(Angel Selas)
El PNV está entrando ya en la dinámica costumbrista-corrupta de tantos otros partidos que llegaron a ser hegemónicos en su momento y aguantaron años ilusionando a sus votantes. Pero que con el descontrol interno, la corrupción poco a poco institucionalizada y el desprecio manifiesto por la ciudadanía fueron perdiendo apoyos en beneficio de la abstención electoral.
La frustración que desde hace unos años está generando el PNV en parte de sus votantes crea grandes dudas en estos sobre si tienen que seguir dándole su apoyo o no. Antes bastaba con decir que lo importante era conseguir cosas para Euskadi, bien en forma de trasferencias o de concesiones de obra publica del estado. Todo valía y con ello justificaban sus pactos con la rancia derecha española (PP) o los socialdemocratas (PSOE) incluso hasta se podía aceptar como socios a los restos de la vieja izquierda renovada (IU). Lo que no decian era que con ello trataban de garantizar el funcionamiento de su gran máquina de negocio, principalmente de la construcción (todo lo relacionado con el mundo del hormigón).
Continuar obteniendo beneficios económicos para los “suyos” era el objetivo. Había que construir infraestructuras, viviendas, servicios, sin entrar a reconsiderar la idoneidad de los proyectos propuestos para ello. O lo que es más grave aún: desoyendo la opinión puntual de la ciudadanía en esos casos.
Por poner unos ejemplos: el TAV, la Super-sur, Zabalgarbi, Zorrozaurre, etc.
Así propiciaron y apoyaron cantidad de obra civil e infraestructuras para enriquecimiento de empresas afines al partido e intermediarios. Y a la ciudadanía hablarle de progreso urbanístico, y de crecimiento del sector servicios. Un rosario de buenas intenciones donde todo valía para orgullo de Euskadi.
Más no todo debe valer a cambio de la ambición de hacer caja, pues a pesar de esas “buenas intenciones”, ese comportamiento puede conducir a las instituciones gobernadas por dicho partido a una situación de descontrol y corrupción que ignora las consecuencias sobre la ciudadanía, propiciando que las empresas adjudicatarias solo piensen en sus beneficios económicos olvidándose de todo lo demás. Así vemos cómo el proyecto del TAV tiene un impacto ambiental difícil de compensar, igual que la Super-sur. O las pocas garantías que ofrecen las incineradoras con sus emisiones descontroladas de dioxinas, o los lixiviados que escapan de tanto vertedero mal mantenido.
Sin ninguna solución aún para el caso de GLEFARAD, donde el pueblo de Aranguren viene denunciando desde hace meses una industria que les envenena el aire diariamente, se añade un nuevo escándalo con el accidente del vertedero de Zaldibar. Sus dimensiones catastróficas para el medio ambiente además del impacto económico y social desde el momento del derrumbe, han significado la perdida de dos vidas humanas. Y la reacción de sus líderes políticos ha pasado de no saber valorar la importancia del suceso en los primeros momentos, a echar la culpa a otros (ahora dicen que se construyó el vertedero sin respetar el proyecto aprobado inicialmente). Lo último, por aquello de decir algo, es afirmar que están respondiendo desde el primer momento. Ahora nos presentan un Urkullu que preside un gabinete de crisis y visita la zona junto a familiares de los desaparecidos aunque la realidad no sea asi. Con ello quizá pretenden que se olvide su afirmación de que él no iba a ir allí porque lo dijesen en twiter. Poca responsabilidad y falta de visión política la suya, es lo que ha demostrado con ello.
El PNV cree tener una clientela electoral fija que va a seguir respondiendo a ciegas en próximas citas, pero eso también cambia si se ignora tanto la voz de la ciudadanía. Sus votantes y no votantes ya no se sienten tan seguros como antes frente a tanto desastre incontrolado.
Lo necesario era invertir en prevención y correcta gestión, pero los responsables no lo hicieron y siguen sin hacerlo prefiriendo el enriquecimiento económico de unos segmentos ajenos al pueblo.
La ciudadanía ve que se le ignora gravemente y con ello aumentan sus riesgos.
El pasado
 
día 6 de febrero fueron dos personas las desaparecidas. A día de hoy aún no los han encontrado.
Con tantos peligros ocultos cualquier otro día en cualquier otro sitio de nuestra geografía puede ocurrir otro accidente con similares consecuencias. A quienes en ese momento tengan la mala suerte de estar en ese hipotético lugar de riesgo nadie les preguntará a quien votaron.
El PNV ya no ofrece garantías de que pueda hacer la vida mejor para los habitantes de Euskadi. Es necesario su relevo.
Angel Selas
Militante de Antikapitalistak
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