Kyle Glenn @kylejglenn

Durante estos últimos meses estoy escuchando continuamente a bastantes personas de mi entorno expresar su pesimismo ante la deriva social de estos años. “Esto no tiene solución”, ” no se puede hacer nada” o “no hay quien lo cambie”.

 Esta actitud está más extendida de lo que parece y su consecuencia es la bajada de brazos, el enroque personal y la desesperada búsqueda de una utópica felicidad personal basada en el individualismo más exacerbado.

Entiendo, pero no comparto este tipo de actitudes, que son la condición indispensable para las clases dominantes sigan incrementando, más aún si cabe, su explotación de las clases subalternas. Que los gobiernos a las órdenes de los poderes económicos sigan aplicando recortes, precariedad laboral, restricción de libertades, desigualdad y privatización acelerada de todo lo que huela a servicios públicos.

Estamos en un agujero negro del que no vemos la salida, pero la Historia nos ha demostrado sobradamente que nada es inamovible o eterno.

A lo largo de los siglos el género humano, con su lucha, ha sabido sobreponerse a todo tipo de situaciones degradantes donde los pueblos han conseguido cambiar el rumbo de la historia.

Cayó el Imperio Romano, el español y el británico. Nadie se podía imaginar que, después de siglos, caería la monarquía absolutista francesa, pero no fueron Voltaire, Robespierre o Danton quienes tomaron La Bastilla el 14 de Julio de 1789, sino el pueblo de París alzado quien cambió radicalmente la historia de Europa.

Después de cientos de años, se terminó el zarismo en la Rusia imperial y las masas tomaron el palacio de invierno. Sí, duró poco, se terminó a la muerte de Lenin y el ascenso al poder de Stalin, pero durante unos años casi se logró vislumbrar el nacimiento de una nueva haría caer a una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica, manos aún, que después de muchos años de lucha, contra Francia primero, guerrilleros del FLN, vencerían al ejército más poderoso del mundo en las selvas de Viet Nam.

Todos estos cambios necesitan de una vanguardia política que los inspire y dirija, pero también es necesario en este cóctel invencible, de la espontaneidad de las masas de la que hablaba Rosa Luxemburgo.

 Somos perfectamente conscientes que la lucha será larga, larguísima, que hay que pelear en múltiples frentes, en el campo político sindical, vecinal, movimientos sociales, feminismo e incluso electoral. La hegemonía cultural, que tan bien describió Gramsci, ha logrado que las clases subalternas se conviertan en unidades individualizadas y sumisas, resignadas a su penosa situación, pero nada de esto es irreversible.

Por encima de caudillismos mesiánicos, de históricas figuras pomposas, con la ayuda de vanguardias y organización necesaria, “La Historia la hacen los pueblos”

 Mauricio Rodriguez-Gastaminza

 

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