IOSU DEL MORAL
MILITANTE DE ANTIKAPITALISTAK
 

Lo que ya se convierte en excéntrico, bizarro y carente de cualquier tipo de moralidad política, es ver como el señor Ortuzar y el señor Rivera se calumnian constantemente a través de los medios de comunicación, mientras en Europa cohabitan en el mismo grupo parlamentario en su particular orgía liberal.

Es, como mínimo, chocante cuando observamos al presidente del Partido Nacionalista Vasco, Andoni Ortuzar, calificar a la derecha del Estado español de «trifachito», como si eso de las políticas de derechas y neoliberales no fuera con ellos. Así que mientras en la política estatal anuncia la llegada del apocalipsis, afirmando encontrarse en las antípodas de estas formaciones, en Europa el escenario de desolación anunciado parece amainarse, donde coincide con la mayoría de propuestas de los populares europeos, llegando incluso a compartir grupo con Ciudadanos y Albert Rivera en el espacio que ocupan los liberales en Bruselas. De hecho, en la última legislatura en el Parlamento europeo, el PNV apoyó más del 75% de las resoluciones del PP, por no hablar de Ciudadanos, junto a quienes sacaron adelante prácticamente un 90% de iniciativas desde la bancada liberal de manera conjunta.

Con lo que aunque, a priori, pareciera que en el imaginario de una gran parte de la ciudadanía los jeltzales y los populares fuesen espacios políticos casi antagonistas, nada más alejado de la realidad que dicha impresión. Al parecer, este hecho diferencial se reduce únicamente al ámbito del ideario territorial, minimizando el debate político a una guerra de banderas; mientras que cuando hablan de la política en mayúsculas, cuando dialogan sobre ofrecer un proyecto para la sociedad, en definitiva, cuando se trata de una forma de ver el mundo y la vida, a ambas organizaciones les une mucho más de lo que les separa.

Como olvidar la abominable fotografía de Arzalluz, Aznar y Pujol, donde la derecha se ponía de acuerdo para hacer presidente al candidato del PP. Tal es la similitud de los proyectos que defienden, que en los primeros pasos del Estado español en Europa, el PNV se adelantara a los populares siendo la primera formación que pidiera la entrada en el grupo de los conservadores dentro del Parlamento europeo; plaza que se otorgase definitivamente al Partido Popular, ya que solo se daba una entrada por Estado, teniendo que ser además un partido en el que su radio de asentamiento abarcase todo el territorio. Incluso algo que sigue escociendo sobre manera dentro del seno del PNV es que durante los primeros instantes del levantamiento franquista del 36, al margen como siempre de las diferencias en el tema nacional, esa música de fondo que rezaba aquello de dios y el imperio de la ley, no sonaba tan mal entre algunos jeltzales a los que les recordaba bastante a su lema jauna eta legea.

Lo que ya se convierte en excéntrico, bizarro y carente de cualquier tipo de moralidad política, es ver como el señor Ortuzar y el señor Rivera se calumnian constantemente a través de los medios de comunicación, mientras en Europa cohabitan en el mismo grupo parlamentario en su particular orgía liberal. Y eso simplemente se da porque tanto para Ortuzar como para Rivera, por muy diferentes que quieran aparentar mostrarse, la ensoñación del mundo al que aspiran no difiere en demasía. Ese mundo donde lo privado se impone a lo público, donde existan élites y oligarquías encargadas de salvaguardar el poder en manos de una minoría frente a la mayoría, y, por supuesto, un mundo que en definitiva ponga en el centro los intereses y beneficios económicos frente a las personas. Porque no hay nada que una más a los liberales que su verdadera bandera, el dinero.

Hace tiempo escuché a un bertsolari hacer uno de sus habilidosos juegos de palabras. En él venía a decir que si tomamos el término “pa”, del euskera beso, besar, Euro-pa vendría a significar los que besan el euro; una manera ingeniosa de definir lo que los Casado, los Ortuzar y los Rivera practican en Europa. Una Europa que cada vez más toma las riendas de las decisiones de mayor calado, donde los insaciables del “todo vale” inclinan la balanza hacia ese mundo ultra-liberal, en el que el mayor negocio es esa paranoia donde el dinero compra dinero, siendo éste la única bandera en la que algunos de estos eurofachitos se envuelven.