No hay tiempo para tergiversaciones. Bolivia está sufriendo un brutal y violento golpe de estado organizado por una extrema derecha racista, que ha comenzado a recuperar un espacio político y respaldo social en los últimos meses en el país andino. ¡Denunciamos este golpe y expresamos nuestra plena solidaridad con el pueblo boliviano!

A principios de la década de 2000, los movimientos sociales bolivianos del campo y de las ciudades, liderados por campesinos indígenas, construyeron un largo y arduo proceso de lucha contra las medidas neoliberales, que acentuaron la extrema pobreza del país al privatizar todo, incluido el agua. Poco a poco, se formó un consenso antineoliberal en el país andino, y la derecha perdió terreno. Luego surgió como una alternativa electoral del poder Evo Morales, a la cabeza del MAS. Hubo un proceso pulsante, vivo e intenso de movilización y debate que llevó a Morales y García Linera al poder en 2006. La historia de Bolivia estaba cambiando, y se formó una Asamblea constituyente con protagonismo indígena, que dio forma a la Constitución que transformaría a Bolivia en un Estado Plurinacional. En 2008, la extrema derecha, formada principalmente por oligarquías de terratenientes blancos, intentó un golpe de Estado al detener la aprobación de la nueva constitución. La presión y la movilización popular fueron inmensas, y la Constitución se promulgó en 2009. Así se cerró un momento de intensa disputa de hegemonía y empezó un período de mayor estabilidad bajo la dirección del MAS.

Con el contexto internacional favorable económica y políticamente, Bolivia ha sentado bases para la estabilidad económica con crecimiento, distribución del ingreso y reducción de la pobreza. Bases que se vieron poco afectadas por la crisis internacional de 2008, que trajo tantas consecuencias negativas para el mundo y para América Latina. Durante los años del gobierno Evo, Bolivia transformó su estructura estatal de manera a ampliar las formas de participación de los pueblos indígenas, cuadruplicó su PIB, redujo la pobreza extrema del 35.2% al 15.2%, y fue el país que más creció en la región. Sin embargo, poco a poco, tanto por los límites estructurales del país como por los errores de conducción, el llamado proceso de cambio comenzó a mostrar sus límites. La tensión entre el bienestar retórico y un proyecto desarrollista y extracctivista condujo a graves crisis en el gobierno y la pérdida de apoyo de parte de sus bases, ya a partir de 2012. Además de eso, la dificultad de la renovación del liderazgo también reforzó la dificultad de sostenibilidad de ese proceso en el tiempo.

En Bolivia, la nueva constitución (promulgada en 2009 durante el primer mandato de Evo) permite solo una reelección. Sin embargo, se entendió que el primer mandato de Evo, iniciado bajo la Constitución anterior, no contaba. Por lo tanto, fue “elegido por primera vez bajo la nueva constitución” en 2009. Luego fue reelegido en 2014. Teóricamente, ya no podía ser candidato. Con la dificultad de la renovación del liderazgo, el MAS propuso un referéndum para decidir si él podía volver a intentarlo, y en 2016 Evo fue derrotado en la votación, su candidatura fue impedida. Apeló a la Corte Suprema y tuvo su solicitud aprobada. Bajo estas condiciones de desgaste, en 2019, fue candidato contra Carlos Mesa, uno de los bastiones del neoliberalismo que había sido derrotado en 2005 por las movilizaciones sociales. Evo ganó las elecciones de primera vuelta en un proceso mal conducido y confuso, y la oposición lo acusó de fraude. La OEA, con una posición política a la derecha, ha sugerido nuevas elecciones. Presionado, Evo aceptó. Pero la extrema derecha ha asestado un golpe siniestro.

La extrema derecha boliviana, que había sido derrotada en 2008, regresó con toda su fuerza en un contexto internacional favorable a ella, con Trump como presidente de los Estados Unidos y Bolsonaro gobernando Brasil. Liderada por Fernando Camacho, un fundamentalista cristiano, gradualmente logró convencer a los militares de unirse al golpe, y eso decidió el proceso.

No hay duda de que los equívocos de Evo Morales, García Linera y del MAS en la conducción del proceso de cambio boliviano contribuyeron a la creación de condiciones de insatisfacción social y a la construcción de argumentos “democráticos” para la derecha golpista. Sin embargo, el golpe no se dio debido a los errores del gobierno de Evo, sino para contrarrestar sus logros y su peso simbólico: inclusión social, la autonomía y la emancipación de tantos pueblos originarios, la reducción de las desigualdades y de la pobreza.

El método utilizado para forzar la renuncia del presidente fue la violencia, con la quema de casas de familiares y simpatizantes, la violación y la humillación pública. Poco después de la renuncia, la violencia continúa y todos los partidarios de Evo Morales están amenazados. Hay informes de “desapariciones” forzadas y detenciones arbitrarias. Es un golpe de estado clásico, con una coalición entre comités policiales, militares y cívicos.

Evo Morales y sus correligionarios no merecen ser arrestados o perseguidos. La población boliviana ha sufrido demasiado históricamente. Deseamos y contribuiremos a tener la fuerza para recuperar su país. Toda solidaridad con el pueblo boliviano, toda solidaridad con Evo Morales y sus compañeros, toda solidaridad con Bolivia. Que los vientos golpistas no sean duraderos y que el pueblo boliviano recupere el país. ¡La lucha nunca termina!

¡No pasarán!