¿Que ocurre en Andalucia? ¿De pronto todo el mundo es andalucista?

Zer gertatzen da Andaluzian? Bat-batean mundu guztia da andaluziarra?

FLOREN RAMÍREZ

En Andalucía estamos presenciando una especie de guerra de banderas que esconde una disputa por la hegemonía electoral y tiene lecturas que van mucho más allá del símbolo en sí mismo. No deja de ser una expresión un tanto peculiar de una cierta vuelta del andalucismo como referente para hacer política en Andalucía. La bandera andaluza, más allá de su uso por una parte de la izquierda más combativa y de su aparición en los actos oficiales, llevaba años guardada en un cajón. Ha sido la bandera de las luchas jornaleras y el símbolo para los restos de la generación que vivió de forma activa las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977 y poco más. El PSOE se ha envuelto esporádicamente en ella cuando le ha interesado, y en los últimos años para intervenir de forma reaccionaria en el conflicto catalán. Fue Adelante Andalucía quien hace unos años comenzó a utilizar de forma habitual la simbología andaluza en una operación de rescate de un andalucismo que comenzaba a dar signos de vuelta a la vida entre una generación joven que se estaba interesando por él, y con el convencimiento de que la izquierda más contestataria debía tenerlo como uno de sus referentes ideológicos. Pero de pronto todo el mundo tira de bandera y las certezas se tambalean. La bandera andaluza siempre ha estado asociada en mayor o menor medida a la izquierda. La española ha sido el símbolo de la derecha, de los niños pijos, los toros, la Guardia Civil y la Legión. Pero algo se mueve ahora y no está claro que esto siga siendo así.

En la pasada legislatura autonómica el PP ya comenzaba a dar signos de haber entendido algo fundamental: que no es posible ser una fuerza mayoritaria de gobierno en Andalucía si el partido en cuestión no es percibido como andaluz, como defensor de los intereses de Andalucía. El PSOE ya supo leer esto hace años y repitió gobierno tras gobierno en la Junta de Andalucía en gran parte porque consiguió situarse como el partido andaluz por antonomasia. El PP está jugando en este campo a ser lo que fue el PSOE, a construirse en el imaginario colectivo como máximo defensor de Andalucía y de sus intereses.

Como decía, en la pasada legislatura (en la que recordemos que el PP realmente no había ganado las elecciones y gobernaba con el apoyo de VOX) ya comenzamos a ver un cambio de tendencia en este partido, tendencia claramente construida por una dirección y un político, Moreno Bonilla, que podemos definir de muchas maneras, pero no precisamente como político torpe. De pronto el partido de la estanquera, el partido que se envolvía en la rojigualda en cualquier aparición, muta. Y comenzamos a ver a los consejeros del gobierno andaluz haciendo sus comparecencias públicas con la mascarilla de la bandera andaluza. En los mítines y actos públicos la bandera española empieza a ser una rara avis y es sustituida de forma masiva por la verdiblanca. Todo esto se acompaña de un discurso y formas moderados y una imagen de candidato amable, suavón en una definición más andaluza. Supieron leer que un partido que transmita imagen de españolista y rancio en sus formas y discurso jamás ganaría unas elecciones en Andalucía de la forma aplastante en la que lo han hecho ellos. Ganaron, y mucho me temo que, dado el panorama, si siguen `por este camino tendremos PP para rato en Andalucía.

Entre los últimos acontecimientos podemos destacar la exhumación de los restos de Queipo de Llano de la basílica de la Macarena en Sevilla. Hemos visto cómo el portavoz del gobierno andaluz se pronunciaba en el sentido de que la ley estaba para cumplirla y que, como lo que se había hecho era cumplir la ley, no tenían nada que decir. Declaraciones que contrastan claramente con las de Feijóo que fueron en el sentido tradicional del PP de “dejemos a los muertos en paz”.

¿De la última victoria electoral del PP podemos concluir que el electorado andaluz ha virado a la derecha ideológicamente? Creo que precisamente el inteligente cambio del PP, que hemos definido someramente antes, nos indica que esto no es así, al menos que no está nada claro en estos momentos. Pero eso sería tema para otro artículo y sobrepasa el tema central aquí.

Aparte del giro enunciado antes en cuanto a imagen de moderación que huye del conservadurismo rancio tradicional del PP, por cierto muy en la escuela de Javier Arenas a la cual pertenece Moreno Bonilla y otros políticos de esa generación en el PP andaluz, lo que más me interesa en este caso es centrarme en el giro regionalista del PP y las lecturas que podemos sacar de ahí.

Hace unos días presenciamos una aparición pública del presidente de la Junta con el histórico del andalucismo (histórico y nefasto, diría yo) Alejandro Rojas Marcos en el que Bonilla reivindicaba la necesidad de “un poder andaluz que influya en Madrid[01]. Ya antes le habíamos visto reivindicar un “nuevo andalucismo orgulloso” en su toma de posesión como presidente de la Junta[02]. Y ha seguido esta estela declarando oficialmente el 4 de diciembre como el día de la bandera, poniendo sobre la mesa una fecha que por combativa y reivindicada ha estado en el cajón de todos los anteriores gobiernos de la Junta. Por supuesto que no le da a la fecha el significado que le damos desde el andalucismo de izquierdas. Eso sería ya pedir peras al olmo, pero este movimiento incide en el acercamiento a ese carácter andalucista del que quiere imbuir a su partido con el convencimiento de los réditos que le puede dar.

Hay movimiento alrededor del andalucismo y de la bandera andaluza. Nadie excepto VOX parece querer quedarse atrás. Que todo esto que estamos viendo en el PP, pero también en el PSOE o en Por Andalucía en una especie de carrera por colgarse la chapa, sea andalucismo o un mero regionalismo vacío de contenido es otra cosa. Pero lo que sí parece claro es que todo el mundo está nervioso con esto y que es el PP el que va en cabeza de carrera. Todos estos movimientos y nerviosismos en cierto modo vienen también a darnos la razón a quienes llevamos tiempo defendiendo que el sentimiento andalucista no está muerto y que, aunque muchas veces se confunde con lo español (ya hemos argumentado en otros artículos los motivos de esta confusión), es algo con lo que hay que contar para hacer política en Andalucía.

En Adelante Andalucía se entendió claramente el papel central del andalucismo para hacer política de izquierdas aquí y su relación directa con el conflicto de clase. Un andalucismo reivindicativo y combativo que entronca con las mejores tradiciones de lucha en Andalucía. Los acontecimientos descritos anteriormente alrededor de la reivindicación andalucista a la que todo el mundo se quiere sumar indican que debe ser también un andalucismo cargado de ideología y que huya de lo superficial. Hay algunas tendencias peligrosas al respecto que me gustaría señalar desde dentro del proyecto y a sabiendas de los grandes esfuerzos que hemos hecho en el último año, de que estamos casi comenzando el camino y que por lo tanto queda mucho por recorrer y mucho espacio para reflexionar y corregir si se da el caso.

En Adelante Andalucía se empieza a observar una cierta tendencia a la reivindicación andaluza fácil que por fácil se vacía de contenido. La presión mediática, la inmediatez y las prisas electorales posiblemente tienen mucho que ver en esto. Es necesario que nos paremos un poco y carguemos de significado nuestro programa, que tomemos un poco de aire y aprendamos a respirar en un entorno hostil que tiende a sacarnos del camino marcado. Deslizarnos hacia reivindicaciones del tipo “más Andalucía en Madrid”, “combatir la invisibilidad de Andalucía” “o más fondos para Andalucía” acabamos de ver que tiene el peligro de que son perfectamente asumibles y utilizadas por la derecha sin despeinarse siquiera. Y esto es precisamente porque están muy vacías de contenido ideológico, vamos, que sirven para un roto y para un descosido tirando del saber popular. Para construir y levantar una organización como Adelante Andalucía que además de andalucista pretende, según su propia definición, ser anticapitalista, feminista y ecologista estamos obligadas a afinar, profundizar y cargar más de contenido el discurso. Y esto aunque solo sea por pura supervivencia y distinción del proyecto. El tema es que no somos andalucistas sin más, en realidad algunos dudamos de que pueda existir un andalucismo sin más.

Debido al desarrollo socioeconómico de Andalucía en siglos anteriores y a la configuración de clases e intereses de clase que terminó fijándose a partir de ahí, el andalucismo en los momentos en los que ha tenido una potencia transformadora ha estado encabezado y protagonizado por las clases populares. No ha habido una burguesía andaluza andalucista porque ello iría en detrimento de sus intereses de clase; realmente, ahora incluso es muy dudoso ni tan siquiera que exista burguesía andaluza como tal. Es en los intereses de clase en los que piensa Adelante cuando se define andalucista, anticapitalista, feminista y ecologista y no en una especie de andalucismo sin definición ideológica. Es en esto en lo que estamos obligadas a profundizar y tenemos que hacer un esfuerzo por transmitirlo adecuadamente aun cuando nos resulte más complicado.

Estamos muy equivocados si pensamos que discursos como los de defender Andalucía en Madrid nos van a dar más votos. Pienso que ni tan siquiera van a servir para esto porque para recoger esos votos ya va a estar el PP. No pienso que el proyecto de Adelante tenga confusión ideológica al respecto, ya que al menos en todos sus documentos la definición programática de clase está bien recogida. El problema parece ser más de falta de desarrollo práctico de lo aprobado. Y es precisamente por ahí por donde deberíamos profundizar.

Tenemos que preguntarnos sobre qué Andalucía queremos defender en Madrid, porque Andalucía en abstracto no puede ser sin caer en el populismo nacionalista. También sobre cuáles son los fondos que queremos para Andalucía, porque entiendo que los Next Generation, tal y como están planteados, van a servir de poco a las clases populares andaluzas y mucho a las grandes corporaciones empresariales. Y a través de preguntas como estas armar un debate programático que nos fortalezca frente al riesgo de diluirnos en la marea regionalista andaluza que parece comenzar a apoderarse del panorama político.

Trato de llamar la atención sobre los riesgos y peligros a los que parece enfrentarse Adelante Andalucía dentro de un panorama político que tiende a intentar resignificar el andalucismo vaciándolo de contenido de clase y poniéndolo al servicio de futuras contiendas electorales. Por supuesto, como he dicho antes, desde dentro del proyecto y a sabiendas de los grandes pasos que hemos dado en el último año y del esfuerzo que han supuesto.

Floren Ramírez es miembro de Adelante Andalucía y militante de Anticapitalistas Andalucía.

Notas
01 https://www.elmundo.es/andalucia/2022/10/19/634eef3bfdddff1c588b457html
02 https://www.lavozdeasturias.es/noticia/actualidad/2022/07/23/moreno-promete-presidencia-abierta-reivindica-nuevo-andalucismo-orgulloso/00031658564505812633260.htm

Floren Ramirez

2022KO AZAROAREN 12AN |

Zer gertatzen da Andaluzian? Bat-batean mundu guztia da andaluziarra?

Andaluzian bandera-gerra moduko bat ikusten ari gara, hauteskunde-hegemonia lortzeko liskarra ezkutatzen duena eta sinbolotik haratago doazen irakurketak dituena. Andaluzian politika egiteko erreferente gisa andaluzismoaren nolabaiteko itzuleraren adierazpen berezi samarra da. Andaluziako banderak urteak zeramatzan tiradera batean gordeta, ezkerreko alde borrokalarienak erabiltzeaz eta ekitaldi ofizialetan agertzeaz harago. Soldata borroken bandera izan da, eta 1977ko abenduaren 4ko manifestazioak eta ezer gutxi gehiago aktiboki bizi izan zituen belaunaldiaren hondarrentzako ikurra. PSOEk behin baino gehiagotan jo du beregana interesa piztu zaionean, eta azken urteetan Kataluniako gatazkan modu erreakzionarioan esku hartzeko. Adelante Andalucia izan zen duela urte batzuk andaluziar sinbologia erabiltzen hasi zena, harekiko interesa zuen belaunaldi gazte baten bizitzari buelta ematen hasi zen andaluziar bat erreskatatzeko operazio batean, eta ezkerrik kontestatarioenak bere erreferente ideologikoetako bat izan behar zuela sinetsita. Baina bat-batean mundu guztia banderaz tiratzen ari da eta ziurtasunak kolokan daude. Andaluziako bandera ezkerrari lotuta egon da beti, neurri handiagoan edo txikiagoan. Espainola eskuinaren sinboloa izan da, ume pijoen, zezenen, Guardia Zibilaren eta Legioaren sinboloa. Baina zerbait mugitzen ari da orain, eta ez dago argi oraindik horrela den.

Aurreko legegintzaldi autonomikoan, PP hasia zen oinarrizko zerbait ulertu izanaren zantzuak ematen: ezinezkoa dela Andaluziako gobernuaren gehiengoa izatea, baldin eta alderdi hori ez bada andaluziartzat hartzen, Andaluziaren interesen defendatzailetzat. PSOEk hori irakurtzen jakin zuen duela urte batzuk, eta Andaluziako Juntako gobernua errepikatu zuen, hein handi batean, Andaluziako alderdi nagusia izatea lortu zuelako. PP alor honetan PSOE izan zena izatera jolasten ari da, Andaluziaren eta bere interesen defendatzaile nagusi gisa iruditeria kolektiboan eraikitzera.

Esan bezala, aurreko legegintzaldian (gogora dezagun PPk ez zituela hauteskundeak irabazi eta VOXen babesarekin gobernatzen zuela) hasi ginen joera aldatzen alderdi horretan, eta joera hori argi eta garbi eraiki zuten zuzendaritza batek eta politikari batek, Moreno Bonillak, modu askotan defini dezakegu, baina ez, hain zuzen, politikari trakets gisa. Halako batean, urmaelaren partidua, edozein agerpenetan gorri-berdean biltzen zen partidua, muturtu egiten zen. Eta Andaluziako Gobernuko kontseilariak ikusten hasi ginen agerraldi publikoak egiten Andaluziako banderaren maskararekin. Mitinetan eta ekitaldi publikoetan, Espainiako bandera rara avis bat izaten hasten da, eta modu masiboan ordezten du berdizuriak. Horrekin batera, diskurtso eta forma moderatuak daude, eta hautagai adeitsuaren irudia, leuna eta andaluziarragoa. Irakurtzen jakin zuten bere forma eta diskurtsoan espainolista eta zaharkituaren irudia transmititzen duen alderdi batek ez zituela inoiz irabaziko Andaluziako hauteskundeak haiek egin duten modu izugarrian. Irabazi egin zuten, eta beldur naiz, egoera ikusita, bide honetatik jarraitzen badute PP izango dugula Andaluzian.

Azken gertakarien artean, aipatzekoa da Queipo de Llanoren gorpuzkiak Sevillako Macarena basilikatik atera izana. Ikusi dugunez, Andaluziako gobernuaren bozeramaileak esan zuen legea betetzeko zegoela, eta legea betearazi zenez, ez zutela ezer esateko. Adierazpen horiek argi eta garbi kontrastatzen dute Feijooren adierazpenekin, PPren zentzu tradizionalean hildakoak bakean uzteko izan baitziren.
PPren azken hauteskunde-garaipenetik ondoriozta dezakegu hautesle andaluziarrek eskuinera egin dutela ideologikoki? Uste dut, hain zuzen ere, PPren aldaketa adimentsuak, lehen azaletik definitu dugunak, adierazten digula hori ez dela horrela, une honetan, behintzat, ez dagoela batere argi. Baina hori beste artikulu baterako gaia izango litzateke eta gai nagusia gainditzen du hemen.
PPren kontserbadorismo zahar tradizionaletik ihes egiten duen moderazio-irudiari buruz lehen adierazitako biraketaz gain, Javier Arenasen eskolan, Moreno Bonilla eta belaunaldi horretako beste politikari batzuk Andaluziako PPn kide diren eskolan, kasu honetan gehien interesatzen zaidana PPren aldaketa erregionalistari eta hortik atera ditzakegun irakurketei erreparatzea da.

Duela egun batzuk, Juntako presidentearen agerpen publiko bat ikusi genuen, Alejandro Rojas Marcos andaluziarraren historikoarekin (historikoa eta negargarria, esango nuke). Bertan, Bonillak Madrilen eragina izango zuen botere andaluziar baten beharra aldarrikatzen zuen [01]. Lehenago ere ikusi genuen andaluziar berri harro bat aldarrikatzen, Juntako presidente kargua hartu zuenean [02]. Eta bide horri jarraitu dio abenduaren 4a ofizialki banderaren eguna dela esanez, eta mahai gainean data bat jarriz, borrokalaria eta aldarrikatua izateagatik Batzordearen aurreko gobernu guztien tiraderan egon dena. Jakina, datari ez dio ematen ezkerreko andaluzismotik ematen diogun esanahia. Hori zumarrari udareak eskatzea izango litzateke, baina mugimendu horrek izaera andaluzista horretara hurbiltzea azpimarratzen du, bere alderdiari eman diezazkiokeen etekinen konbentzimenduarekin eragin nahi baitio.

Mugimendua dago andaluzismoaren eta Andaluziako banderaren inguruan. VOXek izan ezik, inork ez du atzean geratu nahi. PPn ikusten ari garen hori guztia, baina baita PSOEn edo Por Andalucian ere, txapa zintzilikatzeko lasterketa moduko batean, dela andaluzismoa, dela edukirik gabeko erregionalismo hutsa, beste gauza bat da. Baina argi dirudi mundu guztia urduri dagoela honekin eta PP dela lasterketa buruan doana. Mugimendu eta urduritasun horiek guztiek arrazoia ematen digute, nolabait, andaluziar sentimendua hilda ez dagoela defendatzen denbora daramagunoi, eta, nahiz eta askotan espainolarekin nahasten den (beste artikulu batzuetan argudiatu ditugu nahasmen horren arrazoiak), horrekin kontatu behar da Andaluzian politika egiteko.

Aurrerantzean, Andaluziak argi eta garbi ulertu zuen andaluzismoaren eginkizun nagusia hemen ezkerreko politika egiteko eta klase-gatazkarekin duen harreman zuzena. Andaluzian borroka tradizio onenekin bat egiten duen errebindikazio eta borrokarako andaluzismoa. Mundu guztiak batu nahi duen aldarrikapen andaluziarraren inguruan deskribatutako gertaerek adierazten dute ideologiaz betetako eta azalekotik ihes egiten duen andaluzismoa ere izan behar duela. Badira joera arriskutsu batzuk, proiektuaren barruan aipatu nahi nituzkeenak, azken urtean egin ditugun ahalegin handiak kontuan hartuta; izan ere, ia hasi gara bidea egiten, eta, beraz, asko dago egiteko, eta leku asko dago hausnartzeko eta zuzentzeko, hala badagokio.

Aurrerantzean, Andaluzian Andaluziako errebindikazio errazerako joera antzematen hasi zen, eta, erraza izanagatik, edukiz hustu zen. Presio mediatikoak, berehalakotasunak eta hauteskundeetako presek zerikusi handia izan dezakete horretan. Pixka bat gelditu eta gure programa esanahiz bete behar dugu, arnasa hartu eta arnasa hartzen ikasi behar dugu, markatutako bidetik ateratzeko joera duen ingurune etsai batean. Madrilen Andaluzia eta Andaluzia bezalako aldarrikapenetara lerratzea, Andaluziaren ikusezintasunari aurre egitea “edo Andaluziarako funts gehiagotara lerratzea, ikusi berri dugunez, arriskua dago horiek guztiz onargarriak direla eta eskuinak erabiltzen dituela, mespretxatu ere egin gabe. Eta hau aurrea da.Eta hori, hain zuzen ere, eduki ideologikoz oso hutsik daudelako da, tira, herri-jakintzari tiraka puskatzeko eta jostura kentzeko balio baitute. Adelante Andalucía bezalako erakunde bat eraiki eta eraikitzeko, zeinak, bere definizioaren arabera, andaluzista izateaz gain, antikapitalista, feminista eta ekologista izan nahi duen, diskurtsoa findu, sakondu eta edukiz gehiago kargatzera behartuta gaude. Eta hori proiektuaren biziraupen eta bereizketa hutsagatik baino ez bada ere. Kontua da ez garela andaluziarrak besterik gabe; egia esan, batzuek zalantzan jartzen dugu andaluzismoa besterik gabe existitu daitekeenik.

Andaluziak aurreko mendeetan izan zuen garapen sozioekonomikoa eta klase-klase eta -interesen konfigurazioa zirela eta, hortik aurrera finkatu zen, eta andaluzismoa, potentzia eraldatzailea izan duen uneetan, klase herrikoiak izan dira buru eta protagonista. Ez da andaluziar burgesia andaluziarrik egon, hori bere klase-interesen kalterako izango litzatekeelako; benetan, orain oso zalantzazkoa ere bada, ezta Andaluziako burgesiarik dagoenik ere. Aurrerak pentsatzen duen klase-interesetan definitzen du bere burua andaluzista, antikapitalista, feminista eta ekologista, eta ez definizio ideologikorik gabeko halako andaluzismo batean. Horretan sakondu behar dugu, eta hori behar bezala transmititzeko ahalegina egin behar dugu, are zailagoa gertatzen zaigunean ere.

Oso oker gaude Andaluzia Madrilen defendatzea bezalako diskurtsoek boto gehiago emango dizkigutela pentsatzen badugu. Uste dut horretarako ere ez dutela balioko, boto horiek jasotzeko PP egongo baita. Ez dut uste Aurrerako proiektuak horren inguruko nahasmen ideologikorik duenik, bere dokumentu guztietan behintzat klasearen definizio programatikoa ondo jasota baitago. Arazoa, antza, onartutakoaren garapen praktikorik eza da. Eta, hain zuzen ere, hortik sakondu beharko genuke.

Geure buruari galdetu behar diogu zer defendatu nahi dugun Andaluzian Madrilen, Andaluzia, abstraktuan, ezin baita izan populismo nazionalistan erori gabe. Baita Andaluziarako nahi ditugun funtsak zeintzuk diren ere, uste baitut Next Generationek, planteatuta dauden bezala, ezer gutxirako balioko dietela Andaluziako herri-klaseei eta asko enpresa-korporazio handiei. Eta honelako galderen bidez eztabaida programatiko bat sortzea, panorama politikoaz jabetzen hasi dela dirudien Andaluziako marea erregionalistan diluitzeko arriskuaren aurrean sendotuko gaituena.

Aurrera Andaluziak aurrean dituen arrisku eta arriskuei buruz ohartarazten saiatzen naiz, panorama politiko baten barruan. Panorama horrek andaluzismoa etsitzen saiatzen da, klase-edukiz hustuz eta etorkizuneko hauteskunde-borroken zerbitzura jarriz. Jakina, lehen esan dudan bezala, proiektuaren barrutik eta azken urtean egin ditugun urrats handiak eta egin duten ahalegina jakind

Floren Ramirez Adelante Andaluciako kidea da, eta Andaluziako antikapitalisten militantea.

Oharrak [. ]Oharrak

Irán: el régimen islámico en crisis acentúa la represión

Iran: krisian dagoen erregimen islamikoak errepresioa areagotu du

Dominique Lerouge

50 egun baino gehiagoko protesten ondoren, mobilizazioak aurrera jarraitzen du Iranen, bere neurri errepresiboak egunero indartzen dituen erregimen ezegonkortu baten aurrean.

1979an ezarri zenean, erregimen islamikoak adierazi zuen mendebaldeko potentziek herrialdea menperatzeari utzi nahi ziola. Behartsu eta oinordetzarik gabekoen boterea zela ere aldarrikatu zuen. Baina, 43 urte geroago:

– Iranek ekonomikoki nazioarteko kapitalaren mende jarraitzen du, baita atzerriko potentzien politikaren mende ere, hala nola Estatu Batuak, Txina eta Errusia;

– Aberatsak gero eta aberatsago bihurtu dira, batez ere erregimen teokratikoarekin lotutakoak.

Beren nortasuna berresten saiatzeko, erregimenak beste oinarri bati eusten dio neurotikoki: emakumeak menderatzea beloaren erabilera-baldintzak gogortuz.

Borrokarako borondate iraunkorra

Pribilegiatuek beren aberastasuna erakusteak areagotu egiten du gazteen amorrua. Aldi berean, emakumeen zapalkuntzak okerrera egin duenez, neurri misogino eta patriarkal guztiekin amaitzeko borondatea dute.

Gainera, krisi ekonomikoaren larritasunarekin batera, gizarte-mobilizazioek gora egin dute udaberriaz geroztik.

Horrek guztiak azaltzen du zergatik, duela 50 egun baino gehiagotik, protestak ez diren ahultzen. Aitzitik, teokraziaren amaiera eskatzen duten kontsignen nonahikotasunak eta Gida Gorenaren, milizia paramilitarren eta Iraultzaren Zaindarien (Pasdaran) aurka zuzenki zuzendutakoek erakusten duten bezala erradikalizatzen dira.

Zer hipotesi etorkizunerako?

Greben bidez herrialdea blokeatzeak bakarrik ahalbidetuko luke molasen diktadurarekin amaitzea. Baina gaur egungo etapan, ekonomiaren funtsezko sektoreetan greba-mugimendu bat ez da gertagarria berehala. Langileen mugimenduaren egituraketa ahulak, Sahren diktadurek eta mulasek hainbat hamarkadatan iraun ondoren, eta sindikalista askoren kartzelatzeak (maiatzetik hona kasu batzuetan), greben orokortzeak denbora beharko duela azaltzen du neurri handi batean. Baina ez dugu ahaztu behar bi urteko borroka behar izan zela Shah agintetik kentzeko.

Yassamine Mather ikertzaile iraniar-britainiarrarentzat, oraindik urrun gaude erregimenaren beherakadatik, nahiz eta Irango Errepublika Islamikoak erronka garrantzitsu bati aurre egin behar dion, inoiz baino larriagoa azken 44 urteetan.

Itxura guztien arabera, gaur egun botereak ez du emakidarik egiteko asmorik. Badirudi konpromiso posibleak bilatzeak ahultasun-aitorpena ekarriko lukeela, baita mobilizazioetarako pizgarria ere. Beloaren gaian atzera egiteak erregimenaren korronte fundamentalistenen babesa galtzea eragingo lioke.

Baldintza horietan, errepresioa gogortzea espero daiteke, eta horrek gutxienez 273 heriotza eragin ditu, haurrak eta hogei bat nerabe, milaka pertsona zauritu eta 14.000 atxiloketa inguru barne.

Horren aurrean, Irango herritarren borrokarekiko nazioarteko elkartasuna inoiz baino beharrezkoagoa da/2.

10/11/2022

L’Anticapitaliste – 636 (10/11/2022)

https://lanticapitaliste.org/actualite/international/iran-le-regime-islamique-en-crise-accentue-la-repression

Traducción: F.E. para antikapitalistak.org

NOTAS

1/ Yassamine Mather, “Quelque chose doit changer”. Se pueden encontrar artículos de Yassamine https://www.sinpermiso.info/autores/Yassamine-Mather Mather en

2/ Artículos sobre Irán se pueden leer también en https://vientosur.info/category/geografico/asia/iran/  ndt.

Dominique Lerouge

Después de más de 50 días de protestas, la movilización continúa en Irán, frente a un régimen desestabilizado que refuerza cada día sus medidas represivas.

Cuando se estableció en 1979, el régimen islámico declaró que quería poner fin al dominio del país por parte de las potencias occidentales. También había proclamado ser el poder de los pobres y desheredados. Pero, 43 años después:

– Irán sigue dependiendo económicamente del capital internacional, así como de la política de potencias extranjeras como Estados Unidos, China y Rusia;

– Las y los ricos se han vuelto cada vez más ricos, principalmente los asociados con el régimen teocrático.

Para intentar reafirmar su identidad, el régimen se aferra neuróticamente a otro de sus fundamentos: el dominio de las mujeres a través del endurecimiento de las condiciones de uso del velo.

Una voluntad de lucha que permanece

La exhibición ostentosa de su riqueza por parte de las y los privilegiados exacerba la rabia de la juventud. Al mismo tiempo, el empeoramiento de la opresión de las mujeres conduce a su voluntad de acabar con todas las medidas misóginas y patriarcales.

Además, la gravedad de la crisis económica se ha acompañado desde la primavera de un aumento de las movilizaciones sociales.

Todo esto explica por qué, desde hace más de 50 días, las protestas no se debilitan. Por el contrario, se radicalizan como lo demuestra la omnipresencia de las consignas que exigen el fin de la teocracia y las dirigidas directamente contra el Guía Supremo, las milicias paramilitares y los Guardianes de la Revolución (Pasdaran) de los que dependen.

¿Qué hipótesis para el futuro?

Solo un bloqueo del país mediante huelgas permitiría acabar con la dictadura de los molás. Pero en la etapa actual, un movimiento de huelga en los sectores clave de la economía no es probable en lo inmediato. La débil estructuración del movimiento obrero después de décadas de dictaduras del Shah y luego de los mulás, así como el encarcelamiento de muchos sindicalistas (desde mayo en algunos casos), explica en gran medida por qué la generalización de las huelgas llevará tiempo. Pero no debemos olvidar que se necesitaron dos años de lucha para derrocar al Shah.

Para la investigadora iraní-británica Yassamine Mather, “todavía estamos lejos de la caída del régimen”, aunque “la República Islámica de Irán se enfrenta hoy a un desafío importante, más grave que nunca en los últimos 44 años” /1.

Todo indica que hoy el poder no tiene intención de hacer concesiones. Parece considerar que cualquier búsqueda de posibles compromisos constituiría una confesión de debilidad, así como un estímulo a las movilizaciones. Retroceder en el tema del velo también le haría perder el apoyo de las corrientes más fundamentalistas del régimen.

En tales condiciones, se puede esperar un endurecimiento de la represión que ya ha causado al menos 273 muertes, incluidos niños y niñas y una veintena de adolescentes, miles de personas heridas y alrededor de 14.000 detenciones.

Ante esto, la solidaridad internacional con la lucha de la población de Irán es más indispensable que nunca /2.

10/11/2022

L’Anticapitaliste – 636 (10/11/2022)

https://lanticapitaliste.org/actualite/international/iran-le-regime-islamique-en-crise-accentue-la-repression

Traducción: F.E. para antikapitalistak.org

NOTAS

1/ Yassamine Mather, “Quelque chose doit changer”. Se pueden encontrar artículos de Yassamine https://www.sinpermiso.info/autores/Yassamine-Mather Mather en

2/ Artículos sobre Irán se pueden leer también en https://vientosur.info/category/geografico/asia/iran/  ndt.

 

Israel: lecciones de las elecciones legislativas

Yoav Haifawi

De nuevo sobre las elecciones parlamentarias que tuvieron lugar el 1 de noviembre en Israel, con el triunfo de Netanyahu y la extrema derecha.

La oposición liderada por el Likud de Netanyahu ha concentrado toda su retórica racista contra la idea de un gobierno apoyado por partidos árabes. A cambio, la coalición gubernamental saliente liderada por Yair Lapid y Benny Gantz trató de hacer que el público olvidara su difícil período al frente del país, agitando la amenaza del ascenso de Bezalel Smotrich/1, Itamar Ben-Gvir/2 y la extrema derecha abiertamente fascista.

El resultado fue que el matón Ben-Gvir fue el héroe del día, con la Lista Sionista Religiosa que se convirtió en la tercera fuerza del país, y Netanyahu ha obtenido la mayoría que había soñado durante mucho tiempo. Netanyahu puede ahora subir a su montura racista para escapar de las puertas de la prisión que amenazaban con cerrarse sobre él.

¿Qué pasó realmente en las elecciones?

El electorado israelí ha proseguido su larga trayectoria unidireccional hacia la derecha racista religiosa. Estamos viendo la combinación de varias tendencias a largo plazo:

– El crecimiento de las comunidades religiosas judías ortodoxas y la alianza entre los líderes ortodoxos y la derecha secular;

– El creciente número de colonos judíos en Cisjordania, donde el conflicto con los palestinos es mucho más violento;

– El secuestro, por una comunidad de colonos políticamente dinámicos, del ejército y del aparato estatal, con el tranquilo consentimiento de las antiguas élites apáticas;

– Finalmente, la ilusión de la existencia de una izquierda sionista que se desvanece lenta pero seguramente.

De hecho, no hubo un gran cambio por parte de las y los votantes en estas elecciones. En mayo de 2021, un partido de extrema derecha, Yamina, aceptó unirse al campo anti-Bibi, a cambio del nombramiento de su líder, Naftali Bennett, como primer ministro, y la posibilidad de dictar el programa racista, neoliberal e antisocial del gobierno. Ahora que este gobierno se ha disuelto, los votantes de Yamina han vuelto a su lugar natural. Los demás cambios en los resultados se deben a los golpes que se han dado los propios líderes del campo “alternativo”.

Sigue siendo la misma vieja política racista israelí, en la que las y los palestinos no se consideran una parte legítima del juego político; no se permite ninguna reflexión sobre una solución política y ningún árabe puede compartir la menor parcela de poder. Es una repetición amplificada del fiasco de 2020, cuando el general Benny Gantz rechazó la perspectiva de dirigir un gobierno apoyado por los miembros árabes de la Knesset y aceptó apoyar a un gobierno Netanyahu cuando había prometido oponerse a él. Esta vez, todo el gobierno de Lapid huyó de su propia sombra para evitar la acusación de “izquierdismo” o de “confiar en los árabes”, hasta autodestruirse.

¿Es peligroso el nuevo gobierno?

Según un informe publicado por la ONU el día de las elecciones, en 2022 se produjeron más asesinatos de personas palestinas por parte de las fuerzas de ocupación y los colonos israelíes que cualquier otro año desde que la ONU comenzó a contabilizar estos asesinatos en 2005.

¿El nuevo gobierno de extrema derecha de Netanyahu matará más? Obviamente, esto es posible. Pero no es la opinión pública israelí la que limita las atrocidades contra los palestinos. El hecho fundamental es que Israel necesita el apoyo militar, económico y político de Estados Unidos (y, en menor medida, de Europa Occidental) para seguir beneficiándose de la impunidad en sus crímenes de lesa humanidad. La principal fuerza que puede frenar los crímenes de guerra israelíes es la presión ejercida por las potencias occidentales, motivada por el temor a una reacción brutal de las masas árabes. Una señal alentadora es que los donantes internacionales de Israel ya han emitido señales de advertencia tras los resultados de las elecciones.

También tenemos razones personales para preocuparnos. Si Ben-Gvir se convirtiera en ministro de Seguridad Nacional, como se informó, podría enviar a la policía a llamar a mi puerta. Esta es la amenaza adicional con los fascistas: no solo la ocupación militar, sino también la persecución de las y los opositores políticos.

Al mencionar esta amenaza directa, no puedo evitar recordar que la última vez que vinieron a llevarme a un interrogatorio del Shabak en abril de 2021, no llamaron a mi puerta, sino que literalmente la hundiron. Por lo tanto, la opresión política tampoco es nueva. Pero tal vez bajo el nuevo gobierno, más personas entenderán finalmente que la “democracia israelí” no existe y, por lo tanto, no puede ser defendida o salvada.

Traducción: F.E. para antikapitalistak.org

Versión completa (en inglés) en mondoweiss.net.

NOTAS

1/ Diputado de extrema derecha (Partido Sionista Religioso).

2/ Diputado de extrema derecha (Otzma Yehudit, “Poder judío”).

 

Italia: un proyecto reaccionario y liberal de restauración conservadora

Franco Turigliatto

Giorgia Meloni, líder del partido de extrema derecha Fratelli d’Italia (“Hermanos de Italia”), dirige el nuevo gobierno italiano con una fuerte mayoría parlamentaria, a pesar de que la coalición de derechas obtuvo solo el 44% de los votos. Está decidida a lograr una verdadera restauración conservadora e identitaria utilizando los poderes políticos e institucionales de los que dispone.

Es un gobierno de mediocres, reaccionarios y postfascistas declarados, de personajes (11 de 24) ya presentes en los gobiernos anteriores que corresponden en su mayor parte a la realidad política, ideológica y material de la derecha, de esta “pequeña Italia” mezquina y pequeño burguesa que viene de lejos pero que al mismo tiempo está bien arraigada en los dispositivos del poder capitalista tanto nacional como internacional.

El Ministerio de Economía ha sido confiado a Giorgetti, de la Lega (la Liga de Salvini), un hombre de confianza de los patronos del Norte; el Interior va a Piantedosi, que inmediatamente hizo aporrear a las y los estudiantes de la Universidad de Roma. El nombramiento de Eugenia Roccella, enemiga jurada de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, para el “Ministerio de Familia, Natalidad e Igualdad de Oportunidades”, es una verdadera declaración de guerra dirigida a los derechos de las mujeres; Marina Calderoni, asesora de empresas en materia de políticas laborales, se convierte en la nueva ¡ministra de Trabajo! El líder de la Liga, Matteo Salvini, el perseguidor de las y los migrantes, es ahora el vicepresidente del gobierno; el otro vicepresidente es Antonio Tajani de Forza Italia, un colaborador de Berlusconi; en Justicia, es Carlo Nordio, un magistrado conservador elegido en las listas de Fratelli de Italia.

Meloni completa su obra maestra nombrando a su alter ego, Guido Crosetto, presidente de las industrias militares y espaciales y gran comerciante de armas, como ministro de Defensa. Su otro hombre de confianza, que es su cuñado, Francesco Lollobrigida, hereda la Agricultura.

“Dios, patria, familia y empresa”

En el debate parlamentario que precedió al voto de confianza en el nuevo gobierno, el líder del M5S (Movimiento de 5 estrellas), Giuseppe Conte, declaró que el discurso de Giorgia Meloni constituía un “plan ambicioso de restauración de la identidad de la sociedad tanto en el terreno de los derechos civiles como en el de volver a los modelos sociales reaccionarios expresados por la tríada “dios, patria, familia””.  Es una afirmación verdadera aunque reductora porque, en el proyecto de la derecha post-fascista, no solo encontramos un grave ataque a los derechos civiles sino también una amenaza contra los derechos económicos y sociales de la clase trabajadora.

Se debe añadir una cuarta deidad a la tríada: la empresa. Esta diosa impone la continuidad total con las políticas económicas neoliberales, asegurada por la propia Giorgia Meloni, que aclaró que las actividades empresariales de los patronos no deben verse obstaculizadas y que el lema del gobierno será “no molestar a los que quieran hacer”. La lista de medidas a favor de las y los capitalistas, ya sean pequeños, medianos o grandes, es muy larga: desde el “impuesto plano” hasta los recortes de impuestos y cotizaciones, pasando por la liberalización de la circulación de dinero líquido, lo que abre la puerta a la evasión fiscal y todo tipo de fraudes.

“Libertad, libertad, libertad”, recitó Meloni; debería haber añadido “para explotar”.

No hay atención, por el contrario, para los cinco millones de muy pobres, para la magnitud del desempleo y la precariedad, por los bajos salarios y las pensiones diezmadas por la inflación que subió al 12%. En cambio, se proponen los ingresos del presidencialismo y de la “autonomía diferenciada” de las regiones que harán que el sistema sea aún más desigual.

El papel imperialista de Italia se confirma, apoyándose en la presencia de tropas italianas en muchos países del mundo para defender sus intereses. Sin embargo, este papel está estrechamente relacionado con la coalición imperialista occidental liderada por Estados Unidos, y el nuevo gobierno garantiza una adhesión completa a la OTAN y un apoyo total a los proyectos de rearme.

En continuidad con los valores del fascismo, se trabaja no solo para fortalecer la patria sino también la familia, en particular con un apoyo y una protección enérgicos de la familia tradicional y “un plan masivo para redescubrir la belleza de la paternidad”.

Después de una experiencia inédita de tres años de pandemia que ha causado 180.000 víctimas y con un sistema de salud nacional colapsado, el gobierno no está planteando ninguna inversión en el sector de la salud y parece querer renunciar a cualquier medida significativa para combatir una epidemia que sigue presente mientras los procesos de privatización del hospital público continúan acelerándose.

El intento de borrado de la historia y de las luchas emancipadoras

Meloni realiza una recreación descabellada de la temida década de 1970, olvidando por completo los terribles atentados perpetrados por los fascistas para detener el auge del movimiento obrero. Quiere borrar la historia de las grandes luchas sociales y democráticas y hacer desaparecer el pensamiento antifascista y los ideales de libertad e igualdad que han constituido un sentido común ciudadano en la opinión pública italiana, una cultura social y política que las derechas siempre han odiado y combatido.

Durante años, la clase dirigente y los medios de comunicación a sueldo de sus intereses han tratado de hacer olvidar la historia de las luchas sociales y obreras para hacerlas retroceder y derrotar al movimiento de las y los trabajadores; al unirse a las doctrinas neoliberales, las fuerzas de centro-izquierda también han contribuido a realizar este propósito.

Hoy en día, la historia exige rendir cuentas ante el ascenso de la extrema derecha que, beneficiándose de un proceso de banalización, cree que puede reunir las condiciones para su propia venganza: la de una restauración identitaria, “soberanista” y nacionalista del país. Todo lo que queda es luchar hasta el final contra este gobierno de los patronos.

2/11/2022

Hebdo L’Anticapitaliste – 635 (03/11/2022)

https://lanticapitaliste.org/actualite/international/italie-un-projet-reactionnaire-et-liberal-de-restauration-conservatrice

Traducción: F.E. para antikapitalistak.org

Estrategias y conceptos para mejorar la fuerza estructural del movimiento obrero

 

El capital transnacional ha mundializado la cadena de valorización y obtenido ganancias extraordinarias respecto al resto del capital al sacar provecho de una menor composición orgánica del capital y de los bajos costes de producción que ofrecen nuevas localizaciones productivas. Junto a ello, ha desplegado mecanismos de dilución de su responsabilidad fiscal, laboral, medioambiental y social. Desde luego no ha abandonado, sino al contrario, su agenda lobista con los gobiernos de todo signo, promocionando a unos y zancadilleando a otros, empleando diferentes maniobras –financieras, mediáticas, de lawfare, represivas, etcétera–. Con la concentración y globalización el capital transnacional ha aprovechado la enorme influencia de los grandes grupos empresariales, sobre todo energéticos, de comunicación y financieros, en aras de recuperar negocio y rentabilidad a costa de la explotación del trabajo, el socavamiento del entorno natural y la succión de valor de otras formas de producción subalternas o menos competitivas.

Las estrategias basadas en la relocalización 1/ de empresas y empleo de la fuerza de trabajo, el abaratamiento de costes laborales o la conformación de sofisticadas tramas fiscales para aflorar beneficios en las jurisdicciones fiscales más favorables (hasta un 36% de los beneficios de las empresas multinacionales se trasladan a guaridas fiscales –Zucman et al., 2022–) cobraron forma a través del desarrollo de grupos corporativos transnacionales jerarquizados –con empresas pantalla, sedes y matrices en localizaciones ventajosas, y una red de empresas filiales, subsidiarias y franquicias–. Estas tramas facilitan a las empresas matrices la externalización de los riesgos de mercado y de las actividades con menor rentabilidad. Externalizan a una amplia red de “pymes económicamente dependientes” (Albarracín y Alonso, 2008) mediante formas de control directo o indirecto basadas en marcas, patentes, fuentes de financiación, sistemas de aprovisionamiento, subcontratación de fases de producción no estratégicas o fórmulas de comercialización reservadas; o, en su caso, a una red de falsos autónomos 2/ que sustituyen a las plantillas habituales, frecuentemente recurriendo a sistemas de plataforma bajo control privado, mal llamadas de economía colaborativa. 

Así, se esquivan compromisos de negociación colectiva, se aplican fórmulas de ingeniería contable y de planificación fiscal agresiva, o se establece una nueva relación con el mundo del trabajo, en el que las empresas principales pueden evitar su responsabilidad estando menos expuestas a las luchas colectivas y a la judicialización de los conflictos laborales.

Sin embargo, este proceso ha topado con sus límites y contradicciones ante un contexto de guerra comercial, dislocación del proceso de suministro global, crisis de extracción y suministro de energía y encarecimiento de materias primas esenciales para la industria, sin mencionar las consecuencias de conflictos laborales debido a la devaluación de las condiciones salariales y laborales en general, con especial conflictividad en el nuevo trabajo de plataforma, tanto en Europa como en el Sudeste Asiático (Trappmann et al., 2020). 

Un movimiento sindical y una izquierda bizca
La relación salarial que configura la relación de los propietarios y gestores del capital con el mundo del trabajo se ha extendido, al tiempo que ha complejizado sus formas, manteniendo su sustancia –extrayendo valor del trabajo por encima del coste de la fuerza de trabajo–, no pocas veces modificando su nombre y su gramática. Lo hace aplicando un marco categorial que acentúa el peso del derecho mercantil y societario sobre el laboral, en claro desmedro de los derechos colectivos. Una parte del conflicto entre capital y trabajo, que antes empleaba el lenguaje de los convenios, derechos y salarios, muta sus términos y discurso para usar conceptos referidos al beneficio, los precios y los costes. Siendo el envés de un mismo proceso productivo, el sentido de su significado práctico atrapa a múltiples productores subalternos (autónomos, pequeño empresariado y gerencia de pymes, e incluso, en lo ideológico, a personal asalariado) dentro de la lógica y objetivos que les son propios al capital. Eso es lo que sucede en los conflictos de los autónomos en el transporte, de los pequeños agricultores o de las pymes –dirigidas por lo que antes sería un trabajador cualificado dentro de un departamento de una vieja corporación fordista– que reclaman subvenciones o menor carga fiscal. Se desplaza así el lenguaje propio del mundo del trabajo, que refiere a convenios, derechos colectivos, control del proceso de trabajo y de los objetivos de producción. Con ello, las palabras dejan de nombrar procesos, experiencias y lazos con sentido de utilidad social, cuidado del entorno y de respuesta a necesidades, para solo conjugar los verbos propios del dinero como capital, o de la producción y el trabajo como mercancías.

Han transcurrido varias décadas de retroceso del movimiento obrero, de fuerte involución ideológica y desmovilización sindical, solo ocasionalmente interrumpida. La acomodaticia dirección de los grandes sindicatos, combinada con una fuerte dispersión y fragmentación del sindicalismo combativo, así como el ascenso de prácticas microcorporativas –tanto en los sindicatos minoritarios como en los que apuestan por la concertación social–, han acentuado la incapacidad del movimiento obrero para ser un motor eficaz de promoción de nuevos derechos.

Así, no es de extrañar que se enfrente la cuestión social del trabajo con un bagaje de categorías, conceptos, aspiraciones y estrategias sumamente pobre que viene de experiencias periclitadas.

La crisis de 2008 resquebrajó esa extraña transacción que conciliaba una amplia creación de empleo con costes laborales bajos

La estrategia de los capitalistas se ha adaptado al nuevo contexto, atribuyendo al campo del trabajo términos que le son ajenos (emprendedores, colaboradores, negocio, etcétera). Lamentablemente, el movimiento obrero persiste en operar con referencias inadecuadas, al perder los conceptos que le son propios.

Tradicionalmente, el movimiento sindical perseguía reducir el paro y aumentar el empleo, variables que se resintieron desde la segunda mitad de los 70, especialmente con la reestructuración y ajustes de los años 80. Desde entonces, la ocupación no ha parado de crecer y las tasas de paro de reducirse. Con todo, el Estado español sigue casi triplicando (13,5%) las tasas de desempleo comparadas con la media de la OCDE (5,1% en marzo de 2021, datos del Banco de España). Hacer notar que más empleo no garantiza unas condiciones laborales y de vida mejores, siendo condición sine qua non la degradación de las condiciones de empleo o intensificación del trabajo para aumentar la tasa de explotación y de acumulación capitalista. 

Fue en los años 90 cuando empezó a criticarse el ascenso de la precariedad. En aquel periodo, se asimilaba precariedad y temporalidad del empleo. Enseguida, no pocos, haciendo flaco favor a una perspectiva de clase, en vez de criticar a la minoría capitalista y a los gobiernos, responsabilizaron de la precariedad a las condiciones del empleo indefinido y del funcionariado, o idealizaron un sujeto abstracto llamado precariado. No obstante, desde mediados de los años 2000 las tasas de temporalidad, muy altas, también por encima de nuestro entorno internacional, empezaron a moderarse.

La crisis de 2008 resquebrajó esa extraña transacción que conciliaba una amplia creación de empleo con costes laborales bajos. Pronto el gobierno de Zapatero aceptó las presiones de la UE y del entorno empresarial más influyente. Aplicó fuertes recortes en servicios públicos esenciales y en los salarios indirectos. La rentabilidad de capital se resentía, y se decidió por el ajuste estructural. Tras los recortes en sanidad y educación pública le sucedió la reforma laboral de 2010, que reducía el coste del despido para facilitar la adaptación de las empresas a la crisis de sobreproducción y financiera. La temporalidad estadística se aliviaba, al tiempo que se mermaban las garantías de estabilidad de la condición salarial también entre la contratación indefinida.

Con la llegada del PP, con Rajoy, estas medidas se profundizaron, con nuevos recortes y, especialmente, con una nueva reforma laboral en 2012 que dinamitaba la estructura de la negociación colectiva y profundizaba el abaratamiento, la descausalización del despido y las modificaciones sustanciales de las condiciones de trabajo, entre otras medidas. La priorización del convenio de empresa frente al de sector, o la pulverización del derecho a la ultraactividad de los convenios comportaron las agresiones más relevantes, junto con fuertes reducciones en las indemnizaciones por despido colectivo y en los salarios de tramitación.

Las consecuencias fueron muy graves, al acabar con derechos y garantías colectivas. Esto supuso una pérdida de influencia de los sindicatos que apuestan por la concertación. En torno a un 45% de la clase trabajadora se quedaba sin cobertura convencional (datos 2021 de trabajadores afectados por convenios colectivos y población asalariada, EPA). 

La reforma de finales de 2021 del gobierno de coalición (Albarracín, 2022a), en un principio, amagó con restaurar la arquitectura de la negociación colectiva sectorial, recuperar la ultraactividad y atajar la temporalidad. Eso es lo que, principalmente, se pactó. En cambio, tras las presiones e injerencias del PSOE, las exigencias consentidas de la Comisión Europea y la estrategia adaptativa y conciliadora de la ministra de Trabajo, la cosa quedó en una recuperación parcial de la negociación salarial sectorial, una reforma ambigua de la ultraactividad, que solo la respeta allí donde ya estaba consolidada, incluyendo un sistema de mediación y arbitraje para el resto de convenios, y una reforma del sistema de contratación temporal, que, aunque mejora los tipos de contrato, deja ángulos ciegos y vías de fuga para que la precariedad adopte formas nuevas, con un despido que sigue siendo libre, fácil y barato. 

Puede que la reforma mejore las estadísticas de temporalidad. La media de duración del empleo está aumentando en algunos días (57,3 días por contrato de media, en febrero de 2022, según el SEPE). Aunque, al no mejorar las garantías para el empleo indefinido, al no establecer un control, motivación o indemnización disuasoria ante el despido y al normalizar los ERTE como fórmula de adaptación unilateral de las condiciones de trabajo (jornada y salario) –sin impedir un ERE a posteriori–, en términos globales netos no mejora las condiciones de estabilidad del empleo. 

La precariedad (Albarracín, 2022b) comporta un fenómeno mucho más complejo y amplio que la temporalidad en el empleo (García, 2022: 311). Refiere a qué modo de vida y expectativas provee a quienes están empleados, a la continuidad y estabilidad en el empleo, el nivel de los salarios, la regulación colectiva de las condiciones de trabajo y las garantías ante la eventualidad del despido. A este respecto, la reforma causa mejoras menores a las que le acompañan varios talones de Aquiles. 

Primero, los empleos de menos de tres meses no requieren justificación. Aunque, como hemos apuntado, la media de los empleos temporales aumenta su duración, no superan en media los dos meses, y hasta un 29,1% finaliza antes del primer mes. 

Segundo, los empleados temporales que conviertan sus contratos a indefinidos tendrán un pequeño incremento en la indemnización por despido (lo que suponga pasar de una indemnización de 12 días por año trabajado a 20 –despido objetivo– o 33 si se hace contrato indefinido, para contratos de pocos meses…). 

Ahora bien, los empleos indefinidos van a tener un mayor número de despidos y mayor rotación en los primeros años, debido a que en ese periodo el coste del despido es todavía bajo. Con datos del primer trimestre de 2022 (EPA-INE), el 19,2% de los empleos indefinidos no supera los tres años, el 16,7% tiene una duración entre 3 y 6 años, y el 64,2% dura más de 6 años, apuntando un deterioro de la continuidad del empleo indefinido, al no encontrar peores registros de continuidad en el empleo desde 2011. Notemos que conviene dar más tiempo para evaluar este aspecto de la reforma. Pero, previsiblemente, los contratos temporales de muy corta duración pasarán a ser de corta duración y los indefinidos tendrán una mayor tasa de despidos o rotación en los tres primeros meses tras su celebración.

A su vez, están aumentando los empleos a tiempo parcial procedentes de contratación temporal, pero también de primera contratación, y empleos provenientes de los ERTE. Esto permite optimizar el coste laboral ganando productividad por hora, con la consiguiente merma de ingresos salariales, especialmente de mujeres y otras personas que realmente desearían trabajar más horas para cobrar más (el 51,1% quisiera más jornada; esto es, se trata de empleo parcial involuntario –4º T 2021, EPA-INE–, porcentaje que se incrementa desde 2007, que estaba en el 31,4%). Esto es compatible con la tendencia mundial general, en la que la clase y familias trabajadoras aumentan el número medio de horas de trabajo, pero de una manera dual, combinando un modelo de un empleo a tiempo completo con cada vez más horas y otros a tiempo parcial con horarios flexibles focalizados en la disponibilidad y en la intensificación del trabajo (Roberts, 2022b).

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Por último, aunque desde proporciones de partida muy bajas (2,2% de la población asalariada –1er T 2022 EPA-INE–), también se está recurriendo al empleo fijo-discontinuo para reemplazar parte del trabajo temporal estacional de una duración mayor a tres meses (De la Fuente y Bernat, 2022: 220), que no necesitan justificar su temporalidad. Como decimos, para presionar a que los salarios crezcan por debajo de la inflación y no se acumule demasiada antigüedad ante una posible indemnización por despido, en los primeros años de duración rotará más proporción de contratos indefinidos, presionando al aumento del rendimiento de cada puesto (ver tabla en página siguiente).

En resumidas cuentas, si de lo que se trata es de mejorar las condiciones de vida, el indicador no es la temporalidad, sino la estabilidad y las condiciones para poder organizar un proyecto de vida basado en la continuidad, así como las garantías de derechos en las condiciones de empleo y del despido. Para eso, resulta fundamental regular el despido colectivo e individual, con su causalización y aprobación por la Inspección de Trabajo, con indemnizaciones disuasorias. Y si de lo que se trata es de evitar las discriminaciones, complementariamente, hay que regular el momento de selección de nuevo personal con una preselección por parte de los servicios públicos de empleo, estableciendo criterios objetivos de entrada, en la promoción y en el acceso a la formación. Para cerrar el círculo con dos reivindicaciones esenciales: la reducción del tiempo de trabajo sin reducción de los salarios reales, directos o indirectos.

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Claves para mejorar la correlación de fuerzas del sindicalismo ante el capital
Las reformas laborales expresan una correlación de fuerzas entre capital y trabajo labradas con anterioridad, en la que desempeña un papel decisivo la lucha de clases en los ámbitos social, sindical y político. 

De los tres ámbitos, en lo social, tras la desactivación del movimiento 15-M, o su asimilación por la dinámica partidario-electoral e institucional, en la que prevalece una orientación subalterna o cooptada por el gobernismo neoliberal compasivo, encontramos una parálisis importante. 

En el campo de lo sindical, se observa una tendencia decreciente al conflicto, a pesar de la explosividad de casos puntuales, que no han contrarrestado el protagonismo de la concertación a través del diálogo social abierto por el gobierno de coalición, encargado de aislar reclamaciones de calado y una conflictividad amplia más eficaz y consistente. Las excepciones son los avances y buenas resistencias que han tenido lugar en el País Vasco o Cádiz, por ejemplo. Cabe preguntarse si el retroceso de los salarios reales y la ampliación del periodo de cómputo de las pensiones pueden propiciar el conflicto general en algún momento. 

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La izquierda gobernista ha primado una estrategia modernizadora, con una alianza con la burguesía alejada de la derecha extrema, intercalando reformas de mínimos compasivos y, a lo sumo, avances parciales en derechos civiles, sin cuestionar la gestión neoliberal del PSOE. Vale decir, en el campo de la representación política solo ha interpuesto un dique menor al neoliberalismo, siendo incapaz de mejorar las condiciones de vida, las expectativas y las perspectivas de la mayoría.

La izquierda gobernista ha primado una estrategia modernizadora, con una alianza con la burguesía alejada de la derecha extrema

Conviene tener presente que la correlación de fuerzas favorable se gana antes en la sociedad, en los espacios sociales, productivos y culturales-ideológicos. Las elecciones son un simple reflejo de lo anterior. Sin embargo, se ha preferido considerar la fuerza social con la que se cuenta como un factor externo dado, al que adaptarse, y no como algo a construir. Si se pensaba que los derechos ganados iban a cambiarlo, estos resultan testimoniales a la luz de la experiencia de las clases trabajadoras, más aún en un contexto repleto de adversidades a las que no quiere hacerse frente de raíz.

No entraremos aquí en cómo construir subjetividad antagonista organizada. Por el contrario, fijaremos la atención en el campo propio del movimiento obrero: las dinámicas de reproducción de la vida y de la producción en general.

Las posibilidades de avance sindical obedecen, en lo interno, a una lógica multifactorial. Fundamentalmente dependen de las direcciones sindicales y de su orientación. También de su estrategia ante reivindicaciones y conflictos para trascender el hecho conflictivo concreto dando una respuesta más amplia, extensiva y sociopolítica. También estriba en la política de afiliación, así como en la suma de representantes sindicales acompañando los procesos de organización con experiencias de solidaridad y logros colectivos, o el avance en la formación sindical y política de sus nuevos miembros. Se suele tratar, o profundizar menos, en las formas de implantación y organización a lo largo de la cadena de valor capitalista y sus nuevas formas empresariales, siendo en este proceso histórico un factor decisivo. 

Como apuntamos al comienzo, el capital ha adoptado nuevas formas en su despliegue, tanto para valorizar su producción en el mercado como para reducir la fuerza estructural del movimiento obrero, fragmentándolo, debilitándolo y aislándolo. Esto afecta, principalmente, a la lógica de organización, solidaridad y representación del mundo del trabajo.

Por un lado, las corporaciones transnacionales toman la forma de empresa-red para abarcar los segmentos claves de su cadena de valor, diseñada de manera jerárquica, con centros y periferias, desarrollando empresas matrices, filiales, redes de subcontratas o franquicias. De manera conjunta, a la gestión de las plantillas, también jerarquizadas internamente o por su tipo de contratación, se le añade una legión periférica de autónomos económicamente dependientes.

En estas estructuras, los trabajadores cooperan bajo el dominio del capital, en general sin conocerse entre sí. Colaboran para poner la producción en marcha, pero con dificultades para estrechar lazos de solidaridad, para negociar, parar la producción o imaginar su orientación distinta.

Otras unidades de agrupación territorial de empresas y trabajadores son lo que en su día Alfred Marshall (1890) llamó distritos industriales. Se trataría de localizaciones concretas de trabajadores, mayormente empleados por pequeñas y medianas empresas, especializados en determinados tipos de actividad. Estos pueden ser del sector primario, del sector del transporte y de la logística, del sector industrial (polígonos industriales), del sector comercial (centros y calles comerciales, o de servicios (polígonos de oficinas, zonas de ocio y destinos turísticos). Empleados en empresas formalmente independientes, están vinculados a procesos productivos ligados entre sí. Frecuentemente pueden tener servicios comunes o intereses colectivos propios de su localización o proceso de producción.

En este sentido, las lógicas de representación legal y las dinámicas de organización sindical no concuerdan con las formas empresariales, y, por tanto, no están en buenas condiciones de abarcar la cadena de valor (para parar, variar su orientación o negociar sobre sus condiciones).

En primer lugar, las posibilidades de representación y obtención de recursos y delegados están sujetas a un marco legal en el que la pequeña empresa, aparte del paternalismo que la envuelve, levanta numerosos obstáculos a las plantillas. Para tener representación, si una asamblea de un centro de trabajo (en términos administrativos) así lo determina, se requiere entre 6-10 trabajadores o trabajadoras, o, al menos, 10 si lo promueve un sindicato sectorial representativo, participando en las elecciones solo quienes cuenten, al menos, con un mes de antigüedad. 

Las lógicas de representación legal y las dinámicas de organización sindical no concuerdan con las formas empresariales

En segundo lugar, los sindicatos mayoritarios se organizan por ramas de actividad. Estas federaciones de rama, aunque con honrosas excepciones, no suelen aplicar una coordinación de clase adecuada para llevar una estrategia común de ramas vinculadas, sino que se limitan a operar en los centros de trabajo donde tienen fácil representación, sin enlazar los intereses comunes de las y los trabajadores de la empresa principal con los de las subsidiarias, de las y los indefinidos con los temporales, o del funcionariado con el personal interino o el personal laboral público. A su vez, los sindicatos minoritarios, aun sin ser necesariamente corporativos, acaban operando en empresas aisladas o, fragmentariamente, en sectores delimitados, sin poder conseguir cuotas de representación suficiente para que sus criterios tengan influencia o para que sus luchas trasciendan conflictos particulares. 

En tercer lugar, aunque existan los comités de empresa europeos, estos apenas tienen competencias más allá del intercambio de información. No logran coordinar la acción sindical en el seno de las empresas transnacionales. Las oficinas de atención al trabajador, y las y los delegados sectoriales, así como los autobuses de atención sindical móvil son testimoniales y brilla por su ausencia cualquier órgano de colaboración de trabajadores en los mencionados “distritos laborales” (Albarracín, 2015).

En cuarto lugar, pero no menos importante, los sindicatos deben tener presente que su acción ha de conectar mejor con el territorio y la población vinculada con la fuerza de trabajo. En este sentido, el sindicalismo requiere una estrategia social de arraigo en los lugares de residencia, para organizar actividades en las comunidades de convivencia de los y las trabajadoras con las personas que dedican su tiempo al cuidado –doméstico, de crianza–, y facilitar la cooperación en la provisión de servicios comunes (comedores y servicios comunitarios, actividades de soberanía alimentaria y de proximidad, escuelas infantiles, espacios de uso compartido de equipamientos domésticos colectivos, instalación de equipamientos energéticos renovables compartidos, etc.). Habilitar estructuras y espacios de este tipo permitiría una mayor conexión con las dinámicas de reproducción de la vida cotidiana, estrechar lazos de clase y estar en condiciones de afrontar conflictos duraderos con mayor solidez (complementarios a las cajas de resistencia), ofreciendo una respuesta comunitaria, de cuidados y ecosocial, asociada a la mejora de las condiciones de vida y trabajo.

Lo anterior es tan importante como contar con un programa reivindicativo y de lucha más sólido –salarios, reducción del tiempo de trabajo, reparto del trabajo, derechos sociales–. Esto supone, a partir o independientemente del marco legal, poner en pie asambleas que traten y organicen a los y las trabajadoras reales –asalariadas, falsas autónomos, de cuidados, etc.– a varias escalas: a través de coordinadoras y redes transnacionales de los y las trabajadoras de una misma línea sectorial y cadena de valor global, o a través de asambleas territoriales localizadas en distritos laborales de alta concentración de personas trabajadoras de todo tipo.

En suma, sobre la cuestión social del trabajo no podremos avanzar ni en derechos ni negociarlos bien, si nuestro arraigo e implantación no se adapta a la forma de la cadena de valor del capital; no podremos ni soñar cambiar algún día la orientación y la dirección de la producción, para satisfacer necesidades sociales y transformar el modelo productivo para circunscribirlo a los límites de la biosfera, si no estamos en condiciones de pararla.

Daniel Albarracín es economista y sociólogo. Actualmente es consejero de la Cámara de Cuentas de Andalucía. Es militante de Anticapitalistas

Notas:

1/Empleamos aquí relocalización como traslado territorial de un proceso productivo, siendo un término más apropiado que el de deslocalización, que refiere a un no lugar de los procesos productivos, y que solo tiene un sentido relativo en referencia a trabajos hechos telemáticamente o susceptibles de ser teletrabajables.

2/En los países del Sur, el proceso de crecimiento del trabajo autónomo cobra una forma extendida más grave, que se basa en la expansión del trabajo informal, que aquí también se da en menor grado.

3/ No se incluyen datos sobre la huelga del sector Administración Pública y sector interinos docentes enseñanza no universitaria de 8 de junio de 2010, la huelga de educación pública y privada de 22 de mayo de 2012 y las huelgas generales de 29 de septiembre de 2010 y 29 de marzo y 14 de noviembre de 2012, la huelga de la enseñanza pública y privada de 9 de mayo de 2013, la huelga del sector del Contact Center de los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre de 2016 y la huelga de fiscales, magistrados y jueces de los meses de abril y mayo de 2018. Tampoco se incluyen datos de huelgas generales.

Referencias

Albarracín, Daniel y Alonso, Domingo (2008) La acción colectiva en las pequeñas empresas del comercio y la hostelería. FECOHT-CCOO.

Albarracín (2022a) “Reforma laboral a lo Zapajoy: ni pequeño avance, ni en dirección contraria”, viento sur, pp. 107-115 (accesible en https://vientosur.info/reforma-laboral-a-lo-zapajoy-ni-pequeno-avance-ni-en-direccion-contraria/ ).

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Para cambiar la sociedad, hay que romper con la propiedad capitalista

20/10/2022
Adrienne Buller et Mathew Lawrence
Adrienne Buller es miembro de Common Wealth, directora del programa Green New Deal y coautora de Owning the Future: Power and Property in an Age of Crisis (2022).

 

Matthew Lawrence es director de Common Wealth, un nuevo grupo de reflexión con sede en el Reino Unido que diseña modelos de propiedad para la economía democrática.

Traducción: Marc Casanovas

A lo largo de la pandemia y del periodo de sufrimiento económico que trajo consigo, las noticias han estado marcadas por una serie de catástrofes crecientes. El apartheid mundial de las vacunas, resultado de la negativa del Norte a permitir que se comparta de forma no exclusiva la tecnología de las vacunas, supuso que a finales de 2021 el 80% de los adultos de la Unión Europea estuvieran totalmente vacunados, pero solo el 9,5% de las personas de los países de bajos ingresos hubieran recibido una sola dosis.

Mientras la riqueza de la vivienda se disparaba, los inquilinos sufrían una inseguridad permanente. Mientras que 500 millones de personas cayeron en la pobreza extrema y los ingresos del 99% de la población mundial disminuyeron entre marzo de 2020 y octubre de 2021, la riqueza de los diez hombres más ricos del mundo se duplicó hasta alcanzar los 1,5 billones de dólares, surgiendo un nuevo multimillonario cada 17 horas.

Desde entonces, la espiral de precios de la energía ha provocado una inflación extremadamente dolorosa en gran parte del mundo y las proyecciones sugieren que dos tercios de los hogares del Reino Unido podrían encontrarse en situación de pobreza energética el año que viene, incluso mientras los productores y proveedores de energía obtienen enormes beneficios.

En este contexto, las emergencias climáticas y medioambientales han continuado desarrollándose a un ritmo asombroso: sequías sin precedentes están afectando a las regiones agrícolas de Europa; las temperaturas en algunas partes de Inglaterra están superando los 40 grados centígrados; los incendios están arrasando los sitios de «compensación de carbono» en todo el mundo, echando por tierra la promesa de la captura de carbono.

Ninguno de estos acontecimientos es aislado. Más bien, son los frutos de un determinado acuerdo social y económico. Las crisis a las que nos enfrentamos hoy se solapan y se sienten de forma desigual, pero todas tienen un hilo conductor esencial: la forma en que se organiza actualmente la propiedad. La pandemia fue una revelación explosiva de una crisis que se ha ido acumulando durante décadas en las que se han privilegiado los derechos de propiedad por encima del bienestar colectivo.

El poder está determinado por la distribución y la naturaleza de los derechos de propiedad. Por lo tanto, cómo se lleva a cabo nuestra economía, y en interés de quién se ejerce ese poder, determina decisivamente nuestras sociedades y nuestras vidas.

Este punto puede parecer obvio: las relaciones de propiedad y la distribución de la misma siempre han sido fundamentales para determinar cómo se estructura una economía y a qué intereses sirve. La propiedad señorial de la tierra dio forma al feudalismo, la desposesión colonial apuntaló la acumulación del imperio, la propiedad de esclavos permitió una riqueza y una violencia extraordinarias en las sociedades esclavistas, e incluso hoy en día son los intereses de los propietarios los que dictan en gran medida cómo se gestionan nuestras economías y se organizan nuestros recursos. Estas estructuras han evolucionado con el tiempo; no son neutrales ni fijas. Las normas que rigen los derechos de propiedad reflejan el flujo y reflujo del poder dentro de una sociedad.

Esta es una constatación esperanzadora. La propiedad no es el único factor determinante de los resultados sociales y económicos, pero es un hilo conductor que une los inmensos retos a los que nos enfrentamos, y las muchas maneras en que podríamos esforzarnos por superarlos reimaginándola y transformándola.

Un sistema de propiedad al servicio de los propietarios

El Reino Unido se encuentra actualmente sumido en una crisis del coste de la vida, marcada por una inflación galopante alimentada en gran medida por la subida de los productos básicos de la vida, como el combustible, la energía o los alimentos. Al mismo tiempo, los accionistas de las grandes empresas de servicios públicos, así como los productores de combustibles fósiles que suministran el gas que distribuyen, siguen beneficiándose de enormes dividendos y recompras de acciones.

La propiedad es aquí doblemente crucial. En primer lugar, se trata de un entorno inflacionista en el que los hogares más pobres podrían ver incrementados sus costes en un 18% debido a su mayor gasto relativo en los productos esenciales (alimentos, energía y alquiler) más afectados por la subida de precios. En segundo lugar, se está utilizando un régimen de propiedad particular para justificar los enormes pagos a los accionistas en medio de este sufrimiento, sobre todo por su papel en el bloqueo de los pensionistas en el sistema financiero, lo que permite a los responsables políticos y a los comentaristas justificar los dividendos récord y las recompras en la (falsa) suposición de que pagan los ingresos de los pensionistas.

Pensemos en la crisis energética. Si la causa inmediata es la explosión de los precios al por mayor del petróleo y el gas, la forma en que se ha refractado en la sociedad, haciendo que unos pocos ganen y muchos pierdan, está inextricablemente ligada a la forma en que se posee nuestro sistema energético y a la lógica que impone el modelo de propiedad corporativa con fines de lucro.

Este año, BP, Shell, ExxonMobil, Chevron y Total han obtenido beneficios de casi 100.000 millones de euros en el primer semestre de 2022, el triple que en el mismo periodo de 2021. En cierto sentido, distribuir las ganancias a los accionistas podría ser mejor desde la perspectiva del clima que gastar más dinero en nuevas infraestructuras de combustibles fósiles. Pero esto implica imaginar un futuro en el que los gigantes de los combustibles fósiles simplemente se extinguen, lo que se contradice directamente con sus planes futuros publicados y su inversión continua en la extracción y exploración.

ExxonMobil gastó en 2020 más del doble en la remuneración de sus ejecutivos que en el gasto de capital con bajas emisiones de carbono en el último año. En un momento en el que las facturas de energía están por las nubes, podrían reducir sus márgenes para aliviar la presión sobre los hogares y las empresas. En cambio, los gigantes de la energía están utilizando la crisis para transferir una enorme riqueza de los hogares y las empresas a los accionistas.

Sin embargo, no debemos esperar otra cosa: el alfa y el omega de estas empresas es maximizar los beneficios de sus accionistas, extraer la riqueza de muchos en beneficio de unos pocos.

La crisis tampoco supone un cambio particular en este modelo de empresas energéticas orientadas a los intereses de los ricos poseedores de activos a costa de los trabajadores de a pie. Entre 2010 y 2020, por ejemplo, BP y Shell gastaron más de 147.200 millones de libras esterlinas en recompra de acciones y dividendos, mientras que las cinco grandes empresas petroleras y de gas estadounidenses pagaron más de 200.000 millones de dólares a los accionistas entre 2015 y 2020.

Si bien las empresas energéticas difieren en escala, el funcionamiento de la economía en su conjunto no es muy diferente. Dondequiera que nos dirijamos, desde el creciente dominio del capital privado sobre la atención social de los mayores, hasta la financiarización de la vivienda, pasando por la presión sobre los salarios reales incluso cuando los beneficios de las empresas se disparan, vemos el mismo patrón. Los modelos de propiedad extractiva alimentan las desigualdades de la economía de activos, en la que los que trabajan producen riqueza para los que poseen.

Una agenda alternativa

En muchos sentidos, el sistema capitalista contemporáneo es despiadadamente eficiente, haciendo precisamente aquello para lo que fue diseñado: acumular, encerrar, concentrar y expandir el beneficio de los que poseen. Ha generado una riqueza extraordinaria, pero en el proceso ha hecho de la pobreza su sello en medio de una abundancia sin precedentes. Hoy en día, los mismos procesos de concentración, cercamiento y extracción incorporados en su diseño están empezando a agotar las mismas fuentes de riqueza social y ecológica en las que se basan las economías capitalistas para reproducirse.

Frente a esto, un programa alternativo que desafíe las desigualdades de la economía de activos debe tener una orientación sistémica: las instituciones de la economía extractiva deben ser democratizadas, desde la empresa hasta los mercados de capitales, a través de nuevas herramientas de planificación pública y propiedad inclusiva; la omnipresente extracción de rentas, desde los servicios públicos hasta la vivienda, debe ser desafiada por una ola expansiva de desmercantilización que sustituya el acceso financiarizado a lo esencial de la vida por una oferta pública. A la privatización de los espacios hay que responder con una nueva era en la que se compartan la tierra, la naturaleza y la tecnología.

En resumen, para desafiar la primacía de la propiedad, debemos democratizar la producción, desmercantilizar lo esencial de la vida y defender los bienes comunes.

La primacía de la propiedad ha sido establecida por una agenda política dirigida por el Estado que no sólo ha privatizado y externalizado, sino que ha utilizado la política fiscal y monetaria para priorizar e inflar la riqueza de los propietarios de activos. Invertir esta tendencia es esencial para redefinir el papel de la propiedad en nuestras sociedades.

Si el lema de la revuelta del capital en los años 70 era «Estabilizar los precios, aplastar el trabajo, disciplinar el Sur», el lema (ciertamente más pesado) de la orientación política para poner fin a su reinado debería proclamar en cambio: «Democratizar la economía, desmercantilizar los fundamentos de la vida, defender los bienes comunes». Ahora tenemos los recursos y las capacidades para garantizar la seguridad material y las bases de una buena vida para todos los habitantes del planeta.

No hay necesidad de esperar a una futura liberación tecnológica, ni de justificar ese paso. La democratización de la propiedad puede redistribuir el poder y las ganancias de la empresa colectiva; la desmercantilización de la provisión de los bienes e infraestructuras que necesitamos puede liberarnos de la dependencia del mercado al tiempo que garantiza el acceso de todos a las necesidades de la vida; y la defensa y expansión de los bienes comunes puede llevar a que los activos se gestionen de forma compartida para el bien común.

En última instancia, se trata de un proyecto de democracia: la extensión de los principios y las relaciones democráticas a los espacios actualmente gobernados por la propiedad privada.

Si el neoliberalismo es un proyecto de poder estatal para defender la propiedad frente a las demandas populares de una reorganización más equitativa, el contramovimiento insiste, en cambio, en que la economía es una entidad hecha socialmente que el poder democrático puede reestructurar. Una economía democrática es aquella en la que los principios de la democracia que conocemos se extienden más allá del sistema político y llegan a nuestros lugares de trabajo y comunidades, y en la que redistribuimos el control común sobre el funcionamiento de la economía para ampliar la libertad humana.

La libertad de unos pocos no puede basarse en la explotación de otros, ni puede ejercerse mediante jerarquías injustificables. Por lo tanto, es incompatible con los regímenes privados de poder que generan las relaciones de propiedad capitalistas.

Por el contrario, la libertad es un proyecto compartido: la libertad individual está garantizada por la emancipación colectiva. Esto requiere una orientación política que se comprometa a reimaginar nuestros sistemas de propiedad y control.

No hay ningún partido, tradición o movimiento que pueda o deba hacerlo solo. Necesitamos un frente popular de masas que abarque a diversos grupos.

La historia que hay que contar es clara: el extraordinario potencial de muchos está siendo frenado por las instituciones que dan forma a nuestras vidas y comunidades, instituciones que consolidan la riqueza y el poder al tiempo que infligen violencia a las comunidades y al mundo natural al priorizar la propiedad sobre las necesidades urgentes. La derecha política defiende y reproduce esta configuración. Para superarlo, un nuevo bloque debe desafiar y reimaginar las instituciones de propiedad y control para construir una sociedad alternativa, inclusiva y plenamente democrática.

El establecimiento de un control democrático en todas las esferas de la vida puede ayudar a contrarrestar la justificada desilusión con el sistema político y sus representantes que muchas personas sienten hacia el ámbito político. Para ganar, es urgente pasar de una crítica moral del presente a una oposición a las fuerzas e instituciones que generan estas injusticias, con un plan creíble para desmantelarlas y construir algo nuevo en su lugar. Es hora de que nos hagamos cargo del futuro.