Conferencia anticapitalista europea

Los días 16 y 17 de Octubre se reunió en París la tercera Conferencia Anticapitalista europea, promovida por el SWP de Gran Bretaña y el NPA francés. Celebrado en medio de un extraordinario clima de agitación social – los delegados y delegadas asistieron a la masiva manifestación del sábado por la tarde contra la ley de Sarkozy que pretende retrasar la edad de la jubilación -, este encuentro contó con la participación de 22 organizaciones procedentes de 16 países. Los debates se centraron en el análisis de la crisis sistémica que sacude a toda Europa, en las respuestas que deben aportar las fuerzas anticapitalistas y en la necesidad de una coordinación efectiva de sus esfuerzos e iniciativas a escala continental frente a unos ataques contra los derechos sociales, democráticos y medioambientales que, en todos los países, siguen las mismas pautas regresivas.

Declaración de la 3ª Conferencia anticapitalista europea

París, 16 y 17 de Octubre

La Europa capitalista, la Europa del Banco Central Europeo, de los tratados de Maastricht y de Lisboa, de la “competencia libre y no falseada”, ese instrumento de la ofensiva desencadenada por las multinacionales y sus Estados contra las trabajadoras y trabajadores y contra los pueblos, está en crisis.

Después de haber movilizado ampliamente fondos públicos para salvar al sistema financiero y a los bancos tras la crisis de las subprimes del 2007-2008, acentuando así su propio déficit presupuestario, todos los gobiernos de Europa, una vez dictada su voluntad a Grecia, invocan ese déficit para imponer rigor y austeridad a la población. Los beneficios bancarios despegan de nuevo impetuosamente, pero es el mundo del trabajo quien tiene que pagar la factura por todo ello. La causa de tal déficit es harto conocida, resulta evidente: es la política de subvención de la patronal y de los ricos practicada por los Estados. Con una mano les distribuyen favores, con la otra les exoneran de impuestos. Y, por si fuera poco, para financiar el déficit engendrado por semejante política, ¡es a ellos a quienes acuden los Estados para pedir créditos!

De este modo, las finanzas del Estado son privatizadas.

El balance es claro: la anunciada reactivación económica que no se ha producido y ya se empiezan a oír nuevos crujidos en el edificio del sistema. El paro sigue creciendo; excepto, parcialmente, en Alemania, los salarios permanecen estancados o bajan; los servicios públicos son desmantelados y malvendidos a la iniciativa privada. A escala internacional, se libra una guerra abierta entre las distintas monedas. La amenaza de una nueva crisis financiera se cierne sobre la economía mundial.

Tratando de desviar la cólera de las clases populares, los gobiernos adulan los prejuicios xenófobos y racistas mediante leyes que rehúsan reconocer a la inmigración como parte de la ciudadanía, tratan de dividir a la clase trabajadora; designan a la emigración o a determinados colectivos – es el caso de los gitanos rumanos en Francia – como chivos expiatorios de la crisis. De tal modo, abonan el terreno a un nuevo populismo de extrema derecha que progresa en todos los países. Una vez más, las consecuencias de esta crisis, cuyos efectos se insertan en las profundas desigualdades de género existentes, recaen con especial virulencia sobre las mujeres. A la precariedad generalizada del trabajo femenino, a los salarios inferiores y a las discriminaciones se añaden la amenaza del paro y una presión redoblada a favor del “retorno de las mujeres al hogar”. La degradación de los servicios públicos y la penuria de equipamientos condenan millones de mujeres a la esclavitud doméstica. El ascenso de los integrismos sacraliza la opresión patriarcal. La decadencia material y el hundimiento de las estructuras sociales abren la vía a la explotación sexual y a un tráfico creciente de mujeres y de niños, en Europa y en el resto del mundo.

En resumen: el fracaso de la política de las clases dominantes y de sus Estados arruina las condiciones de vida de una franja cada vez mayor de la población, amenazando al mismo tiempo los derechos democráticos por ella conquistados. Se ha tornado urgente ya detener esa fuga hacia delante peligrosa y destructiva, uniendo las fuerzas del mundo del trabajo para invertir las actuales relaciones de fuerza, sin dejarnos dividir por unas fronteras heredadas del pasado.

A través de toda Europa, las políticas de austeridad que se han puesto en marcha han suscitado ya una amplia resistencia. El momento más intenso se produjo en Grecia – en particular con la huelga casi insurreccional del 5 de mayo. Pero, a lo largo de los últimos meses, hemos asistido igualmente a protestas masivas en Bélgica, en Francia en el Estado español y en otros lugares. Otros países seguirán. (Movilización de la FIOM en Italia, convocatoria de huelga general el 24-N en Portugal). La primera tarea de la izquierda anticapitalista consiste en apoyar los llamamientos de unidad sindical, favoreciendo que se produzcan a escala europea – como ocurrió el pasado 29 de septiembre en Bruselas -, construyendo las luchas sobre bases lo más amplias y militantes posible, tratando de asegurar que no se vean zapadas por las tentativas de limitarlas y controlarlas por parte de la burocracia sindical y de los políticos socialdemócratas.

Nos enfrentamos a la misma política y debemos combatirla conjuntamente. Debemos coordinarnos a nivel europeo para popularizar las medidas de urgencia social, democrática y ecológica indispensables para que no seamos nosotras y nosotros quienes paguemos su crisis.

Rehusar pagar los costes de su crisis

Para acabar con el azote del paro y la precariedad hay que repartir el trabajo entre todas y todos a fin de garantizar empleo y salario e imponer la contratación masiva en los servicios públicos.

Contra la pobreza y las desigualdades, revalorizar el conjunto de los salarios y garantizar el acceso a unas pensiones dignas.

El derecho efectivo a la vivienda, a la sanidad, a la educación… exige detener el sabotaje de los servicios públicos y su reforzamiento, bajo control de la población.

La unidad de explotadas y oprimidos no conoce fronteras ni discriminaciones. Todas y todos aquellos que viven y trabajan en territorio europeo son ciudadanas y ciudadanos como los demás. ¡Papeles para todos!

Mientras los Estados imponen cínicamente sacrificios a la población, dilapidan miles de millones en gastos de armamento y en la guerra de Afganistán con el único objetivo de preservar sus intereses imperialistas. Hay que acabar con semejante dispendio y poner fin a esa sucia guerra. Hay que acabar con la OTAN y los gastos militares.

La crisis pone igualmente de relieve el carácter depredador del sistema basado en el beneficio privado. Explotando sin freno los recursos naturales, acabando con la agricultura campesina, destruyendo ecosistemas enteros y provocando un calentamiento global del planeta, el capitalismo amenaza la supervivencia de la humanidad. El modelo energético basado en los combustibles fósiles – así como su pretendida “alternativa nuclear” -, la organización de la producción industrial y agraria, la distribución, los transportes, el consumo, el ordenamiento de territorios y ciudades… todo está en cuestión. Como nunca ocurriera con semejante intensidad en una etapa anterior, justicia y autogestión, proyectos emancipadores y horizonte socialista devienen hoy consubstanciales del combate ecologista.

Para satisfacer esas exigencias populares fundamentales, hay que anular la deuda pública ilegítima; es decir, hay que acabar con la sumisión voluntaria de los gobiernos a los bancos y a los fondos de inversión financiera. Es necesario acabar con su tiranía expropiándolos y socializando completamente el crédito.

Conquistar la democracia, el derecho y los medios necesarios para decidir y controlar

Esa ruptura con el capitalismo requiere una movilización creciente y sostenida de millones de personas, elevando la consciencia del poderío del movimiento obrero y posibilitando la conquista de una democracia que permita a la clase trabajadora y a la población intervenir directamente en la gestión de la sociedad, en las empresas, en los servicios públicos y las colectividades.

Semejante ruptura comporta, pues, un cambio democrático radical, la organización de la población para establecer, a todos los niveles, su control efectivo sobre la vida económica y social. Ese cambio significa una ruptura con las instituciones concebidas para la defensa de las clases privilegiadas. Y comporta, a través de las convulsiones sociales y políticas propiciadas por la agravación de la crisis, la constitución de un gobierno surgido de tales movilizaciones, controlado por ellas y capaz de imponer el respeto a los derechos del mundo del trabajo. Para facilitar ese objetivo, hay que defender la participación política de trabajadoras y trabajadores y hay que exigir la unidad en las luchas de aquellas fuerzas que se reclaman de la clase obrera y de la izquierda frente a la derecha y sus programas neoliberales.

Romper con la Europa de las finanzas, construir una Europa de las trabajadoras, los trabajadores y los pueblos.

Queremos avanzar en la coordinación de las luchas a escala europea, trabajar conjuntamente para formular exigencias y perspectivas, ponerlas en práctica desde hoy mismo para desbrozar el camino hacia esa Europa de las clases trabajadoras y los pueblos que deseamos.

Se trata de preparar el futuro desde nuestro presente. Las riquezas y los medios de producirlas existen. El paro, la precariedad, la miseria, así como el cortejo de sufrimiento y de violencias sociales que conllevan, constituyen el resultado de una organización social injusta, de un sistema de explotación que se perpetúa sobre la base de una propiedad privada capitalista y cuya absurdidad revela bruscamente la crisis.

El futuro pertenece al socialismo, a la apropiación social de todos los grandes medios de producción, pues su funcionamiento se basa ya en la cooperación de miles de millones de mujeres y hombres a escala internacional.

Organizaciones participantes: Gauche Anticapitaliste (Suiza), Izquierda Anticapitalista- Antikapitalistak-Revolta Global (Estado español), LCR-SAP (Bélgica), POR (Estado español), Bloco de Esquerda (Portugal), SEK (Grecia), ISL (Alemania), En Lucha (Estado español), DSIP (Turquía), SWP (Reino Unido), Alianza Roja y Verde (Dinamarca), Internationale Socialisten (Holanda), People before profit (Irlanda), SWP (Irlanda), OKDE Spartakos (Grecia), Polska Partia Pracy (Polonia), Sinistra Critica (Italia), Mouvement pour le socialisme (Suiza), Solidarités (Suiza), The Red Party (Noruega), Partido socialista (Suecia), NPA (Francia)