Mikel Labeaga                                                                  
En los últimos meses estamos asistiendo a una recolocación de EH Bildu en el terreno de sus consignas con respecto a la salida a la opresión nacional.  La posición de EHBildu, está fuertemente influenciada por el Proces de Catalunya y de los problemas que el mismo está suponiendo al nacionalismo catalán.

A pesar de seguir manteniendo en su ideario y oferta política la definición de que Euskal Herria necesita de todos los instrumentos políticos y económicos para defender el derecho a decidir y la territorialidad del pueblo vasco basados en parámetros de bases democráticas y de respeto de la pluralidad, EHBildu opta por una gran dosis de “realismo político” y se incorpora a la Ponencia de Autogobierno del Parlamento Vasco.

Esta Ponencia está planteada como una nueva relación de Euskadi con el Estado Español, algo así como una revisión avanzada del Estatuto de Gernika.

Esta revisión para EH Bildu (Y pactado con el PNV) tendría un prólogo donde se reconocería a Euskadi como sujeto político, pero que en su desarrollo sería una propuesta de reforma estatutaria, de reforma del Estatuto de Gernika. Es decir, de un estatuto, que según el GV aún no han transferido 33 competencias.

Nos encontramos ante el modelo de “programa máximo versus programa mínimo”, por lo que la independencia y la soberanía nacional quedarían para más adelante, sin día fijo. En cambio, lo realmente importante para el periodo sería el acuerdo, en clave de construcción de país, entre PNV-EH Bildu que plantearía la aceptación de un modelo de reforma estatutaria, donde el sujeto de decisión sería el Parlamento Español, por muy referéndum de carácter habilitante que desde EHBildu se plantee para iniciar todo el proceso legal de reforma estatutaria.

Así, EHBildu basa su propuesta política en dos visiones ilusorias:

– Por una parte, considerar al PNV como una organización de corte soberanista. La realidad es que dicho partido se conformaría con una transferencia de las competencias de gestión que aún no le han sido transferidas del Estatuto de Gernika.

–  Y por otra, una visión de modelo de país compatible con el PNV, desde claves de clase serian antagónicas. Para evitar un modelo de confrontación EH Bildu rehace sus definiciones de una Euskal Herria Socialista, por formulaciones ambiguas.

“Reforzar el control público y social de los sectores estratégicos.
Política fiscal y social.

Demandamos una fiscalidad progresiva, lucha efectiva contra el fraude fiscal, y el desarrollo de un gasto social que permita garantizar la universalidad y la calidad de los servicios públicos de cuidados, salud, educativo y el acceso a la vivienda.

Sistema Sanitario. Apostamos por un sistema sanitario público de calidad, universal y gratuito para toda la población.

Servicios públicos de cuidados.

Marco Vasco de Relaciones Laborales y protección social.”

En esta propuesta de EH Bildu, vemos que se retoma una vieja idea de la izquierda abertzale: “Frente Nacional” contra la posición de las alianzas de izquierdas. Esta idea supuso en su momento una clara división de las organizaciones que la componían.

Situándonos en el debate de la alternativa para los derechos nacionales, la posición de EH Bildu, supone a corto plazo, de hecho, un abandono de la idea de soberanía nacional y de la ciudadanía de Euskadi como sujeto de decisión.

Compartimos con EH Bildu la formulación de que no nos encontramos en el mejor momento para la defensa de los derechos nacionales porque nos encontramos ante un reforzamiento del nacionalismo español y a una ciudadanía y aparato del estado absolutamente centralista. La ruptura con el Estado exigiría una correlación de fuerzas muy superior a la actualmente existente por parte de los sectores que reconocen los derechos democráticos y los poli-sujetos políticos.

Y, es precisamente, esta constatación la que nos hace ver de forma muy diferente las tareas para el periodo.

Desde el punto de vista de quienes creemos en el derecho de decisión se trata, no de adaptarse al modelo del régimen del 78 y a su modelo de Estado, sino de buscar los aliados para hacer saltar ese modelo. En el conjunto del Estado hay sectores que se enfrentan claramente a dicho régimen y a los partidos que lo sustentan. Por ello, es necesario buscar las alianzas capaces de abrir un frente político que se enfrente a las políticas de recortes sociales, democráticos y nacionales. Un frente político que haga suyas las reivindicaciones de clase y asuma como suyas las de los derechos nacionales.

Esta colaboración solo puede venir de la defensa de modelos políticos comunes y no de adaptación a frentes en las nacionalidades a los partidos que han sido y son sustento del modelo del 78. No hay marco común posible con las posiciones de negociación estatutarias en el marco de la constitución.

Los modelos comunes suponen la adaptación de las reivindicaciones y consignas a una “guerra de posiciones” que vayan configurando una mayoría social que vea en ese frente común la solución a sus derechos comunes.

En primer lugar, no se puede plantear las reivindicaciones de un programa de ruptura con las políticas de recortes de derechos sociales en el conjunto de las nacionalidades desde un punto de vista nacional. Debemos implementar una política auténticamente internacionalista con el conjunto de los pueblos del Estado Español.

En segundo lugar, debemos defender un modelo de Estado que rompa con todas las medidas antidemocráticas del Estado, no solo las represivas, sino también aquellas que evitan incluir el modelo republicano del Estado. Desde Antikapitalistak reivindicamos una confederación de repúblicas que rompa con la monarquía y abra las nacionalidades y regiones a un modelo de colaboración entre los pueblos para su desarrollo y libertad en igualdad, que suponga la eliminación de las políticas de agravio comparativo que desde los partidos constitucionalistas han inyectado en zonas del Estado.

Para nosotros y nosotras el modelo confederal es el que mejor puede compaginar solidaridad internacionalista con derechos nacionales y el que permite ganar la lucha por los derechos nacionales a sectores de la propia nacionalidad que no ven con buenos ojos salidas de creación de Estados Separados.

En el pueblo vasco no solo existe una sola identificación nacional ni un único sentimiento identitario, sino que se dan varias formas de entender el propio marco nacional al que se pertenece. Desde gentes que se identifican sólo con una pertenencia a la nación vasca hasta gente que se reclama de una doble nacionalidad, vasca y española.

En este sentido, dado el nivel de confrontación, no va a ser una tarea fácil buscar una salida política al modelo de estado, que permita una identificación del conjunto de la población, o de un porcentaje ampliamente mayoritario. Sin embargo, es una necesidad en la política de una organización que quiera dirigirse al conjunto de los/as ciudadanas y trabajadoras de Euskal Herria.

Está claro que la opción centralista, o el propio estado de las Autonomías, no satisfacen a la mayoría de la población vasca y que, desde todas las opciones nacionalistas, al igual que desde las opciones soberanistas, no se reconoce la actual situación como un modelo que permita al pueblo vasco su desarrollo.

La formulación confederal resultaría más satisfactoria para quienes desde cualquiera de las posiciones ideológicas reivindicamos la soberanía plena de nuestro pueblo ya que equivale a elevar el autogobierno a un grado superior de soberanía. Pero no sólo por eso. Además, permitiría combinar la independencia y cooperación de los pueblos confederados con la de una doble identidad colectiva, la particular y la confederada. De esta manera podría ser una fórmula cómoda para los/as vascas/os preocupadas/os por no romper los lazos con el resto de los pueblos del Estado Español, entendida por los mismos, como parte de su propia nacionalidad.

En este sentido, la defensa de la de la Confederación de Repúblicas como salida programática no supone ni debe suponer una negativa para poder sumarse a campañas de denuncia de los recortes a las competencias estatutarias ni a la creación de plataformas unitarias pro-derechos democráticos que reivindiquen los derechos que como pueblo tenemos.  Es decir, nuestro derecho de decisión.

El derecho de decisión es una consigna que puede cobrar carácter de ruptura con el régimen del 78 y con la Constitución monárquica, y como tal, solo podrá lograrse por medio de la movilización de nuestra sociedad.

La reivindicación del derecho de decisión no tiene nada de descafeinado, nada del rebaje o adaptación de nuestras posiciones a un programa nacionalista.  Es una exigencia absolutamente radical en su formulación y en los métodos para lograrla.

Así, el derecho de decisión puede trazarse como puente de unión entre la lucha nacional en su conjunto y la de otros pueblos y las clases trabajadoras del resto del Estado.

Mikel Labeaga