admisión segura de los refugiados.

La situación también requiere que los intereses de las clases populares se pongan en primer plano en una serie de decisiones de emergencia:

  • Reorganización pública del sector de la salud, integrando todo el sector privado, con la contratación inmediata de todo el personal asistencial necesario para la gestión de los servicios, reapertura de camas, servicios y hospitales cerrados en los últimos años, apertura de todas las estructuras sanitarias necesarias y aumento de los salarios del personal asistencial,
  • Transferencia al sector público de la industria farmacéutica y la producción de los medicamentos necesarios, independientemente de los derechos de patente.
  • Transferencia a la propiedad pública de las principales plataformas y redes sociales. Facebook, WhatsApp, Amazon y Zoom se están beneficiando masivamente del cierre, y están recogiendo datos que generarán enormes beneficios futuros. Deberían ser absorbidos (sin compensación, ya han acumulado demasiado), y funcionar como servicios públicos sin ánimo de lucro y de manera transparente.
  • En todos los países, transferir a la propiedad pública los servicios funerarios. No se debería permitir que las empresas privadas se beneficien de la muerte y traten de manipular el dolor de las personas en un intento de maximizar sus ganancias.
  • Por una agricultura sostenible y la justicia alimentaria mundial.
  • Conversión inmediata de las industrias adecuadas (coches, aviones, armas…) en producción que ayude a la sociedad a enfrentar la crisis sanitaria: ventiladores, monitorización, camas intensivas, equipos de protección.
  • Los trabajadores deben investigar sus propios lugares de trabajo y tomar medidas para la conversión, en cooperación con las autoridades sanitarias.
  • Expropiación de bancos privados sin compensación a los principales accionistas y socialización del sistema financiero bajo control ciudadano, suspensión de todos los cargos bancarios en las cuentas privadas y concesión a las clases trabajadoras de préstamos sin interés para satisfacer sus necesidades inmediatas.
  • Suspensión inmediata del pago de las deudas públicas, lo que debe permitir movilizar los fondos necesarios para satisfacer las necesidades populares durante la pandemia. La suspensión del pago de la deuda debe combinarse con una auditoría con participación ciudadana para identificar la parte ilegítima y cancelarla.

Lamentablemente, esta pandemia y la crisis mundial que le sigue son el comienzo de repetidas crisis producidas por la globalización y el cambio climático. El capitalismo ha creado un mundo que desestabiliza, y saquea a las sociedades humanas y agrava los riesgos de desastres climáticos y sanitarios. Tenemos que poner fin al viejo mundo de los beneficios, las pandemias y el cambio climático, y detener la destrucción de nuestro planeta.

Más que nunca, nuestras vidas valen más que sus beneficios.

Austria: Sozialistische Alternative (SOAL)
Bélgica: SAP – Gauche anticapitaliste
Gran Bretaña: Socialist Resistance
Dinamarca: Socialistisk Arbejderpolitik (SAP)
Francia: SFQI – militantes de la Cuarta Internacional en Francia
Alemania: Internationale Sozialistische Organisation (ISO)
Grecia: OKDE-Spartakos, TPT (Fourth International Programmatic Tendency)
Irlanda: Socialist Democracy
Italia: Communia Network, Sinistra Anticapitalista
Países Bajos: SAP – Grenzeloos
Polonia: Zbigniew Marcin Kowalewski
Portugal: SPQI – collective of FI militants, Toupeira Vermelha
Rusia: Russian Socialist Movement (RSD)
Estado español: Anticapitalistas
Suecia: Socialistisk Politik
Suiza: Bewegung für den Sozialismus/Mouvement pour le Socialisme (BFS/MPS)
Suiza : SolidaritéS
Turquía: Sosyalist Demokrasi icin Yeniyol

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