Bélgica: la crisis se instala, las movilizaciones también

<Sébastien Brulez>

Lenta pero segura, la crisis se está instalando en Bélgica. La inflación, especialmente en los precios de la energía, afecta duramente a las clases populares. Las movilizaciones se multiplican pero carecen de una respuesta coordinada y combativa, capaz de hacer temblar al gobierno y a la patronal.

El 9 de noviembre, una huelga nacional interprofesional convocada por el frente sindical común paró parcialmente Bélgica. El movimiento ha sido ampliamente seguido en muchos sectores y regiones.

Este fue el caso, por ejemplo, en el sector de la aviación: incluso antes del inicio de la huelga, se cancelaron todos los vuelos desde y hacia el aeropuerto de Charleroi. Más de la mitad de los vuelos fueron cancelados preventivamente en el aeropuerto de Bruselas (¡lo que también demuestra la formidable eficacia que podría tener una intervención decidida de la clase trabajadora en la lucha climática!).

Este fue también el caso en el comercio (centros comerciales), los servicios (sector de limpieza), la salud (hospitales), el transporte público, la educación, las administraciones públicas, la petroquímica y la industria en general (instalaciones de TotalEnergies en el parque industrial de Feluy, puerto de Amberes, Alstom en Charleroi, Audi en Forest, etc).

Las razones de la ira son múltiples, pero todas convergen hacia la misma consecuencia: los fines de mes son cada vez más difíciles para la clase trabajadora y las clases populares. Los precios de la energía se disparan, provocando con ellos la inflación; la ley de 1996 bloquea cualquier margen de negociación para aumentos salariales; la indexación automática de los salarios a la inflación es constantemente cuestionada por los empresarios.

En la base, combatividad y voluntad de continuar

Estuvo en boca de todas y todos el 9 de noviembre, durante la jornada de huelga interprofesional: “No debemos pararnos”. Y las movilizaciones del mundo del trabajo se multiplican: tras una huelga ferroviaria del 5 de octubre, los ferroviarios de la SNCB volvieron a estar en huelga el 29 de noviembre, y el Sindicato Autónomo de Conductores de Tren pidió que se prolongara la huelga el 30 de noviembre y el 1 de diciembre.

Las y los ferroviarios piden más medios e inversiones en ferrocarril, pero también “poner fin a la persistente degradación de las condiciones de trabajo, principalmente la falta de personal”.

El 16 de noviembre, el Centro Público de Acción Social (CPAS) de la región de Bruselas estuvo en huelga. Y se vuelve a hacer una convocatoria para el 15 de diciembre. Las y los trabajadores de estas instituciones ven dispararse el número de solicitudes de acceso a la renta de integración social (lo que da una idea de la magnitud de la crisis que viene). Ellas y ellos denuncian la falta de personal y la sobrecarga de trabajo, y piden una refinanciación estructural y una revalorización salarial, entre otras reivindicaciones.

Por parte del gobierno, las salidas mediáticas tras el informe de la Comisión Europea sobre el presupuesto de Bélgica, “mala alumna” en términos de deuda, no auguran nada bueno: habrá recortes (aún más recortes) en los presupuestos públicos de los próximos años.

En este contexto, el sindicato FGTB anunció una nueva movilización para la semana del 12 de diciembre, una manifestación que podría ir seguida de otras huelgas.

L’Anticapitaliste – 641 (15/12/2022)

https://lanticapitaliste.org/actualite/international/belgique-la-crise-sinstalle-les-mobilisations-aussi

Traducción: F.E. para antikapitalistak.org

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