Una vez más la derecha, en su versión más rancia y radical, distorsiona un mensaje desde la misma raíz a fin de mantener sus propios intereses. A la iniciativa, a modo de reivindicación, por parte de los sectores de izquierda y de las fuerzas transformadoras de apostar por otro modelo turístico, la derecha cae en la simpleza de que algunos están en contra del turismo. Es decir, aquello tan viejo y manido de estás conmigo o estás contra mí. Así que, sin ningún tipo de moderación ni mesura, su ejército de ridículos tertulianos y hooligans arranca un bombardeo masivo por los diferentes platós de televisión, lanzando una batería de falacias que comienzan con la memez, ya comentada anteriormente, de que éstos están en contra del turismo, para inmediatamente introducir con toda la intención una serie de términos del tipo turismo-fobia o turismo borroka que les permita a sus miembros más fanáticos alcanzar el clímax con aquello tan retorcido que alude a que todo es ETA.

Sí, esa derecha, la misma que ante la entrada de un puñado de inmigrantes, en vez de plantear un debate sereno y reflexivo donde se ponga el foco en el drama que estos seres humanos sufren a la hora de abandonar sus hogares para empezar un peligroso viaje bajo la tutela de las mafias, no duda en hablar sin ningún tipo de escrúpulos de entradas masivas, de hordas de inmigrantes e incluso de invasión. Para éstos, el problema no es el guiri aficionado al balconing que viene buscando playa y copas a un precio irrisorio, sino el refugiado que tras pagar una cantidad ingente de dinero a la mafia llega buscando asilo con el único objetivo de salvar su vida. Tampoco son problema los apartamentos ilegales en los que se meten numerosos turistas, sino los pisos patera donde se afinan decenas de trabajadores explotados tratando de sobrevivir. Mientras, al mismo tiempo y sin ningún miramiento, esa misma derecha es capaz de defender con uñas y dientes un modelo turístico basado únicamente en la rentabilidad económica sin tener en cuenta otra serie de factores como la precariedad laboral que padece el sector.

Como diría Galeano, el mundo está patas arriba, al escuchar el último argumento que de manera torticera es utilizado por parte de estos chufleteros de derechas al insinuar que la izquierda y las fuerzas del cambio están en contra de que las clases populares puedan viajar y que por tanto apuestan por una “elitización” del sector. Es increíble, además de surrealista, que haya que soportar que quienes llevan años defendiendo la “elitización” de la vida en sí misma, de la noche a la mañana se hayan convertido en firmes defensores de las clases populares y de sus derechos. En primer lugar habría que recordar a estos tertulianos, transmisores de chismes, que el concepto de la clase popular es mucho más amplio y que, en todo caso, quiénes vuelven a faltarle al respeto son ellos al reducir su identificación con un grupo de guiris borrachos en alguna playa, con lo que una regulación de ese tipo de turismo en ningún caso es una apuesta en la que se ponga el sector al servicio de las élites. Algunas de las simplezas y mentiras a las que estos bufones televisivos aluden pueden ser realmente peligrosas en un mundo sobreinformado y donde sin ninguna impunidad la ignorancia campa a sus anchas.

Lo que debiera ser una discusión acerca del modelo turístico, donde plantear cuestiones como su sostenibilidad, el respeto del mismo hacia el medio ambiente, o la búsqueda de fórmulas que permitan mantener una práctica sin que ésta afecte a la vida cotidiana de los residentes permanentes, queda solapado por la losa de la simpleza y la creación de un nuevo fantasma. Demasiados fantasmas……Para qué hablar de dictaduras consolidadas como la de Arabia Saudí u otras con las que por cierto el Estado español mantiene excelentes relaciones, si podemos hablar del fantasma de Venezuela, o para qué abordar la corrupción que carcome las instituciones, pudiendo hablar del fantasma del independentismo catalán, y por supuesto, para qué hacer un ejercicio concienciado del problema de la “turistificación”, cuando es mejor hablar del fantasma del turismo borroka. Quizá la verdadera pregunta sea para qué tanto fantasma en televisión, diciendo sandeces y tergiversando de forma deliberada un mensaje y un debate que debiera ser mucho más hondo y de mayor calado.

Iosu Del Moral